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Escribí hace diez años bajo el título [http://www.opuslibros.org/nuevaweb/modules.php?name=News&file=article&sid=13920 El mundo y el mundillo: ''En el Catecismo de la Obra del año 1959 —las anteriores ediciones fueron retiradas— se distinguían tres tipos de obras: obras corporativas, obras comunes y obras auxiliares. Las <u>obras corporativas</u> son las oficialmente regentadas por el Opus Dei. Deberían ser pocas. Lo justo para poder decir: tenemos rostro y no somos algo secreto e inasible. Sus edificios deberían tener gran prestancia y causar muy buena impresión. No cabe mostrar como representativo del Opus Dei nada más que algo muy guay...''
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Escribí hace diez años bajo el título [http://www.opuslibros.org/nuevaweb/modules.php?name=News&file=article&sid=13920 El mundo y el mundillo]: ''En el Catecismo de la Obra del año 1959 —las anteriores ediciones fueron retiradas— se distinguían tres tipos de obras: obras corporativas, obras comunes y obras auxiliares. Las <u>obras corporativas</u> son las oficialmente regentadas por el Opus Dei. Deberían ser pocas. Lo justo para poder decir: tenemos rostro y no somos algo secreto e inasible. Sus edificios deberían tener gran prestancia y causar muy buena impresión. No cabe mostrar como representativo del Opus Dei nada más que algo muy guay...''
  
 
''Las <u>obras comunes</u> eran labores seculares de contenido apostólico, controladas y dirigidas por el Opus Dei, pero no oficialmente del Opus Dei. La obra común más emblemática de los años cincuenta y sesenta era la revista La actualidad española, una revista gráfica, algo así como el Paris Match español, en cuya contraportada aparecía el anuncio de un jersey femenino de marca Escorpión. No era la única obra común de este tipo  existente en España. En Francia, la revista La Table Ronde. En Estados Unidos se lanzó otra revista que duró muy poco y cuyo nombre no recuerdo ''(Periscope)''. Su slogan era: the new son perspective. Tenía un formato y factura parecido a Times y a Newsweek, pero era mensual. Aspiraba a tener sus mismos lectores.''
 
''Las <u>obras comunes</u> eran labores seculares de contenido apostólico, controladas y dirigidas por el Opus Dei, pero no oficialmente del Opus Dei. La obra común más emblemática de los años cincuenta y sesenta era la revista La actualidad española, una revista gráfica, algo así como el Paris Match español, en cuya contraportada aparecía el anuncio de un jersey femenino de marca Escorpión. No era la única obra común de este tipo  existente en España. En Francia, la revista La Table Ronde. En Estados Unidos se lanzó otra revista que duró muy poco y cuyo nombre no recuerdo ''(Periscope)''. Su slogan era: the new son perspective. Tenía un formato y factura parecido a Times y a Newsweek, pero era mensual. Aspiraba a tener sus mismos lectores.''

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Por Gervasio, 5/05/2021


Escribí hace diez años bajo el título El mundo y el mundillo: En el Catecismo de la Obra del año 1959 —las anteriores ediciones fueron retiradas— se distinguían tres tipos de obras: obras corporativas, obras comunes y obras auxiliares. Las obras corporativas son las oficialmente regentadas por el Opus Dei. Deberían ser pocas. Lo justo para poder decir: tenemos rostro y no somos algo secreto e inasible. Sus edificios deberían tener gran prestancia y causar muy buena impresión. No cabe mostrar como representativo del Opus Dei nada más que algo muy guay...

Las obras comunes eran labores seculares de contenido apostólico, controladas y dirigidas por el Opus Dei, pero no oficialmente del Opus Dei. La obra común más emblemática de los años cincuenta y sesenta era la revista La actualidad española, una revista gráfica, algo así como el Paris Match español, en cuya contraportada aparecía el anuncio de un jersey femenino de marca Escorpión. No era la única obra común de este tipo existente en España. En Francia, la revista La Table Ronde. En Estados Unidos se lanzó otra revista que duró muy poco y cuyo nombre no recuerdo (Periscope). Su slogan era: the new son perspective. Tenía un formato y factura parecido a Times y a Newsweek, pero era mensual. Aspiraba a tener sus mismos lectores.

Las obras auxiliares son puramente económicas. No tienen finalidad apostólica directa, sino conseguir dinero para el apostolado. La obra auxiliar más típica era ESFINA, una sociedad de inversiones y estudios financieros, que dio buenos rendimientos económicos. De las obras auxiliares en modo alguno debía darse a entender que estaban vinculadas al Opus Dei. En cambio con las obras comunes sí cabía, por ejemplo, que un sacerdote del Opus Dei, tras impartir unos ejercicios espirituales, invitase a aquellas almas enfervorizadas por su predicación —no desde el púlpito, pero sí uno a uno— a suscribirse a La actualidad Española.

En los catecismos de la Obra más recientes se ha suprimido eso de obras corporativas, comunes y auxiliares. Hoy día sólo se distingue entre obras corporativas y personales. Un colegio de Fomento, por ejemplo, al día de hoy, es una obra personal.

¿Qué pasó? Pasó que la Santa Sede llamó la atención al Opus Dei para exigirle que dejase de perseguir fines mundanos, temporales, seculares. Bien está que los laicos del Opus Dei se dediquen a la política, o a la banca, a promover periódicos y publicaciones o cualquier otra actividad secular, pero han de hacerlo individualmente. Periodistas del Opus Dei, bien; pero periódicos del Opus Dei, no. No tiene sentido que todo un “instituto secular clerical de Derecho pontificio”, cual entonces era el Opus Dei, se dedique como tal instituto secular a dirigir actividades seculares. Los institutos seculares no se crearon para eso.

Con esta admonición, exigencia, monitum, —o como quiera que se llame— se vino abajo todo el entramado de revistas dependientes del Opus Dei, esa “obra común” llamada Apostolado de la Opinión Pública (a.o.p.), uno de los “apostolados” más emblemáticos y apreciados de Escrivá. Revistas nada deficitarias como La actualidad Económica, cayeron lo mismo que las deficitarias. Cayeron todas, menos las de contenido doctrinal católico, como Palabra, dirigida al clero y Mundo Cristiano. Esas revistas dedicadas simplemente a difundir doctrina cristiana podían continuar. ¡Adiós! proyecto mío de “envolver el mundo en papel impreso”; adiós a mis reuniones y convivencias en Roma con “mis hijos” del Opus Dei dedicados a la a.o.p. para orientarlos y darles criterio e instrucciones sobre su actuación apostólica, en su —nuestro— Apostolado de la Opinión Pública. ¡Qué palo!

¿Por qué este palo? Porque como Jesucristo dijo ante Pilatos: mi reino no es de este mundo (Juan 18, 38). El reinado de Cristo no consiste en lograr que el Opus Dei —o cualquier otra institución eclesiástica o varias de ellas— se haga con los resortes del poder político, con bancos, con agencias de prensa, con revistas y con periódicos. Escrivá se equivocó completamente en su modo de entender el reinado de Cristo, como expuse en Venga a nosotros tú reino. Lo entendía como un hacerse con el poder temporal. Eso sí, siendo muy santos —pero que muy santos— los detentadores de los delos poderes temporales. Ante semejante perspectiva —de hacerse con puestos de poder, de riqueza, de cátedras universitarias— un eclesiástico al que exponía su proyecto de evangelización, le argüía:

—Con ese cometido, muchos se harán del Opus Dei con miras humanas.

A lo que Escrivá respondía: Que lo intenten, no les compensará, les quitamos hasta la camiseta. Han de usar cilicio, practicar pobreza, castidad y obediencia y practicar rezos continuos y estar alegres. (No es textual, salvo lo de la camiseta).

En fin, entendía el reinado de Cristo al modo de los templarios, que sobresalieron por su dedicación a dos actividades netamente seculares: la banca y la milicia. Eso sí, siendo ellos muy santos, llevando una vida monacal. Eran monjes. ¿Cómo no iban a ser santos, si eran monjes? Nosotros, como los templarios, teníamos que recitar y meditar los martes el salmo 2, que versa sobre la realeza de Cristo. ¡Qué descaminado modo de entender el reino de Dios sobre las almas!

Lo que estoy escribiendo y resaltando nada tiene que ver con lo de que “el fin justifica los medios”. Es al revés. Los medios empleados —oración, mortificación, sacrificios, castidad, rezos y por ahí p'adelante — no justifican el fin— la finalidad, el objetivo, la meta— de hacerse con los poderes económico, mediático, político, etc. Jesucristo no pidió a sus seguidores ir a la búsqueda del poder temporal como modo de implantar el reino de Dios.

Las cosas no quedan arregladas proclamando —tal como reaccionó Escrivá— y recalcando que las personas del Opus Dei tienen plena libertad en cuestiones temporales, políticas, económicas, etc. Tenían y tienen esa libertad, por supuesto. Faltaría más. Pero, respetada esa libertad, la finalidad de ocupar puestos importantes continúa siendo la misma. Ahí está el quid de la cuestión cuestionada. Ahí está el intríngulis de la cosa. Ahí está el busilis. Escrivá a lo que aspiraba era a tener “hijos suyos” —en puestos importantes y de responsabilidad— tanto en la derecha como en la izquierda, tanto entre los tirios como entre los troyanos. ¡Qué listo! La problema estriba en que no corresponde a la Iglesia, ni a sus instituciones dedicarse a tareas temporales, políticas, económicas, etc., aunque se dé libertad a los fieles para militar en distintas actividades políticas, económicas, profesionales, etc. Me resultaba divertido percibir que cuando había enfrentamiento entre dos miembros del Opus Dei —a propósito de rivalidades bancarias, de unas oposiciones a cátedra, de un posicionamiento político— la oficina de prensa del Opus Dei procuraba resaltarlo, para demostrar que en el Opus Dei había pluralismo. Valga como ejemplo, por ser muy conocido, el caso de Rafael Calvo Serer como opositor al franquismo con su “Diario Madrid”, para contrarrestar la imagen de franquismo colgado al Opus Dei, como consecuencia del montón de ministros del Opus que tuvo Franco en sus últimos tiempos.

El Opus Dei nunca actúo ni quiso actuar como un partido político. Por eso Escrivá rechazaba y hasta se reía de la “democracia cristiana”, como iniciativa para cristianizar las estructuras temporales. Lo que quería era tener “hijos suyos” en todo partido político y en toda estructura de poder que no fuesen claramente anticatólicos o sectarios.

Poco a poco desaparecieron del acervo doctrinal del Opus Dei, de los catecismos de la Obra y de las prédicas, la distinción entre obras corporativas y obras comunes. A partir de un determinado momento sólo se distingue entre obras corporativas y obras personales.

Al respecto hay que tener en cuenta que algunas actividades, sin ser propiamente religiosas —sin ser actividades de culto— se considera que pueden ser desempeñadas por confesiones religiosas, como las de enseñanza, beneficencia y en general las actividades humanitarias. La Resolución 36/55 adoptada el 25 de noviembre de 1981 por la Asamblea General de la UNU, señala entre los derechos corporativos de las confesiones religiosas, en su artículo 6.b, la libertad de fundar y mantener instituciones caritativas o humanitarias apropiadas. Lo propio se consigna en muchos concordatos. Ahí están las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, las Misioneras de la Caridad, fundadas por Santa Teresa de Calcuta y tantas otras instituciones dedicadas a tareas caritativas, hospitalarias y en general benéfico-docentes. Lo que en la cultura anglosajona llaman charities.

¿Qué pasó con el Opus Dei? Que los colocaron en su sitio. Colectivamente el Opus Dei nunca fue muy inclinado a ocuparse de los pobres, por lo que optó por la enseñanza, cuyas actividades, por añadidura —una añadidura muy bienvenida—, son un venero de vocaciones. El Opus Dei se centró en promocionar colegios de segunda enseñanza y alguna que otra Universidad. Los colegios mayores continúan —cómo no—, aunque fueron decayendo. Todo eso ya estaba presente en la Iglesia. El Opus Dei dejó de ser una novedad, para centrarse en actividades tradicionalmente desempeñadas por los llamados, conforme al Código de Derecho Canónico de 1982, institutos de vida consagrada. A eso hay que añadir “apostolados” tan seculares como el Santuario de Torreciudad y las múltiples casas de ejercicios espirituales, administradas por numerarias que llevan a cabo el llamado apostolado de apostolados; es decir, que se ocupan del servicio doméstico, cosa muy secular sin duda. Además de secular, muy significativo de que el Opus Dei también se preocupa por las clases humildes, de donde provienen las sirvientas. No sigo divirtiéndome, porque me entra la risa floja.

¿En qué descansa entonces la distinción entre obras corporativas del Opus Dei y obras personales? En muy poco. ¿Es la película Encontrarás dragones obra personal o corporativa? La dicotomía carece de interés, porque se reconoce a cualquier corporación eclesiástica el derecho a realizar una película sobre su fundador. Faltaría más. La respuesta oficial es que es personal, porque la idea de hacer una película y su financiación provienen de un supernumerario. Por lo menos eso dicen. ¡Toma iniciativas desde la base! Cosa distinta es que corresponda a una institución de naturaleza clerical —cual es la única prelatura personal existente— convertirse o ser tapadera de una productora de cine, de banco o de una fábrica de salchichas. Nada que objetar a que un individuo del Opus Dei regente una fábrica de salchichas; pero es objetable que tal tarea corresponda a los directores del Opus Dei.

Un colegio de segunda enseñanza puede ser catalogado como obra corporativa o como obra personal. ¡Qué más da! Están catalogadas como obra corporativa, como oficialmente del Opus Dei, Gaztelueta, Irabia, Tajamar y en general los colegios de segunda enseñanza ubicados en barriadas, para que no se diga que el Opus sólo se dedica a los niños ricos. Se considera al colegio obra personal, cuando no está dirigido oficialmente por el Opus Dei, aunque sean los cargos directivos del Opus Dei los que extraoficialmente los gobiernan. La diferencia tiene poca trascendencia, porque nos movemos en el terreno de la enseñanza, donde no hay inconveniente en que esta actividad sea desempeñada por instituciones eclesiásticas. Cosa distinta sería una publicación semanal o un periódico diario. En este campo no procedería distinguir entre periódicos oficialmente del Opus Dei y periódicos que no son oficialmente del Opus Dei, pero en los que los jefes del Opus Dei nombran los correspondientes cargos y fijan la línea editorial. Por ejemplo a la revista Telva —ex obra común—, se le prohibió favorecer la moda de que las mujeres usasen pantalones.

Al Opus Dei no le corresponde ni oficial ni extraoficialmente tener entre sus fines corporativos dedicarse a los medios de comunicación, a la política o a la banca. ¿Por qué? Porque el Opus Dei, desde el 25 de junio de 1944 está erigido en institución de carácter clerical. Fue primero Sociedad de Vida en común sin votos públicos; posteriormente Instituto Secular Clerical y últimamente, desde hace ya cuarenta años, Prelatura Personal. Dada su naturaleza clerical no puede tener entre sus fines actividades temporales. Como consecuencia, sus laicos lo que hacen es cooperar en las actividades de la prelatura; actividades, que, lógicamente, no pueden ser otras que actividades propias de clérigos. El fundador del Opus Dei tuvo ante sí dos caminos: fundar una institución clerical o una fundación laical. Eligió siempre lo primero. ¿Por qué?

Porque en las instituciones clericales mandan los clérigos; en las instituciones laicales mandan los laicos. Muy lejos del talante de Escrivá convertirse en “capellán mayor” de una serie de actividades organizadas por sus hijos “laicos”, en las que él no manda nada, sino que sólo se ocupa de la asistencia espiritual. Si lo que se desea es informar de espíritu cristiano actividades temporales, no corresponde al elemento clerical que atiende espiritualmente a la institución, ser los jefes de esas actividades temporales. Un equipo de fútbol, una sociedad musical —de amigos de la ópera pongamos por caso— pueden name="_GoBack" tener su capellán o capellanes; pero no corresponde a éstos organizar las actividades deportivas o musicales correspondientes. Lo propio sucede hasta con un partido político. Hasta un partido político podría tener sus capellanes. Cosa distinta es que sean ellos los que manden en el partido político. Lo propio sucede con el ejército. Tiene capellanes, pero éstos no tienen el mando de las actividades militares. Se dedican a las tareas que le son propias: decir misa, administrar sacramentos, difundir el mensaje evangélico y poco más.

Escrivá pretendía con su fundación promover actividades seculares impregnadas de espíritu cristiano —hasta ahí, estupendo—; pero para ello no se conformaba con una posición de capellán de los laicos que desempeñasen a su aire tales tareas, sino que tenía que ser él el que mandase en esas tareas seculares. El Opus Dei pretendía ser algo laical, desde el punto de vista de las tareas desempeñadas, pero clerical desde el punto de vista de la línea de mando. Aquello acabó en centrarse en actividades que están en ese terreno intermedio entre lo eclesiástico y lo temporal, en las charities, sobre todo en la enseñanza. ¡Qué desencanto y desilusión, para los que habíamos fichado por el Opus Dei! Se nos decía que por vocación teníamos que desempeñar actividades laicales, pero sin otra posibilidad que la de secundar y cooperar con actividades clericales con la mayor disponibilidad posible.


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