El vacío espiritual de los primeros años del Opus Dei

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Por Bruno, 29.04.2026

Dori nos dio acceso a la historia oficial del Opus Dei, enseñada por el padre José Luis González Gullón, quien trabaja en el Instituto Histórico de San Josemaría Escrivá de Balaguer. Adjunto la transcripción en texto del video de González-Gullón.

El análisis de la historia oficial del Opus Dei ofrece claves fundamentales para entender el vacío espiritual que caracterizó los primeros años de la institución. Como lo he señalado en mi última aportación, no ocurrió nada sobrenatural el 2 de octubre de 1928. En sus inicios en Madrid, Josemaría Escrivá simplemente tuvo la iniciativa de formar un grupito de estudiantes, pero su proyecto carecía de una base espiritual propia.

La adopción de la idea de "filiación divina" como proclamado fundamento de la espiritualidad opusina, lejos de ser una revelación original, fue el resultado de la lectura de autoras como Santa Teresa de Lisieux y Francisca Javiera del Valle. Esto nos lo dice Gullón. Escrivá tomó la espiritualidad de la "infancia espiritual" y la rebautizó como "filiación divina", evitando así citar las fuentes originales de su inspiración. Luego nos lo presentó como un momento "Eureka" en un tranvía en 1931.

La prueba más contundente de este vacío es que los Reglamentos de la Pía Unión de 1941 no mencionan ni de lejos la filiación divina como motor espiritual, centrándose exclusivamente en tácticas de infiltración social, secreto y control.

Ya en la Instrucción acerca del espíritu sobrenatural de la Obra de Dios de 1934, el supuesto espíritu sobrenatural de la Obra se transmite con un ideal carente de profundidad teológica, reducido a seis palabras: "Cristo. María. El Papa" y "Oración. Expiación. Acción". Como señala el contexto histórico de esos años previos a la Guerra Civil, proliferaban grupos de jóvenes católicos decididos a "dar la batalla a los enemigos de Cristo".

Para capitalizar ese entusiasmo y avivar las ganas de "guerrilla" de los 30 jóvenes estudiantes, Escrivá escogió como himno de su grupo el Salmo 2, cuyos versos alientan la confrontación: “¿Por qué se amotinan las naciones y los pueblos hacen vanos proyectos? Los reyes de la tierra se sublevan, y los príncipes conspiran contra el Señor y contra su Ungido: 'Rompamos sus ataduras, librémonos de su yugo'”.

Si Escrivá hubiera elegido el Salmo 1, su grupito habría contado con una base para la verdadera meditación espiritual. Sin embargo, el Salmo 2, sin el contrapeso contemplativo del Salmo 1, sirvió perfectamente como herramienta psicológica para agitar los impulsos guerrilleros de su "milicia".

Esta táctica combativa quedó codificada como una obligación estricta. El reglamento de Costumbres de 1941 impuso a los miembros el deber de besar el rosario como si fuera un arma y recitar el Salmo 2 en latín todos los martes, obligándolos además a emplear ese texto bélico para la meditación de la tarde. Para muchos miembros, esta imposición semanal se convirtió en una fuente de profundo sufrimiento, forzándolos a meditar sobre la guerra social en lugar de encontrar la paz del Evangelio.