Casos documentados de abusos sexuales en el Opus Dei
Por Zorzamandinga, 19/12/2025
Escribo esta nota para plantear una cuestión difícil de conciliar y dejar constancia de hechos basados exclusivamente en información pública y documentada.
¿Cómo es posible que en una organización tan estrictamente estructurada como el Opus Dei, en la que se enfatizan de forma intensa las virtudes de la pureza y en la que se fomenta activamente la sinceridad en la confesión y en la confidencia personal con los superiores, hayan podido producirse y mantenerse en el tiempo situaciones como las que se describen a continuación?...
Y, ante todo, ¿qué ocurre con las víctimas? ¿Qué ocurre con las personas que sufrieron abusos? ¿Han recibido asesoramiento y apoyo profesional adecuados, proporcionados por especialistas competentes y ajenos al Opus Dei, con verdadera independencia de la institución implicada?
La siguiente es una síntesis de casos de abuso sexual vinculados al Opus Dei a nivel internacional, basada en investigaciones periodísticas, resoluciones judiciales y comunicados oficiales. Por prudencia, se utilizan iniciales en los casos de personas identificables.
La información más sistemática proviene de España. El diario El País ha elaborado la base de datos más completa sobre abusos sexuales en el seno de la Iglesia española.
Según dicha base de datos:
“Según la base de datos de este diario con todos los casos conocidos de pederastia en la Iglesia española, el Opus Dei cuenta hasta ahora con 19 acusados y 23 víctimas.”
Este dato sitúa al Opus Dei, dentro del conjunto de la Iglesia española, con 19 personas acusadas y 23 víctimas identificadas. Los casos que se mencionan a continuación no solo ocurrieron en España, y han sido individualizados en medios de comunicación y en procedimientos oficiales.
En Estados Unidos, el sacerdote C. J. M., figura destacada del Opus Dei y antiguo portavoz en ese país, fue objeto en 2005 de un acuerdo extrajudicial por valor de 977.000 dólares tras la denuncia de una mujer adulta por tocamientos indebidos durante un acompañamiento pastoral. Posteriormente, el propio Opus Dei reconoció que una segunda mujer también podría haber sido víctima.
En España, el sacerdote J. L. G., miembro del Opus Dei, fue acusado de abusos sexuales contra menores de edad. El propio Opus Dei admitió que, tras recibir denuncias, fue trasladado de destino durante aproximadamente 25 años sin ponerlo en conocimiento de las autoridades civiles.
También en España, el numerario J. M. M., antiguo profesor del colegio Gaztelueta, vinculado al Opus Dei, fue condenado por los tribunales españoles por abusos sexuales a un alumno menor de edad. Posteriormente, un proceso canónico del Vaticano lo declaró culpable y ordenó su salida del Opus Dei.
El sacerdote J. L., capellán del colegio Irabia (Pamplona), también vinculado al Opus Dei, fue denunciado por abusos sexuales cometidos desde la década de 1990. El Opus Dei confirmó posteriormente que conocía el caso en su momento y que lo gestionó internamente.
En Vigo, el exdirector de una asociación afín al Opus Dei fue procesado judicialmente por abusos sexuales a un menor que se encontraba bajo su dirección espiritual.
Asimismo, el Opus Dei reconoció públicamente en julio de 2020 el caso del sacerdote M. C., relacionado con abusos sexuales.
En América Latina, el cardenal J. L. C. T., exarzobispo de Lima y miembro del Opus Dei, fue objeto de sanciones disciplinarias impuestas por el Vaticano tras una acusación de abuso sexual. Aunque él niega los hechos, el Vaticano confirmó que las sanciones siguen vigentes.
En Chile, el sacerdote P. A., también del Opus Dei, fue investigado en 2019 por hostigamiento prolongado y conductas abusivas con posible componente sexual hacia dos menores. El Opus Dei confirmó la investigación y la imposición de sanciones canónicas.
En Australia, el obispo auxiliar R. U., vinculado al Opus Dei, se apartó del ministerio público en julio de 2025 tras la presentación de una demanda civil por abusos históricos. El obispo niega las acusaciones.
Este conjunto de casos, todos ellos públicamente documentados, plantea una cuestión adicional que no puede eludirse: ¿qué ha ocurrido con los perpetradores?
¿Fueron comunicados de forma sistemática y sin demora a las autoridades civiles, o se optó prioritariamente por una gestión interna? ¿Fueron apartados de inmediato de funciones de dirección espiritual, educativas o pastorales ante acusaciones verosímiles, o fueron trasladados y mantenidos en contextos de confianza? ¿Se recurrió a evaluaciones psicológicas o psiquiátricas independientes, realizadas por profesionales externos al Opus Dei, y se permitió que sus conclusiones fueran determinantes?
Estas preguntas no son retóricas. Surgen directamente de casos en los que los agresores permanecieron durante años en estructuras de autoridad, de acompañamiento espiritual o de educación.
En una institución que exige a sus miembros sinceridad radical, obediencia y disciplina moral, la forma en que se ha actuado ante los perpetradores no es una cuestión secundaria. Es un indicador directo de coherencia ética y de responsabilidad institucional.
Presento esta nota con ánimo de documentación y reflexión crítica, no de polémica.