Amar al mundo apasionadamente

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Por JasonJonas, 2.07.2025


"Amar al mundo apasionadamente" es un podcast que nace desde la Oficina de Comunicación del Opus Dei en México para ofrecer una voz serena y luminosa en medio del ruido y la prisa de nuestro tiempo.” Así se lee el título de un artículo en la página oficial del Opus en México. Yo sólo vi el título y rápidamente coincidí en que esta frase es completamente cierta… En el Opus ¡vaya que aman al mundo apasionadamente! ¡Vaya que lo aman!

¿Y cómo es que lo aman?...

En el Opus aman el dinero, el poder y la soberbia; aman la materialidad de sus casas, colegios, universidades, delegaciones y casas de retiro; aman los negocios, la élite y a los altos políticos y empresarios influyentes; aman el faraonismo en su funda y prelados en turno, así como aman sus obras suntuosas (como bruno bouzzi, murray hill, torreciudad, cavabianca, saxum y molino “no sé qué”). Aman la exquisitez de sus oratorios de mármol y el oro de sus sagrarios y cálices (que porque a Dios no se le escatima en nada, dicen ellos). Aman su autonomía mal interpretada y que la Iglesia no los moleste (que los dejen “hacer lo suyo”). Aman a los bancos, las transacciones opacas y el no pagar impuestos. Aman el “mover personas”, pasándolas de país en país según su conveniencia y aman la instrumentalización, el engaño y el manipular consciencias. Y por supuesto, aman “la tranza”, porque su funda les enseño a vivir como virtud la “santa pillería” (infamia).

En fin, en el Opus aman tantas cosas -de forma individual y de forma colectiva- que todos esos “amores” efectivamente los llevan a amar el mundo apasionadamente. Por eso, y por primera vez -desde hace mucho tiempo- estoy totalmente de acuerdo con lo que dicen.

Estos “amores” en el Opus no es que los tengan “a flor de piel” digámoslo así. Estos amores no están descritos de forma directa y descarada en sus estatutos, normas, libros o glosas, pero ¡vaya que terminan actuando siempre así! Es una hipocresía que tal vez muchos miembros del Opus viven un tanto inconscientes (que otros muchos no, y son hipócritas directos y descarados), pero se den cuenta o no, esto termina siendo hipocresía a ojos del tercero y del directamente afectado por ellos...

Por el contrario de todas estas cosas, en el Opus se desprecia la humildad y la auténtica amistad. Se desprecia la pobreza (con desprendimiento real y de corazón, en favor de los que no tienen) y se desprecia al que no aporta “algo” a la institución. Se desprecia a los enfermos (son una molestia, o son sólo un medio proselitista). Se desprecia al que no tiene en qué caerse muerto (lo mandan a su casa que porque siempre “no tenía vocación” después de tantos años de entregarse a ellos). Se desprecia la auténtica fraternidad y se desprecia al que no piensa doctrinalmente como ellos. Y lo que más se desprecia en el Opus es la libertad, la caridad y el amor en cada circunstancia de vida, en donde el cumplimiento de sus normas prevalece por todo lo demás (quesque porque así les tiene prometido el cielo su funda, en una osadía plena de soberbia y narcisismo).

El Opus realmente desprecia a la sociedad, porque ellos se creen la aristocracia de la inteligencia, de la educación y de la correcta conducta religiosa y moral del universo entero… “Nosotros no somos religiosos” se dicen para sí, “nosotros no somos hermanas de la caridad porque ese no es nuestro carisma” se repiten una y otra vez, “que la caridad la hagan otras instituciones, porque nosotros somos laicos, muy laicos, ¡sí señor!”

En el Opus son laicos, sí, pero laicos que aman al mundo apasionadamente: Hacen testamentos a su nombre y pululan y apañan las herencias que pueden. Hacen grandes “bisnes” en su entorno social selectivo, y cuidan su preciado recurso monetario llevándolo de un paraíso fiscal a otro… ¿Correcto? ¡Correcto!... Claro que en el Opus son la aristocracia, pero del fariseísmo.

En lo que no coincido en lo absoluto con esta propuesta de podcast es que el Opus ofrezca “una voz SERENA y luminosa…” (en lo que sea que piensen ellos que ofrecen). Verdaderamente no sé si tomarme esta frase en serio o de plano morirme de risa -o de pena ajena ante el cinismo de la propuesta- enfrente de quien la haya escrito ante el evidente descaro de su parte: Si hay algo que nunca, pero nunca ha ofrecido el Opus, es SERENIDAD…

De hecho, lo que se encuentra en el Opus es completamente lo contrario: Todo en el Opus es siempre y constantemente: Tribulación, Tensión, Estrés, Ansiedad, Nervio, Agitación y Alteración (aunque hayas salido de tu confesión semanal).

Y lo que siempre hay en el Opus es traición… Sí traición: Habría que preguntarles a las numerarias auxiliares que fueron engañadas para realizar ese trabajo de esclavitud al que fueron sometidas (dizque por amor a Dios les dijeron)... O habría que preguntarles a miles de personas que fueron abandonadas a su suerte -al dejar el Opus- después de haber tenido “lazos más fuertes que los de la sangre” (en el abandono total emocional y económico). O habría que preguntarle a las miles de personas si tienen (o tuvieron) serenidad en sus almas cuando descubrieron la decepción de esta “su santísima institución”.

En el Opus se confunde el que a veces se puedan tener ciertos momentos de quietud (que uno busca como un “respiro individual”) ante tanto ajetreo normativo y de abrumadora piedad. Esos momentos se confunden con la verdadera paz que realmente se experimenta en el alma cuando se tiene un real “estado sereno”...

De hecho, en el Opus -ahora que lo pienso- yo nunca me sentí sereno, más bien en el Opus siempre me sentí “con ruido y con prisa”, como quien nunca está en paz con Dios: En el Opus siempre me sentí pecador, aunque “la falla” haya sido mínima. En el Opus nunca sentí hacer lo suficiente, siempre había que hacer más porque las almas “me apremiaban”. En el Opus siempre tuve latente el reclamo de perfección absurda y obsesiva en la “corrección fraterna” (ya sea que la daba o la recibiera). En el Opus las mortificaciones, los rezos, las oraciones o las jaculatorias que hacía nunca fueron bastantes porque siempre había algo que “manchaba el manto puro y blanco del espíritu del Opus” (como madre guapa, otra infamia total).

Y también hay una sencilla razón por la que en el Opus nunca se está sereno, porque ellos son altamente pragmáticos en este atribulado mundo material, y siendo así, nunca hay descanso para quien desea el bien material (como el afamado Scrooge, que muchas comparaciones podríamos hacer con el funda del Opus, aunque no su arrepentimiento).

En mis años en el Opus -ahora lo veo claro- creo que nunca sentí serenidad, nunca. Y si acaso pensé tenerla, me engañaba, lo que tenía eran solo momentos de respiro que yo mismo me procuraba; como de quien pide “tiempo fuera” ante tanta inercia y hábito de normas y rigidez de consciencia; y de quien siempre -de alguna manera- se siente observado y controlado aun en mis momentos de mayor “grado ascético”.

Y me doy cuenta de algo realmente importante y trascendental en mi vida: En el Opus no hay verdadera paz, sólo un “check” de cumplimientos que aparentaban un trato con Dios en aparente serenidad. Realmente, cuando empecé a tener serenidad fue cuando me salí del Opus y empecé a vivir mi vida, “en medio del ruido y la prisa de nuestro tiempo” (ahí sí, fuera del Opus tuve serenidad).

En resumen ¡sí, claro!: El Opus sigue su propio consejo y claro que ama apasionadamente este mundo y todo lo que este mundo les ofrece. Y es allí donde cobijan y refugian su supuesta espiritualidad, en manos de su artífice que fue quien puso el ejemplo de este gran amor mundano, completamente apasionado y entregado a él en todas estas “acciones de amor”.


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