Programa de formación inicial (B-10), Roma, 1985/Apartado III 33

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APARTADO III Charla nº 33

Vida en familia

1. Una de las grandes maravillas que ha querido él Señor para su Obra es que sea una auténtica familia cristiana. "Somos un familia de vínculo sobrenatural, en la que se realizan aquellas palabras de Jesús: ecce mater mea et fratres mei; quicumque enim fecerit voluntatem Pátris mei qui in caelis est, ipse meus frater et soror et maior est (Mt 12,49-50); aquí están mi madre y mis hermanos, porque cualquiera que haga la voluntad de mi Padre, que está en los Cielos, es mi hermano y mi hermana y mi madre" De nuestro Padre).

2. Es como una prolongación del Hogar dé Nazaret -a esa Familia pertenecemos-, tal como el Señor quiso plasmarlo en el hogar de los Abuelos, el primer hogar de nuestro Padre. "todos formamos parte de este hogar (el de Nazaret). Y todos hemos recibido la misma llamada a llevar, dentro del alma, este calor de la caridad de Jesucristo, para comunicarlo al ambiente donde se desarrolle la vida en familia de cada uno; es decir, a la sede material de nuestros Centros o la familia de sangre con la que conviven la mayor parte de mis hijas e hijos" (Del Padre).

3. Sólo los Numerarios, por razones de apostolado, formación y gobierno, suelen vivir en Centros de la Obra. Porque "la razón de que constituyamos una sola familia, no se basa en la ma­terialidad de convivir bajo un mismo techo. Como los primeros cristianos, somos cor unum et anima una (Act 4,32)" (De nuestro Padre). Es algo muy profundo: congregavit nos in unum Christi amor. Nos une la caridad de Cristo, la unidad de espíritu, el fin común sobrenatural: hacer el Opus Dei en la tierra, siendo nosotros mismos Opus Dei. Y "nos une también el cariño humano. Con una caridad exquisita -que es característica de la Obra de Dios- nos ayudamos unos a otros, a vivir y a querer la propia santidad y la santidad de los demás" (De nuestro Padre).

Todos -Numerarios, Agregados, Supernumerarios- estamos consummati in unum, viviendo una particular, maravillosa y sentida comunión de los santos, participando de las alegrías y las penas, ilusiones y afanes, y de la santidad de los demás.

"Los hogares del Opus Dei son acogedores y limpios, nunca lujosos, aunque procuremos que tengan aquel mínimo de bienestar que se necesita para servir a Dios, para practicar las virtudes cristianas, para estar en condiciones de trabajar y para que se desarrolle con dignidad y sin estridencias la personalidad humana. Nuestras casas tienen la sencillez del hogar de Nazaret, que fue testigo de la vida oculta de Jesús, y el calor -humano y divino- del hogar de Betania, que el Señor santificó, buscando en él la amistad verdadera, la intimidad, la comprensión" (De nuestro Padre).

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La alegría -parte integrante de nuestro camino-, consecuencia de la filiación divina -fundamento de nuestra fraternidad-, empapa toda nuestra vida en familia. Cada uno se desvive por hacer amable a los demás el camino de santidad, aunque a veces cueste la sonrisa, que puede ser "para ti, la mejor mortificación, y aun la mejor penitencia" (De nuestro Padre).

Nuestro aire de familia se manifiesta en la delicadeza extrema en el trato mutuo, "que no significa que estemos todo el día en Versalles, haciendo figuras de minué. No, hijo mío. Hemos de comportarnos con naturalidad. Pero la naturalidad no es dar un par de coces a tu hermano: si estás enfadado, te aguantas, y le tratas con afecto, con respeto. Ahí encontrarás motivos de mortificación, porque a veces cuesta hacer la vida agradable a los otros. Ya sabéis lo que decía nuestro Padre: que en la Obra nadie tiene por oficio mortificar a los demás" (Del Padre).

Nuestro trato mutuo está lleno de sencillez y naturalidad, tal como somos, sin chabacanerías ni familiaridades: "No tengáis miedo a teneros cariño, pero sin familiaridades. Que os queráis; sin ninguna cosa particular, que es de gente boba, mal formada" (De nuestro Padre).

9. Las tertulias constituyen una serena reunión de familia, en la que se cuentan las pequeñas incidencias del día o se escucha algo sobre la marcha de la labor o sobre la maravillosa historia nuestra. Son un remanso de paz que recuerda los encuentros del Señor con los Apóstoles a orillas de un lago o en la cumbre de un monte. Es también un importante medio de formación, en el que cada uno habla o escucha oportunamente, en la presencia de Dios, de la Santísima Virgen, de los Ángeles Custodios, de nuestro Padre. Nunca hay discusiones o polémicas, sino empeño por hacer amable la vida a los demás y facilitarles el descanso.

Decía nuestro Padre en 1956: "En Casa hay una tradición en estos veintiocho años, que no se ha roto jamás: que por alegrar la vida de nuestros hermanos, se canta, se baila y se hace lo que sea. Nunca se ha dicho que no se sabe o que no se puede".

Como en toda familia unida, también en la Obra celebramos -además de las fiestas litúrgicas- aniversarios de acontecimientos de especial relieve para la historia del Opus Dei; con pequeños detalles materiales -adecuados a la importancia de la fiesta- y, sobre todo, removiendo nuestra alma para alcanzar una mayor intimidad con Dios, mayor generosidad en la lucha por la santidad. De ese modo manifestamos con obras nuestra gratitud.

Con especial cariño tratamos a los enfermos, para un alma enamorada, los niños y los enfermos son É1" (Camino, n. 419). "Los enfermos son el tesoro de la Obra" (De nuestro Padre). Al aceptar con alegría su dolor, están especialmente unidos a la Pasión del Señor, y su oración tiene un gran valor. Hemos de llevarlos en el corazón, pedir por ellos, hacer todo lo posible para que estén tranquilos, contentos, y facilitarles el cumplimiento de las Normas. "Si fuese preciso, robaríamos para ellos un

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pedacito de Cielo, y el Señor nos disculparía" (De nuestro Padre). "Desde siempre, cuando algún hijo mío cae enfermo, he dicho á los que tienen que atenderlo: hijos míos, que esta criatura no se acuerde de que tiene lejos a su madre. Quiero indicar con esto que, en esos momentos, hemos de ser nosotros como su madre, para ese hijo mío y hermano vuestro, con el cariño y los cuidados que ella pondría" (De nuestro Padre).

13. Con los mayores de Casa hemos de tener también especial deferencia. El tiempo de fidelidad acumulada -con sus frutos correspondientes- merecen respeto, veneración.

14. Muy propio de nuestro espíritu es el cuidado de las cosas materiales del Centro, que han de ser como una materialización de la vida espiritual. "¡Ese cerrar la puerta con amor! Porque no podemos desentendemos de los detalles de la casa, a la hora del sol, hay que entornar las ventanas; y, más tarde, hay que abrir" (De nuestro Padre): falta de amor a Dios y a nuestros hermanos sería no cuidar esos detalles.

15. El Opus Dei es, pues, familia y milicia, con todas sus consecuencias, Nazaret y el Calvario.

16. (Para Agregados y Supernumerarios) Los Celadores contribuyen especialmente a hacer llegar a todos el calor sobrenatural y humano de nuestro hogar. Tienen una misión de consejo y de ayuda espiritual. Contribuyen con su dedicación solícita a informar el buen espíritu de los demás, a impulsar los apostolados, a fortalecer la unidad y mantener vivo el cariño humano y sobrenatural de nuestra familia.

Quienes forman el grupo han de procurar facilitar la tarea del Celador: le manifestarán con sencillez los aspectos del apostolado y del ambiente familiar que necesita conocer para que les pueda ayudar; se ofrecerán para visitar a alguno que esté enfermo; etc.