Informe sobre el Opus Dei/Amistad, relaciones personales

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Amistad, relaciones personales

Un tema que me parece importante es el de las relaciones personales entre los de Casa y respecto a los demás. El modo en que se vive esto es uno de los aspectos en los que con mayor agudeza se evidencia la falta de libertad, la heteronomía, con que viven los de Casa.

Se insiste, como algo esencial a nuestro espíritu, en que no puede haber amistades particulares. Tal planteamiento hace que, casi nunca, haya verdadera amistad entre los de Casa, puesto que toda amistad por definición es particular, basada en una elección peculiar de una persona como amigo. A veces se dice que hay que tener "amistad particular" con todos, pero, igualmente por la misma naturaleza de la amistad, es evidente que eso no son más que palabras vacías. Esto lleva a que las relaciones entre los de Casa sean muy superficiales y externas, sin un verdadero conocimiento personal, sin una comunicación vital, necesaria para que cualquier persona no se sienta sola.

Esta consideración general se ha concretado en un conjunto de medidas o criterios que, en definitiva, impiden la amistad y la comunicación entre los de Casa.

En concreto, se insiste en que no se hacen confidencias entre los de Casa, eso significa que no se puede hablar de lo que a uno le preocupa, de lo que lleva en el corazón, de cómo le va la vida, etc. Igualmente, nos se habla de lo que se ha oído en los medios de formación, etc. Todo eso dificulta no sólo la verdadera comunicación entre los de Casa, sino que impide en cierta medida madurar lo que se recibe: si no hay comunicación intersubjetiva, reexposición de lo que se oye, etc. no hay verdadera vida intelectual. Hay que tener en cuenta que el espíritu humano es intersubjetivo o relacional: sin diálogo no hay conocimiento.

Incluso se entiende que hablar de estas cosas sería murmuración, facción, desunión, cuando en realidad a lo que ha llevado es a una obediencia ciega, a un sometimiento irracional a disposiciones arbitrarias, que, al no poder ser contrastadas, uno piensa que es él quien está errado, quien no entiende las cosas, que es un hombre solo, etc., cuando en verdad muchas veces son criterios, disposiciones, etc. ajenos al genuino espíritu de la Obra, que nos resisten el mínimo contraste intersubjetivo.

Respecto a los supernumerarios se establece que los numerarios no los visiten en sus casas, lo cual dificulta que surja una verdadera amistad, y que se los conozca como realmente son: si no se ha visto dónde y cómo vive una persona, cómo son su mujer y sus hijos, etc., no puede haber verdadero conocimiento, ni, por tanto, verdadera ayuda, ni auténtica dirección espiritual.

En las relaciones entre hombres y mujeres se sostiene que no puede, que n debe, haber amistad entre ellos; especialmente un numerario debe excluir toda relación personal con mujeres. Quizá en otro tiempo histórico las relaciones entre hombres y mujeres se orientaban esencialmente al enamoramiento, pero la actual incorporación de la mujer al mundo del trabajo y su presencia en todos los ámbitos sociales exactamente igual que los varones, ha hecho que las relaciones personales y la amistad entre personas de uno y otro sexo sea totalmente normal e incluso deseable. Pretender excluirlas implica apartarse del mundo o, al menos, establecer una fractura respecto a nuestros iguales.

Desde otro punto de vista, sucede que las relaciones con los demás -sean de Casa o no, parientes o no- están mediadas por el interés apostólico. Es muy frecuente que si un numerario deja de ser de Casa, los que han vivido con él dejan de tener cualquier tipo de relación (si hubiera habido amistad real, las relaciones se mantendrían igualmente), o que se deje de tratar a una persona cuando se ve que no va a encajar en la labor, etc. Los planes con los amigos se juzgan con criterios apostólicos y en función de la marcha del Centro, y no en atención a la auténtica amistad (aparte de que es el director quien decide, puesto que se le ha de consultar: ¿un tercero decidiendo sobre las relaciones personales!). Por eso, es inconcebible plantear un fin de semana como simple descanso con los amigos, salir a cenar con ellos hasta las tantas (como es habitual en el sur de España), etc.

Eso también hace que nuestro apostolado esté muy institucionalizado. El apostolado que se hace no es tanto de amistad y confidencia como el invitar a la gente a nuestras actividades. Con la gente joven es llamativo la cantidad de tiempo, esfuerzo y dinero que se dedica a las actividades externas, más que al estudio, la preparación profesional, etc. Incluso, frecuentemente, vivir en un Centro de jóvenes es un obstáculo para el estudio más que una ayuda.

En esta misma línea, todas las "movidas oficiales" ("raduni", intervenciones en las visitas del Papa, hacer de invitadores a las Misas del Papa en Roma, etc.) ciertamente no son cosa de nuestro espíritu; quizá no haya más remedio que hacerlo -no lo sé-, pero en todo caso habría que formar a la gente haciéndole ver claramente que eso no es lo nuestro.


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