La virtud de intransigencia según Escrivá

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En el Reglamento de 1941, la intransigencia es mencionada explícitamente por Escrivá como una de las virtudes propias de los socios, junto con otras como la valentía, la nobleza y la sencillez. Aunque el documento no define el término con una descripción teórica, se manifiesta a través de diversas normas y criterios sumamente estrictos y sin excepciones.

A continuación, se presentan ejemplos de esta postura rigurosa presentes en el reglamento:


1. Restricciones severas de admisión

El reglamento establece barreras infranqueables para ciertos perfiles, basándose en el origen o el pasado de los candidatos:

  • Linaje católico: No se permite la entrada a nadie que no tenga, al menos en una de sus ramas familiares, tres generaciones de católicos en su ascendencia inmediata.
  • Conversos: Se prohíbe la admisión de personas que hayan recibido el bautismo siendo adultos.
  • Pasado religioso o clerical: Existe una prohibición absoluta de admitir, "sin excusa alguna", a quienes hayan sido alumnos de seminarios, escuelas apostólicas o hayan tenido cualquier experiencia en la vida religiosa, aunque solo fuera como novicios o postulantes.

2. Separación de la familia de sangre

La norma exige una ruptura drástica con los vínculos familiares naturales para priorizar la labor de la institución:

  • Los socios numerarios y supernumerarios se obligan a comportarse respecto a su familia "como si fueran religiosos".
  • Deben vivir, por lo habitual, separados de su familia para centrarse con intensidad en el apostolado.
  • Se prohíbe que los socios aparezcan con el mismo domicilio que otros miembros si no pertenecen a la misma familia de sangre.


3. Reserva extrema y secreto doctrinal

El reglamento impone una disciplina de discreción que limita el acceso a la información y la comunicación con el exterior:

  • Prohibición de mostrar documentos: Los Reglamentos e Instrucciones están numerados y existe una prohibición absoluta de mostrarlos a extraños.
  • Restricción de idiomas: Se prohíbe verter o traducir los documentos al "idioma vulgar" si originalmente están escritos en latín.
  • Silencio sobre la vocación: Los socios no pueden hablar de su vocación con extraños ni con sacerdotes que no conozcan íntimamente la Obra, bajo la advertencia de que una indiscreción podría hacerles "perder el Camino".


4. Rigidez en la disciplina interna y obediencia

La vida cotidiana está regulada por normas que no admiten flexibilidad en el trato personal o el uso de bienes:

  • Prohibición de regalos: No se permite que los socios se hagan regalos entre sí, por insignificantes que estos sean.
  • Obediencia absoluta: Se espera una disposición para obedecer "usque ad mortem" (hasta la muerte) y una docilidad total para aceptar no solo órdenes, sino también consejos y reprensiones de los superiores.
  • Inmutabilidad del espíritu: El Padre (Presidente) tiene prohibido modificar aquello que el Fundador señaló originalmente en el Régimen y Espíritu de la Obra.

5. Humildad colectiva y anonimato

La intransigencia con la vanidad humana se traduce en una ocultación total de la institución:

  • Se prohíbe el uso de cualquier distintivo o insignia.
  • La existencia de los centros de los socios numerarios no debe ser conocida más que por quienes trabajan en ellos.
  • No se puede decir a nadie el número de socios que forman parte de la Obra.


En este contexto, la intransigencia en 1941 se entiende como una firmeza innegociable en la preservación de la identidad y pureza de la institución, protegiéndola de influencias externas (familiares, religiosas o sociales) que pudieran desviarla de su fin fundacional.