No fueron errores, fue un sistema
Por Mediterráneo, 16/10/2026
En estos últimos tiempos, la institución repite como un mantra inmutable, panacea de todos los males que les llueven encima como granizo, que la institución no se ha equivocado, que los errores han sido de personas individuales que, queriéndolo hacer bien, con su mejor voluntad, se equivocaron.
Y hete aquí que Susana Lencina, una de las ex43 que han denunciado a la institución, se decide a publicar su testimonio. Y lo que leí ayer, de cabo a rabo, es lo que leí hace tiempo, cuando Anne Marie Allen publicó su libro. Son dos testimonios idénticos.
Anne Marie escribió desde el hemisferio norte, Susana desde el hemisferio sur. Entre ellas no se conocen, nunca se han visto. Las directoras de Anne Marie no conocieron a las directoras de Susana. Nunca coincidieron, porque en esos años los cursos anuales se hacían en la propia región, no ha sido sino recientemente cuando se ha impuesto la moda de viajar para los medios de formación.
Y, sin embargo, ambos testimonios son idénticos. Y, a mayor abundamiento, idéntico es igualmente el testimonio de mi Inés, exnax española, que no ha pisado ni Argentina ni Irlanda en los días de su vida.
- Pobreza
- Anne Marie no conseguía que le compraran unos zapatos, a Susana la vestían con lo descartado por las numerarias. Cuando fue a cuidar a su hermana mayor, que le había hecho de madre, a Inés le dijeron “que te mantengan tus hermanos, que la obra es pobre”.
- Indiferencia
- a ninguna de las directoras, ni del hemisferio sur ni del hemisferio norte, les preocupó que Anne Marie o Susana estuvieran enfermas, solo les preocupó, y mucho, que no trabajaran. Susana acudió sola a un hospital para una intervención quirúrgica con anestesia general, no la acompañó nadie. Cuando a mi Inés le diagnosticaron una anemia que ponía en peligro su vida, había ido sola al médico. Y con su buena cabeza habitual, cuando le médico le dijo “usted tiene que quedarse ingresada”, llamó a la directora e hizo que el médico le repitiera todo lo que le había dicho a ella. La directora de Inés jamás le pidió disculpas, la de Susana tampoco.
- Aislamiento
- a Anne Marie, a Susana, en hemisferios diferentes y momentos diferentes de la historia, les impidieron cualquier contacto con sus familias. A mi Inés no le permitieron asistir al funeral de su hermano, porque “total, ya está en el cielo”.
- Horarios inhumanos
- Anne Marie, Susana, Inés, no podían estar cansadas. Susana tuvo que estar en el planchero con la herida de la intervención supurándole pierna abajo, a Inés cuando todavía no tenía diagnosticada la anemia y pelaba patatas sentada, porque no se tenía en pie, literal y figurativamente, la administradora le dijo “Usted cansada, ¿de qué? ¡Una madre de familia con ocho hijos sí puede estar cansada! ¿De qué está usted cansada?”
- Mentiras y calumnias cuando se abandonaba la institución
- Inés recuerda que, cuando una numeraria auxiliar se marchaba, SIEMPRE era por un lío con un hombre, que, qué curioso, jamás era un catedrático, un ingeniero, un abogado, un arquitecto. SIEMPRE era un albañil, un carpintero, un fontanero, un jardinero; a Susana le dijeron que una persona que se había ido se había ido con un pastelero.
Podría seguir con los ejemplos, con los paralelismos, con la exactitud matemática con la que se procedió de la misma manera en el hemisferio sur y en el hemisferio norte, en diferentes momentos de la historia. A donde quiero llegar es a que, contrariamente a lo que dice la institución, ni de lejos, ni en broma, fueron errores de personas individuales. Cómo se trató a Anne Marie, a Inés, a Susana, estaba, Y ESTÁ, escrito, pormenorizado y detallado hasta la obsesión paranoica, y es fruto de una mente igualmente obsesiva y paranoica.
Las numerarias auxiliares primero fueron “sirvientas”. No sé qué vio escrivá en las casas de la burguesía que frecuentaba, pero ese término no era el que se utilizaba en España: “las criadas”, “las muchachas”, “las chicas”, “el servicio”, eso sí. Después de la guerra civil, “la interna” se incorporó a las expresiones anteriores. Sin embargo, a un provinciano sin cultura ni más estudios que los del seminario, “sirvientas” debió parecerle bien, sobre todo porque eso es a lo que iban a dedicarse: a servirle, a él y a la casta de privilegiados que serían los numerarios.
Sin embargo, incluso a él empezó a chirriarle lo de sirvientas y pensó que “numerarias auxiliares” sería más indicado. “Numerarias” porque se apartarían de sus familias y vivirían en los centros, y “auxiliares” porque ayudarían a las numerarias en las tareas de la administración. Después lo vistió con lo de “hijas pequeñas” y lo adornó con todos los perifollos que se le ocurrieron, que de eso sí sabía: que si la base de todo, que si sin ellas nada saldría adelante, que si eran lo más importante, etc. Sí, sí.
No tenía ninguna cultura científica (ni de otro tipo), por eso desconocía que el nombre que de verdad iba como anillo al dedo para aquellas personas que sufrirían protocolos inhumanos, era “sub-numerarias”. El lector le permitirá a esta friki de la gramática una explicación breve de qué significa el prefijo “sub” y por qué hubiera sido tan apropiado en el caso de las numerarias auxiliares:
- El prefijo sub-, procedente del latín sub, expresa fundamentalmente una relación de posición inferior, subordinación o menor grado, y podemos distinguir tres significados:
1. Posición inferior: subterráneo (debajo de la tierra), subcutáneo (debajo de la piel).
2. Jerarquía o subordinación: subdirector, suboficial.
3. Grado inferior a un nivel de referencia: subdesarrollado, subóptimo. En estos casos se expresa una insuficiencia respecto de un criterio determinado.
Así hubieran debido llamarse las numerarias auxiliares. Esa es la denominación que se
hubiera adecuado al protocolo que se escribió (y escrito sigue) para ellas: posición inferior,
siempre; subordinación, siempre; grado inferior a las numerarias, siempre. Y esa inferioridad
es la que permitía que, sin ningún problema y sin ningún segundo pensamiento, comieran de
restos, utilizaran vajilla, cubertería y cristalería de menor valor, vistieran lo que la jerarquía
había desechado y durmieran en camarillas mientras las numerarias (¡no digamos ya los
numerarios!) dormían en habitaciones. Que esto haya cambiado a 2026 no anula, ni invalida, ni
borra lo que una vez constituyó la más estricta normalidad.
Como especie inferior, sus necesidades también lo eran. Y de ahí los horarios inhumanos, el no descanso, el control, la falta de atención médica (en el caso de salmonella del que habla Susana, no se avisó a ningún médico porque lo que importaba no era la salud de la sub-especie, sino el buen nombre del establecimiento).
¿Qué importaba, qué importa, mentir a la sub-especie con títulos académicos falsos? ¿Qué importaba, qué importa, que la sub-especie no cotice a la Seguridad Social? Recuerdo aquí que, a fecha de octubre de 2026, todas las auxiliares que quedan en activo en España cotizan en la Seguridad Social, todas sin faltar una. Y ninguna de ellas, ni una, ni media, cotiza por las horas reales de trabajo: “hemos pensado que entre los trayectos y que haces las normas, solo trabajas cinco horas”, es un ejemplo sucedido en España hace un par de años. Por esa persona, a fecha de hoy, se siguen cotizando cinco horas en la Seguridad Social.
La consecuencia será, y ya es, que ninguna de ellas, aunque lo deseara, podrá jamás abandonar la institución porque su pensión de jubilación no le permitirá vivir de manera independiente. Eso es lo que la institución pretende y, lamentablemente, lo que en 2026 consigue a la perfección en el caso de las auxiliares.
En 1935, en Nüremberg, se promulgaron una serie de leyes que definían y establecían lo que los Untermensch (subhumanos) podían o no podían hacer. Aquellas leyes costaron más de seis millones de vidas. Que nadie se me eche al cuello, porque no estoy comparando el Holocausto del pueblo judío con lo que han sufrido las numerarias auxiliares, no es mi idea, no es mi intención y no es por ahí por donde voy.
Lo que sí digo y afirmo con rotundidad es que, cuando a un grupo de personas se le considera inferior, y se establecen protocolos y medidas específicos para dicho grupo solo porque es inferior, hay consecuencias, y consecuencias graves, y los autores, promotores, creadores, artífices, ejecutores, implementadores y agentes de dichos protocolos deben ser llevados ante la justicia, deben responder por el sufrimiento causado y deben RESARCIR a las víctimas, concepto este que, junto con el de pedir perdón públicamente como institución de la Iglesia Católica (no solo en nombre de quienes “se equivocaron”) es lo último que la institución tiene en la cabeza.
Vuelvo al principio: no es un error aislado, es un protocolo esculpido en piedra. ¿Y ahora qué, institución?