Sobre el cariño a los padres

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Cap.5 de La doble doctrina del Opus Dei

Autores: Compaq y Brian, 27-8-2004


A veces nos hemos preguntado por qué hay tantos numerari@s y agregad@s con problemas psíquicos o que sin tenerlos, notan y sienten que algo no funciona, que por mucho que lleven las cosas a la oración, no acaba de encajar lo que viven con lo que se les predica o enseña. Incluso muchos, después de irnos de la obra, no sabíamos dónde radicaba el problema. No hemos sido conscientes de esa dicotomía entre lo que oías en charlas, meditaciones, confidencias, etc., y entre lo que luego tenías que vivir. Pensábamos que el problema era nuestro: falta de generosidad, soberbia, espíritu crítico, poca predisposición, consentir en dudas sobre la vocación... Lleva mucho tiempo descubrir qué es lo que propiciaba ese desasosiego, ese desconcierto, porque cuando creíamos que estábamos haciendo las cosas bien, en la charla o en la corrección fraterna nos recriminaban y nos dejaban más desconcertados aún...

Sin embargo, una vez que vamos teniendo acceso a las Meditaciones internas y a escritos internos del fundador (muy a pesar del opusdei) no es difícil encontrar el motivo de por qué nuestra vida, en muchas ocasiones, conducía a la esquizofrenia. La razón es porque la doctrina recibida no es única y no sirve para todos. O bien, porque la doctrina debía estar menos normalizada y reglamentada para dejar libertad de espíritu a cada uno para obrar en conciencia. Sobre un mismo tema, se predica una cosa y la contraria, y ambas son consideradas de "buen espíritu", según cuando convenga una o la otra. De modo que al intentar ponerlas en práctica, era difícil acertar puesto que siempre podías y solías equivocarte creyendo, en cambo, que hacías lo que debías.

El tema a tratar hoy es el cariño a los padres. Merece la pena analizar lo que hemos oído al respecto (una pequeña parte) y de lo que hemos oído, cuánta disparidad sobre "El dulcísimo precepto".

Además, están los múltiples criterios con los que los directores aplican el "buen espíritu", que supuestamente debería ser el mismo para todos. Pero no. Si los padres son supernumerarios, es distinto a que los padres no lo sean o no quieran saber nada de la obra. Si los padres no son supernumerarios pero tienen nombre conocido y buena posición económica, el trato también es favorable hacia ellos y hacia sus hijos porque la obra puede recibir beneficios de distinto tipo, generalmente económicos. Es decir, se olvida el hecho de que son padres y se pone por encima y como opción preferente para actuar de una u otra forma cómo son esos padres, en qué plan están y si pueden beneficiar o no a la obra. Como si los padres que no son de la obra no tuvieran cariño por sus hijos o "no merecieran" que los vayan a visitar o sus hijos, los que no tienen pedigree opusdeístico o posibles económicos, tuvieran poco menos que despreciarlos y despreciarse.

Añadimos unos ejemplos reales de cómo la doctrina del opusdei, la que escuchamos en los medios de formación, se contradice sobre un mismo tema. En esta ocasión, sobre "El cariño a los padres". Pero hay muchísimos temas más que iremos analizando más adelante.

-La Obra entera es un hogar: un solo hogar, con un solo puchero. Con toda delicadeza ; hacemos que los padres de los Numerarios y los de los Agregados -cuando lo necesitan - metan también su cuchara en ese pobre puchero familiar, aunque no imagináis cuántos apuros económicos pasamos continuamente, para poder desarrollar en todo el mundo nuestra labor apostólica. (Del fundador, Carta, 31-V-1954, n. 8.)

-La Prelatura está siempre dispuesta a ofrecer gustosamente la asistencia, en la parte que por piedad filial corresponda a cada Numerario o Agregado. Pero, al menos de la misma manera, han de contribuir los otros hijos; y, en su caso, otros parientes con posibilidades económicas, aunque no tengan una estricta obligación legal. Por esto, cuando los padres de un Numerario o Agregado necesitan para su sustentación ayuda económica de sus hijos, el Consejo local, a través de ese miembro de la Obra, se entera de todo lo necesario, para informar con rapidez a la Comisión Regional -según el cuestionario del Anexo-, sin comprometerse a nada -ni el Consejo local, ni el miembro de la Obra interesado-, ni firmar ningún documento, durante esas gestiones preliminares. (Glosas sobre la obra de San Miguel, páginas 67 y 68)

ANEXO -Datos para el estudio de la concesión de ayudas familiares

Se indican a continuación los datos que es oportuno que el Consejo local recoja, para que se pueda proceder con conocimiento de causa al estudio de la concesión de ayudas familiares.

1. a) Fechas de incorporación temporal (definitiva);
b) encargo apostólico;
c) trabajo profesional;
d) ingresos personales con que cuenta;
e) cálculo medio de sus gastos mensuales.

2. a) Situación social y económica de la familia antes de necesitar la ayuda;
b) situación económica actual;
c) si tienen ayuda por seguros sociales, pensiones, etc.;
d) personas que componen la familia: profesión de cada una, estado, etc.;
e) relaciones de la familia con la Obra;
f) personas de la familia que pertenecen a la Obra.

3. Quiénes han tratado con la familia -y cuándo-, para recoger esta información.

4. a) Quiénes han de recibir la ayuda;
b) edad y estado de salud;
c) ayuda que les prestan o se comprometen a prestar las otras personas de la familia.

5. Motivos para conceder la pensión.

6. Cuantía y periodicidad.

7. Observaciones.

(Glosas sobre la obra de san Miguel, página 114)

-Como esta ayuda es una manifestación de caridad, y la caridad debe ser ordenada, significaría una falta de justicia que gravasen indebidamente sobre la Prelatura cargas que no tendría por qué asumir o que -siempre a título de caridad- podría asumir sólo en parte. (Glosas sobre la obra de san Miguel, páginas 66 y 67)


PERO...

-Si lo nuestro es santificar todo lo humano, no podemos descuidar lo que es tan próximo a cada uno y tan noble, como las relaciones familiares. La irrupción de lo divino en nuestra vida no puede restar calor humano a esas relaciones; al contrario, lo natural es que lo aumente. Hemos de querer cada día más a nuestros padres y hermanos, y dar muestras efectivas de ese cariño. (Meditaciones. Tomo I, página 241)


AUNQUE...

-Los Numerarios y, según sus circunstancias, los Agregados no llaman por conferencia para felicitar por el santo de la madre o del padre, o por acontecimientos semejantes: para evitar ese gasto, procuran escribirles con antelación suficiente. (Glosas sobre la obra de San Miguel, página 49)

-De ordinario, los Numerarios no abandonan sus tareas apostólicas o su lugar de trabajo -sobre todo si el lugar es lejano-, para participar en determinados acontecimientos o sucesos familiares -el matrimonio de un pariente, una primera Misa, etc.-, que ocasionan gastos de tiempo y de dinero que un padre de familia numerosa y pobre no se puede permitir. (Glosas sobre la obra de San Miguel, página 79)


PERO...

-MUCHO es lo que debemos a nuestros padres y, en lo humano, imposible de pagar. Nuestra vida proviene de ellos, y frecuentemente el primer germen de la fe, de la piedad y de la vocación, lo han puesto ellos en nuestros corazones (De nuestro Padre, Crónica VII-60, p. 12.). Es sobradamente justo que vean que hay correspondencia por nuestra parte a todo el desvelo, a la preocupación y al sacrificio que han tenido por nosotros. (Del fundador, Meditaciones. Tomo I página 242)


AUNQUE...

-Como regla general, no se hacen invitaciones a almorzar ni a cenar en la sede de un Centro: es preferible llevar a los amigos o a los parientes a un restaurante. (Vademécum de las Sedes de los centros, página 28)

-Con el fin de no alterar el normal desenvolvimiento de la vida en familia, no se invita a los parientes de los miembros de la Obra a comer o a cenar en un Centro. (Glosas sobre la obra de San Miguel, página 27)


PERO...

-MUCHAS veces preguntábamos a nuestro Padre cómo debíamos comportarnos con nuestras familias, para aplicar su consejo a nuestra vida y enseñárselo a nuestros hermanos. Y con frecuencia, nuestro Fundador nos repetía las mismas palabras: "con cariño, ¡con mucho cariño! Dadles motivos de alegría, que estén contentos de vosotros, que puedan decir: este hijo es el que más nos quiere, el que más se preocupa de nosotros y de nuestra felicidad"(Meditaciones. Tomo III, página 618)


AUNQUE...

-Sería poco comprensible -contrario al ordinario modo de actuar de cualquier persona- que alguno, al disponer de sus bienes de modo inmediato o en su testamento, se dejara llevar por una preocupación sobre el futuro económico de sus hermanos o de otros parientes, como si se tratara de un hermano soltero que quizá previera especiales obligaciones hacia ellos. Nadie actúa así: cualquiera que ha constituido un hogar, piensa fundamentalmente -no puede ser de otro modo, es ley de vida, obligación de amor y de justicia- en los suyos; y dentro de la Obra, cada uno piensa en esta familia sobrenatural, muy numerosa y con grandes necesidades, a la que se debe y a la que se da por entero. (Glosas sobre la obra de San Miguel, página 43 y 44)


PERO...

-Nuestro Padre nos enseñó a tener este gran cariño con nuestras familias. Yo quiero mucho a vuestros padres, y les encomiendo por lo menos dos veces al día (De nuestro Padre n. 118. Y nos demostró ese cariño en tantas ocasiones, a través de una pregunta, de un recuerdo, de la delicadeza que nos enseñaba a tener cuando nuestras familias pasaban por alguna circunstancia extraordinaria, dolorosa o alegre. (Meditaciones. Tomo I. Página 243).


AUNQUE...

-Como en todo hogar, en los Centros se colocan fotografías de familia: de nuestro Padre y del Padre, de los Abuelos y de Tía Carmen. [...] En cambio, como manifestación patente de que su familia es la Obra, los Numerarios no dejan a la vista fotografías o retratos de sus parientes, en las habitaciones personales de los Centros. Conservan estas fotos en la intimidad, si lo desean. (Vademécum de las sedes de los centros, páginas 17 y 18)


PERO...

-El cariño a vuestros padres se purifica, se engrandece, se mejora, porque entre vosotros y vuestros padres sólo está Dios. En cambio, los que se han casado, los que han formado un hogar, tienen mujer e hijos, y esto -es ley de naturaleza- les separa de una manera o de otra de los padres (Del fundador).


AUNQUE...

-Puede suceder que algunas personas -porque no conocen las exigencias de la vocación de un Numerario o un Agregado- tiendan a considerar su situación, con respecto a su familia, como la del hijo soltero, al que atribuyen el deber de atender a las necesidades de los padres en mayor medida que a otros hijos, que han constituido su propia familia. Este razonamiento es equivocado, porque también quienes se entregan a Dios en el Opus Dei forman parte de una nueva familia numerosa y pobre, con muchas obligaciones que cumplir y continuas necesidades que atender. (Glosas sobre la obra de san Miguel, página 67).

-No se puede olvidar que los Numerarios tienen unas obligaciones con la Obra, tan exigentes al menos como las de una familia, que no deben ser descuidadas por ligereza o por un cariño mal entendido: es ley de vida que comprenden bien -con sentido positivo- quienes han dejado a sus padres para formar otro hogar. (Glosas sobre la obra de San Miguel, página 80).

-Es preciso transmitir este espíritu a todos, para que sigan viviendo estos aspectos -que nuestro Padre nos enseñó con su propia vida desde el principio-, con mucha visión sobrenatural y generosidad, y con la responsabilidad de un padre de familia numerosa y pobre, que no dejaría a su mujer ni a sus hijos, ni su trabajo, gastando dinero y tiempo, para realizar un viaje, con el fin de estar con sus padres, especialmente cuando hay otras personas de la familia que los atienden. (Glosas sobre la obra de San Miguel página 81)


PERO...

-De ningún modo podemos sentirnos espiritualmente apartados, ni pueden sernos ajenas, indiferentes, sus penas y alegrías. El cuarto mandamiento del decálogo -honra a tu padre y a tu madre, como Yavé, tu Dios, te ha mandado - sigue en pie para nosotros; es más, al venir a la Obra, nos hemos obligado a vivir esmeradamente todas las virtudes, y, por tanto, también la virtud de la piedad. Una obligación de la que no podemos desentendernos nunca. (Meditaciones. Tomo I. Página 245)


AUNQUE...

-Los Numerarios han de recibir, desde el principio, la formación necesaria para comprender que su dedicación al servicio de Dios en la Obra es plena y les pide un efectivo desprendimiento de su familia de sangre. (Glosas sobre la obra de San Miguel, página 78)


PERO...

-A los que son nuevos en nuestra familia -porque fácilmente les entra un amor clamoroso y un desprendimiento, que después tiene sus quiebras si no se les prepara-, debéis aconsejarles que, especialmente en el examen del retiro mensual, se hagan alguna pregunta sobre el comportamiento que tienen con su familia de sangre. Es preciso que se porten bien con sus familias: que no olviden que, cuando los padres necesitan algo que no se opone a nuestra vocación, nos apresuramos a dárselo: porque los tenemos como parte muy amada del Opus Déi. (Instrucción del fundador, Instrucción, 8-XII-1941, n. 33).

-Honra de todo corazón a tu padre, y no olvides los dolores de tu madre. Acuérdate de que les debes la vida, dice la Sagrada Escritura. Corresponde a lo que hicieron por ti (Eccli. VII, 29-30.). Un deber de gratitud nos obliga a esto. En la Obra nos lo hicieron comprender desde el primer momento, y aprendimos a reservar para nuestros padres un lugar principal en nuestra vida, y a quererles aún más. (Meditaciones. Tomo I. Página 246)


AUNQUE...

-A MI me da mucha pena decir esto, pero... ¡en cuántas ocasiones es la familia, son los amigos, son los parientes los que se oponen a la vocación de una manera desconsiderada, porque no entienden, porque no quieren entender, porque no quieren recibir las luces del Señor! Y se oponen a todas las cosas nobles de una vida entregada a Dios. Y se atreven ¡a probar! la vocación de su hijo, de sus hermanos, de sus amigos, de sus parientes, y hacen una labor de tercería, sucia. Os digo esto, no para escandalizaros, sino para que andéis prevenidos: porque esa actitud la hacen incluso compatible con un ambiente de familia que llaman cristiano.¡Qué pena! (Del fundador)

-Las quejas de los padres, cuando se dan, son sensiblerías que merecen comprensión y cariño, pero hay que ponerles límites porque, si no, esa sensiblería llegará a ser enfermiza: a veces parece como si los padres quisieran que sus hijos fueran siempre niños pequeños. [...] Cuando el hijo es ya mayor, los padres no tienen derecho a imponer nada; lo contrario es un abuso. No tienen derecho a escoger por su cuenta el camino de nuestra vida; pueden aconsejar, rezar... y dejarnos en paz. Ciertamente los padres tienen unos derechos encantadores, pero tienen también unos deberes correspondientes, también encantadores, y pretender dominar sobre los hijos adultos es contrario a esos deberes, es desconocer la dignidad humana. Son restos de feudalismo. (De nuestro Padre, Tertulia, 19-XII-1968)


PERO...

-CONSIDERAD un poco el cariño inmenso con que nos han tratado nuestros padres cuando todavía no habíamos nacido, ¡cómo nos cuidaban ya nuestras madres!, ¡cuántos desvelos humanos, naturales, santos, les debemos!: no los olvidéis. (Del fundador, Tertulia, 29-VIII-1971.)


AUNQUE...

-Cuando resulta justificado obsequiar a quienes vienen de visita -por la ayuda que prestan a las labores apostólicas, o para corresponder a sus atenciones-, se les puede ofrecer un desayuno, un té, un café, etc. (Vademécum de las sedes de los centros, página 28)

Los Numerarios han evitado siempre cualquier manifestación de falta de orden en la caridad hacia los parientes: el primer lugar en los afectos lo ocupa Dios y todo lo que se refiere inmediatamente al servicio del Señor y de las almas. Si, excepcionalmente, después de ponderarlo con detenimiento, se ve preciso realizar un viaje para atender en una necesidad a alguna persona de la familia -estaría fuera de lugar, de modo particular si se vive en otro país, que la finalidad del viaje fuera sólo ir a visitarles-, se concreta el plan -reduciendo al tiempo estrictamente necesario la estancia en el lugar de destino-, y se informa a la Comisión Regional correspondiente del motivo, de la duración de la estancia y de cualquier otro dato de interés. (Glosas sobre la obra de San Miguel, página 81)


PERO...

-Tenemos que querer mucho a nuestros padres; si no, no tenemos el espíritu del Opus Dei. Contad con vuestros padres. Los quiero mucho. Es necesario acercarles a la Obra, que es acercarles a Dios. Procurad que vuestros padres amen a la Obra. Que sepan que les queremos. ¿Cómo vamos a hacer una cosa agradable a Dios, si abandonamos las almas de los que nos han querido tanto en la tierra, y tanto han contribuido -a veces, sin darse mucha cuenta- a nuestra vocación? (De nuestro Padre, Crónica, 1968, p. 1116.)


Conclusión: intentar asimilar las diferentes teorías -contradictorias- para cómo hay que querer a los padres, es altamente peligroso para la salud mental del hijo. Los padres, a no ser que sean supernumerarios y a veces tampoco, no entenderán el cacao mental que tiene el hijo en su relación con ellos. Y la realidad: el distanciamiento cada vez mayor entre un numerari@ y su familia.