El problema es el espíritu del Opus Dei, no las personas

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Por Fantasioso, 21.02.2025


En singular, así lo creo, en el Opus Dei "no hay personas malvadas cuya motivación es hacer daño".

Esto viene del comunicado oficia sobre el "Minuto Heroico" en el que la Prelatura rechaza la visión de la docuserie, afirmando que presenta a la Obra "como una organización de personas malvadas cuya motivación es hacer daño".

En singular, no conozco dentro del Opus Dei a "personas malvadas cuya motivación es hacer daño". En mi experiencia y trato personal con cientos de personas que pertenecen o pertenecieron a la institución (son muchos más lo que conozco que pertenecieron), nunca vi un consorcio organizado para la maldad con intención. Siempre vi individuos con buenas intenciones, personas que genuinamente querían hacer el bien.

El problema no son las personas. El problema es el espíritu del Opus Dei, que está recogido por escrito y que ha sido utilizado para moldear mentalidades, influir en conciencias y exigir una obediencia ciega.

Este espíritu, sistematizado por los seguidores del canonizado fundador, refinado por él mismo y reforzado por sus sucesores, ha causado daño a miles de personas. No es un asunto de "errores humanos" ni de desviaciones individuales: es un sistema de pensamiento y de prácticas diseñadas para adoctrinar y someter.

Un ejemplo claro lo encontramos donde la superiora de la rama femenina del Opus Dei afirma que "el camino hacia la libertad siempre será un camino de ensayo y error", insinuando que las directrices que nos fueron enseñadas como verdades absolutas —que no se les puede cambiar ni una coma porque el Fundador o Dios lo dejó así esculpido— ahora son simplemente consejos flexibles, sujetos a prueba y error.

No puedo evitar sentir pena por ella. No creo que haya sido su iniciativa hacer tal afirmación, pero si lo fue, alguien tuvo que haber doblegado su conciencia para que torciera la verdad con una justificación tan débil.

Eso es precisamente lo que hace el espíritu del Opus Dei: moldea conciencias hasta que sus miembros terminan justificando lo injustificable, defendiendo lo indefendible, relativizando lo que alguna vez se les exigió como incuestionable.

Lo que antes se enseñaba como una doctrina inmutable, hoy, ante la presión pública, es reducido a "consejos" y "errores humanos". Pero la realidad es que hay miles de testimonios de personas afectadas, muchas de ellas con daños irreparables. Y esos daños no los causaron individuos con malas intenciones, sino un sistema que anuló su criterio y su libertad de conciencia.

La pregunta es inevitable: Si todo ha sido solo un malentendido, ¿por qué el Opus Dei nunca reconoce explícitamente los errores y las heridas que ha dejado en su historia? ¿Por qué no hay una condena clara a las prácticas abusivas que se han denunciado durante décadas? ¿Por qué no rectifica las enseñanzas del fundador que degeneran en consecuencias dañinas?

Lo que está en juego no es la reputación de una institución, sino el reconocimiento de los derechos y dignidad de quienes sufrieron bajo su estructura de poder. Original