La ética en la Universidad de Navarra

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Por Tornasol, 25.10.2006


Que en cuestiones éticas la opus cuela los mosquitos y se traga camellos enormes es un hecho que se ha comentado aquí lárgamente. Como muestra valga un botón.

Fui 6 años profesor en la Escuela de Ingenieros Industriales de San Sebastián, perteneciente a la Universidad de Navarra. En abril de 1989 leí mi tesis doctoral y poco después la persona con la que hacía la charla me comunicó que al curso siguiente no seguiría como profesor, y que me fuera buscando un curro “por ahí”. No se me dieron razones para ello ni yo las pedí, aunque me las imaginaba.

En septiembre me trasladé a Bilbao para incorporarme a mi nuevo trabajo, con dispensa de vida de familia y con la convicción personal de que había dejado la obra. De hecho no soy consciente de haber escrito la carta pidiendo “la baja” ni de que se me comunicara su concesión. Supongo que se cumplirían estas formalidades, pero debieron importarme tan poco que ni me acuerdo.

Y en ese septiembre de 1989 empezó o, mejor, se reanudó mi vida… Lo único que me pesa en mi decisión de irme fue no haberlo hecho antes.

En octubre de 1991, dos años después de dejar la Escuela de Ingenieros, recibo una llamada en mi trabajo. Un joven, pongamos que de nombre Diego, con acento marcadamente argentino o uruguayo me dice poco más o menos lo siguiente:

“Soy un doctorando becado en el departamento de Organización Industrial de la Escuela de Ingenieros Industriales de San Sebastián. Además soy numerario. El director del Departamento, A. G. del V., ha preparado un artículo para enviarlo a una revista especializada en el que se resume tu Tesis Doctoral, pero en el que tú no figuras ni siquiera como co-autor. Para mí esto supone una inmoralidad tremenda. El hecho de comunicártelo me pone en una situación muy comprometida y podría perder mi beca, pero tras darle muchas vueltas al asunto y agotar otras vías de actuación posibles, he llegado a la conclusión de que la única alternativa éticamente correcta es ponerlo en tu conocimiento para que hagas lo que creas conveniente”

Le pedí que me mandara el artículo y comprobé que A. G. del V., al que llamaré para abreviar Alejandro, figuraba como primer co-autor y que el contenido del artículo se limitaba a un resumen de mi Tesis, en la que por cierto Alejandro no había participado de forma alguna. Por supuesto mi nombre no aparecía por ninguna parte del artículo, ni tampoco había incluido mi Tesis en la Bibliografía del artículo.

Dejé pasar el asunto para evitarle problemas a Diego, y le dije que hicieran lo que quisieran, aunque es evidente que estábamos ante un auténtico robo intelectual. No sé si se mandó el artículo o si fue publicado. Lo que si sé es que Alejandro, hoy catedrático de Universidad en Galicia, presentó posteriormente (Agosto del 2000) en un congreso (puedo dar detalles) una ponencia con un título idéntico al de mi Tesis.

Alejandro era en aquel entonces numerario y Diego también. Desconozco sus situaciones personales actuales.


Y Ahora saco algunas moralejas.

Está claro que en la opus hay de todo, como en botica. Gente decente, como Diego, y gente indecente, como Alejandro. Ahora bien la institución fomenta la indecencia. No tengo ninguna duda de que para Diego hablar conmigo fue un último recurso. Antes intentaría resolver su conflicto ético por el famoso conducto reglamentario, es decir, hablando con su director, con el de Alejandro y con el Director de la Escuela y muy posiblemente consultandoles una corrección fraterna. Estos trámites internos no debieron dar ningún resultado y Diego optó por la única salida que le dejaron. Es muy probable que tres directores no considerasen inmoral la conducta de Alejandro, cuando no es que fuera inmoral, ¡era delictiva!. Y luego prohíben visitar las casas de parejas casadas civilmente o simplemente arrejuntadas... ¡toma pedazo camello y toma mosquito!.

Quizás esos directores consideraron que no había ningún problema en cometer un robo intelectual con un “desertor”. ¿Alguien duda de que la situación hubiera sido muy diferente en el caso de que yo hubiera continuado en la cosa?. Una vez más se comprueba que para los opusinos los “ex” no existimos, y por tanto no somos siquiera sujetos de los derechos más elementales.

También se comprueba su escasa profesionalidad y su nula mentalidad laical (excelente el escrito de Dionisio). Los 6 años de dedicación profesional entusiasta y de labor académica exitosa en la Escuela (me lo han confirmado los muchos ex-alumnos que me he encontrado en estos años) no contaron para nada. Lo único que se valoró fue mi abandono de la supuestamente santa institución.

Y ya que pongo las siglas del acusado, también pondré las mías, que son A.G.O.

Y para acabar… ¿qué fue de Oráculo?. Se le echa de menos.



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