Comentarios al informe sobre un numerario del Opus Dei

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Por Chispita, 11.VI-2006


Agradezco la publicación del Informes sobre la situación personal de un miembro numerario de la Prelatura pues es una buena prueba de los importantes defectos que afectan al trabajo de la Prelatura y a la vez, una buena muestra de la grave crisis por la que ésta atraviesa. Agradezco muy vivamente como fiel de la Prelatura a Doserra y a [[Oráculo], sus artículos y en especial el último trabajo sobre la documentación de la Obra sobre sus miembros.

Sin dejar de reseñar la “buena intención” con la que se han redactado los documentos, y la loable preocupación por el progreso espiritual de esa persona parece importante resaltar otros puntos que disminuyen estos dos puntos positivos de los escritos objeto de nuestra consideración...


1) En primer lugar, me parece escalofriante –como muy brillantemente se ha ponderado en esta web- el hecho de comentar a otras personas ajenas a este individuo, que ha depositado toda su confianza en quien lleva su Charla Fraterna, las cosas pertenecientes a la vida de quien se las confía. La Sagrada Escritura es terminante sobre esto. En Lev 19,16, se lee: No incriminarás ni murmurarás en el pueblo. En Eclesiastés, 28,15: El murmurador y el hombre de dos lenguas será maldito. Santo Tomás de Aquino en el capítulo de la secunda Secundae de la Summa Theologica señala que todo esto es detracción, que consiste en que se “difunda principalmente sobre el prójimo aquellas especies malas con que puede ser infamado o, al menos, disminuida su fama;” ¿Por qué este interés tan obsesivo en comunicar las cosas de la vida íntima de las personas, sobre todo si el director que va a leer este Informe no trata de modo habitual al interesado o solo esporádicamente? Estimo que este documento podría ser una reflexión privada de la persona que recibe su charla para saber a qué atenerse y concretar cómo ayudarle, y en todo caso debería destruirlo con la mayor rapidez posible. Pero, insisto, ¿de qué va a servir de ayuda al interesado dar cuentas a otra persona? Se suele poner por excusa y ejemplo del por qué de esta actuación a los informes médicos que cruzan entre sí los miembros de un equipo que atiende la salud de una persona. Se dice que la dirección espiritual la lleva la Obra, y que 8 o 12 ojos ven más que dos o cuatro…. Igual que en equipo médico. Bien, pero resulta que un equipo médico sólo se reúne cuando una persona está enferma o muy enferma. Hay entonces un intercambio de información que resulta lógico puesto que cada doctor necesita saber si su tratamiento puede afectar algún otro órgano de la persona interesada. Pero luego no van corriendo a contárselo todo al Director del Hospital ni envían sus Informes al Ministerio de Sanidad y Salud Pública ni a la Organización Mundial de la Salud. Y no todos los miembros de la Prelatura están habitualmente enfermos desde un punto de vista espiritual. Y sin embargo, el mismo sistema se sigue con todos. Por otra parte, los médicos de un equipo tratan particularmente al paciente, le visitan, le exploran, le tratan, en definitiva, necesitan saber datos del colega que trabaja otro problema del enfermo. Pero en la dirección espiritual basta la persona que te atiende y no hace falta de suyo comunicar con nadie los problemas de esa persona en cuanto al fuero interno se refiere. Quiero decir que la persona que lleva la Confidencia es la que conoce a esa persona y sabe sus circunstancias, por lo que todo escrito y comentario resulta injusto y peligroso pues forzosamente en todo Informe –por muy detallado que se quiera- se omiten cosas.

Todo responde al afán de control y de información que existe en la Prelatura, que los miembros de a pie conocemos. Conocemos estas reuniones, estos informes. Del mismo modo que debe conocerlos la persona de la que es objeto ese Informe. Y eso, por sí solo, quita ya alegría, espontaneidad, chispa en la entrega, porque uno se sabe controlado, vigilado y reportado por quienes se dicen sus amigos. Santo Tomás también es terminante en cuanto esto: “Mas parece que un hombre de doble lengua es igual que un detractor, por cuanto es propio de los detractores hablar con dos lenguas: con una en ausencia del difamado y con otra en su presencia.” Todo esto es muy grave, porque lesiona la buena fama a la que todo el mundo tiene derecho: En efecto, en la Charla o Confidencia es frecuente usar un doble lenguaje: uno con el que se habla y otro con el que se cuentan las cosas en los Informes de Conciencia. Por eso no hay espontaneidad, ni alegría, porque uno se sabe traicionado. Entonces no se ve a la persona que te lleva la Confidencia como un amigo. Y así dice Sto Tomás: “el pecado contra el prójimo es tanto más grave cuanto mayor es el daño que al prójimo se infiere, y es tanto mayor ese daño cuanto más excelso sea el bien que se destruye. Pero el amigo es el más valioso entre todos los bienes exteriores, puesto que sin amigos nadie puede vivir, como constata el Filósofo en VIII Ethic. Por eso se lee en Eclo 6,15: No hay nada comparable a un amigo fiel, porque, para que un hombre sea considerado digno de la amistad de otro, es necesaria también una óptima reputación, que por la difamación se destruye. De ahí que la susurración sea mayor pecado que la detracción, y aun que la contumelia, ya que el amigo es preferible al honor, y vale más ser amado que ser honrado, como escribe el Filósofo en VIII Ethic Se destruye la buena fama, se destruye la amistad y la buena confianza que necesita la dirección espiritual que resulta así menos eficaz y menos sobrenatural ¿Cómo se va a ser sincero, cómo se va a tener confianza a una persona que lo cuenta todo a otros? ¿Qué amistad cabe ahí? Ninguna. Y por eso no cabe al ser esta actividad informativa pecaminosa, que se ve en el Director al mismo Jesucristo. Entre otras cosas porque con lo que se dice, otra persona va a pecar al ejercer la susurración y la detracción y porque desde luego el Verbo solo ha tomado Carne una sola vez, no cientos de veces. O sea que los directores no tienen una unión hipostática que les haga ser infalibles ni les de título ninguno para confiarse a ellos. Y así dice la Escritura en Proverbios 26,20: Suprimido el murmurador, cesan las rencillas. Así de triste.


2) Se afirma que el fiel de la Prelatura en cuestión debe mejorar en “desprendimiento de sus propios juicios, de los gustos personales y del afán de pasárselo bien: planes de descanso, deporte, cine, lecturas”. Yo esto no me lo puedo creer. ¿Dónde está nuestra bendita secularidad, la promesa que se nos hizo de no ser religiosos, si a la postre no podemos hacer y ejercer o no podemos hacer y ejercer con libertad, con la Libertad que Cristo mismo nos ha ganado en la Cruz, las cosas honestas que los demás fieles de la Iglesia realizan? “En dos ocasiones ha ido a dar un paseo a la playa en vez de ir al club, y en otra ha ido al cine, también en horario del club”. No se hace alusión a las razones que ha tenido para ello, lo cual me parece injusto. Quizás fue que en el Club no había chavales que atender, en ese momento, o simplemente que le dolía la cabeza, o que quería pensar sobre su vida. Hay ocasiones en que es bueno quedarse solo, pasear, pensar a solas, con la compañía de Dios. En todo caso un paseo por la playa y ver las olas del mar es oxigenante y sano. Por otra parte, el ir a la playa no es pecado ni mucho menos, aunque todo depende de la playa, del ambiente que en ella haya y del horario escogido para dar ese paseo playero. Se habla de “horas del club”, que normalmente son a partir de las seis de la tarde o la siete de la tarde en España, que es cuando mucha gente ya se ha retirado. Y si los directores se fían de los fieles de la Prelatura está claro que esta persona escogió una playa y una hora adecuadas para pasear, distraerse, y ver las cosas mejor, sin exponer su alma a ver unos hipotéticos bañistas desnudos. Por otra parte, se gira la cabeza, se guarda la vista y ya está. Por otra parte, pasear por la playa es una tradición que ya inició Nuestro Señor Jesucristo con sus paseos a orillas del mar de Galilea. Cristo hizo –a despecho de muchos directores integristas y talibanes de la Prelatura- su Labor en….¡¡¡pueblos costeros!!!, como Cafarnaúm, de mala fama además. Y San Pablo buscaba los puntos de reunión de los judíos de la dispersión para hacer oración con ellos, y alguna vez se reunió en las orillas de un río, o en una playa. Y San Josemaría también acostumbraba a hacer oración en las playas de Valencia. ¿No se acuerdan de sus observaciones sobre barcas y redes, sus conversaciones con otros numerarios: “Padre ¡qué grande es el mar!”, o sus observaciones sobre los pescadores horneados por el sol, sacando las redes ayudados por sus hijos que venían a empujar y tirar de las cuerdas?

Y es que el peor sentido común que un numerario puede tener es consentir en estar encerrado horas y horas en un club de ciudad costera teniendo el mar por delante. Entonces el sentido común lo que invita es a hacer actividades con los chicos en el mar o en un rincón de la costa donde se pueda estar sin que haya nudismo. Y demostraría muy poco sentido común el numerario que está todo el día en su casa, bien abrigadito en lugar de salir afuera, pasear, hacer ejercicio y conocer gente o ir a ver a gente, es decir, haciendo apostolado, y dándose a los demás. Se descalifica sin más el que vaya a la playa, se limita la libertad de movimientos de una persona, que en un determinado momento lo que necesita es escapar de la claustrofobia del centro, y tener un rato para pensar y airearse. De modo que no comparto por tanto esta insensata observación sobre la playa, toda vez que se puede escoger una buena playa que no sea una porquería –como se acostumbra- o unas horas prudentes para nadar y refrescarse. Y esto hasta muchos directores lo hacen y se hace en cursos anuales, porque resulta absurdo vivir en un sitio costero y pensar que el mar no existe. Esto es tan lógico que por muchos avisos y prohibiciones que se den, al final todo el mundo acaba visitando una playa y bañándose, a Dios gracias.

En cuanto al cine, es un fabuloso instrumento de formación cultural y estética y medio de formación interior. Por supuesto no todas las películas son de buena calidad y puede haber escenas que molesten. Pero si ese numerario tiene vida interior, una escena molesta procurará no verla, apartando su vista, cerrando los ojos y desagraviando. Pero puede que el resto de la película sea amena, interesante, instructiva y le ayude a despejarse para volver con más fuerza luego a la labor ordinaria. Yo mismo vi hace unos días una película sobre Drácula. Mi conclusión –que fue la de la película- fue que gracias a las oraciones del sacerdote y a la Cruz, el vampiro fue exterminado. Miren ustedes como eso me ha ayudado a intensificar mi amor a la Cruz y a la oración vocal. Por otra parte, si ver cine en video o el propio cine es una ocasión para que nuestros amigos vean que, en efecto de ellos “no no separa ni el papel de fumar” o para relajarnos y serenarnos pues, ¡bienvenido sea el cine! Por otra parte, si el cine es malo ¿por qué durante unos años en el Colegio Romano se veía cine muy frecuentemente? Claro, era para distraer al Fundador que sufría mucho por la situación de la Iglesia. Luego lo que era bueno para el Fundador bien puede serlo para sus hijos. Luego el cine es bueno.

Si tiene dificultades es porque su formación solo le vale para un estrecho ambiente cerrado, para el corralito del centro, cuando “papá” u “opá” director –como dice una célebre canción de rock country muy de moda hoy en España- está ahí para cortar la escena inconveniente. Pero cada uno es cada uno, y puede que en una película que se ve a en un centro haya una escena que todos ven que a uno puede hacerle daño. Entonces, da igual, la ve, porque es una película legal. Y da igual, porque luego podrá tener dificultades si no ha sido bastante maduro para guardar la vista con la película maravillosa que se ha visto en el centro. En todo caso, la formación ha fracasado en esa persona que no ha logrado desarrollar la fuerza interior suficiente para cortar una escena que le puede hacer daño, o para elegir una película que sea buena y útil para su vida. Es en realidad una persona dependiente e inmadura que funciona bien “cuando” –sigo con la letra de la canción famosa- está en el corralito de “opá” director, pero que no tiene fuerza interior ni intelectual para cortar con situaciones que puedan hacer daño a su alma fuera del centro. Y entonces nos preguntamos sobre la eficacia de una formación que solo funciona en determinados ambientes con tutela y supervisión de otros, y especialmente apta para personas inmaduras y dependientes, cristianos que no han cuajado ni llegado a la plenitud de su vocación cristiana, por mucho que tengan toda una rica farmacopea a su disposición, como se presume en nuestra querida Prelatura. Una formación que solo crea personas inmaduras, heterónomas y no autónomas, porque son dependientes de un ambiente y de una persona. En cuanto se quedan a solas, todo eso se desmorona, porque no han interiorado ni hecho suyos criterios de verdadera responsabilidad. Nunca entenderé que se nos diga que somos gente de la calle y luego a la hora de la verdad todo son trabas e impedimentos para funcionar como personas de la calle. Nunca entenderé una formación que solo funciona en los ambientes de los centros, cuando siempre se nos ha dicho que la Prelatura proporciona una formación que capacita para que cada cristiano encuentre a Dios y se comporte como cristiano consecuente en cada momento y circunstancia de su vida.


3) Me parece horrible que se comente que “no tiene amor a la cruz”, que se deja llevar por los caprichos, que obra por motivos humanos. ¿No son juicios temerarios? Quizás en algún momento no haya tenido amor a la Cruz, pero ¿no es tener amor a la Cruz querer estar en la Obra peses a todo? ¡Qué dureza de juicios! ¡Que escasa caridad! Todo eso es susurración grave como dice Santo Tomás, y una grave ofensa a Dios Nuestro Señor. Pero además me parece muy triste que se le critique el que quiera “pasárselo bien” e “ir al cine”. Entonces ¿qué quieren? ¿Qué esté todo el tiempo en la sala de estudio o en el oratorio? ¿Con quien trabajamos: con monjes de clausura o con seglares? ¿No resulta eso más propio de monjes de clausura? Por otra parte, ¿cómo se va a llegar a nuevas personas si uno está encerradito en el centro? ¿Qué tipo de apostolado hacen los numerarios? Desde luego no aquel de la pesca submarina, que consiste en bajar a las profundidades de la sociedad, y meterse en todos los rincones para llenarlos del espíritu del Evangelio y encontrar en alguna cuevecilla algún pececillo que se anime a salir al mar abierto, que eso es el apostolado. ¡No! ¡Eso era al principio, porque ahora los numerarios del Opus Dei se quedan en casa esperando que los chavales de los colegios y los supernumerarios les traigan a la gente, y luego lo computan con una cara más dura que el cemento Pórtland como “apostolado personal”, cuando quien te ha traído al amigo es el chaval del club o el supernumerario de tu grupo. ¿Cómo se van a conseguir las 500 vocaciones que pide el Prelado? Y es que yo creo que las 500 ya han venido pero cuando han visto tanta contradicción, tanta mentira y tanta falta de secularizad, se han sentido estafadas y se han ido otra vez a su cuevecilla submarina. O sea que los 500 no es que no vengan. Es que vienen y el ambiente asfixiante que muchos e han inventado acaba echándolos.


4) Me asombra también que se comente sobre su carácter fuerte y caprichoso, sus reacciones desproporcionadas y su desorden. De nuevo más susurración y más pecado. En todo caso, se evidencia lo que es un fracaso formativo con esa persona, a la que no se ha ayudado convenientemente a mejorar. Lo que prueba la escasa por no decir nula preparación en orientación y en sicología que tienen muchas personas que llevan confidencias, que no solo carecen de santidad sino de conocimientos propios. Porque, hombre, si te anuncias en un cartel como torero, por lo menos aprende a torear. Y es que muchos solo hacen faenas de “aliño” porque no saben hacer más. Reacciones desproporcionadas porque esa persona tiene sentido común y ve los sinsentidos de muchas cosas que se hacen en la Prelatura, porque ve que se le ha engañado, y porque no es feliz en un trabajo que le aburre y en un encargo que no le va. Luego la responsabilidad de esta situación es en gran parte de la Prelatura, que se ha empeñado en ignorar sus opiniones, y en imponerle de modo salvaje y antihumano una vida que él rechaza.


5) Por otra parte, hay una visión muy negativa de esta persona, y no aparecen por ningún lado sus facetas positivas (sólo se ha hace mención a que es muy “cumplidor” y que acude a la dirección espiritual). Se le acusa veladamente de frivolidad, de perder el tiempo, y de poseer espíritu crítico, motivado por la soberbia. O sea, que para la Prelatura la discrepancia, el pluralismo son satánicos, y enemigos a batir, ya que son frutos de la soberbia. Esto está totalmente en contra de lo sostenido por la Iglesia desde el Concilio Vaticano II. Por tanto en la Prelatura no hay lugar para otras ideas que no sean las del Fundador y la versión manipulada que de ellas nos transmiten. Esto difiere totalmente del pensamiento de Benedicto XVI, que habla de que en todo “kerygma hay siempre algo que en realidad no es kerygma sino elaboración humana” por lo que “se impone en cada época la escucha paciente de lo que la humanidad sabe de hecho” (Ratzinguer, J., El nuevo pueblo de Dios. esquemas para una eclesiología.Madrid, 1972,p. 327). Es decir el disentimiento no es atentatorio contra la unidad de la Obra cuando éste se produce en cuestiones ajenas al espíritu del 2 de Octubre y al mensaje de nuestro Fundador, porque luego hay una larga serie de prescripciones que son meros inventos humanos sobre los que se puede honradamente disentir, actitud que no se ve bien, sino muy mal, porque todo cuanto dijo San Josemaría se ha deificado como si fuera palabra de Dios, en vez de estimar muchas de sus decisiones como “decisiones del hombre-gobernante” sujetas a una época, al carácter del mismo y por tanto superables y de hecho superadas. Cuando se intenta gobernar con criterios del pasado, o contra la naturaleza, la Historia y la Naturaleza se terminan rebelando y pasando factura. Como en las famosas carreteras del Brasil que al final son cubiertas por la maleza…

Más aún, un principio claro en la vida de las empresas –y por tanto también de las empresas sobrenaturales- es que la discrepancia en buen tono ayuda a mejorar y a superar errores que impiden y cercenan la competitividad y restan mercado y beneficio, lo cual sí me parece una auténtica falta de sentido común y de madurez en unos directores que, como críos chicos se agarran a unas ideas que les transmiten y que no osan discutir para preservar su estatus social dentro de la Institución. Se cae en el totalitarismo ideológico más aberrante que va hundiendo la Obra más y más en sí misma y en la ineficiencia.


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