Depresión o Angustia?

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Por E.B.E., 27.12.2010


Últimamente en la web ha salido el tema de la depresión y la vida en el Opus Dei. Me parece interesante hacer una breve observación. Al principio de la década de los ´90 el tema psiquiatras estaba muy acotado y casi prohibido hablar dentro del Opus Dei. Ir al psiquiatra era para locos.

Tal vez debido a la generalización del problema –las depresiones y ansiedades de numerarios y agregados- el Opus Dei decidió ampliar el espectro y dar atención psiquiátrica a quien lo solicitara y también a quien el Opus Dei considerara que lo necesitaba. Detrás del problema psiquiátrico, le preocupaba el tema de “la perseverancia” y lograr este objetivo mediante el empastillamiento, asunto del cual se ha hablado in extenso en la web.

La depresión diagnosticada por psiquiatras del Opus Dei le permiten a esta institución “objetivar” el problema y limitarlo en sus alcances: las pastillas son la única respuesta. Alguna terapia complementaria también, pero no muy profunda, en general también con psiquiatras pero casi nunca con psicólogos...

Como la depresión es tratada con pastillas, fácilmente el Opus Dei se puede desligar de todo problema que las trascienda, ya sea por parte de la causa como por parte de la solución. Jamás se atribuye la depresión al Opus Dei y jamás se atribuye la solución a la salida del Opus Dei.

Pero en muchos casos, la depresión está mal diagnosticada y por eso aparecen los empastillamientos tóxicos, que lejos de solucionar nada enferman más a la persona.

En muchos casos, casi me atrevería a decir en la mayoría, no hay un problema propiamente de depresión sino de angustia. La depresión hace referencia a una cuestión orgánica y por eso se recurre a la química. La angustia tiene que ver más con la psicología (hablando de manera general y sin pretender ser un profesional de la materia).

El problema de la angustia es que apunta a lo que el Opus Dei quiere evitar: no es un diagnostico acorde a las necesidades del Opus Dei y por lo tanto no le sirve.

El Opus Dei quiere disociar vocación y depresión. Dicha tarea la lleva a cabo mediante el muro de los psicofármacos, que divide las aguas. Una cosa es la depresión y otra la vocación. Y si un paciente habla de asociar los términos, el psiquiatra deriva el asunto inmediatamente a los directores del Opus Dei, con toda naturalidad y sin cuestionarse la violación del secreto profesional, porque -dentro de su moral- primero está la obediencia al Opus Dei.

En gran parte de las terapias psicológicas la tarea es asociar los elementos dispersos, o sea, todo lo contrario a lo que busca el Opus Dei, que es tapar los problemas. La psicología no temen hacer preguntas incómodas.

La angustia que sienten los miembros del Opus Dei tarde o temprano señala al Opus Dei como su causa y al Opus Dei como su solución: en una abrumadora mayoría de casos, abandonado el Opus Dei comienza a reducirse notablemente la angustia. Sin duda puede resurgir, debido al proceso de “adaptación al mundo” y a los vicios y obsesiones heredadas del Opus Dei. Pero esa sería una angustia de otro tipo, que se produce al abandonar el Opus Dei y enfrentar una etapa completamente desconocida, es decir, nueva.




La angustia se trata y se supera con terapia (qué tipo de terapias, es otro tema, pues hay muchas corrientes dentro de la psicología y muchas veces enfrentamientos entre unos y otros enfoques: los conductistas no se llevan bien con los psicoanalistas y viceversa).

Esto no quiere decir que se supere de un día para otro: hay resistencias muy fuertes en cada paciente, porque entre otras cosas reconocer la angustia es angustiante. Los psicofármacos en cambio no exigen cambios en las disposiciones interiores del paciente y en este sentido son un cómodo reemplazo. Muchos, por ello mismo, prefieren la química a la terapia. Por evitar la angustia, el ser humano es capaz de muchas cosas y una de ellas es evitar enfrentarse consigo mismo mediante un tratamiento terapéutico. Por evitar la angustia, muchos prefieren seguir dentro del Opus Dei. En este sentido, a veces pareciera que la angustia es más grave que la depresión, porque resulta menos visible o muta de manera que no se la reconoce.

Los químicos pueden ayudar, pero temporalmente y como unas muletas, pero no van a la raíz del problema (en los casos de angustia). De hecho al Opus Dei no le preocupa que sus miembros tomen pastillas durante toda la vida, es decir, no es preocupación del OD que sus miembros superen la depresión, al contrario, lo ven como un problema crónico y sin solución.

En cambio, la angustia es un problema a encarar y solucionar, y además hay que ir a la raíz del asunto necesariamente. Con las pastillas no basta. Hay que hacerse preguntas incomodas y responderlas. Hay que señalar causas y protagonistas.

Las pastillas exigen una actitud pasiva: tomarlas y listo. La terapia solicita una participación completa del paciente y un examen del tipo de vida que lleva, lo cual incluye un examen a fondo de qué es el Opus Dei, en el caso de los miembros de dicha institución. Y el Opus Dei no resiste ningún examen a fondo, ni canónico, ni espiritual ni psicológico.

Toda esta reflexión tiene como corolario preguntarse en cada caso acerca del diagnóstico de depresión asignado –a veces de manera dogmática y terminante- a la patología padecida por muchos de los miembros del Opus Dei. La naturaleza de la depresión es distinta a la de la angustia, requiere distintos tratamientos y distintas soluciones (si es que se puede hablar de soluciones, pues nada es matemático en la naturaleza humana).

En el Opus Dei, la respuesta a la depresión a veces pasa por los fármacos (solución y tratamiento coinciden), mientras que la clave para resolver la angustia producida por vivir en el Opus Dei pasa por terapia (tratamiento) y por abandonar el Opus Dei (gran parte de la solución).

El problema de un diagnóstico equivocado es que la solución no se la encuentre nunca.


Conclusiones

¿Hay alguna razón para explicar la difusión de la depresión orgánica entre los miembros del Opus Dei? Más fácil es explicar la razón para la angustia generalizada de los miembros del Opus Dei.

La angustia es un “estado natural” dentro del Opus Dei, y además un estado necesario del ánimo. Es “normal” angustiarse, porque el Opus Dei funciona a base de angustia. No es extraño entonces que la mayoría termine enferma, con diversos trastornos.

La angustia es la razón para “perseverar” en el Opus Dei. Al principio, sin duda hay otras motivaciones, el amor, el sentido de misión, el entusiasmo, el cumplimiento del deber, etc., pero con el tiempo todos esos elementos van siendo eclipsados por uno principal: el miedo a no perseverar, debido a los fantasmas sembrados por Escrivá, resumidos en su falsa profesía del rejalgar. En este sentido, se podrían aplicar las palabras de Benedicto XVI a Maciel: falso profeta.

Y ese miedo a no perseverar es la fuente principal para perseverar y la fuente principal de angustia y enfermedades. No sólo es un miedo a algo metafísico, sino también a algo bien concreto: cómo empezar una vida de cero y sin ayuda alguna de la institución a la cual se le entregó todo.

Una institución que funcione así, no puede perdurar, a menos que recicle a sus miembros de manera periódica. Y eso es lo que hace el Opus Dei: eliminar a unos e incorporar a nuevos.

Las consecuencias son: estados de ansiedad, caracteres obsesivos, agotamientos físicos, irritabilidad, cinismo, estados depresivos, neurosis de diversos tipos, etc., todo un panorama patológico que fácilmente se encuentra en los denominados “Centro de Mayores” del Opus Dei, donde el paso del tiempo comienza a hablar por sí mismo.

Permanecer en el Opus Dei sin enfermarse, ni ser afectado de ninguna forma, no es manifestación de sanidad, heroicidad o santidad. Habla de un estado más profundo y grave de enfermedad. Un cierto tipo de monstruosidad.


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