Conceder sin ceder con ánimo de recuperar

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Generado por IA el 22.12.2025


El numero 38 del Catecismo del Opus Dei (2010) expone la estrategia del Fundador frente a la Santa Sede para obtener un reconocimiento juridico de su propia organización: "conceder, sin ceder, con ánimo de recuperar". Esa actitud, analizada a la luz la moral y la espiritualidad de la Iglesia Católica, presenta tensiones significativas con los principios de obediencia, docilidad y sinceridad que deben regir la relación de un fiel o subordinado con la autoridad eclesiástica.

A continuación se detalla por qué esta actitud resulta problemática desde la perspectiva de la enseñanza católica:


1. El deber de la obediencia dócil y sincera a la Iglesia

La enseñanza católica, reforzada por la tradición de los santos y el Magisterio, establece que la obediencia no debe ser una estrategia externa, sino un acto de "docilidad activa".

El fiel debe "recibir dócilmente órdenes, consejos o correcciones" de su Ordinario y estar en "plena unión con las enseñanzas e intenciones" del Santo Padre.

Santa Teresa de Jesús advierte que el alma "atinará más en no salir de lo que le dice [el superior]", incluso si este se equivoca, porque Dios valora la sujeción de la voluntad. Una actitud que busca "conceder" solo para luego "recuperar" parece contraria a la entrega total de la voluntad que la Iglesia propone como camino de santidad.


2. El riesgo de la "doblez de ánimo" (Vir duplex animo)

El documento del Opus Dei sobre las charlas fraternas advierte severamente contra la falta de transparencia.

Cita la advertencia de Santiago: "El hombre de ánimo doble, insincero, es inconstante en todos sus caminos" (vir duplex animo inconstans est in omnibus viis suis).

Una estrategia de "conceder sin ceder" implica una reserva mental o una intención oculta frente a la autoridad, lo cual se aleja de la "sinceridad plena" y la "transparencia" que el Opus Dei exige para que la dirección y el gobierno espiritual sean eficaces.


3. La naturaleza del discernimiento y la voluntad de Dios

El discernimiento auténtico consiste en buscar la Voluntad de Dios, no en imponer la propia visión a través de negociaciones jurídicas.

El discernimiento se pierde cuando se busca el "propio interés o el prevalecer sobre los demás".

Se educa a los fieles para que sus juicios de conciencia no sean un "autoanálisis ensimismado" o una "introspección egoísta", sino una salida hacia el misterio de Dios. El ánimo de "recuperar" lo que la autoridad ha modificado o denegado sugiere una resistencia interna a lo que, en la mediación eclesial, se presenta como la voluntad divina en ese momento.


4. La autoridad como cauce del Espíritu Santo

La doctrina eclesial sostiene que los Sagrados Pastores participan del oficio del Buen Pastor.

Despreciar el mensaje o la autoridad de los pastores es despreciar a Cristo: "El que a vosotros desprecia a Mí me desprecia".

Una actitud táctica frente a la Santa Sede que busque "conceder" formalmente pero sin una adhesión interna ("sin ceder") vulnera el principio de que la autoridad eclesiástica es un "cauce de la guía del Espíritu Santo".


5. Unidad de vida vs. Estrategia

La "unidad de vida" exige que no haya compartimentos estancos entre lo que se profesa externamente ante la autoridad y lo que se mantiene internamente como objetivo organizacional.

El Magisterio postconciliar pide que el gobierno de las instituciones se realice en "armonía sincera con el magisterio auténtico de la Jerarquía".

La estrategia de Escrivá parece priorizar la supervivencia o forma jurídica del carisma sobre la obediencia responsable que, según el Concilio Vaticano II, debe ser el fundamento de la cooperación entre los superiores y la Iglesia.


En conclusión, la actitud de "conceder, sin ceder, con ánimo de recuperar" es una manifestación de soberbia o falta de humildad, que sustituye la confianza en la providencia y en la mediación de la Iglesia por una prudencia de la carne o una estrategia humana que las fuentes califican como un obstáculo para la acción de la gracia.