Ahora sí, feliz

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Por LOM, 12.07.2010


Hace ya algo más de 2 años que abandoné el Opus Dei. Nunca le conté a nadie mi historia, mi vida, mis motivos... pero ahora si creo que estoy preparada para contarlo todo, aunque me cueste.

Todo comenzó en el año 2001, por aquel entonces yo tenía 14 años y estudiaba 3º ESO en un colegio de Fomento femenino. Cierto es que estos colegios no pertenecen al Opus Dei, pero la enseñanza religiosa es impartida por sacerdotes y profesores que sí pertenecen a la prelatura, y por mucho que luego lo nieguen, más del 50% del profesorado también es de la obra. Yo era de esas niñas rebeldes a las que les gustaban hacer gamberradas, meterse con las profesoras y gastarles bromas pesadas, llamar "opusianas" a las niñas que iban por el club, esconderse los días que tocaba ir a Misa, y muchas cosas más... ese curso, en el verano del 2002 mandaron a casa desde el colegio una circular con las actividades que ofrecía el club del Opus de la ciudad, y en el que la mitad de las numerarias que ahí vivian eran mis profesoras. Mi madre me mandó a uno de esos campamentos, y con el paso del tiempo me hice amiga de esa típica numeraria joven, graciosa, que aún está terminando la carrera y que parece que le gusta lo mismo que a tí.

Llegó 4º ESO y comencé a estudiar en el club. Cada media hora entraba alguien a interrumpir para avisar a "Fulanita" de que era la hora del circulo, a "Menganita" para que se fuera a confesar, a "Ciprianita" para ir a hablar con la numeraria de turno, y cuando me decían algo a mi, siempre contestaba: "no, a mi eso no me hace falta". Hasta que un buen (o maldito) día dije que sí. Ese curso comencé los circulos. Recuerdo como me aburría, me dedicaba a hacer dibujos en mi libreta de "pensamientos espirituales", a planear el fin de semana mientras me hablaban de apostolado, estudio, oración...

Pasó el curso y ya estaba en 1º BAC, ese fué "el año". Había pasado un verano estupendo, me fuí 2 semanas a Torreciudad con el club y a mi vuelta conocí a un chico, tonteabamos y lo pasabamos bien. Lo que yo no sabía era que esa felicidad que comenzó en julio se acabaría en diciembre. Desde el comienzo de curso comenzaron los agobios: si no había notado nada especial en la oración, qué pasaría si Dios me llamaba, que tenía que estar dispuesta a entregarlo todo por amor a Dios... y un sin fin de etcéteras (¡qué os voy a contar!)... Hasta que alguien me dijo, "no se puede ser tan egoísta, yo he visto claro en la oración que tienes vocación. Y tú tambien, sólo que no quieres decir que sí porque te falta generosidad y valor", eso me llegó al alma. Durante 2 semanas me rallé la cabeza hasta que me quedó como un bombo, ¡porque a mí nadie me decía que era una egoísta! y por puro orgullo pité.

Poco a poco me fueron introduciendo las normas, la forma de vida y todas esas cosas que hay que hacer si eres numeraria: por supuesto la misa, oración, rosario, charla fraterna, hacer corrección fraterna, circulos, mortificación, apostolado y proselitismo... bla, bla... Con cada cosa nueva que me incluían en mi forma de vida yo flipaba más. El día que ví el cilicio (17 años) se me cayó el alma a los piés, pensé "yo para esto no valgo", esa fué la primera vez que dije en el club que no seguía siendo adscrita, pero claro, te vuelven a camelar y a comerte el tarro para que sigas. Lo usaba 1 vez por semana. Luego vino lo de la cuenta de gastos y entrega del dinero, 2ª vez que dije que me piraba y 2ª vez que me convencían de que no. Y así hasta que me fuí a estudiar a la universidad y me fuí a vivir al centro de estudios.

Cuando llegué a ese colegio mayor pensaba "¡dónde me he metido!". Viviamos 43, de las cuales 40 estaban todas cortadas por el mismo patrón. Eran niñas ideales, de familia con miembros de la obra, todas con sus camisitas, sus castellanos y sus perlas. Y ahí llegué yo, con una madre que no me hablaba desde el momento que se enteró de que yo era del Opus, un padre que sólo me llamaba por teléfono para echarme en cara mi mala vida dentro del Opus, y con mis faldas hippies y mis camisetas de tirantes (que no pude volver a usar...). Allí buscaba pasarmelo bien con lo que fuera, porque la verdad es que no era feliz. ¿Cómo se puede ser feliz con una familia que te mira mal y no te habla, y viviendo en un sitio donde no te hallas? Pero a pesar de todo me decían que la situación de mis padres era lo de menos, que lo importante era mi familia del Opus Dei y tal... Desde mi llegada al centro de estudio nunca me volví a poner el cilicio, dormía encima de la colcha y la manta para notar lo menos posible la tabla, no había día que no me saltara alguna norma pues me agotaban, casi todas mis charlas fraternas eran iguales... nunca olvidaré el día en que me dijeron que tenía que ser muy sincera, especialmente con el tema del sexo y que si algún día tenía una experiencia sexual, del tipo que fuese, debía contarlo. Le dige inmediatamente que no me había pasado ni había hecho nada. Y ante la duda de la numeraria comenzó el interrogatorio: que si buscaba posturas placenteras en la cama, que si me había masturbado, que si me gustaba algún chico... y yo flipando en colores! Me enfadé un montón.

Sólo estuve 1 año en el centro, al siguiente me fuí a otro colegio mayor en calidad de numeraria, pero este era normal (lo cuidaban numerarias pero las residentes no lo eran). Ahí ya empecé a ser un poco más libre, hacía más planes abiertamente, aunque en ocasiones se me hacía un interrogatorio para ver de donde venía y con quien había estado. Nunca entregaba todo el dinero que tenía, porque como luego no podía gastarlo... Mis notas durante la carrera no eran muy buenas. En mi segundo año en este colegio cada vez el estrés era más alto, comencé a enfermar con frecuencia, a engordar hasta que llegó la depresión. Gracias a Dios, la numeraria con la que hacía la charla se fué dando cuenta de esto y me daba más via libre. Pude hablar por fín con claridad de todo lo que tenía guardado desde hacía muchos años, me acompañó al médico y me ayudó en todo. Desde el momento en que le dije que me quería ir me apoyó siempre y gracias a ella ese año fué mi último año de sufrimiento y pude volar libremente hasta el día de hoy. Doy gracias de haber dado con esta mujer, ella no era como las anteriores que no me dejaron irme ni a tiros... pero nunca es tarde cuando la dicha es buena. Con ella y con otras (pocas) sigo manteniendo relación, pero la mayoría, desde que se enteraron que me fuí, ni me hablan ni me saludan si se cruzan conmigo y me ponen malas caras. Pues menos mal que se supone que son gente santa, porque si no lo llegan a ser igual me lapidan por desertora al verme por lacalle...

Lo importante es que yo ahora soy feliz, vivo como realmente quiero. Sólo me arrepiento de una cosa: haber hecho sufrir a mis padres como hice. Gracias que ya me han perdonado y ahora me apoyan con locura. Así como mis amigos, que aunque nunca les conté nada con detalle saben que lo he pasado mal y me cuidaron mucho.



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