File:Numerarias auxiliares - El papel de las ex alumnas en las escuelas o centros de formación del Opus Dei.pdf: Difference between revisions

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Por Male, 22/11/2024 == La captación == Como instructora, eran una locura las convivencias que se hacían en las escuelas para seleccionar a las alumnas de nuevo ingreso, la casa parecía hormiguero, llegaban niñas a montones, al menos los primeros años, (la palabra es justo “niñas”, porque tenían de 14 y 15 años en adelante). Se hablaba con padres esperanzados de que esa escuela tan bonita y ese ambiente tan de familia fuera el hogar de sus hijas por los dos siguientes años, las niña...
 
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Por Male, 22/11/2024


La captación

Como instructora, eran una locura las convivencias que se hacían en las escuelas para seleccionar a las alumnas de nuevo ingreso, la casa parecía hormiguero, llegaban niñas a montones, al menos los primeros años, (la palabra es justo “niñas”, porque tenían de 14 y 15 años en adelante). Se hablaba con padres esperanzados de que esa escuela tan bonita y ese ambiente tan de familia fuera el hogar de sus hijas por los dos siguientes años, las niñas ilusionadas por vivir en esa casa maravillosa, incluso con abuelos felices porque hubiera una capilla en la misma zona donde vivirían sus nietas. Esas convivencias nos servían para hacer una buena selección.

Una vez que las niñas estaban seleccionadas para los distintos propedéuticos que solían ser tres, se distribuían por las zonas de prácticas y para tener un buen control de ellas, las instructoras nos hacíamos cargo de las que estarían trabajando en nuestras áreas (cocina, comedor, planchero, etc.). La idea era guiarlas, orientarlas en sus horarios y hablar con ellas para conocerlas mejor. Recuerdo que un tiempo se les puso como “madrinas” a las alumnas más encajadas para que hicieran apostolado y escucharan de otra alumna lo maravilloso que era estar en esa escuela. No hay mejor publicidad que escuchar a un igual hablar maravillas y si era “encajada” o nueva vocación qué mejor y era una buena ayuda para las instructoras que estábamos saturadas de trabajo. Había alumnas que no podían tener ahijadas, no sé si a las que les tocó esto se llegaron a preguntar por qué unas tenían que hacer “méritos” y otras tenían más de una “ahijada”. Desde adolescentes las hijas pequeñas de Padre ejercían la manipulación a otras adolescentes).

Las convivencias duraban 15 días, a mí me toco así, con el tiempo se acortaron los días y se cambió el nombre de convivencia a propedéutico. Lo importante siempre era hacer una buena selección.

La casa se volvía un caos, había cuartos que se convertían en triples y se ponían camas por los pasillos. Empezaba la aventura para ellas. Unas niñas se adaptaban muy rápido y nos esmerábamos en las tertulias tratando de que fueran interesantes y divertidas; jugábamos, bailábamos, cantábamos, en fin, aquello era rio revuelto así que había que pescar.

Durante nuestras “tertulias de casa” se platicaba con gran interés sobre las niñas nuevas, se contaban anécdotas y cosas divertidas que hubieran pasado durante su llegada, pero también se ventilaban cosas como si eran de padres casados o familias disfuncionales, eso sí, después de que la directora nos recordara que debíamos de ser muy discretas con la información… Se nos preguntaba cómo las veíamos, si trabajaban, si eran dóciles etc., etc.

Con el paso de los días la directora nos iba llamando para preguntar si creíamos que se fueran a adaptar o si sabíamos de algo que fuera impedimento, recuerden que las escuelas eran semilleros y no podíamos usar cualquier semilla. También se les hacían exámenes, nunca vi uno, al menos no los recuerdo y la verdad yo no recuerdo si a mí me pusieron alguno, y no creo que importaran mucho. Lo que si era importante es que pasaran con el sacerdote, supongo que aportaría información muy importante, al menos más que un examen de español o matemáticas.

Al final de los cursos propedéuticos venían los papás a recoger a sus hijas y las directoras hablaban con ellos, no sé todo lo que les decían, pero sí sé que ahí era donde les comunicaban si sus hijas habían sido o no aceptadas.

Se volvían a llenar los pasillos de risas y de llantos por las que habían sido aceptadas y las que no habían “cumplido con el perfil”, se veía a chicas en el oratorio rezando y papás confesándose, al mismo tiempo las auxiliares o instructoras no parábamos de movernos atendiendo los servicios de la administración. A intervalos entraban las niñas para despedirse y avisarnos si se quedaban o no, cosa que ya sabíamos, pero éramos expertas fingiendo sorpresa, gusto o tristeza según fuera el caso.

Terminaba la etapa de selección y empezaba la hora de rezar para que todas las semillas regresaran a la escuela para dar fruto como numeraria auxiliar en el opus dei, no sin antes pasar por el crisol de la formación.

Los medios de formación, inicio del plano inclinado

Era importante que cuando las alumnas llegaban empezaran a avanzar por ese plano inclinado que estaba establecido por el señor aquel. Primero había que distribuirse a las niñas, “literal”: se organizaba, con lista en mano, quien trataba a cada una de las que empezaban el curso, de tal modo que todas estuvieran pastoreadas y pudieran dar pasos.

Había que empezar con el curso básico: que comenzaran a hacer las normas del plan de vida, después tenían que pasar a los círculos, sin olvidar la confesión y que empezaran a hablar con alguna numeraria o preceptora o como se le fuera llamando según el momento, pero era importante que la tratara una numeraria y dos auxiliares. Esto se acordaba en alguna tertulia o reunión de san Rafael. ¡La que se liaba cuando varias numerarias auxiliares querían tratar a la misma niña!, (sobre todo si era muy mona, y se le veía el mentado lucero de la vocación en la frente). Gran jaleo hasta que alguien cedía la propiedad de la niña. En este punto es importante recordar que teníamos que tener de 10 a 12 amigas y no teníamos mucho de donde buscar ya que poco veíamos la calle, así que el tratar a varias alumnas hacía que lográramos llenar nuestra cuota.

Al poco tiempo se les iba tomando pulso a través de la charla fraterna de cada auxiliar, ahí había que decir cuál era la oración y la mortificación que se hacía por cada niña que se trataba y ahí se contaba lo que nos íbamos enterando de las chicas. Se hablaba de cosas muy concretas, de esas intimidades que ellas nos contaban al calor de una supuesta amistad, ahí se concretaba qué paso se tenía que seguir, qué libro leer, cuanto tiempo de oración tenía que hacer y con quien no debía de juntarse de sus compañeras por ser mala influencia (es decir más crítica o menos dócil), qué ropa no debía seguir usando por ser sugerente, etc., etc. Después de este proceso el resultado era “unas niñas de san Rafael muy monas, muy encajadas y muy de casa”.

Era como el trabajo de un carpintero, se quitaba a ese trozo de madera, aquello que se pensaba que le sobraba para que se pareciera a una numeraria auxiliar. Por eso todas parecíamos clones, por eso, en algún momento se buscó que los uniformes fueran de varios colores o que cada delegación tuviera su propio modelo, y se animaba a las que usábamos el pelo largo para que no nos lo cortáramos y de esa forma rompiéramos un poco el molde, ya que la gran mayoría solía traerlo corto porque era más práctico y facilitaba el arreglo.

Las pitables (Encajar a las alumnas)

Después de pasar a las niñas por un buen crisol, de lograr que confiaran más en sus “amigas” (numerarias auxiliares, numeraria, sacerdote), en su propio criterio estaba ya lista para pitar. Porque además ya habíamos logrado convencerla de que era especial, de que no fue casualidad que hubiera llegado a una escuela del opus. Ya le hemos provocado la crisis de la vocación.

Recuerdo haber pitado a los 9 meses de llegar a Toshi, faltaba solo un mes para cumplir los 16, pero como la vocación no puede esperar había que empezar a “encajarme”, como todas esas niñas que llegaron después de mí.

Como decía, llegado a ese punto (cual receta de cocina) la niña está lista para empezar a hacer la oración con Cuadernos 7 vocación y apostolado, eso sí con discreción para que las otras alumnas no se dieran cuenta, creando con esto un ambiente de secretismo, haciéndola sentir importante, especial y única. Se le invitaba a alguna “tertulia de casa” para que se fuera encajando. Se hablaba con las tres que la trataban, es decir las dos numerarias auxiliares y la numeraria, que solía ser del consejo local, y se armaba la estrategia, una la invitaría a hacer una visita a los pobres, la otra la llevaría de romería, la otra le ayudaría a hacer la oración y así sucesivamente. (Quien diga que esto no es coerción, que me explique que es).

Esta etapa era la más delirante, por un lado, eres la más especial del mundo, todas las de casa te sonreían y te tratan bien, el sacerdote habla de generosidad, los medios de formación y hasta las películas están pensadas para que esa persona se anime a dar el paso, hay guiños y codazos cariñosos, se tiene pensado incluso el día en que debe de pitar. Así el nivel de locura.

Pero ¿qué pasa por dentro de aquella niña? Hay ilusión, miedo, pero sobre todo hay mucha presión, se llora mucho, se quiere consultar y solo están las de la obra para hacerlo, no se puede hablar con los padres porque ellos no lo entenderían, no hay la libertad de ir a consultar con otro sacerdote, en definitiva se entra en un estado de angustia dirigida, angustia por no saber qué hacer porque a los 14, 15 o 16 años no se tiene la experiencia suficiente para discernir, porque no se tiene la libertad necesaria, porque se le aísla de su familia y ese es el ambiente en el que debe de tomar una decisión que debe de ser para toda la vida. Y lo mejor es que te dicen que te sientes así, con angustia, por falta de generosidad. Claro, cuando la olla no aguanta más la presión una decide que sí y ahí se acaba la presión. Te dicen que vuelve la calma (claro, ¡porque ya no te presionan!) y que esa calma es señal de que hiciste lo correcto. ¡Locura absoluta!

Después empiezan otro tipo de presiones. Sales de clases o de la zona de trabajo porque hay que darte las primeras charlas de formación, pero al mismo tiempo debes de ser la mejor en todo, tus compañeras te ven como bicho raro, al menos a mí, ya no participaba de sus descansos u horas de estudio porque tenía que ir a las tertulias de casa y hacer normas y hacer tareas y además tenía que parecer la más feliz para que las demás quisieran ser como yo.

Para muchas fue un proceso de doblegar la voluntad a base de formación espiritual. Cuando mostrábamos preocupación por la familia nos decían que Dios se encargaría de ello, y teníamos que sufrir en silencio sabiendo todas las carencias que pasaban. Si rompíamos un plato se les cobraba a nuestras familias sin ningún miramiento. Aun siendo ya de la obra, algunas al pitar éramos las mayores de nuestros hermanos y sentíamos sobre nuestros hombros la responsabilidad de ayudar a nuestros padres al sostenimiento la familia, pero no nos lo permitieron. A pesar de trabajar sin descanso no podíamos destinar algo de dinero a nuestras familias, porque entre otras cosas nunca veíamos un sueldo. Cuando presentábamos estas inquietudes las directoras sin mucho miramiento nos recordaban que ya no teníamos más familia que la obra, que si nosotros cuidábamos de la obra Dios cuidaría de nuestras familias.

Recuerdo a una nueva vocación que al terminar sus estudios en Toshi le regalaron un anillo de graduación (de muy buena calidad). Para ella era el fruto de su esfuerzo, pero también representaba el cariño y el orgullo de sus padres al tener a la primera hija que se graduaba. Pues bien, al terminar el evento e irse la familia, la directora y la subdirectora vieron conveniente hablar con ella para pedirle que entregara el anillo, ya que debía desprenderse de todo, sin importarles el gran esfuerzo que habían tenido que hacer sus padres para mandarlo hacer. Al final no tuvo más remedio que entregarlo.

Los ejemplos se amontonan en mi cabeza, baste este de muestra.

Las que tenían el valor de decir que no

Pero ¿qué pasa con aquellas que no dieron el paso? (el paso que las de la obra querían, claro). Cuando te planteaban la vocación en primer año y te resistías, te esperaba un año más de presiones, de indirectas y en algunos casos de malos tratos (seguramente inspirados por Dios…) Unas verdaderas faltas de caridad acompañadas de las maldiciones de siempre. Como instructora me tocaba ver niñas que fueron estigmatizadas por no haber caído en la trampa de la vocación, pero además no podían tener amistades con las demás alumnas no las fueran a mal aconsejar. No sé cómo algunas pudieron seguir en un lugar así. Sé de muchas que decidieron cortar por lo sano e irse de ese lugar, pero así como un golpe deja cicatriz, las palabras también hacen lo suyo en la conciencia y más de una se alejó de Dios pensando que ella lo había rechazado primero, o vio como castigo la muerte de algún familiar, o le achacó su mala fortuna en la vida a ese suceso. Las heridas son tan variadas como variadas son las personas y muchas veces solo ellas saben hasta donde les pudo haber afectado.

Quiero contar aquí el caso de una alumna de 17 años que, cuando le plantearon pitar, fueron muy agresivas con ella y al negarse la directora hablo con ella y le dijo que tenía que pitar, que recordara que Dios pasa solo una vez. Ella dijo que no y las numerarias auxiliares que la trataban le seguían insistiendo que escribiera la carta. Ella las volvió a mandar bien lejos. Lo siguiente que hicieron fue meterla en una sala y entre la directora y la subdirectora le empezaron a bombardear para que pitara, ella salió corriendo de ahí y las dejo hablando solas. El problema vino después. Ella estaba ya en segundo año y le faltaban unos meses para salir, se supone que le habían otorgado media beca (esto porque sabían que era alguien que podía pitar) ya que sus papás no podían pagar la colegiatura, pero al negarse a pitar le retiraron la beca y la querían obligar a quedarse a trabajar 6 meses más para pagar lo que debía. Llegado a este punto tuvo que buscar a alguien para que le ayudara a pagar la escuela (esto sin que las directoras lo supieran, claro) en lo que ella salía y trabajaba para pagarle, logró que alguien le pagara esos seis meses y pudo irse después de la graduación. Cada día fue una tortura para pero decidió terminar y graduarse.

La historia de esta chica es toda una aventura, porque después de lograr zafarse de Toshi pitó en otro centro y al final dejó el opus. Le agradezco que me la haya contado y que haya sido la que me animó a leer Opuslibros.

Volver al mundo y las crisis

¿Qué pasa cuando esas niñas, después de estar dos años sometidas a un auténtico lavado de cerebro, intentan incorporarse a su vida normal?

Muchas de ellas cuentan lo difícil que fue adaptarse a sus familias y a su rol de vida diaria, porque, por un lado pensaban que lo que habían vivido en Toshi era lo normal y por lo tanto su familia hacía las cosas mal: desde el uso de los cubiertos, desde cómo limpiaban sus casas hasta cómo se preparaba la comida. Para algunas el trato normal con los chicos fue difícil, se sentían incomodas, fuera de lugar, sus amigas les decían que estaba rara, que no era la misma y ella no podía más que recriminar a sus amigas la falta de pudor al vestir, al bailar, al divertirse, ¡al vivir!

Se les creó una especie de juicio crítico hacia sus familias, a su madre por usar algún tipo de control natal, a sus hermanas por besarse con sus novios, a todos por ser desordenados, al cura por no decir bien las oraciones del misal, por no confesar en confesionario, por no ir con sotana, y un largo etc.

Pero además, nos dijeron que había que vivir las normas, que la música era para días de fiesta, y en casa no había nadie que tapara la tele con un cojín cuando salían escenas sugerentes, y nadie bendecía la mesa antes de cada comida. Y no hablemos del tiempo de la noche.

Pero ¿no es que éramos cristianos comunes y corrientes en medio del mundo?, ¿dónde había quedado la normalidad? Había dos realidades súper puestas y parecía rallar en la locura.


Y es que, después de decirles por dos años que lo normal era vivir como se vivía en el opus, -que es lo menos normal que existe-, porque se busca siempre aparentar, porque se vive hacia afuera, se vive de apariencias.

Cierto es que muchas salieron y se quitaron de encima ese encasillamiento que les puso la obra y se pusieron a vivir sus vidas de la mejor manera que pudieron sin ese corsé en la conciencia.

Con el correr del tiempo cuando se volvía a tener noticias de las ex alumnas, se lamentaba de que no estuvieran casadas o que fueran madres solteras, como si ese hecho las definiera.

Me contaba hace poco una amiga que al salir de Toshi y llegar a su casa todo le parecía muy pequeño, no aceptaba el modo de vivir de su familia, quería que todo se hiciera como en el opus, hasta que su madre le dijo: “hija esta es la realidad, esta es nuestra vida”. Tanto le habían lavado el cerebro. Se dio cuenta que se metieron hasta en sus sentimientos, no podía abrazar, demostrar afecto o amor a su familia y es que solo era una niña cuando entró a la obra.

Yo misma al irme de la obra tuve que alejarme de mi familia, no encontraba mi lugar. Hasta que logré despojarme de muchos prejuicios sobre mí y mi vida, pude volver a integrarme con mi familia, pero siempre es un proceso y muy duro y aun que una sale del opus. a veces el opus se reúsa a salir de nosotros.

La revictimización de las alumnas

Tal vez parezca un rollo todo lo descrito anteriormente pero este es el punto al que quería llegar. Después de haber pasado, vivido, sufrido y superado tantas cosas con el opus, ahora resulta que a raíz de la denuncia de la 43 ex numerarias auxiliares y de las demandas al opus dei y de haber exhibido en distintos medios lo que es y no es la obra, ahora resulta que se empieza a poner un gran interés en recuperar a esas ex alumnas de las escuelas. Algunas que se fueron muy agradecidas con la obra “por lo que les enseñaron”, otras que tuvieron que dedicar mucho tiempo a su recuperación personal, algunas después de pasar por depresiones al sentirse descolocadas en la vida o rechazadas por la obra, ahora resulta que se busca volver a la captación o recuperación de esas chicas que estuvieron en las escuelas. Y no se hace remilgo alguno como se hacía antes, que si habías sido de la obra se te hacia el fuchi o se buscaba que no se tuviera contacto con las de la obra para no contaminarlas con nuestra infidelidad. Ahora resulta que hasta el protonotario apostólico supernumerario hace gala diciendo que vuelven vocaciones que se habían ido.

En los últimos años, con mucha frecuencia, me he enterado de numerarias auxiliares que cuidan a sus papás y pasan temporadas con ellos y que buscan a alguna amiga o ex alumna para pedirles ayuda económica para poder seguir cuidando a sus padres y yo me pregunto: ¿Qué no dijo la obra que ellos eran su única familia y que nunca les faltaría nada? ¿Que no es lo normal que, después de haber trabajado como burro de noria y de dejar vida y dinero a la obra, no es lo normal que sean ellos quienes cubran esa necesidad económica que tienen sus familias?, ¿Por qué tienen ellas que estar mendigando ayuda en grupos de ex alumnas?, ¿Que no trabajaron lo suficiente?

Por otro lado, veo yo como una revictimización el hecho de que se busque a ex numerarias auxiliares o ex alumnas para trabajar en los centros de la obra, o el hecho de que ahora les organicen con tanta urgencia convivencias o retiros o comidas para recordarles todo lo que la obra hizo por ellas, para que se pongan a bien con la obra. ¿No se dan cuenta de que se están curando en salud? ¡Porque están haciendo control de daños!

Y ¿qué es lo que esperan de ellas para cuando explote la olla con el tema de las numerarias auxiliares, al menos en México?, pues que sean ellas, las ex alumnas, las que salgan a defender a la obra, les están pidiendo que olviden todo el daño físico, mental y emocional, para que olviden todo lo que han tenido que pasar y reavivarles la culpa y la deuda que tienen para con la obra. Que la obra no fue mala, fueron ellas las que algo hicieron mal, pero ahora la obra las perdona y las reúne en su regazo, porque se acerca la hora de defenderla, eso es para mí revictimización, es una trampa, y me apena ver a tantas caer de nuevo en ella, después de haber superado y pasado por tanto.

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current10:18, 25 November 2024 (1.19 MB)Bruno (talk | contribs)Por Male, 22/11/2024 == La captación == Como instructora, eran una locura las convivencias que se hacían en las escuelas para seleccionar a las alumnas de nuevo ingreso, la casa parecía hormiguero, llegaban niñas a montones, al menos los primeros años, (la palabra es justo “niñas”, porque tenían de 14 y 15 años en adelante). Se hablaba con padres esperanzados de que esa escuela tan bonita y ese ambiente tan de familia fuera el hogar de sus hijas por los dos siguientes años, las niña...

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