Ejecutar todo lo que se manda y sólo lo que se manda
Generado par IA el 20.12.2025
El numero 145 del Catecismo del Opus Dei (2010) stipula que la odebiencia de los miembros del Opus Dei consiste en "ejecutar todo lo que se manda y sólo lo que se manda", lo que presenta importantes puntos de fricción y contrastes significativos con la enseñanza moral de la Iglesia Católica y la teología de los santos.
Aunque la Iglesia valora la obediencia como un camino de santidad, el Magisterio y la tradición espiritual subrayan que esta debe ser siempre libre, responsable e inteligente, y no un mero cumplimiento mecánico o restrictivo.
A continuación se analizan los puntos de incompatibilidad con la moral católica:
1. El requisito de la libertad y la responsabilidad personal
La enseñanza de la Iglesia enfatiza que el cristiano debe actuar siempre con "total libertad y responsabilidad". La función de quien dirige no es sustituir la voluntad del fiel, sino ayudarle a "elegir y decidir libre y responsablemente ante Dios lo que debe hacer, con madurez cristiana".
La fórmula "sólo lo que se manda" podría interpretarse como una anulación de la iniciativa personal y la responsabilidad, elementos que las fuentes definen como esenciales: el fiel debe conservar "toda la propia responsabilidad e iniciativa" en su camino espiritual.
2. La naturaleza de la obediencia cristiana: "Hijos, no esclavos"
Santo Tomás de Aquino señala que los hijos de Dios son movidos por el Espíritu Santo "no como siervos, sino como libres". La obediencia auténtica nace del amor y no del temor o de un reglamento rígido.
La ejecución literal de "todo y sólo" lo mandado se acerca más a una obediencia "servil" o mecánica que a la obediencia "libérrima" e "inteligente" que el propio espíritu del Opus Dei dice promover en otros apartados de sus documentos. Se advierte que un gobierno fundado en la desconfianza o que no desarrolle la "verdadera y santa libertad" no es fecundo.
3. El papel de la iniciativa laical
Para los fieles laicos, el Magisterio (especialmente el Concilio Vaticano II) enseña que deben actuar bajo su "propia iniciativa y responsabilidad" en las realidades temporales.
Si un laico limita su actuación a "sólo lo que se manda", se anula el principio de que los laicos están llamados a ser "fermento evangélico" que ordena las cosas según Dios por decisión propia, aportando su "propia responsabilidad e iniciativa". La dirección espiritual no debe indicar "carencia o inmadurez", sino ayudar a actuar con autonomía.
4. Obediencia vs. "Consejo" en la dirección espiritual
Las fuentes eclesiales y los escritos de San Josemaría citados insisten en que en la dirección espiritual "de ordinario no se manda", sino que se aconseja. La recomendación explícita es: "no mandéis, aconsejad".
Establecer que la obediencia consiste en ejecutar lo mandado presupone un régimen de mandatos constantes que contradice la naturaleza de la dirección espiritual como un "arte" que estimula para que la propia alma "quiera libremente" cumplir la voluntad divina.
5. El riesgo de la "Obediencia Ciega" vs. la "Obediencia Inteligente"
La Iglesia busca que los fieles cooperen con una "obediencia activa y responsable". Se rechaza la idea de una "obediencia cadavérica" o impuesta.
La restricción de "sólo lo que se manda" puede inducir a un atontamiento o adormecimiento espiritual (corrupción espiritual), donde el fiel deja de discernir por sí mismo lo que es bueno, agradable y perfecto ante Dios, esperando una orden para actuar.
Resumen
Mientras que la máxima de "ejecutar todo lo que se manda" tiene una larga tradición de radicalidad (especialmente en la vida religiosa para asegurar la ejecución del mandato), la adición de "y sólo lo que se manda" entra en conflicto directo con la "libertad de los hijos de Dios" y la "unidad de vida", que requieren que el cristiano sea un "hombre de discernimiento" capaz de interpretar la realidad y actuar conforme a la voluntad divina sin necesidad de una instrucción externa para cada paso.
La obediencia en la Iglesia es como un viaje en equipo donde el capitán da el rumbo, pero la restricción de "sólo lo mandado" convertiría al marinero en un autómata que no ajusta las velas a menos que reciba una orden específica, perdiendo la capacidad de reaccionar ante el viento del Espíritu.