Abuso de poder, abuso espiritual, abuso de conciencia
Por Casiopea, 16/12/2024
De pequeña, quería ser monja de clausura. Y también médico. Era una combinación rara, pero esos eran mis deseos. Tenía una enfermedad por la que sabía que no podría ser carmelita descalza. Así que cuando a los 16 años me plantearon la vocación de agregada, pregunté: ¿Seré esposa de Cristo? La numeraria se quedó pensativa y desconcertada. Después de reflexionar me dijo: podría decirse que sí...
Dios era lo máximo en mi vida. Supongo que algunas cosas que me sucedieron en mi corta vida, también la enfermedad, me habían convertido en una persona con un ideal muy alto de la amistad, con muchas ganas de aprender cosas, y sobre todo, con un disfrute tremendo del silencio, especialmente muy de mañana, cuando salía a la terraza, escuchaba solo a las gaviotas, y le contaba cosas a Dios en mi interior.
Una vez hube pitado, los momentos más felices siempre fueron los cursos de retiro, no tanto cuando había charla o meditación como cuando rezaba a mi aire. De verdad, era feliz.
Y bueno, el momento de la carta o petición de admisión, vino seguido del típico no se lo digas a tus padres. Ese es el primer abuso, porque era menor de edad, y porque desde el primer momento se me prohibía comunicarme abiertamente.'
Era agregada, vivía en mi casa, así que entregar los regalos, ir al centro cada vez que me decían, ir a misa (en latín) por callejones complicados y oscuros a pie, saliendo a las 7.05 de la mañana con mi padre sufriendo… todo eso era un claro abuso de poder. Había que hacerlo. Porque Dios lo pedía. Abuso espiritual.
Cuando me explicaron que sería una laica más pero me prohibieron estudiar psicología (aún me pesa), fue abuso de poder.
Cuando más adelante, mientras estaba todavía en la universidad, no podía parar de llorar y comenté que necesitaba un psicólogo, y me lo prohibieron, eso no sé qué nombre tiene. Cuando me prohibieron ir también al psiquiatra y me llevaron a una internista de Casa a otra ciudad y acompañada de otra numeraria, y ella me dijo solo quieres llamar la atención, y las directoras actuaron en consecuencia, eso no sé qué nombre tiene.
Cuando mi padre murió, y yo deseaba acompañar a mi madre, y me dijeron que Dios esperaba que fuera a mi curso anual solo quince días después del entierro… no sé qué nombre tiene.
Cuando en ese curso anual tenía ideas de suicidio y me visualizaba con las venas cortadas, y solo quería dormir pero tenía que levantarme para ir a la meditación, y la directora me esquivaba porque la cambiaban de centro y se moría de tristeza… todo eso, no sé qué nombre tiene.
Cuando no lloré en la muerte de mi padre porque estaba en shock por tantas cosas, eso sí que no sé qué nombre tiene.
Cuando al fin pude ir al psiquiatra, pero para hacerlo tenía que coger un avión porque me lo elegían desde la Delegación y no yo, y en mi ciudad ninguno era de fiar… no sé qué nombre tiene.
Cuando pedí cambiar de centro porque éramos muy pocas agregadas y siempre acababa mal la cosa con una de ellas, y nos pasaron a San Gabriel el mismo día a las dos… ese día al cerrar las contraventanas del oratorio tuve un impulso de tirarme para abajo. Ya no tenía que dar ejemplo a las vocaciones recientes. Pero pensé en mi madre, la dejaría destrozada. ¿Qué nombre tiene esto?
Cuando me sentía culpable porque estaba tan medicada que me costaba horrores despertarme, y llegaba tarde a misa “en la calle”, y me decían que daba mal ejemplo a las supernumerarias, creo que era abuso de conciencia.
Cuando me sentía despreciable porque Dios me había elegido desde toda la eternidad para ser agregada, pero yo no conseguía nunca hacer todas las normas, no lograba aquello para lo que me decían que Dios me había creado, eso era abuso espiritual.
Cuando dudaba de tener esa vocación, y lo comentaba en la charla y me decían que me confesara de dialogar con tentaciones contra la vocación y yo sentía que traicionaba a Dios… no sé si era abuso espiritual o de conciencia.
Cuando me ofrecieron un trabajo en un centro universitario, y la tarde previa a la firma del contrato me dijeron que no podía porque no trabajamos en sitios llevados por monjas, fue abuso de poder.
Cuando no pude acabar mi proyecto de hacer la tesis porque estaba deprimida y medicada y no paraba de dormir, eso fue consecuencia de muchos abusos previos.
Cuando después de 10 años de pedirlo entré en dirección gritando (primera y última vez) y dije que si no me buscaban un psicólogo lo haría yo, y me sentí culpable por eso, ya estaba bastante anulada.
Cuando fui a la psiquiatra acompañada de la directora, cogiendo vuelos de ida y vuelta el mismo día, y había que correr, hacer las normas, buscar una misa, contar que quería morir a una desconocida, pasar hambre a la vuelta, acompañar a la directora a comprar urgentemente un pintalabios porque ella tenía que dar ejemplo de arreglo personal… cuando me puse a llorar porque no soportaba todo ese absurdo estrés y se fue sola sin decir una palabra… eso fue falta de empatía. Cuando tres días después me dijo solamente que tenía que madurar y se fue, decidí no volver nunca más acompañada al psiquiatra. Cuando se indignó porque somos familia y nos acompañamos a los médicos eso no sé realmente definirlo.
Cuando me dijeron que tenía una vocación como un piano, y dos décadas después la directora de San Miguel de la delegación me dijo que no tenía vocación y podía irme, eso fue una tomadura de pelo que me dejó de nuevo en shock.
Cuando no conseguía trabajar más de cuatro horas cada día, y la psiquiatra me firmó un documento para pedir una incapacidad laboral, y más adelante me permitieron irme de la Obra… eso realmente no sé calificarlo.
Cuando salí con todas las bendiciones de todos los directores y directoras pero tardaron tres meses en darme la dispensa, sabiendo que yo no hacía vida ni de agregada ni de persona sin compromisos porque estaba en un limbo y me sentía profundamente sola y desconcertada… eso fue abuso de poder.
Cuando no me dieron dinero después de haber entregado cada céntimo porque el último año aportaste muy poco, eso fue señal de dónde había estado.
Cuando me sentí rechazada por Dios, después de veinte años pensando que se había fijado en mí y que tenía que ofrecer todo y morir en la Obra, y de pronto nada cuadraba… eso fue espantoso.
Cuando me atraía un hombre y algo dentro de mí me seguía diciendo que tenía que vivir el celibato, y no conseguía que ninguna relación fuera bien, eso fue consecuencia de un abuso espiritual.
Cuando empecé a desconfiar de la Iglesia por no actuar, y de Dios por no haberme protegido, ahí estaba destruida. Sí, he sentido mucho tiempo que tantas cosas son una violación del alma. Mi Dios querido se había convertido en un ser psicópata en mi mente.
Hace unos meses le pregunté a mi psiquiatra por qué ahora me va mucho mejor laboralmente, me contactan de instituciones oficiales… Me preguntó: ¿todavía no te has dado cuenta de que te habían anulado?
Me habló de los soldados de guerra y del estrés postraumático. Me dijo que tenía que pasar página y podía hacerlo. Pero necesito sacar todo antes. Avisar antes a quien quiera leer y esté sufriendo dentro. Cerrar despacio una puerta tras la que queda gente a la que quiero, pero a la que no puedo avisar directamente. No me escucharían, como yo tampoco escuché en su momento.
El doctor también me dijo que atendía a más ex, y que yo era la que mejor estaba. Y no estoy bien, pero ya no soy la misma persona. Gracias a Dios, me abrieron la puerta para irme. Fue difícil. Me ha costado muchísimo comprender qué había sucedido, y estaba quieta en el umbral. Pero ya toca cerrar esa puerta definitivamente, con siete cerrojos. ;) Puerta cerrada y vida abierta.
¿Por qué cuento esto?
No acuso a las personas, que han sido manipuladas como lo fui yo. No puedo acusar a personas, a la mayoría de las cuales sigo queriendo.
Pero el Opus Dei destruye a algunas personas, o a todas, no tengo datos suficientes.
Necesito hablar. No voy a ser cómplice por callar. Nadie más merece vivir esto. Ruego al Papa Francisco que no permita que nadie que esté dentro sea otra alma mutilada.
No puedo dar mi nombre. Es demasiado íntimo y no estoy preparada aún para que se me reconozca. Agustina sabe cómo contactarme si es necesario dar veracidad del escrito ante alguien que tenga poder para hacer algo.