Cuando era del Opus Dei y fui al psiquiatra

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Por Madreselva, 31.10.2007


Continuaré con un testimonio personal, pues creo que a veces, pueden tener más valor que los razonamientos ya que se ciñe a los hechos.

Cuando era numeraria y tenía 22 años, desarrollé una somatización física de causa desconocida, por la que me llevaron al psiquiatra (entre otros profesionales médicos).

El psiquiatra en cuestión, era un médico con enorme prestigio en el mundo relacionado con la Obra, pues tenía publicaciones varias y muchas personas afines acudían regularmente a él. Llegué a la consulta, persuadida de la profesionalidad de este hombre. Por aquel entonces, no me hacía mucha gracia eso de ir al psiquiatra, pues lo consideraba de débiles mentales (hoy, lógicamente, no lo veo así). Y desde luego, no se me ocurría cuestionar el secreto de la profesión, que sin duda, este médico "como la copa de un pino", debía ejercer a rajatabla.

Pues bien, la consulta fue la siguiente. Entré en la salita, y tras esperar un rato, me hicieron pasar a su despacho. Me senté en una silla, a solas, al otro lado de la mesa donde nuestro psiquiatra ocupaba su lugar. Me preguntó, empecé a hablar, y enseguida habló él... a los dos minutos, me di cuenta de que estaba haciendo una interpretación equivocada de lo que yo le acababa de decir. Como era tan supereducada por aquel entonces, y el hombre parecía que hablaba de carrerilla... esperé respetuosamente su primer silencio, para puntualizar "su pequeño error", con la que di a entender la equivocada interpretación consiguiente . ¡Lo que hice!, tras abrir la boca, "el profesional como la copa de un pino" se quedó callado con la respiración contenida, en lo que yo valoré como un verdadero ataque de orgullo "pata negra" (que le iba a decir esta niñata)... debió pensar que mi conducta iba a "mala idea" (¡ay!, ¡si hubiera tenido "ni una poquita", ojalá) y empezó a vomitar profecías y calamidades a cerca de mi personalidad: "tendrás muchos problemas con esa forma de ser, porque eres una persona que no das una imagen clara de lo que piensas, etc, etc".... yo callada como una muerta, hasta que salí de la consulta.

Afortunadamente no era una persona con depresión, pues si hubiera sido así, sus palabras hubieras sido debastadoras en mi ánimo (lo que considero, un abuso de autoridad en su estado más puro). Su "profecía", era la conclusión de 5 minutos de charla conmigo. Sí, han escuchado bien: ¡¡5 minutos!!. Los suficientes, para que un genio como él, hiciera un análisis arriesgado de mi personalidad. Y lógicamente no dió en el clavo. Pues si un defecto tengo, y lo sabe quienes me conocen, es que confío mi intimidad (confiaba) con excesiva facilidad a todo hijo de vecino. Bajo la premisa de que "todo el mundo es bueno".

Salí indignada (cosa extraña, pues era muy raro que me rebelara de un modo tan visceral hacia nada relacionado con la Obra). Me habían dado hora para la siguiente sesión. Pero, una vez estuve fuera, dije que "tu tía" a la numeraria acompañante. Era una auténtica aberración profesional lo que me había sucedido. La numeraria que estaba a mi vera, también guardaba silencio, no sé hoy si con cierto remordimiento "por algo" que le atañía. Pero eso es pura especulación.

Luego, con el tiempo he intentado atar cabos a cerca de qué fue realmente lo que sucedió ese día.... compredí que quizá ese hombre sí tenía información mía previa, de segunda, tercera, o no se que otra mano. Y siempre que ha salido su nombre a colación, en cualquier lugar, he aportado mi experiencia personal desaconsejándolo vivamente. Curiosamente, de este modo, he sabido que muchas otras personas han tenido una mala experiencia con él. ¡Pero es el psiquiatra al que van casi todos los numerarios/as, supernumerarios/as en mi ciudad!: pobres ignorantes.

Tras contar mi experiencia, si quiero puntualizar que todos los psiquiatras que trabajan con gente del Opus Dei no tienen por qué ser así. Pero dado las masas de personas del Opus Dei, algunas muy necesitadas de ayuda, a las que atiende este señor.... me veo con la resposabilidad de al menos, escribir este capítulo de mi vida. Que quizá sea corroborado por muchos otros, o quizá no: ojalá.



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