Un fraude con más de ochenta años

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Por Books, 14 de mayo de 2010


Dicen que los buenos recuerdos duran mucho tiempo, pero que los malos duran más.

Tanto unos como otros son necesarios para organizar el presente. Para vivir el hoy, es necesario conocer los orígenes de todo. Claro que es posible vivir en la ignorancia, pero si se tiene la oportunidad de conocer la verdad y se desprecia, se desprecia a su vez, la inteligencia, la voluntad...

“La experiencia es un peine que te dan cuando te quedas calvo”. También es verdad que el hombre aprende gracias a la vida y no gracias a la escuela.

Deberían estar presos todos aquellos que prohíben la libertad de pensamiento, aquellos que obligan a actuar en contra de la conciencia. Son una panda de mezquinos, más mezquinos porque llevan a cabo su labor con unos modos muy sutiles.

Es penoso comprobar cómo una institución va minando la mente de las personas, de ahí que entre otras cosas, muchas de estas pobres gentes se vuelvan tan dependientes, como si estuvieran drogados, siendo tan difícil, y a veces imposible el proceso de desintoxicación. ¡Qué orgullo tan triste y tan hipócrita el de una organización que se mantiene “viva” a base de manipulación.

La obediencia ciega, la unidad, la visión sobrenatural... ¿cómo si no, va a ser posible mantener a flote el barco? Todo está dicho, todo está escrito. Todo está claro, sumamente explicado mediante indicaciones, prohibiciones, obligaciones, modos de ver y de hacer las cosas. Todo, absolutamente todo está controlado.

Deberían estar presos todos esos ladrones de conciencia.

Aunque te lo pidan, sea quien sea quien te lo pida, no actúes nunca en contra de tu conciencia

Para que el fraude persista, es necesario adueñarse la conciencia de la gente, para que no piensen, para que no critiquen, para que no actúen, “para que no se equivoquen”.

Es maravilloso comprobar como va aumentando la paz interior cuando se actúa como se piensa, cuando se habla como se piensa, cuando se vive como se piensa. Pararse a pensar con juicio crítico lleva a descubrir la tontería, la hipocresía, el cinismo, la injusticia, la falsa alegría.

”La tontería es infinitamente más fascinante que la inteligencia. La inteligencia tiene sus límites, la tontería no”.

Los principios del opusdei son indiscutibles, incriticables y por tanto incorregibles.

¿Quién otorgó la infalibilidad al “espíritu”? ¿Cómo es posible que un hombre con veintiséis años, gracia de Dios y buen humor hiciera una obra tan perfecta? ¿No es más normal que hombres y mujeres con veintiséis años, gracia de Dios y buen humor se equivoquen una y otra vez? ¿Cómo es posible que se diga de un hombre que se irritaba con tanta facilidad, que gritaba con tanta frecuencia, que se enfurecía por tantas tonterías, que tenía buen humor? ¿Qué demostraba cuando rompía marcos de puertas y ventanas? ¿Qué hacían sus hijas ayudándoles a cargarse aquella habitación?

¿Cómo puede ser heroico alguien que vive rodeado de bienestar, servido por doncellas, cocinado por las mejores cocineras y con los mejores productos? ¿Cómo alguien así puede colocarse al nivel de la madre Calcuta, de Angela de la cruz, o Teresa de Jesús?.


¿Cómo puede hablar de “la libertad como don de Dios”, quien programa la conducta, la cabeza, el corazón de la gente?

¿Cómo puede hablar de caridad quien ignora a la familia argumentando la entrega como excusa?

¿Cómo es posible ser humilde cuando se goza del poder más absoluto? ¿Cómo puede ser un hombre y no Dios el que elija a sus hijos para que les sirvan como sacerdotes?...

Es penoso que el dudoso éxito de una organización se base en el poder de los de arriba, manejando a su antojo y conveniencia a los que están en la base. Marionetas que sonríen estando amargadas, que hacen como si rezaran cuando en realidad murmuran, porque “obedecen o se marchan”, y lo que hacen es reconcomerse por dentro.

Pero la paciencia tiene un límite y es preciso aprovechar ese instante, quizá irrepetible para tomar una decisión que te puede devolver la persona que eras, alegre, libre, feliz.

“La fuerza jamás oprime una idea durante mucho tiempo, pues una idea oprimida no tarda en ser generadora de fuerza”
“Todo hombre debe ser soldado cuando se trata de combatir la tiranía”.

¡Qué fácil seducir con una agradable primera imagen, con sonrisas, con buen ambiente, con cortesía!. La cortesía oculta vicios, como el arreglo de la cara oculta las arrugas.

El plano inclinado”, una más entre tantas estrategias. Primero, el caramelo, el campo de fútbol o los encajes de bolillos. Después una dosis de virtudes humanas, una meditación fabricada para ti. Un par de conversaciones con éste y con aquel, para continuar con un “dios te pide más”, “dios te pide todo”, todo en el opusdei, para el opusdei, no para Dios.

Fue Dios el que te concedió unos talentos. Algunos quedarán ocultos, sepultados, otros serán utilizados convenientemente por la institución. ¡Qué pena, qué ingratitud despreciar tantos talentos como Dios te dio!

En el opusdei no caben los tontos, pero tampoco interesan los que son demasiado listos, ni por supuesto los que piensan en sí mismos. “El pensamiento es grande, rápido y libre, la luz del mundo y la gloria principal del hombre”.

Es triste, y resulta aburrido vivir con tanta uniformidad. El numerador y el denominador, son exactamente iguales.

Pocos, muy pocos, tienen el coraje de ser diferentes y cuando lo son, lo normal es que “falten al espíritu”. Qué complicado es ser libre de espíritu, tener manga ancha. La mayoría de las veces, la historia termina con un toque de atención. Hay que parar los pies al que está cerca de sacarlos del plato, o claro está, ignorarlos, y dejar que hagan lo que quieran.

“Es mejor morir de pie, que vivir de rodillas”.

Qué importante ser uno mismo y no lo que los demás quieren que seas.


Somos humanos, por eso nos equivocamos tantas veces, siendo muy fácil caerse si se llevan los ojos tapados. Es preciso dejar caer la venda. Muchas veces será necesario que alguien se encargue de arrancar esas anteojeras que se incluyen en el lote de la entrada a la institución.

¡Burros por todas partes! Burros en los salones, comedores, salitas, habitaciones, cuartos de baño.... Burro, ese animal que va por donde le llevan, incapaz de hacer nada por su cuenta...

Hay que tirar todos los burros a la basura. No es extraño que estén en peligro de extinción. Es que no les gusta la vida que llevan y han optado por desaparecer.

El opusdei cae cada día un poco. Los burros cada vez dan más coces. Son muchos los que se han atrevido a abandonar la cuadra y son pocos los que se tragan el caramelo. Salen muchos y entran pocos, muy pocos, casi nadie.

Es preciso despreciar esas voces que aconsejan no pensar en uno mismo, que se dedican a organizar las vidas ajenas, que toman a los demás por imbéciles. Gente que desprecia los sentimientos, el sufrimiento, los puntos de vista distintos.

Todo es para bien”. Por eso está bien vivir amargado. Está bien si uno se vuelve loco, porque “será que dios lo quiere así”. Porque es bueno morir de amargura o de locura, si se muere en el opusdei. Porque sí, porque lo dicen ellos que poseen toda la verdad, por encima de cualquier verdad que no se ajuste a sus planes, a su criterio, a su organización, a sus intereses, que son por encima de todo, muy sobrenaturales.

¡Bendito el día en que tantos se decidieron a ver las cosas con sus ojos, con los que Dios les dio, y despreciaron los ojos sobrenaturales de los que les rodeaban¡ Ojos interesados, insensibles a la realidad, ojos en los que no hay personas, sino objetos, máquinas, números, todo muy sobrenatural. Ojos desesperados que no soportan ver cómo se va desmoronando ese mundo paranormal que han creado.


Con el tiempo cambiaron algunas cosas. Las potenciales numerarias auxiliares seguían buscándose en los pueblos, ya no en las aldeas, y se les ofrecía estudio a cambio de su trabajo. Seguían viviendo en lo que se conocía como internados, con un régimen más abierto, podían salir solas y usaban pantalones. Hasta entonces a las niñas se las acompañaba incluso mientras se duchaban. De esto se encargaba la señorita numeraria que estuviera de turno.

Las de esa época y las de ahora, andan de otra manera, son más cultas porque han estudiado y ya no son ni tan serviles, ni tan sumisas, ni tan obedientes, aunque siguen con los mismos horarios en el trabajo, y siguen trabajando sábados, domingos, festivos…. Y siguen haciendo lo mismo, fregar, lavar, planchar, limpiar…. Porque esa es la vocación a la que las llamó dios...

Aquellas que en los ochenta contaban con treinta, cuarenta años, siguen siendo “hijas o hermanas pequeñas”, bastante inmaduras e infantiles en su mayoría. Pero sobre todo son gente totalmente dependiente. El tanto por ciento de auxiliares de esos tiempos es elevadísimo en depresiones, rara será la auxiliar que no tome alguna pastilla y hay un buen número de ellas con serios problemas mentales. No es que se trate de locura. Lo que ocurre es que sus mentes han sido tratadas para una sola cosa, con un objetivo muy claro y con unas reglas asfixiantes.

Es raro que entre estas personas haya alguna que se plantee marcharse del opusdei, y si alguna vez se les pasa por la cabeza, este pensamiento es totalmente efímero, ya que fuera estarían totalmente perdidas. Están como decía Morgan Freeman en “Cadena perpetua”: “institucionalizadas”. Y ya se sabe como acabó uno de los presos cuando recuperó su libertad.

Las numerarias auxiliares que hoy tienen sesenta, setenta, ochenta años, merecen un respeto enorme porque han sobrevivido en unas condiciones a años luz de la vida de la gente corriente, porque algunas aun son capaces de reír. Es normal sentir pena por ellas, pero se trata de una pena diferente, pues nunca han sabido lo que es vivir en libertad y ni saben lo que es tener una vida normal.

Lógico es que haya muchas maniáticas y escrupulosas, hasta los extremos. Se han pasado la vida acatando órdenes, nunca han tenido autoridad sobre nada ni nadie. Intentando vivir “el espíritu” sin desviarse. Acusándose año tras años de chorradas, inventando, cuando no había de qué acusarse, criticando en silencio por puro aburrimiento.

Claro que hubo gente cansada de este modo de vivir, pero no reaccionó rebelándose, lo hizo descargando su frustración en las demás con mal humor, un carácter agrio, triste, desesperanzado.

Lógico es que ante semejante espectáculo, añadiendo la impotencia y la dependencia haya tantas depresiones, a veces, de caballo.

¿Con cuantas numerarias auxiliares en condiciones normales cuenta hoy el opusdei?

¿Cómo, dónde y a quien vende hoy el opusdei la vocación de numeraria auxiliar?

¿Qué va a hacer el opusdei cuando se le rompa la columna vertebral? Ya adolece de un número llamativo de hernias discales, la mayoría de ellas inoperables y las que pasan por quirófano arrastran secuelas in aeternum, pax!.

El opusdei solo será una obra de Dios cuando desaparezca la manipulación, el poder absoluto, la hipocresía, la falsedad, la injusticia y la falsa visión sobrenatural.

Una obra de Dios debe estar llena de personas con la conciencia recta, con sentimientos, con capacidad de amar. Gente que distinga una persona de un burro, de un número, de un tornillo, de una tuerca. Gente desinteresada que haga el bien sin esperar nada a cambio, que no haga lo imposible para conseguir unas vocaciones que tan solo existen en sus cabezas y en papeles llenos de números. Gente que reconozca que se equivoca y que esté dispuesta a reparar lo que ha roto.

Ojala, los cómodos, los ciegos, los sordos de la obra, se atrevan a criticar, y llamen mentirosos a los que mienten, injustos a los que tienen el poder, hipócritas a los que amargan la vida obligando a hacer cosas con una falsa sonrisa en los labios y con un “por favor” sobrado de prepotencia.

Ojala el opusdei desaparezca y deje paso a una verdadera obra de Dios.



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