Los abusos espirituales - Identificar, acompañar

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Aproximación práctica

Por Pascal ZIVI


Introducción

Ser cristiano es una experiencia liberadora en general. Fue mi caso. Mis padres eran católicos y me bautizaron nada más nacer. Pero con 22 años, en Japón, viví una experiencia de conversión y respondí a la llamada del Señor. La muerte accidental de mi madre cuando tenía 7 años, tuvo un papel importante en mi camino. Si Dios es amor ¿por qué ha permitido que mi madre muera en un accidente? No podía aceptarlo y, progresivamente, comencé a odiar a Dios. Al crecer me hice preguntas sobre los diferentes sufrimientos de nuestro mundo, Pero me lo guardé para mí, sin hablar de ello con nadie.

En su libro “El problema del sufrimiento”, C.S Lewis resume lo que me atormentaba: “Si Dios es bueno, desearía que todas las criaturas sean perfectamente felices, y si Dios es todopoderoso, podría hacer lo que desea. Ahora bien, las criaturas no son felices. Luego a Dios le falta o bondad o poder, o ambos.”

Con 15 años, concluí que a Dios le faltaban las dos cosas y que no tenía nada que esperar de él. En esa época un amigo me presentó a su profesor de judo. En japonés judo significa “la vía de la flexibilidad”. Un proverbio chino dice: “La ligereza puede controlar la dureza”. Es el concepto mismo de este arte marcial. El judo me ha aportado mucho y me aporta en el plano psicológico como en el físico.

Como no me gustaba estudiar con 18 años me hice bombero. Sin embargo el judo era mi pasión. Viajé a Japón para perfeccionarlo. En Tokyo conocí al profesor de judo de la universidad de Tsukuba, M. Hakamura. Gracias a él, me entrené en su club durante años.

Nakamura y sus alumnos fueron muy amables conmigo. Observé sin embargo, con 23 años, la discriminación racial que tenían los japoneses con chinos, coreanos y otros asiáticos. También yo la sufrí. Esto no hizo sino reforzar mi opinión negativa sobre Dios. Gracias al judo era más fuerte en el plano físico y psicológico. Pero en el espiritual, me faltaba mucho. Quería creer que era fuerte, pero era débil. No tenía unidad interior. Negaba mis heridas. En ese momento Dios salió a mi encuentro.

Un día en el tren de la universidad de Tsukuba a Tokyo, conocí a un americano, Louis Burton. Era profesor de inglés y misionero. Hablamos en inglés y francés. Después lo encontré varias veces en la universidad. Burton y yo nos hicimos amigos. Algunos meses más tarde me invitó a su iglesia. Fui por darle gusto. Volví sin saber porqué la semana siguiente y así durante cuatro años. Cada miércoles participaba en el estudio de la Biblia con otros parroquianos. Burton era también consejero. Enseguida entendió que tenía problemas y hablamos de ellos poco a poco.

Me escuchó con paciencia y sin juzgarme. El pastor japonés que trabajaba con él, M. Hinagali, adoptó la misma actitud hacia mí. Muchos extranjeros, sobre todo asiáticos, venían al culto el domingo y al estudio de la Biblia. Los parroquianos japoneses acogían a todos con amabilidad y respeto. Para mi sorpresa no había discriminación racial.

En esta pequeña congregación internacional sin que lo sepa, Dios transformó mi corazón. En su libro “La fuente de las lágrimas” J. Vanier cita Oseas 2:16-17 que evoca el valle de Accor: “El valle de Accor es un valle cerca de Jericó. Este valle está hecho de gargantas peligrosas, llenas de serpientes, escorpiones.., es un lugar en el que no hay entrar, el lugar que todos evitan… Ahora bien, en Oseas, Dios dice que este valle de la desgracia se transformará puerta de esperanza.”

Vanier añade: “En cada uno de nosotros, hay un valle de Accor, las cosas que no queremos mirar… porque nos hacen demasiado daño y tenemos miedo del sufrimiento”.

En Japón, con cristianos de diferentes países que acepté mirar por vez primera mi valle de Accor. Este se transformó en puerta de esperanza.

Estudiando Mateo 11:28-30 todo dio la vuelta: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré….”

Comprendí entonces en lo más profundo de mi alma que poco importa el país, la persona, el color de la piel, Jesucristo nos acoge a todos igual. Nos ama por lo que somos. Nos libera de nuestros sufrimientos. Viene a visitarnos en nuestras prisiones psicológicas y espirituales para liberarnos. Me es difícil expresar con palabras mi conversión, la alegría que experimenté. Por supuesto que todavía tengo problemas, siempre hay sufrimiento en el mundo. Pero Cristo es mi apoyo y esperanza. Me permite dar testimonio de que Dios es amor, y que, cuando se decide seguirle en libertad, cambia el corazón de los seres humanos.

¿Por qué compartir esta historia personal en un libro sobre abusos espirituales? La razón es simple: en mi testimonio, puedo decir que toda la felicidad de mi encuentro con el Señor, la alegría de la liberación que me dio. Desgraciadamente muchos cristianos viven más dolorosamente su experiencia de fe pues los abusos espirituales que vivieron transformaron su vida cristiana en prisión, en esclavitud, en sufrimiento.

Desde hace 15 años en Sapporo, en la isla de Hokkaido, trabajo sobre el problema de los grupos sectarios totalitarios y sus manipulaciones mentales. Con la ayuda de antiguos adeptos hemos creado un sitio de ayuda para personas que salen de esos grupos. Nos han llegado muchos mensajes de víctimas de abusos espirituales. Para mi decepción también muchos cristianos. El contenido de sus mensajes es muy parecido al de los que no son cristianos. Dan testimonio de que sus pastores, los sacerdotes y otros responsables utilizan su autoridad espiritual para controlar y literalmente esclavizar a sus propias necesidades a los miembros de su iglesia. Se sirven de los textos bíblicos para manipular, humillar y culpabilizar a los creyentes, para obligarles a someterse a sus deseos. Muchas víctimas de abusos ya no van más a la iglesia. Están profundamente heridas en el plano emocional. Son numerosos cuya autoestima ha sido aniquilada.

Para las víctimas de abusos espirituales, el tiempo no basta para borrar las huellas de sus dolorosas experiencias. Una relación de ayuda basada en el amor, la paciencia y sobre todo la comprensión, es necesaria. Este libro está escrito para las víctimas que desean curarse de las diferentes heridas que afectaron a su vida y a su crecimiento espiritual. Se dirige igualmente a padres y amigos de esas personas, y a los profesionales para comprender mejor este problema y acompañar con competencia a las víctimas de abusos espirituales.

¿Qué es un abuso espiritual?

Abuso según el diccionario: “Exceso perjudicial para la sociedad, injusticia causa por el mal uso de un derecho o de un poder.”

El abuso espiritual es una injusticia que emana de un mal uso de ciertos pastores, curas o responsables cristianos, hacen de sus derechos y poderes asociados a sus funciones. Estas personas que tienen autoridad causan un perjuicio enorme a los miembros de su comunidad.

En su libro “La autoestima reencontrada” Jeff van Vonderen recuerda que es el incesto: ”para el niño el lugar que debía ser de ser el refugio se transforma en el lugar de todos los peligros.” Dado que en una iglesia sana y funcional, Dios es la fuente de aceptación, de amor y de valor, van Vonderen compara la iglesia con la familia, en el seno de la misma el papel de los responsables consiste en ayudar, edificar, servir y responder a las necesidades de sus parroquianos. Sin embargo, observa: “En ciertos sistemas religiosos, los pensamientos, los sentimientos, los deseos y necesidades de sus miembros no cuentan. No se responde a sus aspiraciones; antes bien al contrario, están ahí para satisfacer las necesidades de sus dirigentes. Cuando esto ocurre en un grupo cristiano se trata de abuso espiritual.”

Creo que el abuso espiritual es una forma de violación que se hace en nombre de Dios y de Cristo, hiriendo al creyente en lo más profundo de su alma. Las consecuencias son desastrosas. Las víctimas experimentan muchas dificultades para retomar una vida normal. Han sido condicionadas para creer que a Dios le gusta vengarse, que pasa el tiempo buscando las debilidades de los creyentes para castigarlos y enviarlos al infierno. Una persona de la que se ha abusado espiritualmente tiene una imagen muy negativa de sí misma. Está abrumada por la vergüenza y otorga difícilmente su confianza a los demás. En numerosos casos es “alérgica” a todo grupo religioso.

La mecánica del abuso espiritual

Dos cuestiones surgen una y otra vez: ¿Cómo puede abusarse espiritualmente de una persona? ¿Cómo puede alguien dejar que abusen espiritualmente de él? Para responder hay que comprender el mecanismo del abuso espiritual.

Las técnicas para controlar el pensamiento de las personas son numerosas. Varios libros tratan el tema. Abordan en especial las manipulaciones mentales ejercidas en los grupos sectarios totalitarios. Escuchando numerosos testimonios de víctimas de abusos espirituales, y estudiando también los comentarios de los diferentes especialistas en el problema, se ve que las técnicas de los grupos sectarios y las de los abusos espirituales son idénticas en su mayoría.


a) Love bombing

Muchas víctimas de abusos espirituales dicen que en sus primeros encuentros con el sacerdote o pastor de su iglesia local o comunidad, éstos fueron de una extremada amabilidad. En cada ocasión, el culto o la misa dominical, estudios bíblicos y otras reuniones, fueron acogidos con particular calor, dando la impresión de que se interesaban por ellos.

Las personas que llegan por vez primera a una iglesia o a una comunidad atraviesan casi siempre un período de vida doloroso: soledad, luto, divorcio, enfermedad grave, paro, etc. O esas personas tienen dificultades para integrarse en la sociedad. Algunas también buscan valores. Las causas de la búsqueda espiritual pueden ser múltiples. Una persona en situación de angustia tiene un gran sentimiento de impotencia, volviéndola influenciable y receptiva a toda forma de compasión.

El love bombing consiste en bombardear con “amor” de todas las maneras posibles al recién llegado. Por ejemplo a quien es reservado se le dice: “Eres muy serio” y al que sonríe: “Debes de ser una persona muy simpática”. En cada caso se trata de adular a la persona, hacerle creer que es amada y aceptada incondicionalmente.

El love bombing es temible. Primero porque crea una dependencia afectiva de la persona hacia la iglesia, hacia sus responsables. Segundo porque en esa situación es casi imposible discernir la realidad de las relaciones y sobre todo plantear preguntas. Poco a poco se pierde el sentido crítico.

Es muy normal que una iglesia acoja con calor a la gente y trate de dar solucionar sus problemas. Pero esto es un problema cuando hay una intención de manipular y controlar.


b) La culpabilización por la reciprocidad

“Recibí un regalo por navidad, le debo otro.” “Mi vecino me ha hecho un favor. Tengo que devolvérselo…” Todos conocemos este tipo de situaciones. En general cuando alguien nos regala, crea en nosotros un sentimiento de deuda, empujándonos a devolver las ventajes recibidas.

Esto se llama la regla de reciprocidad. Es un arma muy temible de manipulación de la gente. Puesto que se puede culpabilizar a alguien, influenciar sus comportamientos y sus facultades de reflexión. En el abuso espiritual, esta regla de reciprocidad es recurrente. Como ya lo he explicado, las personas que llegan por vez primera a un lugar donde se practica el abuso espiritual son siempre recibidas con calor. Esto desarrolla en ellas un sentimiento de dependencia afectiva importante y les es muy difícil tomar distancia, y plantearse preguntas o emitir críticas. Los que lo hacen se arriesgan a ser llamados al orden: “Después de todo lo que hemos hecho por ti, ¿Cómo te atreves a decir eso?”. “No tienes vergüenza. ¡Esta crítica es una blasfemia! ¿Qué has hecho con el amor que te hemos dado? “Te inspira el diablo. ¡Eres un egoísta! ¿Has olvidado todo lo que hemos hecho por ti?”.

Este tipo de reflexión crea un sentimiento de vergüenza tan fuerte que la persona no se atreve a replicar. Muchos tienen la impresión de no ser más que egoístas incapaces de amar, que no pueden sentir ningún agradecimiento hacia sus bienhechores.

Toda la falsa compasión que esas personas han recibido se transforma en deuda que hay que pagar. El precio de la deuda es la pérdida de su libre arbitrio y de su espíritu crítico.


c) El rito de la confesión

En su libro “Protéjase contra las sectas”, Steve Hassan, antiguo adepto de la secta Moon resume los ocho criterios de la reforma del pensamiento chino, como se practicaba en los 50 y 60. Estos ocho criterios fueron definidos por Robert Jay Liffon,

En el cuarto criterio, el de la confesión, Steve Hassan declara: “Los movimientos ideológicos sea cual sea su fuerza, toman posesión de los mecanismos de culpabilidad y de vergüenza de un individuo de manera que influyen en los cambios que él atraviesa. Lo hacen dentro de un proceso que tiene su estructura propia. Las sesiones de confesión de los pecados van acompañadas de críticas y autocríticas, generalmente en pequeños grupos en los que se empuja al cambio personal.” El cristianismo enseña la confesión de los pecados. Esta confesión tiene como fin liberar y dar la posibilidad de obtener el perdón de Dios. En la primera epístola de Juan, leemos: “la sangre de su Hijo Jesús nos purifica del pecado (…) Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados y purificarnos de toda injusticia.” (1 Jn.1:7,9). La Biblia es muy explícita. Se nos perdonan los pecados. Han desaparecido. Ya no están ahí para culpabilizarnos.

En el abuso espiritual, la confesión es usada de igual manera que en la reforma del pensamiento chino comunista. Sirve para culpabilizar a la gente, para obligarla a cambiar su personalidad para llevarlas a obedecer ciegamente a sus dirigentes.

Una víctima da testimonio: “En mi iglesia, los parroquianos se dividían en pequeños grupos bajo la dirección de un responsable. Después de la reunión, cada uno tenía que hacer un informe detallado al pastor. Este se servía de ciertas informaciones, durante el sermón del domingo, para criticar a las personas que no pensaban como él o que no querían someterse a sus ideas. Las humillaciones públicas eran frecuentes. Las personas estaban obligadas a ponerse de rodillas para implorar el perdón del pastor y hacer su propia autocrítica.”

Para cada parroquiano era una obsesión el miedo a que su vida privada se divulgara ante toda la asamblea, como una espada de Damocles encima de su cabeza.

En numerosos testimonios las víctimas de abusos espirituales explican que el hecho de no pensar como el pastor o como otros dirigentes de la iglesia se había convertido para ellos en pecado. Incluso acabaron por confesar faltas que no habían cometido.

Testimonio de Claudine
El responsable del grupo al que acudía quería controlar a cada uno hasta en su vida privada, creando numerosos problemas. Si alguien cometía una pequeña falta que podía ser solucionada fácilmente, Philippe escogía hacer un proceso a esa persona ante toda la congregación, exigiendo arrepentimiento público.

d) Control del pensamiento y el libre arbitrio por las fobias

Una fobia es un sentimiento de miedo irracional con respecto a una situación, a una persona o a un objeto.

Una de mis amigas japonesas se aterroriza ante una serpiente desde que su hermana pequeña fue mordida por una víbora. El hecho de verla en un documental de la tele despierta en ella un miedo tan intenso que tiene sudor frío y le es imposible en ese momento pensar racionalmente.

El médico Roger Baker, en su libro “Las crisis de angustia” da la siguiente explicación: “Se distinguen numerosos tipos de fobias, incluyendo a tal o cual insecto, animal, o hacia la altura, el agua fría, la sangre, el vómito, las inyecciones, los hospitales, los dentistas o las masas de gente, incluso ante el hecho de tener que hablar en público. Para las personas que tienen una fobia, el encuentro con la cosa dispara de tal modo la angustia que funciona como un mecanismo de relojería; esta ansiedad es verdaderamente específica y previsible.”

En el mecanismo del abuso espiritual, la interpretación de la Biblia se manipula para implantar imágenes negativas muy fuertes en lo más profundo del inconsciente de las personas que se quieren manipular, en particular la de un Dios que está ahí para castigar y de un diablo que busca el momento propicio para hacer caer al creyente. Los miembros de una comunidad que practica la lectura de la Biblia viven en una atmósfera de ansiedad, que les impide pensar de manera racional y escoger libremente lo que quieren hacer.

Está claro que en este tipo de grupo no obedecer incondicionalmente las ideas y órdenes de los dirigentes equivale a desobedecer a Dios, lo que conlleva el riesgo de ser castigado y transformarse en presa de Satanás. Aquí algunos ejemplos de lo que esos líderes dicen: “¡Arrepentíos de no haberme escuchado o Dios os lo hará pagar!”, “Lo que os digo es la verdad, los que no obedecen, Dios estará contra ellos.” Otros son más agresivos: “Dios os enviará al infierno”, “el diablo os destruirá”. Otros amenazan directamente a la persona o a su familia: “Tu padre o tu madre morirán de enfermedad grave.” Los mismos argumentos se emplean con las personas que quieren abandonar la iglesia o la comunidad.


e) La estructura piramidal

Las iglesias y las comunidades que practican abusos espirituales tienen en general una estructura piramidal. Este sistema totalitario tiene como objetivo mantener a las personas bajo la coacción y controlarlas también en su vida privada. Esos individuos no pueden decidir nada por sí mismos sin el permiso de los dirigentes. La jerarquía se parece a la de un ejército.

Un ejemplo bastará: en una iglesia local el responsable era llamado “pastor”, los miembros eran “ovejas”. Cada persona que se hacía discípulo tenía como formador a un parroquiano de más edad, encargado de enseñarle la Biblia y las reglas del grupo. Esos formadores tenían ellos mismos un supervisor. Cada cual debía someterse a la autoridad de la persona que estaba por encima. El pastor controlaba el conjunto como un verdadero dictador. Si quería saber algo de sus parroquianos, le bastaba con acudir al formador correspondiente. Las personas se espiaban unas a otras. No se podía tener amigos de confianza.

En un sistema así, el uso del tiempo está muy ordenado, se planifican muchas reuniones a lo largo de la semana. Cada miembro debe asistir. Nada puede impedirlo. Las reuniones tienen como objetivo profundizar en el estudio de la Biblia o más exactamente, en la interpretación de la Biblia que esa comunidad hace. Se habla mucho del crecimiento de la iglesia, una prioridad para la voluntad de Dios. Una verdadera obsesión, este crecimiento es objeto de proyectos con cifras concretas. Durante los meses que siguen, las estadísticas evalúan la realización de los planes. Si son satisfactorias, todo el mundo se felicita. Por el contrario si los resultados no son buenos, habrá severas críticas: “Tu fe está muerta”. “No sois suficientemente perfectos en Cristo”, o “Sois incapaces, os falta voluntad.”

Es evidente que las metas son en general imposibles de alcanzar. Pero los miembros del grupo, en su mayoría paralizados por el miedo y la culpabilidad, redoblan sus esfuerzos para tratar de satisfacer lo que ellos creen es la voluntad de Dios.


f) Puesta a punto

Para entender bien el mecanismo del abuso espiritual, es importante comprender un elemento capital. En este proceso, todo se hace sin que la persona lo sepa. Jamás me he encontrado con nadie que haya entrado sabiendo con conocimiento de causa en una iglesia o grupo abusivo. Antes bien, las personas se hacen miembros de una comunidad que consideran agradable y acogedora. Sólo cuando la dejan, se dan cuenta de la realidad y dicen que ese grupo era abusivo, que fueron manipulados.

El proceso de manipulación no cambia a la persona en pocas horas. Lleva un poco de tiempo. Cada día, los responsables hacen repetir lo mismo, y poco a poco añaden elementos nuevos para que surjan cambios. En los meses que siguen a su llegada a la comunidad la persona cambia su comportamiento y su manera de pensar completamente, sin que se de cuenta. Un amigo o un pariente pueden darse cuenta, pero no el afectado.

El abuso espiritual ¿es un problema propio de nuestro siglo?

¿Desde cuándo existen los abusos espirituales? ¿Es una enfermedad propia del cristianismo moderno, más precisamente del siglo XXI? La respuesta es no. Los evangelios mismos denuncian los abusos espirituales cometidos por los jefes religiosos sobre el pueblo. En época de Jesús, la pobreza y las desigualdades sociales eran muy importantes en el seno de la sociedad judía. Las gentes del pueblo, sobre todo los más pobres, estaban a merced del rey judío y del colonizador romano que los explotaban para servir a sus intereses políticos respectivos y los hacían penar bajo el peso de impuestos.

Jesús se volvió hacia esos oprimidos, “las ovejas perdidas de la casa de Israel”, como le gustaba llamarlas, mientras los fariseos los consideraban malditos ignorantes de la ley (Jn. 7:49)

Estas ovejas perdidas de la casa de Israel eran pobres, ciegos, cojos, inválidos, leprosos, prostitutas, gente sin trabajo, esclavos, viudas, huérfanos…etc.

Hoy hablaríamos de las clases trabajadoras, de los excluidos, de los que viven “bajo el umbral de la pobreza”. Los fariseos y los doctores de la ley los llamaban también “pecadores” porque según ellos, no conocían ni respetaban la ley. Pero ¿cómo hubieran podido? Esas gentes no recibían ninguna educación. No sabían leer ni escribir.

A pesar de todos los dirigentes religiosos los cargaban del peso de innumerables leyes y costumbres tan complejas, que las gentes sin cultura no podían comprender. En esas condiciones, les era imposible observarlas y por ello eran considerados como pecadores. La frustración, la culpabilidad, la angustia, la vergüenza eran su suerte.

Jesús se opuso violentamente a este sistema religioso discriminatorio y abusivo que hundía a la gente en el miedo y la angustia, que les quitaba la libertad de vivir en el amor de Dios y que hacía de ellos excluidos de esa sociedad. Jesús no ha empleado la expresión “abuso espiritual”. Sin embargo denuncia este abuso cuando critica a los doctores de la ley: “malditos seáis porque cargáis a los hombres de fardos difíciles de llevar y vosotros ni con un dedo tocáis esas cargas” Lc. 11:46. ¿Qué es un abuso espiritual sino un fardo muy pesado que hay que llevar tanto en el plano psicológico como en el espiritual?

En este versículo, Jesús precisa otro importante punto. Los que imponen a otros sistemas abusivos no respetan nunca ellos mismos esas leyes. Por eso Jesús tuvo unas palabras muy duras para los jefes religiosos en Mc. 7:6, les llamó hipócritas, dando fe de que esas enseñanzas falaces nada tienen que ver con la Biblia ni con la voluntad de Dios.

A lo largo de los Evangelios, Jesús combate esos abusos. Es una de las características de su ministerio. Es el hilo conductor que permite comprender una de las intenciones de su pensamiento: Liberar a los seres humanos prisioneros de tal esclavitud.

Pablo y los demás Apóstoles tuvieron también que luchar contra el mismo azote. Pienso que durará hasta el final de los tiempos, con la única diferencia de que los dirigentes religiosos que abusan hoy disponen de técnicas de manipulación todavía más sutiles.

Los abusos espirituales y la interpretación de la Biblia

“Quiero que sepáis que Cristophe está dominado por el demonio, ¡sus pensamientos no son los del Señor! Si no se arrepiente no podrá volver con nosotros. Os acordáis de lo que Pablo dice a los Romanos 13:1, “que toda persona se someta a las autoridades superiores”. Yo soy vuestra autoridad y me tenéis que obedecer, debéis someteros. Es la voluntad de Dios. Lo que digo está escrito en la Biblia.”

Estas palabras no provienen de uno de los numerosos grupos totalitarios en el que el gurú arenga a sus adeptos, sino que fueron dichas en una iglesia. La persona que habla es un sacerdote durante el oficio del domingo.

Las víctimas de abusos espirituales dan testimonio de que los dirigentes de su iglesia o de su comunidad utilizan las palabras de la Biblia para manipularlas. El autor de la Epístola a los Hebreos escribe: “Pues la palabra de Dios es viva y eficaz como espada de dos filos, entra hasta la juntura de los huesos. “(Hb 4:12). Este versículo muestra hasta qué punto la palabra de Dios puede tocar a cada persona en lo más profundo de ella misma. Pero una espada así puede hacer según se use mucho bien o muchos desastres.

En el abuso espiritual las Escrituras son sistemáticamente deformadas. Nunca se usan en su verdadero contexto. Se ponen de relieve sólo una palabra o una pequeña parte de un versículo. Luego se proyectan sobre ella la manera de pensar del sacerdote o del responsable religioso, comunicando así falsas concepciones a los oyentes.

Un sacerdote, para llevar a sus parroquianos a seguirle y obedecer sin discutir, predicaba en sus homilías que, para que Dios te ame, había que “negarse a sí mismo”. Basándose en las palabras de san Pablo: “cada día estoy expuesto a la muerte”. (1Cor 15:31), explicaba que la palabra “muerte” significaba negarse a sí mismo. Precisaba que las palabras de Jesucristo, en Mateo 16:24 “cargar con su cruz”, tenían el mismo sentido. A partir de esos versículos, desarrollaba la idea de que la negación de sí querida por Dios era el abandono de su libre arbitrio. Que había que someterse a la figura que representaba Dios sobre la tierra, es decir a él mismo. Ese cura utilizaba también Romanos 13:1.

Para quien conoce la Escritura enseguida está claro que la interpretación es falsa, pero para los que llegan por vez primera a una iglesia o comunidad, y no tienen conocimiento de la Biblia, sin que se den cuenta se les está haciendo caer en la trampa del mecanismo de manipulación, es muy difícil incluso imposible darse cuenta del retorcimiento que se le da al sentido del texto. En tal circunstancia acaban por creer que sólo los dirigentes saben la buena interpretación bíblica, porque ellos solos tienen la buena aptitud para comprender el sentido de la Escritura.

Muchas víctimas dicen que se les enseñó que dado que eran cristianos jóvenes, no podían enterarse por sí mismos de la voluntad de Dios. Para evitar errores debían someterse a las recomendaciones del pastor sin preguntar.

Según sus testimonios, estos argumentos se apoyan en Heb. 5, 11-14: “Tenemos mucho que decir y cosa difíciles de explicar, porque sois lentos para entender… necesitáis la leche espiritual y no una alimentación sólida. Ahora bien aquel que se alimenta de leche no puede gustar la doctrina de la justicia, porque es niño todavía. El alimento sólido es para los perfectos, que por razón de la costumbre tienen el sentido moral desarrollado para distinguir entre el bien y el mal.” En estos grupos que abusan los “perfectos” que tienen el sentido moral desarrollado son por supuesto los dirigentes de la comunidad. Según ellos, han recibido de Dios ese don especial. Son los únicos que distinguen el bien del mal. Por eso hay que obedecerles. Los jóvenes cristianos, como los niños, no pueden beber leche porque no saber y tiene que seguir a sus padres sin reflexionar ni preguntar. No deben dudar.

La manipulación se basa en versículos de la Biblia y es muy sutil. Permite hacer creer a las personas que existe un verdadero fundamento bíblico a las explicaciones del manipulador. “¡Lo que digo está escrito en la Biblia!”, “Son expresiones de la Biblia”, este tipo de frases se repiten una y otra vez en los entornos espirituales abusivos. La astucia de la manipulación está en que el oyente puede verificar los textos citados. Así, los dirigentes pretenden decir la verdad.

Un amigo cristiano que sufrió esta manipulación me explicó: “Es como un circuito cerrado donde no hay ni salida ni entrada, ni línea de salida, ni meta. Se va de un versículo al otro y se vuelve otra vez con lo mismo. En definitiva, no se explica realmente nada. Sin embargo yo tenía la convicción firme de que la enseñanza del sacerdote era bíblica. En realidad el simple hecho de que el versículo citado estuviera en la Biblia era la respuesta. Estaba tan condicionado que bastaba que me hiciera leer tal o cual capítulo de la Biblia para que pensara “debo someterme”, “mis pensamientos son del diablo”, “no soy más que un joven cristiano”, “me falta amor hacia mi guía”… No podía reflexionar tranquilamente sobre el contenido de sus explicaciones. Mi cerebro era como un ordenador que tenía un solo programa compuesto por versículos bíblicos que se superponían unos a otros y que mi director, según las circunstancias, utilizaba a su arbitrio para llevarme a hacer lo que él quería que hiciese. Lo mismo les ocurría a otros miembros de la iglesia.”

Es importante darse cuenta de que los dirigentes que practican esta forma de manipulación no enseñan la Biblia para que sus parroquianos tengan una buena comprensión de la misma. Sirviéndose de la Escritura quieren reafirmar su autoridad, intentando probar que su enseñanza es teológicamente justa. Quieren fundamentar así los proyectos que elaboran para los miembros de la comunidad. Por ello intentan controlar sobre todo el comportamiento, la facultad de reflexión y las emociones de todos ellos.

Del abuso espiritual a los abusos sexuales

Muchos testimonios dicen que en las iglesias en las que hay abusos espirituales, algunos sacerdotes o responsables son también culpables de abusos sexuales.

Después de leer muchos testimonios y hablar con muchos afectados de abusos, he observado un punto común en todas esas experiencias. Las víctimas de abusos sexuales primero sufrieron abusos espirituales por parte de su responsable espiritual. El abuso espiritual va por delante del sexual. Sólo una vez que el responsable controla y manipula espiritualmente a los miembros de la comunidad consigue cometer tales actos.

Gracias a las técnicas de manipulación y la falsificación de la Biblia (cfr. cap. 2 y 3), el líder crea un entorno en el que los miembros de la comunidad acaban por considerarlo como la figura central a la que siempre hay que obedecer. Se convierte para ellos en la autoridad suprema y el representante directo de Dios. Cuando se dan todas esas condiciones, le es muy fácil obtener todo lo que quiere de sus víctimas. ¿Cómo? Abusa de la autoridad y de la imagen que representa para ellas. Falsea la interpretación de los textos bíblicos ya sea para justificar sus propios actos ya para obligarlas a someterse a su voluntad.

El testimonio siguiente ilustra este tipo de comportamiento.

“En mi iglesia era inconcebible decir no a Roland, el responsable de nuestro grupo de jóvenes. Estábamos condicionados de forma que considerábamos sus palabras como salidas de la boca de Jesucristo. Teníamos siempre en la cabeza el versículo 17 del cap. 13 de la Epístola a los Hebreos: “Obedeced a vuestros jefes y estadles sumisos, porque ellos cuidan de vuestras vidas, de las cuales deberán dar cuenta, para que lo hagan con alegría y no con lágrimas, lo que no os beneficiaría nada.” Roland era nuestro director, había que obedecerle por deferencia hacia él. Decirle “no” no sería una ventaja para nosotros. Roland nos mantenía siempre con el temor de que si no le obedecíamos, en el momento del juicio nuestro nombre no iría inscrito en el libro de la vida y acabaríamos siendo arrojados al estanque de fuego (Apoc. 20:11-15). Cuando Roland se acercó con intenciones sexuales, me dijo: “Es una bendición de Dios” y también “Dios desea esto para reforzar tu fe”. Al principio yo estaba confusa y reticente. Pero estaba en una situación psicológica tal que después de haber hablado varias veces con Roland, el miedo al infierno si le desobedecía fue más fuerte. Acabé por ceder. Me pregunto a menudo porqué no lo dije a los responsables del consejo de la iglesia de Roland. La razón es simple, nadie me hubiera creído. Roland lo sabía muy bien. Un día me dijo: “No hables nunca de lo que pasa entre nosotros a nadie de la iglesia”. Luego sonriendo añadió: “De todas formas nadie creería a una tonta como tú.

La trampa del culto a la personalidad

A veces las iglesias tienen una admiración sin límite y dan una aprobación sistemática a su director. Estos grupos tienden a hacer de su responsable un ídolo.

Es un problema que conozco bien porque vi a uno de mis amigos caer en la trampa y convertirse en un verdadero dictador. Sylvain era desde hacía un tiempo pastor de una iglesia donde había cien miembros. Era muy apreciado por su amabilidad y disponibilidad. Siempre tenía tiempo para hablar con cada uno. Hacía lo posible por ayudar a los que tenían dificultades. Cada día los parroquianos venían a él en busca de consejo. Sylvain sabía escuchar a todos y ponerse en su lugar. Encontraba siempre la palabra para sostener y animar. Todo su círculo fue seducido por la simpatía que derrochaba. Muy rápidamente, las personas comenzaron a alabarlo por sus servicios: “Sus consejos son los mejores”, “Sólo usted me comprende”, “¿qué haría si usted no estuviera…?” Al principio Sylvain fue modesto respondiendo que no era nada, que él solo cumplía su papel. Insistía en que era un ser humano y no quería ser un ídolo de nadie. Pero nadie lo escuchó y las alabanzas siguieron.

Sus sermones, sus oraciones, su modo de cantar el domingo, todo lo que hacía elevaba el entusiasmo de sus parroquianos. Cuando hablaban de él a personas extrañas a esa iglesia, siempre alababan sus méritos: “Un hombre excelente que siempre os ayudará si tenéis un problema personal o familiar.”

Todos hacían tal propaganda que muchos cristianos llegaron a pedir consejo a Sylvain. En un año el número de los miembros de la comunidad se había doblado. Esta iglesia se convirtió en una de las más importantes de la región. Los parroquianos estaban entusiasmados y multiplicaban sus elogios a Sylvain.

¿En qué preciso momento tomó en serio todos estos elogios y el éxito? Es difícil de decir. Pero un día, hablando con él, sentí que había cambiado. Nos estábamos tomando un café y de pronto me dijo: “Sabes Pascal, viendo como mi iglesia se desarrolla y el entusiasmo que todos tienen por mí, tengo el sentimiento de que Dios me ha escogido y me ha dado dones particulares para ser un pastor muy grande al que todo el mundo obedecerá.”

Hablando sus ojos daban la impresión de haberse perdido en un mundo donde nadie podía seguirle.

Poco después Sylvain pidió que rezáramos a Dios para que le diera el don de profecía. El mes siguiente dijo haber tenido una visión que le revelaba que su iglesia se iba a hacer más y más importante y que hacía falta que cada parroquiano dedicara mucho tiempo a la evangelización. A partir de ese momento todos tenían que esforzarse para invitar a cuanta más gente mejor. Pero en un año sólo se convirtieron dos personas.

Sylvain irritado, criticó en sus sermones a los parroquianos reprochándoles su falta de fe y que no hacían progresar a la iglesia. Cada uno, después de hacer penitencia, duplicó sus esfuerzos. Pero la comunidad no creció. Ante esa situación, Sylvain se volvió más crítico y autoritario. Comenzó a quejarse de la insuficiencia de dinero dado a la iglesia, a decir que todo el mundo tenía que vestir igual el domingo. Apoyaba sus exigencias en versículos de la Biblia descontextualizados, Romanos 13:1, o Hebreos 13:17. Declaró que sólo él representaba la autoridad suprema y que nadie podía hacer nada sin su permiso. La mayor parte de los parroquianos siguieron diciendo: “El señor pastor tiene razón, es nuestro guía. Hay que obedecerle.”

Pero algunos no aceptaron esto y se fueron. La reacción de Sylvain fue terrible. Para él, se trataba de Satanás que quería impedir que se cumpliera la voluntad de Dios. La gente se iba porque les faltaba amor de Dios. Veía complots y sospechaba de todos de estar en contra suya. Blandiendo el lema: “Obedeced a vuestros guías”, Sylvain obligó a sus parroquianos a espiarse mutuamente y les pidió que le contaran cada detalle. Asistimos entonces a una verdadera caza de brujas. Las personas sufrían humillaciones en público en el sermón del domingo. Otros fueron echados de la iglesia.

Mientras la situación se degradaba cada vez más, muchos siguieron apoyando a Sylvain criticando severamente a los que se le oponían. Les acusaban de ser presa del Maligno, de blasfemar, defendían a Sylvain diciendo que era obra del diablo y de sus sicarios. Sin embargo el grupo de los descontentos crecía cada día, hasta el punto de que la comunidad estalló. Sylvain no pudo seguir su ministerio y tuvo que marcharse. Poco después, tuve ocasión de hablar con dos antiguos miembros del consejo de esta iglesia. Bernard y Nadine conocían a Sylvain desde el principio. Los dos se sentían responsables de lo que había pasado. Lamentaban su conducta y la de los otros miembros que había dado lugar a un cambio tan grande en Sylvain. Antes de ser excluidos, intentaron varias veces hacerle razonar para hacerle comprender sus errores y los de la comunidad. Pero todos los intentos fueron vanos. Los otros miembros del consejo negaron la realidad diciendo: “Tenéis el demonio dentro, Sylvain es el elegido de Dios. ¡Arrepentíos!”

Bernard y Nadine se ocupan ahora de una pequeña iglesia. Ayudan a cristianos que han sufrido abuso espiritual. Muchos de sus antiguos amigos han venido a ayudarles. Sylvain desde su marcha no se ha puesto en contacto con nadie. ¿Comprendió sus errores y la trampa en la que cayó? No lo sé. Pero creo que debe llevar, como todos los miembros de esa iglesia, una herida profunda. La triste experiencia que mi amigo y su comunidad conocieron no es excepcional. Tuve ocasión de leer y escuchar otros testimonios similares. Si no se vigila esa trampa puede atrapar a cualquier responsable en la iglesia. Puesto que dentro de cada uno de nosotros hay un cuervo como el de la fábula de la Fontaine, dispuesto a despertar por las adulaciones de todos hasta volvernos ciegos.

El rey Salomón escribió: “El orgullo precede al desastre.” (Proverbios 16:18) El orgullo produce todos los males que sufren los hombres. Está en el origen de su caída y es la causa de muchas desgracias y tragedias en la historia de nuestra humanidad. El orgullo de toda la comunidad de Sylvain es haber hecho de él el objeto de presunción. Sylvain se convirtió literalmente en prisionero de esa imagen de marca que le atribuyó su iglesia. Su ansiedad por disgustar fue grande. Poco a poco, bajo esa mala influencia, cambió y se apartó totalmente de su papel de pastor. Al final la búsqueda del poder y del control de los demás para su propia satisfacción se convirtieron en el centro de todos sus intereses. Justificó sus palabras y sus acciones deformando las Escrituras. Se creó un Dios para sí, con sus propias leyes, un Dios que da miedo y vergüenza, al que nunca se puede dar satisfacción y que está siempre dispuesto a castigar por un sí o por un no.

Testimonio de Rebeca
Mi marido y yo participamos en la fundación de una iglesia local con un amigo pastor, Jean Paul. Sólo después de muchos años comprendimos que su enseñanza no era bíblica. Nos enseñaba que él era nuestro guía espiritual, que había que seguirle y obedecerle sin discutir. Para decirlo todo, pensábamos que amar a Juan Pablo y obedecerle era hacer la voluntad de Dios. Juan Pablo me decía a menudo: “Rebeca, si amas a Dios, debes obedecerme y amarme.” O “amarme es amar a Jesús.” Por ello, durante años, mi pastor era la persona a la que más he querido, más que a mi marido, a mi hijo, a la iglesia o a Jesucristo. Estaba feliz y satisfecha de sacrificarlo todo por él porque creía que era lo que cualquier cristiano debía hacer.

¿Qué hacer en caso de abuso espiritual?

Estas son las principales recomendaciones cuando se toma conciencia de que se acude a un grupo abusivo:


1. Aceptar ayuda

Es muy difícil dejar un grupo abusivo: la víctima está fragilizada, sufre, necesita ayuda. La buena voluntad de su entorno puede no bastar. Se aconseja vivamente dejarse acompañar por una persona formada en estas cuestiones. El acompañamiento permite identificar la mecánica del abuso y reconstruir poco a poco la propia identidad, esto lleva tiempo.


2. Abandonar el grupo

Si alguien ha sufrido abusos espirituales de parte de un responsable de su comunidad, no hay que intentar hablar directamente con el que abusa. Esta persona culpabilizaría todavía más a la víctima, intentará impedir que abandonar el grupo, le echaría la culpa de todo lo que pasó, en definitiva la haría sufrir todavía más. La mejor solución es alejarla del grupo para protegerla.

Si la víctima siente necesidad de denunciar el abuso, tiene la posibilidad de avisar a los miembros de la jerarquía superior a la persona que abusa, por ejemplo a los responsables de la iglesia a la que pertenece esa persona. Si se trata de una iglesia local independiente se puede informar de la experiencia a otros responsables. Lo que cuenta es protegerse, crear una instancia que permita reconstruirse.


3. Presentar una demanda

A lo largo de los años me he enterado de abusos particularmente chocantes. Con el pretexto de obedecer a Dios, los pastores han pegado a niños pequeños porque habían llorado durante el sermón. O dieron una paliza en público a una mujer con el pretexto de que no acudieron al culto del domingo. Actos así son ilegales y reprensibles según las leyes vigentes. En tales casos hay que denunciar a la policía. Ningún pasaje de la Biblia enseña que un dirigente cristiano tenga derecho en nombre de Dios a cometer abusos sexuales o físicos. Al contrario, en la epístola a los Romanos, el apóstol Pablo afirma que todos los cristianos deben respetar las leyes instituidas en el país (13:1-7). En el versículo 4, Pablo precisa claramente que los que obran mal deberán dar cuenta de su conducta: “Pues la autoridad, la ley, están al servicio de Dios para ayudarte a portarte bien. Pero si haces el mal, échate a temblar, porque no en vano la autoridad lleva la espada y está al servicio de Dios para castigar al delincuente.” No obstante se recomienda a la víctima que no inicie sola procedimientos judiciales. En efecto, hay que saber que pocas veces se escucha a una víctima, no basta decir la verdad para ser escuchado y creído. La víctima se arriesga a vivir que se ponga en duda su palabra como un segundo abuso. Por ello siguiendo lo que Jesús aconseja “siéntate y calcula el gasto antes de construir una torre”, la víctima debe reflexionar con conocimiento de causa antes de iniciar un procedimiento. Le interesa pedir el apoyo de una asociación de ayuda a las víctimas.

Para evitar las mezclas

Hay que distinguir las tensiones ligadas a un conflicto en el seno de una iglesia local y el abuso espiritual. No se debe calificar de abuso espiritual la simple divergencia de opinión o el ejercicio de cierta disciplina espiritual. La posibilidad de conflicto es inherente a todo grupo social. Las iglesias y las comunidades cristianas no escapan a esta regla. A veces los parroquianos son hostiles a las innovaciones a causa de sus ideas conservadoras, están en desacuerdo con algunos aspectos del ministerio de su sacerdote.

Hablé con un fiel que no admitía que el párroco se ocupara de drogadictos y de la reinserción de presos. Era incompatible con su concepción de la misión de un hombre de iglesia. Para él, el pastor debía sobre todo ocuparse de su comunidad, propagar el Evangelio para que crezca la iglesia local. Trabajar con drogadictos y presos, la mayoría de los cuales no se convierten, no servía para anunciar el Evangelio. A menudo, apoyándose en versículos de la Biblia este parroquiano, intentó convencer a su pastor de la inutilidad de ese ministerio. Todo terminó con una violenta disputa y la salida de ese miembro de la iglesia. Las personas que sufren problemas emocionales o carencias afectivas pueden entrar en conflicto con los dirigentes de la iglesia. Así, una señorita de cierta edad soportaba mal la soledad. Ella iba al oficio del domingo para que el cura ocupara tiempo en hablar con ella, rezar y sobre todo escuchar sus historietas. Naturalmente el cura no tenía tiempo para dedicarlo a esta señora. Ella no lo aceptó y un día, tras decir que se sentía traicionada, desapareció de la iglesia.

A lo largo y ancho del mundo, en diferentes iglesias y comunidades cristianas se repiten estas situaciones. Sin embargo, hay que hacer notar que en este tipo de conflictos no hay abuso espiritual. No hay manipulación, presión o control sobre la persona. Al contrario, es ella la que origina el problema.

Otro factor que puede prestar a confusión son las exigencias de ciertas comunidades hacia sus miembros. Estas exigencias difieren según las creencias de base y las convicciones de esa comunidad. En algunos casos, pude ocurrir que den la impresión de que el pastor abusa de su autoridad y no es el caso.

He encontrado este problema a propósito de la celebración de la Cena (el problema también se plantea en la Eucaristía, pero por otros motivos). Hay personas que han contactado conmigo para explicarme que no toman la comunión porque no están bautizadas. Se sienten frustradas por el rechazo y consideran que el pastor ha abusado de ellas. Ahora bien, no creo que se trate de abuso. Hoy en día las opiniones sobre la acogida de personas no bautizadas a la comunión están muy divididas en los ambientes protestantes. Ciertas iglesias lo permiten. Pero un gran número no. No se puede acusar categóricamente a esos pastores de abuso de poder y de abuso espiritual. En efecto, la motivación de esos líderes no es controlar, manipular o intimidad, sino que actúan de ese modo porque siguen las creencias y convicciones de la iglesia a la que pertenecen.

Características del dirigente que practica el abuso espiritual

¿Cuáles son las características del responsable de una iglesia que practica el abuso espiritual?

  1. Personalidad carismática, posee enormes facultades de seducción.
  2. Autoritario, busca sistemáticamente controlarlo todo.
  3. No admite ninguna crítica. Desacredita a los que se le oponen.
  4. Dice que ha recibido de Dios directamente esta autoridad que le da poder de conocer la única y justa interpretación de la Biblia.
  5. En general, ese poder de manifiesta por dones particulares: hacer milagros, profetizar, curar, dirigir, discernir, ser el pastor son los dones más citados.
  6. Utiliza técnicas de manipulación mental para el control de la gente.
  7. Nunca tiene bastante.
  8. Más que conducir las gentes a Jesucristo, busca ser servido y satisfacer su sed de poder.
  9. Es paranoico.

El psiquiatra Abgrall recuerda en su libro “La mecánica de las sectas” que “no hay gurú sin paranoia”. Se puede decir lo mismo de cualquier dirigente cristiano que practica el abuso espiritual. A propósito de la paranoia mantiene Abgrall que: “Esta psicosis da al gurú el sentimiento de ser diferente del resto de la humanidad, y la convicción de que tiene un papel de guía y de líder. Se trata de una patología de la personalidad caracterizada por cuatro criterios que la psiquiatría conoce desde tiempo ha: hipertrofia del yo, falsedad del juicio, desconfianza y “psicorrigidez”.”

Aquí vienen los cuatro criterios que bien definen los lideres abusivos:

1. Hipertrofia del yo
Todo lo que el responsable piensa, hace y quiere hacer, es expresión de la voluntad de Dios. El tiene la verdad absoluta. El es el centro de todo, la salvación sólo puede llegar a través de él. Se le debe entera obediencia, incluso si eso lleva a la muerte.
2. Falsedad de juicio
Los comentarios y enseñanzas del responsable están siempre llenos de contradicciones y absurdeces. Justifican sin embargo todos los falsos juicios en el seno del grupo. Pero para sus adeptos, representan la verdad y sustituyen todas las formas coherentes de pensar en nuestra sociedad. Contradecir la palabra del responsable equivale a poner en cuestión a todo el grupo.
3. La desconfianza
Todas las críticas emitidas por gentes del exterior hacia el responsable son consideradas por este como un ataque satánico. Los adeptos, que creen firmemente que el responsable es perseguido a causa de su saber y su poder, ante las críticas refuerzan la desconfianza. Es un verdadero círculo vicioso en el que los adeptos que están sometidos al líder lo convencen de que lo que dice, hace y piensa es verdadero. Este proceso permite al líder mantener sus adeptos con la obsesión de que toda la sociedad les persigue.
4. La psicorrigidez
El responsable no reconocerá jamás los errores de su enseñanza, incluso si se muestran pruebas irrefutables. Para él sólo vale su juicio. El tiene razón y el resto de la humanidad está equivocado. Nada podrá deshacer sus convicciones. Según él, los que le critican son ignorantes. Sus objeciones le molestan poco, al contrario le sirven como argumentos para probar a sus adeptos que el mundo es incapaz de comprenderle.

¿Es su grupo un sistema abusivo y manipulador? ¿Está su fe intoxicada?

Si responde afirmativamente a una o varias de las siguientes preguntas le aconsejamos que se ponga en contacto con una de las asociaciones indicadas al final del libro.

Empleamos la palabra grupo de forma genérica, puede designar la realidad eclesial a la que pertenece (iglesia local, parroquia, comunidad, grupo de oración, iglesia doméstica…) o el grupo cristiano que usted frecuenta (coro, grupo de jóvenes…).

  • ¿Su grupo pide a sus miembros obediencia incondicional?
  • ¿Su grupo desconfía de todas las críticas o ideas diferentes de su enseñanza oficial?
  • ¿Su grupo humilla o critica en público a sus miembros?
  • ¿Su grupo pide a sus miembros que confiese sus imperfecciones delante de todos?
  • ¿Su grupo enseña que sus miembros son la élite de Dios?
  • ¿Su grupo enseña que le ocurrirá una catástrofe si abandona?
  • ¿Su grupo enseña que sólo dentro de él se conoce la verdad y la interpretación exacta de la Biblia?
  • ¿Su grupo considera que el resto de la cristiandad y de la sociedad son sus enemigos?
  • ¿Su grupo le empuja a dejar la familia o a divorciarse en caso de que no quieran adherir?
  • ¿Siente complejo de culpabilidad si no participa en cada reunión, estudio de la Biblia o en otras reuniones organizadas por el grupo?
  • ¿Cree usted incondicionalmente en todo lo que el grupo dice y enseña?
  • ¿Siente una gran culpabilidad si usted no piensa como el dirigente o si no le obedece incondicionalmente?
  • ¿Tiene miedo de dejar el grupo?
  • ¿Piensa que para tomar una decisión, necesita el permiso del dirigente eclesial?
  • ¿Si no consigue hacer lo que el dirigente le pide piensa que Dios está enfadado con usted? ¿Qué le va a castigar? ¿Cree que si usted trabaja mucho por el grupo Dios le perdonará?
  • Si usted tiene un problema con el director del grupo:
    • ¿Piensa que Dios le castigará?
    • ¿Piensa que es por su culpa?
    • ¿Piensa que ha cometido un pecado?
  • ¿Su director le ha propuesto tener relaciones sexuales con él?
  • ¿Una persona en situación de responsabilidad se ha mostrado de forma inconveniente en el plano sexual? (palabras, actitudes, actos)
  • ¿Su familia o amigos han observado que usted usa demasiado los versículos de la Biblia en las conversaciones y que no se puede hablar normalmente con usted?
  • ¿Su familia o cónyuge se quejan de que usted dedica más tiempo al grupo que a ellos?
  • ¿Alguien le ha dicho que su director le controla y manipula?

Los principales problemas psicológicos de las víctimas

Hay dos posibilidades para salir de una iglesia o comunidad en la que se ha sido manipulado: irse por sí mismo o ser echado. Sea cual sea la salida, las víctimas encuentran a la salida numerosos problemas psíquicos. Son obstáculos serios para retomar la vida normal y volverse a encontrar con su autonomía.


1. La soledad

La soledad es una de las primeras grandes dificultades que la persona debe enfrentar. Esta soledad causa problemas mayores, particularmente penosos.


La crisis afectiva

Se vaya uno por sí mismo o sea expulsado, el resultado es el mismo. La persona es considerada como un renegado o un aliado de Satanás por la comunidad. De la noche a la mañana se encuentra sola y abandonada. No puede conservar las amistades que tenía hasta entonces con los miembros de la iglesia o comunidad. Los dirigentes son intransigentes en este punto y prohíben todo contacto. La desestabilización producida por el rechazo es terrible. La persona pierde a la vez el calor del grupo y el afecto de los que para ella eran una verdadera familia. Una víctima me explicó que desde su exclusión tenía la impresión de que el mundo entero se hundía a su alrededor y que ya no contaba para nadie:

“Me encontré completamente sola, esto fue terrible para mí. Perdí todos mis amigos en un solo día.”


Los problemas de relación

En el grupo, las relaciones humanas eran dirigidas en todos los detalles por un código muy preciso. Este sistema no se corresponde con el que hay en la sociedad.

Los miembros están condicionados para creer que Dios les ha escogido para transformarse en su élite y para conocer la única interpretación de la Biblia. Piensan que tienen la verdad y que el resto del mundo, estando dominado por Satanás, está hundido en la mentira. En estas condiciones, el ex miembro, después de su salida y durante un cierto tiempo (que puede variar según los individuos), tendrá dificultades para encontrar gente nueva y rehacer sus antiguas relaciones. No sabe cómo vivir una relación normal de igual a igual fuera del sistema de referencia que rige en su antigua comunidad. La falsa creencia de que el mundo exterior no es más que mentira y que éste lo dirige Satán la lleva a no tener confianza en nadie, el mundo exterior no puede más que engañarle.

Este es el ejemplo de una mujer: “Después de haber abandonado mi comunidad, tuve muchas dificultades para comunicarme con los demás. Era como un extraterrestre que no podía ni comprender ni ser comprendida por los seres humanos. Durante un largo período sentí un vacío inmenso. Tenía miedo de confiar en los demás.”


2. La barrera del pensamiento dualista (blanco y negro)

En las iglesias y comunidades en el seno de las que las personas son víctimas de abusos espirituales, la doctrina del grupo divide siempre la realidad en dos polos: Dios/el diablo; el bien/el mal; el mundo espiritual/el mundo físico; etc.

En este tipo de sistema y de enseñanza en el que todo es blanco o negro, el director solo orienta y dice lo que hay que pensar y hacer. El gris no tiene sitio y todavía menos los demás colores. Eso o nada. Esta lógica rige todos los pensamientos y sentimientos de los miembros del grupo. Echa raíces en lo más profundo. Acaban por tener una falsa seguridad de que siempre llevan la razón y de que los demás siempre están equivocados. No pueden equivocarse porque el dirigente que tiene la verdad siempre está ahí para aconsejar y adoctrinar.

Incluso después de haber abandonado el grupo, este pensamiento dualista continúa inconscientemente, de diferentes formas, influyendo en la persona, creando importantes barreras en su readaptación a la vida cotidiana. Esta persona se puede encontrar con diversos problemas:

  1. Pérdida de confianza en sí misma. El miedo de tomar decisiones sola por miedo de equivocarse.
  2. La preocupación constante por tener una respuesta clara a todo.
  3. La búsqueda de alguien que pueda guiarla y darle la respuesta exacta a cada pregunta.
  4. El perfeccionismo la conduce a no soportar errores y contradicciones.
  5. Dificultad para ser tolerante y admitir que hay otros puntos de vista.
  6. La seguridad de tener siempre razón.
  7. La tendencia a no escuchar opiniones ajenas y a presentar siempre ideas presupuestas.
  8. La dificultad para dominar sus emociones, como cualquier niño pequeño.


3. El fenómeno de flotamiento

El grupo impone a sus miembros una nueva identidad: esta se construye esencialmente a partir de la doctrina y no de la vida y del libre arbitrio. Las diferentes técnicas de manipulación refuerzan ese proceso e impiden toda reflexión personal. La doctrina del grupo moldea la nueva identidad, pero es importante comprender que el antiguo yo no ha desaparecido totalmente. Es como un libro por el que no se tiene mayor interés y que se pone en la biblioteca detrás de otro que nos apasiona más. Incluso si no está visible, siempre está ahí.

Un miembro que se da cuenta de que se ha manipulado y abusado de él, recomienza poco a poco a pensar por sí mismo. De cierta manera, vuelve a colocar ese libro de forma accesible por el que no se interesaba ya.

Para muchos, al principio es difícil manifestar la verdadera personalidad. Muy a menudo durante un cierto tiempo, el ex miembro navega entre su propia identidad y la que el grupo construyó para él. En inglés esto se llama “floating”.

Este fenómeno se desencadena cuando la persona ve, oye, lee, se encuentra con alguien o algo que la vuelve a sumergir en la atmósfera del grupo. Esta es la experiencia de una mujer en su nueva parroquia:

“Durante el culto del domingo, el coro interpretó un cántico que conocía bien, lo cantábamos a menudo en mi antiguo grupo. Oyéndolo me sentí confundida y por un momento todo cambió a mi alrededor. Ya no estaba en mi nueva parroquia sino en ese grupo con mis antiguos amigos y tenía el sentimiento de que Dios me decía que volviera con ellos.”

Como esta mujer había adquirido ya cierta independencia del grupo, pudo rápidamente dominar el problema. Desgraciadamente a muchas personas todavía frágiles, esto les puede perturbar profundamente, provocando a veces incluso la vuelta al grupo.


4. Los problemas espirituales de las víctimas

a. La relación con Dios

Algunas preguntas vuelven una y otra vez en las personas que fueron manipuladas espiritualmente: “¿por qué yo?, ¿qué te he hecho, Señor?”, “¿dónde está Dios?”, etc. Esta terrible experiencia falsea completamente su relación con Dios. Son incapaces de comprender quién es realmente. Tienen la impresión de perderlo. Experimentan la cólera hacia él y tienen el sentimiento de que les traiciona y abandona, que su salida o expulsión fue un grave pecado. Por ello creen que Dios los repudia retirándoles su confianza y su amor. Su sentimiento de culpabilidad ante Dios es grande. Algunos creen que han perdido toda posibilidad de salvación.


b. La oración

A este respecto, según los testimonios de víctimas que han seguido rezando solas o con otros, tres problemas aparecen. Primero, esas personas tienen el sentimiento de que Dios no escucha la oración que se le dirige, que no contestará. Segundo, se sienten culpabilizadas porque no rezan cada día o porque no lo hacen el tiempo suficiente, o porque les falta fervor. En tercer lugar, se sienten deprimidas o tienen ansiedad durante la oración. Esto ocurre sobre todo a los que llegan a un grupo en el que la forma de rezar se parece a la de la antigua comunidad. El hecho de rezar los vuelve a sumergir en la atmósfera del grupo, recordándoles momentos penosos vividos dentro del mismo.


c. La relación con otros cristianos

Siempre según numerosos testimonios, constituye para muchas víctimas una gran dificultad, a causa de la obsesión con ser otra vez víctima de abusos espirituales. Hay cuatro razones principales:

  • El hecho de haber creído que se formaba parte de una élite escogida por Dios lleva a algunos ex miembros a seguir pensando que son diferentes a otros cristianos y que no sirve de nada relacionarse con ellos.
  • Un complejo de inferioridad en todo, con respecto a los demás cristianos, imposibilita a las personas de las que se abusó espiritualmente.
  • El miedo de hablar de la propia experiencia, de no ser comprendido y de soportar nuevas heridas les retiene igualmente.
  • En fin, todos tienen el sentimiento de haber cometido un grave pecado que hace que los demás cristianos no querrán aceptarlos.


d. La depresión

Todos los ex – miembros que encontré han pasado por una depresión, de intensidad y duración variable según los casos. El aislamiento afectivo, las dificultades de relación, los problemas espirituales son las causas principales. El sentimiento de culpa y los remordimientos pueden añadirse alimentados por varios factores:

  1. El hecho de haber convertido a otros a la doctrina del grupo y de no poder hacerlas salir.
  2. El hecho de haber pertenecido al sistema que utiliza técnicas de manipulación mental y practica los abusos espirituales.
  3. El hecho de haber sido manipulador.
  4. El hecho de haber perdido mucho tiempo de su vida, también la familia, el cónyuge, los hijos, la carrera, la educación, dinero, bienes y hasta la salud.
  5. El hecho de encontrarse sin nada y no saber cuál será el futuro.

Algunos de los ex miembros depresivos necesitan una terapia. Es muy importante que la familia, los amigos, el sacerdote, hagan un trabajo de acompañamiento, animando a la persona a buscar un especialista (psicólogo o psiquiatra). Una depresión que no se cura puede tener graves consecuencias y a veces conducir al suicidio.

Las dificultades de las víctimas son importantes y les parecen imposibles de superar, pero como lo muestra el siguiente capítulo, se pueden curar las heridas.

La readaptación

Para la víctima de abuso, la restauración de su vida y personalidad pasa por diferentes etapas y reclama esfuerzos constantes.


a) Los seis servidores fieles de R. Kipling.

El escritor británico R. Kipling, autor del “Libro de la jungla”, de “Kim” y numerosos novelas y poesías, dijo un día que seis fieles servidores le habían enseñado todo lo que sabía de la vida. El los llamaba así: Quien, Qué, Cuándo, Dónde, Porqué y Cómo.

Para una persona que ha sido manipulada espiritualmente, encontrar su vida normal y su autonomía es una ruda prueba acompañada de mucha confusión. A principio no sabe qué hacer y a quién dirigirse y sobre todo tiene grandes dificultades para pensar y tomar sus decisiones. Los seis fieles servidores de Kipling pueden serle de gran ayuda para reconstruir su vida.

  1. ¿Quién puede ayudarme, sostenerme, escucharme?
  2. ¿Qué necesito para retomar una vida normal y encontrar mi autonomía?
  3. ¿Cuándo puedo hacerlo?
  4. ¿Dónde puedo?
  5. ¿Por qué siento estas cosas?
  6. ¿Cómo puede recuperar mi equilibrio sicológico?

Se pueden usar estas seis preguntar para reflexionar sobre un gran número de temas.


b) Hacer una investigación sobre sí mismo

Después de haber salido del grupo, muchos se sienten estúpidos, culpables, insensatos. Es un juicio erróneo. Es importante darse cuenta de que lo que pasó no es culpa de uno, que es a costa de uno como se ha sido engañado.

Para llegar a comprender lo que pasó al principio hay que reflexionar sobre el pasado y ver porqué se llegó a ese grupo y qué llevó a él.

Todos los testimonios tienen un punto en común: las personas manipuladas espiritualmente se encontraban siempre en un momento difícil de la propia vida. Por ejemplo, un duelo, un divorcio, una grave enfermedad, la pérdida del trabajo. O tenían dificultades para integrarse en la sociedad. Otros estaban buscando valores. Por todo eso, esas personas se encuentran sicológicamente debilitadas y son fácilmente influenciables.

Las manipulaciones llevan consigo una nueva estructura de identidad artificial sobre esa persona, transformando las convicciones y el lenguaje. La doctrina y la manera de actuar del director abusador se transforman en referencias incondicionales para vivir y ser.

Es importante por ello que esas personas encuentren su acceso a su identidad, que reflexionen y se acuerden de lo que eran antes de comprometerse en el grupo. ¿Qué ideas tenían sobre sí mismas, sobre la gente en general, sobre la familia, el matrimonio, el mundo, la sociedad, la educación de los niños, la enseñanza escolar, la política, la religión… etc.?


c) Sobre las manipulaciones mentales

Aquí van algunas preguntas importantes en el proceso de readaptación:

  • ¿Qué es manipulación mental?
  • ¿Cómo fui manipulado?
  • ¿Cuáles son las técnicas empleadas por el grupo?
  • ¿Me influyen esas técnicas, incluso después de haber salido del grupo?
  • Si la respuesta es sí, ¿cómo?

La comprensión de las tres primeras permitirá darse cuenta de cómo la identidad ha sido manipulada y modificada. La cuarta muestra si esas manipulaciones continúan afectando la vida actual. Es aconsejable leer mucha información sobre las manipulaciones mentales así como reunirse con especialistas o personas que vivieron las mismas experiencias. Hablar de ello permitirá comprender y superar ese problema del control mental del pensamiento.


d) Romper la barrera del lenguaje codificado

Todos los testimonios que he oído me explicaron que en su iglesia o comunidad, hay un lenguaje cifrado adaptado al grupo. Muchos nuevos términos y expresiones se inventan para darles un sentido diferente al normal. De hecho un tercero no iniciado, no comprenderá. Muchos adeptos siguen usando ese lenguaje, poco a poco ese lenguaje es el único que conocen. Les sirve para expresar convicciones y enseñanzas del grupo o del director. Es un lenguaje simple y pobre, que disminuye la capacidad de pensar y sentir. Ciertas palabras y expresiones disparan emociones que pueden ser positivas o negativas.

Por ejemplo, una comunidad usa expresiones como: “amar al padre” y “traicionar al padre”. Tras la palabra “padre”, hay que comprender al jefe del grupo. Según las circunstancias, la utilización de esas expresiones dispara en la persona risas, alegría o al contrario lloros, vergüenza y una gran culpabilidad.

Para los miembros, este nuevo lenguaje crea una unión muy fuerte con el grupo que hace que el mundo exterior les sea extraño. Les es imposible comunicar con la familia o amigos de manera normal. Acaban por cortar con el propio pasado.

Después de la ruptura con el grupo, el lenguaje codificado es una barrera importante en la comunicación. Los ex adeptos se ven obligados a reaprender a hablar, pero chocan con todas esas palabras y expresiones y no saben si serán capaces de deshacerse de ellos. Es entonces importante:

  1. Tomar tiempo y no ponerse nervioso, sustituyendo poco a poco el lenguaje especial por el real.
  2. Intentar encontrar en qué momento se usan esas expresiones raras.
  3. Pedir a la familia y amigos que señalen las palabras extrañas.
  4. Abrir el diccionario para aprender el sentido real de las palabras.
  5. Acordarse de que el problema de la comunicación se debe a las manipulaciones sufridas.
  6. Tener confianza en las propias capacidades para superar el obstáculo.


e) Qué hacer con la impresión de flotamiento y las crisis de angustia.

Lo ex adeptos se encuentran con otras dificultades durante su readaptación:

  1. el flotamiento.
  2. las crisis de angustia que vienen de las fobias o de sus miedos implantados por la doctrina del grupo en el inconsciente (ver el cap. 2)

Estos dos fenómenos son efectos consecutivos del control del pensamiento. Disminuirán y desaparecerán con el tiempo. Para llegar a dominarlos, hay que, primero, buscar e identificar porqué, cómo y cuándo se disparan esos fenómenos. Una canción, una música, una palabra, una expresión, un olor, alguien que se parece al dirigente del grupo, o la atmósfera particular de un lugar pueden hacer surgir el estado de flotamiento o la crisis de angustia. Desde el momento en que se comprende la causa, es posible gestionarla. Para adquirir el discernimiento, es necesario un trabajo sobre uno mismo más o menos largo según las personas.

Una joven era miembro de una comunidad que enseñaba que las personas que abandonaban el grupo morían de enfermedad grave. Durante varios meses después de su marcha, sufrió crisis de angustia muy violentas y se veía morir y caer al infierno. Un simple catarro, un poco de fiebre le producían la angustia. Ella pensaba que iba a volverse loca. Después de hablar con varios ex adeptos de su comunidad, comprendió que eso no se debía a ella, sino a los temores implantados por el grupo en su inconsciente. Después, siguiendo el consejo de esas personas, pudo superar las crisis de angustia repitiendo sistemáticamente: “No tengo que tener miedo. Este estado de angustia viene de las mentiras y las manipulaciones del grupo. No tengo que tener miedo. Ahora ya no me controla el grupo. Soy yo quien controla mi vida.”

Otro ex adepto me dijo que, durante más de un año, no se atrevía a abrir la Biblia. Cuando leía la expresión “padre nuestro”, la figura sonriente del jefe de la antigua organización se le aparecía. Cada vez que hacía la experiencia, sentía mucha nostalgia y tenia ganas de volver a la comunidad. Entonces se sometió a un pequeño ejercicio para romper esa asociación de ideas. Durante un mes, cada vez que llegaba a esa parte de la Biblia decía en voz alta: “en la Biblia, “nuestro Padre” es Dios. Mi antiguo director no es Dios, es el dirigente de mi ex comunidad, no es más que un hombre y por ende, un charlatán.”

Sin embargo, a veces las personas como esos dos ex adeptos, no pueden controlar por sí mismo el flotamiento y las crisis de angustia. En esa situación, es preferible buscar una ayuda psicológica profesional.


f) Controlar el stress

La readaptación es un proceso forzado, factor de stress y susceptible de conducir a una depresión, a crisis de angustia o de suscitar momentos propicios al flotamiento.

Los signos reveladores de stress son numerosos: no poder relajarse, estar demasiado nervioso, taquicardia, tener temblores, desmayarse, problemas de respiración, de sueño, beber demasiado o comer demasiado, no poder concentrarse.

Para reducir los efectos negativos se recomienda:

  1. Tomar tiempo de relajarse cada día. Es importante tener cortos momentos de relax.
  2. Dormir lo suficiente. Tener cuidado en hidratarse lo suficiente y tener una alimentación equilibrada.
  3. Tener un pasatiempo y hobby.
  4. Hacer deporte.
  5. Tener a alguien de confianza con quien se puede hablar abiertamente de sus propios problemas.
  6. Evitar el perfeccionismo.
  7. Tomar tiempo necesario sin impacientarse inútilmente.


g) Reaprender

  1. Hacer esfuerzos para tener de nuevo confianza en sí mismo. Usted vale, debe deshacerse del filtro de la culpa que le empuja a creer que es un insensato, culpable y estúpido. Nadie escoge deliberadamente ser manipulado y espiritualmente abusado. Usted ha sido víctima, no es su valor personal lo que está en causa.
  2. Buscar y creer de nuevo en sus posibilidades y propias capacidades, después usarlas para hacer recomenzar una vida normal. No olvidar que cada persona ha recibido de Dios uno o más dones.
  3. Pensar, decidir y escoger por sí mismo. Decir claramente “quiero” o “no quiero”, “me gusta”, “no me gusta”. Utilizar la palabra “yo” para indicar las necesidades y deseos no es un pecado. Jesucristo mismo nunca jamás evitó emplear el pronombre personal para expresar sus sentimientos:
    • “Padre, quiero que allí donde estoy, los que me has dado estén también conmigo, para que contemplen mi gloria, la que tú me has dado, porque tu me amaste antes de la fundación del mundo” (Jn. 17, 24).
    • “No penséis que he venido a abolir la ley o los profetas. He venido no para abolir, sino para cumplir.” (Mt 5:17)
  4. Reaprender a ser tolerante, respetando la libertad ajena, sus maneras de pensar, de actuar y también sus opiniones políticas y religiosas. Cada persona no tiene por qué pensar como lo hago yo. Hay que comprender que la ambigüedad y las paradojas pertenecen al mundo y a la vida, que no siempre es posible encontrar respuestas claras y exactas a lo inconcebible. No seguir creyendo que siempre se tiene razón y que los demás se equivocan.
  5. Reaprender a expresar sus sentimientos normalmente. El miedo, la tristeza, la cólera son sentimientos indispensables para expresar la vida en el ser humano. Es natural y legítimo manifestarlos con comedimiento, para hacer comprender realmente lo que se siente. Jesucristo no tuvo jamás vergüenza de decir o de mostrar este tipo de sentimientos:
    • “Jesús lloró” (Jn 11:35)
    • “Dijo: mi alma está triste hasta la muerte, quedaos aquí y vigilad conmigo” (Mt. 26:38)
    • “Entonces mirándolos indignado y apenado por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: Extiende tu mano. La extendió y quedó sana.” (Mc 3:5).
    • “Hacia las tres de la tarde Jesús gritó con fuerte voz: Eli, Elí, lemá sabactaní? Que quiere decir: Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?” (Mt. 27:46)
    • “Entró en agonía y oraba más intensamente; sudaba como gotas de sangre que corrían por el suelo.” (Lc 22:44)

La alegría es también uno de los sentimientos esenciales de cada ser humano. Se experimenta cuando uno de nuestros deseos y aspiraciones es satisfecho. Es limitada en su duración y es imposible para un cristiano estar siempre en ese estado. Algunos versículos de la Biblia se interpretan de manera que parece que pase lo que pase hay que estar siempre alegre y contento. Entre ellos: Jn 17:13: “Pero ahora voy a ti y digo estas cosas cuando todavía estoy en el mundo para que tengan la plenitud de mi alegría,”; Y también Gal. 5:22: “El fruto del espíritu es…la alegría…”

En la versión original de estos textos, en griego, el sentido de la palabra alegría corresponde a la certeza de que hemos de estar unidos a Jesucristo y a la de su presencia en nuestra vida. Esto no quiere decir que tengamos que estar obligatoriamente en ese estado en toda circunstancia. Y todavía menos que los que no están así están en pecado grave. Jesucristo, ante la desgracia, el sufrimiento, la tristeza, el infortunio, la injusticia, no experimentó alegría. A la muerte de Lázaro, lloró en Getsemaní, estuvo triste hasta la muerte. Ante el endurecimiento del corazón de la gente, mostró su cólera.

Manipular o deformar así los sentimientos conduce a las personas bajo influencia a rechazar en lo más profundo de sí mismas el miedo, la cólera y la tristeza.


h) Estudiar la Biblia

La mayoría de ex miembros de grupos abusivos me han explicado que, después de haber dejado su grupo, su espíritu se quedó literalmente encadenado por las manipulaciones salidas de falsas interpretaciones de la Biblia que les habían sido inculcadas. Estudiar cuidadosamente la Biblia permite desmantelar esta enseñanza falsificada. El método más adaptado es el de los miembros de la iglesia de Berea, que se cuenta en los Hechos.

“Los judíos de Berea eran más abiertos que los de Tesalonica, y recibieron la palabra con buena disposición, estudiando diariamente las Escrituras para ver si todo era así.”

Aquí van algunos consejos:

  • Leer diferentes versiones de la Biblia ayuda a hacer un buen estudio de los textos. Las dos versiones más extendidas son la de Luis II y la Biblia de Jerusalén. Otras traducciones también son interesantes: la Biblia de Chouraqui que es una traducción literal teniendo en cuenta el espíritu de las lenguas originales; la TOB, traducción ecuménica de la Biblia: la versión Palabra de vida, en francés fundamental, que propone un texto fácil y dinámico.
  • Leyendo un texto bíblico hay que tener en cuenta:
    • Colocarlo en su contexto, quién es el autor, en qué momento se escribió, a quién iba destinado.
    • Buscar los diferentes temas teológicos tratados en el texto y compararlos con otros textos que traten el mismo tema.
    • Hacer búsquedas en el plano histórico, cultural, geográfico y teológico de la época.
    • Examinar el sentido de ciertas palabras en hebreo y en griego.
      Para guiar al lector, la lectura de notas que se encuentran en ciertas Biblias puede ser particularmente beneficiosa.
    • En fin, hay que completar el estudio con la lectura de libros y artículos consagrados a la comprensión de la Biblia.

Frente a un texto difícil o para evaluar el fundamento bíblico de una afirmación, se recomienda estudiar con una persona cualificada (pastor, sacerdote, catequista, biblista, profesor de teología) en quien se confíe y cuyas competencias y honestidad intelectual estén atestiguadas. Este acompañamiento en el estudio constituye una ayuda muy preciosa en la difícil búsqueda de la verdad.


i) Escoger una nueva iglesia o comunidad

Para los que quieren encontrar una nueva iglesia, he aquí algunos consejos útiles.

  1. Visitar diferentes iglesias, parroquias y comunidades locales.
  2. Hablar a menudo, largo y tendido con el responsable de la comunidad para entender mejor la verdadera personalidad. No fiarse de las primeras impresiones.
  3. Charlar con los diferentes miembros de la asamblea para intentar comprender como funciona.
  4. Hacer búsquedas para ver si hay problemas en ese grupo eclesial. Ver si mucha gente se ha ido. Si la respuesta es afirmativa, intentar contactar con ex miembros y preguntarles por la razón de su marcha.
  5. Reflexionar y rezar sobre lo que se desea y espera de esa nueva iglesia o comunidad.
  6. No olvidar que los cristianos son seres humanos, por tanto pecadores: en consecuencia, es imposible, encontrar una iglesia perfecta.
  7. Si se tienen amigos cristianos de confianza es bueno pedirles consejo y también rezar por ellos.
  8. No darse prisa por escoger.


j) Never give up!

“Yo sé bien los proyectos que tengo sobre vosotros –dice el Señor- proyectos de prosperidad y no de desgracia, de daros un porvenir lleno de esperanza.” Jr 29:11.

Cuando pregunté a Sandra, una mujer que pasó largos años en una comunidad en la que sufrió abusos espirituales y sexuales, cómo había podido sobreponerse a tanto sufrimiento y retomar una vida normal, me respondió con una gran sonrisa:

“Es muy sencillo, Pascal, never give up! A pesar de todas las dificultades que se presenten, nunca hay que renunciar. En el grupo, yo era una víctima, pero después de marchar de allí, yo era libre. Ciertamente cubierta de moratones, pero libre. Libre para empezar de cero, para creer de nuevo en mí y rehacer mi vida. Libre para creer que Dios tiene designios de paz y no de desgracia para mí, con el fin de darme un futuro lleno de esperanza. Bien entendido, hay altibajos, momentos de depresión, pero en el fondo de mí siempre conservé la esperanza de que habría un fin y que, pase lo que pase mi primavera llegaría.”

Sandra añadió: “Para emprender esta larga carrera con el fin de encontrar mi lugar en la sociedad, trabajar con un grupo de ex miembros es importante. Su apoyo, sus consejos y su comprensión me sirvieron de gran ayuda. En muchos casos el simple hecho de que estén conmigo me ha permitido no perder la valentía y seguir mi camino.”


k) El pequeño pueblo en la montaña

Había en una montaña muy grande un pueblecito que estaba unido al resto del mundo por un camino particularmente estrecho. Este representaba la única vía para la supervivencia de todos los hombres del pueblo. Un día, en otoño, hubo un gran derrumbamiento que obstruyo por completo el camino. Era imposible salir o entrar en el pueblo.

Los del pueblo estaban enloquecidos. Lloraban y decían: “¡vamos a morir!”. Se quedaron mucho tiempo delante del montón de piedras sin hacer nada, hasta que un niño llegó cogió la piedra más pequeña y la puso al lado. Luego miró a los del pueblo y les dijo: “En lugar de llorar, haced como yo y empecemos a despejar el camino quitando poco a poco las piedras.”

Para muchos, la readaptación parece irrealizable, un destino que jamás se alcanzará. Hay tantas barreras que se levantan ante uno y que parecen infranqueables, que la persona no sabe ni cómo ni por dónde empezar. Se siente a menudo desanimada antes de haber comenzado. Para llegar, hay que tener paciencia, valentía y también esfuerzos de comprensión hacia uno mismo. La mejor técnica es tomar como modelo al niño del pueblo y quitar poco a poco las piedras que obstruyen el camino. Es importante hacerlo según las propias posibilidades, respetando el propio ritmo sin querer quemar etapas.

No te dejaré ni te abandonaré

Aunque todos nos echen, aunque todo se venga abajo a nuestro alrededor, o que el fin del mundo está próximo, el Dios de la Biblia nos dice: “No te dejaré ni te abandonaré” Hb 13:5.

Esta parte de la Biblia es importante y tranquilizante para usted que ha sido objeto de abuso espiritual y que vive en la vergüenza y en la culpabilidad, porque piensa equivocadamente que usted traicionó a Dios y que para vengarse Dios le rechaza. Si usted comprende verdaderamente este versículo, no tiene porque sentirse culpable y avergonzado. Pase lo que pase Dios no abandona a nadie.

Comprenda que usted no ha traicionado. Usted simplemente ha dejado atrás a un falso Dios. No es que Jesús quiera vengarse de usted, son los que le han manipulado. No hay que temer su enseñanza mentirosa.

El amor de Dios y de su Hijo Jesucristo es incondicional. Incluso si usted no consigue construir una iglesia con miles de fieles, ¡Dios le ama! Incluso si usted no puede dar ofrendas de dinero para la iglesia, El le ama. Incluso si no lleva ropa cara al oficio divino, El le ama. Usted es aceptado no por lo que hace sino por quien es. Pablo, en la epístola a los Romanos (8:38,39), escribe: “Estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni las dominaciones, ni el presente, ni el futuro, no las potencias, ni los seres de arriba ni los de abajo ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios en Jesucristo nuestro Señor.” No se preocupe, a pesar de todo lo que le pueda pasar, Dios jamás le negará su amor.

En Jeremías 31:3, Dios nos dice a cada uno: “Te amo con un amor eterno; por eso conservo mi favor.”

Dios nos ha mostrado su amor por la cruz de su hijo Jesucristo. “En eso está el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que El nos amó primero y envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados.” (1 Jn 4:10)

En las iglesias o las comunidades que se desvían, los responsables enseñan y hacen creer que si usted no hace enormes esfuerzos y un trabajo considerable, usted no podrá salvarse, y la salud de su alma depende de sus obras. Pero lo que enseña la Biblia respecto a este tema es diferente. La salvación no viene de nosotros ni de nuestras obras. Somos salvados por la gracia, por medio de la fe. Es el don que Dios nos hace por la cruz de Jesucristo. Dios nos pide simplemente creer y recibir su gracia. En la epístola a los Romanos está escrito: “Porque si confesares con tu boca al Señor y creyeres en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para la justicia, y con la boca se confiesa para la salud. Pues la Escritura dice: Todo el que creyere en El no será confundido.” (Rom. 10:9-11)

Rechace esa falsa imagen de Dios que a usted le han inculcado, la imagen de Dios de cólera que está ahí para juzgar, castigar y enviar la gente al infierno, la de un Dios frío y lejano al que no le importan esos problemas y sufrimientos de los seres humanos.

Aprenda a través de Jesucristo a descubrir el verdadero rostro de Dios Padre, el de amor, de la compasión y del perdón. Para ese Padre, cada persona, sin ninguna excepción, tiene valor a sus ojos. Dios ha venido en Jesucristo para salvar, curar y dar la vida en abundancia.

Jesús conoció la angustia y el sufrimiento. Por eso él puede comprenderle, llorar con usted como lo hizo con Marta y María, a la muerte de Lázaro. No le juzgara ni condenara: así actuó con todos los que encontró.

Deje de culpabilizarse y recuerde las palabras de Jesucristo, en el evangelio de Mateo (11:28,30): “Venid a mí, todos los que estáis fatigados y cargados que yo os aliviaré. Tomad vosotros mi yugo y aprended, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas, pues mi yugo es suave y mi carga ligera.”

Responda a su llamada y encuentre el él descanso de su alma.

¿Cómo ayudar a una víctima de abuso espiritual?

“Ayudar no es
ni estar delante
ni estar debajo
ni tomarlo en carga ni proponer nuestras soluciones…
Es acompañar,
Estar con,
Tomar por la mano,
Pero es el otro quien nos dice el camino a seguir.
(Jenanine PILOT)

1. La parábola budista del hijo pródigo

Uno de mis amigos japoneses me contó un relato sacado de uno de sus numerosos libros sobre esta religión. Este relato cuenta la historia de un joven que salió de la casa de su padre para intentar hacer fortuna en un país extranjero.

Este joven, que conoció el fracaso total, se vio obligado a convertirse en mendigo. Después de una larga ausencia, vuelve a su ciudad natal en la que su familia se ha enriquecido. Un día, su padre paseándose por las calles de la ciudad lo encuentra y reconoce inmediatamente a su hijo. Desgraciadamente, el joven es amnésico no puede reconocer a nadie. Al día siguiente, su padre lo lleva a casa pero el joven temiendo ser llevado a la cárcel se desmaya. El padre decide entonces tomarlo a su servicio dándole los trabajos más humildes de la casa. Tiempo después, para ganar su confianza, el padre se quita sus vestimentas buenas y pide al joven que lo considere como su propio padre. Este le pregunta la causa del gesto. El padre contesta: “Porque soy viejo y tú joven, y tú haces todos los trabajos más humildes para mí con mucha humildad. Además no hay en ti ni maldad, ni egoísmo ni ingratitud. Te considero ahora como si fueras mi propio hijo.”

El padre emplea así a su hijo durante largos años, confiándole la responsabilidad de administrar sus bienes. El joven sigue haciendo prueba de humildad en su trabajo sin jamás buscar enriquecerse. El padre lo adopta y lo hace su heredero.

La víctima del abuso espiritual se parece a este hijo amnésico. Muchos padres encuentran grandes dificultades para restablecer relaciones normales con su hijo después de que éste haya abandonado una iglesia o comunidad en la que fueron manipulados. Es siempre muy duro constatar que una persona cercana puede ser ahora tan distante. Ese ser querido ha estado en un lugar donde usted no estuvo, ha sufrido abusos y manipulaciones que son difíciles de imaginar. En toda su vida, usted no ha vivido lo que él ha vivido. Usted no ha perdido a la vez amigos, esperanza, confianza y varios años preciosos de vida.

Para ustedes, padres, incluyo en esta palabra todos los familiares de una víctima, pienso que la parábola budista del hijo pródigo puede ser de gran utilidad. El padre del joven comprendió que, a pesar del regreso del hijo a casa, había perdido al ser querido como era antes y que nunca sería el mismo. Este padre debe aceptarlo como ahora es y acompañarlo en su cambio. Tiene que amarlo renunciando a amarlo a que sea como le hubiera gustado y adoptar la nueva persona en la que se ha transformado.


2. O-ka-é-ri-na-sai

En japonés cuando alguien vuelve a casa después de una ausencia más o menos larga se le dice: “O-ka-é-ri-na-sai”. Significa, “feliz regreso” o “estoy contento de verte de nuevo”. Me gusta mucho este saludo pues lo encuentro lleno de calor. Después de una larga jornada de trabajo, encontrar a alguien que te dice: “estoy contento de volverte a ver” es muy reconfortante.

Para Carole, estas palabras pronunciadas por su madre se han transformado en palabras de vida y aliento. Cuando salió de la comunidad en la que había sufrido abusos espirituales y sexuales, se encontró sin amigos y sin dinero. Como no había tenido contacto con su madre en diez años, no se atrevió enseguida a ir a verla por miedo a que le diera con la puerta en la nariz. Pero su situación financiera era difícil y no sabía donde dormir, se decidió a visitarla para pedirle ayuda. Con mucha ansiedad llamó a la puerta de su madre. Pero todo sucedió muy diferente a lo que había pensado. Después de abrir la puerta, su madre la miró unos segundos y con una sonrisa le dijo: “O-ka-é-ri-na-sai, Carole”.

Después, su madre no le preguntó nada y esperó con paciencia a que su hija le contara su historia, con tranquilidad, largo y tendido, que no la iba a juzgar ni criticar.

Carole me dijo. “Mi madre ha hecho mucho por ayudarme a retomar una vida normal y le estoy muy agradecida. Pero para mí, las primeras palabras que dijo a mi regreso son las más importantes. En ese momento, comprendí que me amaba y que su amor era suficientemente grande para no juzgarme y para acogerla en su desasosiego.”


3. Acoger a la persona que sufre

Hace cinco años participé en un seminario ecuménico con Jean Vanier que fundó en 1964 al lado de Compiègne, las comunidades del Arca en las que hombres y mujeres de muchos lugares comparten la vida de personas que tienen un handicap mental. Desde entonces muchas otras comunidades como esta se han fundado a lo largo y ancho del mundo. En ese seminario, Jean Vanier habló de la importancia de la acogida a las personas que sufren. Para él, acoger consiste en decir a las personas en cada momento “ven, entra”. Hay que tener cuidado en no humillarla intentando transformarla según nuestras ideas y opiniones. Antes bien al contrario hay que dar espacio al interior de la persona para que pueda aportar algo. Jean añadió que “acoger a las personas, es escuchar con atención, ver en ellas un don, mirarla con mucho amor”.

Tanto en la parábola budista del hijo pródigo como en la forma de actuar de la madre de Carole, encontramos la importancia de la acogida de la que habla Jean Vanier. Sea usted pariente, hermano, hermana, amigo, sacerdote, o pastor, la acogida que usted ofrece a la persona de la que se abusó espiritualmente le da la posibilidad de retomar confianza en ella misma y encontrar el camino que lleva a la liberación de su corazón y de su alma.


4. No culpabilizarse

Muchos padres con los que me encuentro se sienten culpables. Piensan que son responsables si su hijo se une a una comunidad que abusó de ellos. Piensan que si hubieran sido mejores padres, esa desgracia no habría pasado. Intentan comprender porqué su hijo o su hija hizo esa elección. Pero no hay que olvidar que en las relaciones familiares es normal que haya conflictos. Conozco personas para quienes las dificultades que conocieron con sus padres fueron en cierta medida la razón para hacer esa elección. Pero incluso si ese es el caso en su familia, es importante darse cuenta de que no ha sido usted el que ha manipulado y abusado espiritualmente de su hijo. No es su responsabilidad. Le invito a aprovechar del regreso de su hijo o hija para arreglar los problemas del pasado y comenzar buenas relaciones juntos.


5. Paciencia y más paciencia

Un padre de familia al que pregunté qué había sido lo más importante para ayudar a su hija a retomar la vida normal me respondió: “Paciencia, mucha paciencia.”

Contó: “Pasé momentos de mucho desánimo. Hubo períodos en que mi hija parecía haber encontrado al fin su equilibrio psicológico, pero en los días siguientes bastaba un gesto, una palabra, una mirada para que todo le recordara los abusos y manipulaciones que había sufrido. Esto despertaba en ella la cólera, lloros y crisis de angustia sin que pudiera hacer nada por ella. Me vi desarmada más de una vez ante una situación que se repetía. Ha necesitado más de dos años para que pueda reestructurarse psicológicamente.”

Durante la readaptación de su hijo, encontrará mucho cansancio y frustración pues él o ella vivirá como Patricia varios meses con altibajos. A menudo, le costará comprender y a veces aceptar los diferentes estados de humor de su hijo o hija. Para superar esa dificultad y ayudar mejor valen estos consejos:

  • No intente sobreproteger o controlar a su hija o hijo. Permítale cometer errores. Déjele su autonomía y anímele a pensar y a tomar decisiones.
  • Ayúdele a ser independiente.
  • Comprenda que, dado que ha sido manipulado y controlado, sentirá gran repugnancia a toda manifestación de autoridad.
  • Consulte libros, artículos, lugares de Internet en los que haya información sobre manipulaciones mentales, abusos espirituales y readaptación.
  • Acuda a reuniones y hable con otras víctimas de abusos espirituales y familias para pedir consejo.
  • Acuda a especialistas en este problema.
  • Si su hijo pronuncia palabras dolorosas contra usted o si rechaza estar con usted o si le criticaba cuando estaba en el grupo abusador, perdónele. Estudie la cuestión de las manipulaciones mentales y de los abusos espirituales para comprender qué le condujo a obrar así. Estar acompañado durante el tiempo de readaptación de su hijo le ayudará considerablemente. Es mucho más fácil perdonar cuando se tienen las razones que han empujado a una persona a hacer determinados elecciones.
  • Busque alguien (amigo, miembro de la familia, pariente de la víctima) con quien usted pueda hablar en sus momentos de fatiga y desánimo.
  • Tome también tiempo para descansar y distraerse.


6. Un tiempo para escuchar al otro

Acabo de colgar el teléfono. Era una cristiana que quería hablarme de los abusos espirituales sufridos en su iglesia. Durante más de una hora me ha explicado lo que le pasó. En todo ese tiempo, no dije nada ni dí ningún consejo. Sin embargo, al final, me dio las gracias llorando. ¿Agradecer qué? Haberla escuchado. Se sentía aliviada y liberada.

El Eclesiastés 3:7 recuerda que “hay un tiempo para callarse y un tiempo para hablar”. Guardar silencio o más bien imponer silencio para escuchar al otro. Una persona que sufre tiene necesidad de hablar, de contar para vaciar ese “absceso” que le duele. Usted también cuando su hijo quiera hablar de sí mismo, de sus problemas, de su experiencia, tenga un tiempo de silencio y de escucha atenta. Para ello no interrumpa en el momento en que le habla. Si tiene preguntas, hágalas cuando haya acabado. No intente imponer sus soluciones y sus ideas. Hágale sugerencias y dé su opinión si quiere o pregúntele si puede hacerle una. Si sabe escucharle, recuperará poco a poco la confianza en usted.


7. Para padres creyentes y practicantes

La actitud hacia la fe cristiana difiere de un ex miembro de un grupo abusivo a otro. Algunos, a pesar de todas las dificultades psicológicas y espirituales que encuentran, siguen su camino religioso y conservan la fe. Otros al contrario abandonan. Siempre es penoso para padres cristianos y practicantes ver a sus hijos rechazar la fe. Pero, incluso si éste escoge, respétele y no comience a criticar o a jugar al teólogo para probarle que se equivoca. Corre el riesgo de deteriorar profundamente sus relaciones con él. Es mejor darle todo el amor haciendo prueba de mucha comprensión, indulgencia y también de compasión como Jesucristo lo hace para cada ser humano que sufre.

Dé a su hijo el tiempo necesario para que pueda ordenar su corazón y sus pensamientos. Así tendrá todas las posibilidades de descubrir o redescubrir el verdadero evangelio de Jesucristo. Le aconsejo que rece sobre ello y deje actuar al Espíritu Santo en el cuerpo y el psiquismo de su hijo. Prohíbase espiritualizar su problema diciéndole que es presa del demonio que le impide ver la verdad y que usted reza para su liberación. Este tipo de petición puede ser nefasta, creando momentos propicios al flotamiento que le hace recordar al ex miembro todos los momentos de abusos y manipulaciones que ha padecido. Su hijo corre el riesgo de rechazar con más violencia la fe o enfangarse más en la culpabilidad hacia Dios y el sentimiento de ser malo.

También es posible que su hijo escoja otra comunidad distinta a la suya. Respete su elección.


La fe, ¿liberación o sometimiento?

“Ni individual ni colectivamente se crece a partir de la neutralización, del ahogo o de la muerte del otro.”
Michel Quoist

Para concluir, quisiera hablar de tres cualidades que me parecen esenciales a propósito de la fe cristiana y que cada persona o grupo debería reflejar.


1. La necesidad de la diversidad

“Rechazar la diversidad en el seno de la iglesia conduce derechamente al integrismo. El sueño de una iglesia en la que todo el mundo tuviera la misma teología a partir de la misma experiencia, la misma sensibilidad, la misma lectura del evangelio, el mismo comportamiento y la misma fe es un sueño babélico.” Antoine Nouis

El libro del Génesis (Gn 9:8-17) cuenta como Dios estableció una nueva alianza con Noé, sus hijos, su descendencia y todas las generaciones que vinieran así como con todos los pájaros, ganado y animales de la tierra. En el versículo 13, Dios declara: “Pongo mi arco en las nubes y él será la señal de mi alianza entre mí y la tierra.” Desde entonces el arco iris se ha convertido en el signo de alianza entre Dios y nosotros los seres humanos. Me parece que demasiados cristianos olvidan una característica muy importante de este signo: está compuesto de siete colores, más los innumerables matices que le acompañan. Dios no estableció su alianza a partir de un solo color. Por lo mismo no desea que en sus iglesias o comunidades, todos estén obligados a ver y pensar igual. Antes bien, para permitir a cada individuo escoger libremente el color que le gusta, puso muchos arco iris de su alianza. Por ello, es inconcebible que a todos les pueda gustar el mismo color.

Seamos ricos o pobres, hayamos estudiado o no, tengamos una responsabilidad en la iglesia local o no, todos somos iguales ante Dios. Cada creyente ha recibido su propio don de Dios y creo que ese don simboliza uno de los numerosos colores de la nueva alianza de Dios con nosotros.

La experiencia del encuentro con Jesucristo es diferente y única para cada uno. Seamos liberales, conservadores, evangélicos o carismáticos, nadie puede poseer él solo la verdad, ni pretender que ha recibido un don superior del Espíritu Santo.

Cuando un sacerdote o director eclesial intenta unificarlo todo bajo un único color ¿qué ocurre? Aplasta completamente los valores y la personalidad del creyente.

El ejemplo de la torre de Babel en el cap. 11 del Génesis nos muestra la tragedia y el horror de una sociedad en la que todo es sistemáticamente unificado según un modelo. El traductor de la Biblia André Chouraqui lo hace sentir en su traducción de los versiculos 1 y 6: “Y es toda la tierra, un solo labio, palabras unidas… Un solo pueblo, un solo labio para todos.” Cuando Dios en el versículo 7 dice, “descendamos y confundamos su lenguaje para que no se entiendan los unos a los otros”, su meta no es crear el desorden y el caos entre los seres humanos. Con esta acción, nos enseña claramente su desacuerdo con todo sistema social totalitario en el que la persona no puede existir y expresarse como sujeto.

Dios, confundiendo las lenguas, rompe el yugo totalitario que encadena toda la tierra. Y nos da a cada uno la posibilidad de volver a ser una persona responsable de sí y de sus acciones. Desea que según nuestro lenguaje, nuestra cultura y nuestra educación utilicemos el o los dones que nos ha atribuido para nosotros, para los demás y para su gloria.

Creo que los culpables de abusar espiritualmente deberían releer y meditar de nuevo esos dos pasajes del Génesis.


2. La autoridad: ¿poder o servicio?

Pienso que los responsables religiosos deberían también reconsiderar el sentido de la palabra “autoridad” que deforman a menudo completamente. Distintos pasajes del evangelio dicen que Jesús “hablaba con autoridad” o “mandaba con autoridad” (Lc 4:32,36). Pero es importante comprender que él jamás usó la autoridad para controlar o aniquilar a nadie.

A este respecto el pastor suizo Thierry Lenoir escribe: “Jesús nunca reivindicó el poder. Incluso lo rechazó enérgicamente. Por ejemplo, justo después de su bautismo se retiró al desierto. Allí, soportó la tentación del poder, de usarlo con fines personales (transformar las piedras en pan para satisfacer sus propias necesidades), tentación del poder espiritual (rendir honor a las fuerzas del mal que dirigen el mundo para reinar mejor). Con valentía y lucidez, rechazó entrar en ese sistema malsano de poder que mantiene las dependencias y las alienaciones. Quien busca el poder ejerce sobre el otro una influencia por la coacción moral, espiritual o física.

La deriva es inevitable y esta influencia aniquila, en el que la padece, su individualidad, su deseo y su realidad. Sometido al poder destructor, cada vez es menos él.

Es otra cosa completamente distinta cuando se habla de autoridad. Tener autoridad es ejercer igualmente una influencia, pero una influencia reconocida, confirmada y aceptada por el otro. Esta influencia permite a este último crecer. Gracias a ella, es más el mismo.”


3. La tolerancia

Hace más de diez años, cuando explicaba por teléfono a mi padre que me había hecho protestante en una iglesia de Japón, me contestó que se alegraba por mí. Hablamos más de una hora sobre las religiones en general, la fe cristiana y también sobre la importancia de que cada ser humano tenga el derecho de escoger con libertad su confesión religiosa. Antes de colgar el teléfono, mi padre me dijo: “Pascal, pienso que es una buena cosa creer. La fe es lo más personal, está inscrita en el corazón de cada uno. La fe es el lugar de nuestras convicciones personales, pero no te dejes atrapar en la trampa de pensar de forma exclusiva, como si todos los que no comparten tus convicciones estuvieran equivocados. Esta forma de pensar es extremadamente peligrosa, raíz de mucha intolerancia, de violencia y discriminación. Nadie puede apropiarse de la verdad.”

En mi introducción, expliqué que mis padres eran católicos. Pero hay un punto que debo precisar, mi padre se hizo católico al casarse con mi madre. Toda su familia es judía. A menudo en nuestras conversaciones me ha dicho claramente que respetaba lo mismo el catolicismo y el judaísmo. Es lo mismo para mí: soy protestante pero respeto las demás formas de ser cristiano (catolicismo, ortodoxia) también el judaísmo y todas las demás confesiones religiosas. No me hice católico por rechazo del protestantismo o del judaísmo, sino porque encontré a Jesucristo y porque Dios me llevó a encontrarle aquí en Japón.

Poco antes de su muerte volvimos a hablar sobre lo que me dijo cuando me hice protestante. Añadió: “Pascal, el hecho de haber vivido la tragedia y el horror de la segunda guerra mundial y del nazismo, cuando tu abuelo murió en el campo de concentración de Auschwitz, en el que yo mismo, el resto de mi familia y muchos amigos tuvieron que sufrir porque éramos judíos me llevó a estar sobre aviso ante cualquier forma de intolerancia.”

Encuentro la intolerancia en las iglesias y comunidades en las que hay abusos espirituales. Es una de las razones principales de este mal. Empuja a los creyentes a tener una actitud hostil o agresiva hacia los que no tienen las mismas opiniones y creencias que ellos. Está también en el origen de muchas discriminaciones raciales y religiosas, como la de los que creen que el color blanco es superior a otro, o que tal religión debe ser destruida. Incluso encontré misioneros en Japón que enseñan que cualquier religión que no sea la cristiana es del diablo. Hay también quién se apoya en la Biblia para explicar que el Anticristo del fin de los tiempos es el Islam o el judaísmo o el Papa… Esta lista es muy larga y variada.

Este tipo de enseñanza lamentable y estúpida va en contra del mensaje de amor de Jesucristo. Ciertamente, Jesús quiere que anunciemos la buena nueva de su Evangelio. Pero en ningún caso nos pide que ataquemos las creencias de otras religiones. Antes bien al contrario debemos respetar a los musulmanes, a los judíos, a los budistas y a cualquier otro creyente, porque ellos también como nosotros fueron creados a imagen y semejanza de Dios. Cuando anunciamos el evangelio de nuestro Señor, debemos hacerlo con la misma humildad y sensibilidad que él tuvo con la mujer samaritana (Jn, 4:1-42)


4. La fe, factor de liberación

Cuando Jesús enseñó en la sinagoga de Nazaret, se le dio a leer el libro del profeta Isaías. Después de desenrollarlo leyó el pasaje que dice: “El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para curar a los que tienen el corazón desgarrado; para anunciar la buena nueva a los pobres; me ha enviado para proclamar a los cautivos la liberación, a los ciegos la recuperación de la vista, para liberar a los oprimidos, y proclamar el año de gracia del Señor”. En estos versículos hay dos expresiones que me parecen importantes, “proclamar la liberación de los cautivos” y “liberar a los oprimidos”. Esas dos expresiones nos muestran claramente uno de los aspectos de la misión de Cristo: liberar a las personas de sus angustias, curar enfermos, dar la vida al que está muerto.

Este aspecto de la misión de Jesucristo está en todo el evangelio, en sus acciones y en sus palabras: “no llores…, no tengas miedo…., no te preocupes… no te condeno: vete, tus pecados te son perdonados…, vete en paz y sé curado…”

Jesús no ha venido a encadenar ni a hacer esclavos. Su evangelio es el de la liberación y no el de la esclavitud.

La libertad que Jesús da a toda persona que cree en El es un don. Nuestra misión como cristianos es compartir ese don con los demás y ayudarles a encontrar a Cristo.

Pienso que cada cristiano es responsable de su fe. Eso requiere por nuestra parte atención a nuestras palabras y acciones también a las de nuestras iglesias y comunidades. ¡Es muy fácil derivar hacia lo que no es cristiano!

Para acabar quisiera decir que cuando es necesario es importante saber cuestionarse a sí mismo y repreguntar a nuestra fe y su contenido. Aceptarlo todo ciegamente sin reflexionar es algo muy peligroso. Ponerse a sí mismo en cuestión no es un pecado es algo normal, sobre todo si se nota que hay un problema. La apertura y la libertad de pensamiento son indispensables a la fe. Jesús no echó jamás a los que dudaron de él. Respondió a las preguntas de Juan Bautista e incluso se dejó tocar por Tomás.

Mi petición es que nuestra fe en lugar de someter a los demás refleje y dé testimonio de la liberación que Jesucristo trae al mundo.

Aproximación cognitiva

Por Jacques Poujol


Introducción

Como hemos visto en la primera parte, el abuso espiritual es un “maltrato espiritual inflingido a una persona”. Este maltrato tiene como consecuencia debilitar o incluso destruir a la persona y hacerla dependiente tanto psicológica como espiritualmente. La víctima del abuso espiritual necesita ayuda, ánimo, apoyo. ¿Qué es un abuso espiritual? ¿Por qué la víctima entra en un sistema abusivo y por qué se queda? ¿Cuáles son las dificultades que encuentra la víctima y cómo ayudarla a reconstruirse?

Se habla de abuso espiritual cuando un responsable aprovecha su posición de autoridad para controlar o dominar a otra persona. Esto se traduce a menudo por una violación de sus sentimientos, de su vida privada, de sus opiniones sin preocuparse de las consecuencias sobre la calidad de vida ni sobre su equilibrio psico-espiritual. Por ejemplo, el abusador no actúa más que teniendo en cuenta del bien de su grupo y de sus proyectos sin considerar las necesidades del individuo. Ahora bien como Jesús recordó, “El sabbat está hecho para el hombre y no el hombre para el sabbat”. (Mc 2:27). Cuando Jesús dijo eso, indicó que toda institución incluso religiosa, debe estar al servicio del hombre y no al contrario. Su posición provocó replanteamientos en sus discípulos que creían que el sabbat, institución divina estaba por encima de la persona humana. Así la Iglesia está “hecha” para ayudar al hombre a construirse y a vivir su relación con Dios; el hombre no está hecho para la Iglesia, incluso aunque participe de ella. Se habla también de abuso espiritual cuando una persona en situación de responsabilidad se sirve de otra para gestionar sus propias necesidades psicológicas o emocionales o las de la institución que representa.

En todos los casos, la espiritualidad es utilizada como medio que permite obtener de alguien una obediencia a ciertas “normas”. Algunos manipuladores espirituales no son conscientes del mal que hacen. No actúan con la intención de dañar a otros pero su comportamiento es claramente abusivo, el resultado es el mismo para la víctima. La constante de todo abuso espiritual es que la víctima se encuentra que es objeto de deseo del responsable y por tanto negada en su condición de sujeto que desea.

Conviene identificar y denunciar las situaciones de abusos espirituales pero no hay que confundir todo ejercicio de autoridad con un abuso. Ejercer una responsabilidad en el marco de un contrato relacional bien definido y claramente explicado, éticamente y clínicamente equilibrado no es ningún abuso. Por ejemplo, recordar a las personas implicadas en un contrato los términos del mismo no constituye un abuso espiritual, exhortar a los miembros de un grupo a respetar mejor ciertos ritos del grupo no es abuso, enseñar las exigencias éticas de la Biblia en el marco de una comunidad eclesial tampoco. Pedir a un responsable que abandone su puesto a causa de problemas emocionales, éticos o espirituales no gestionados, no es un comportamiento abusivo. Confrontar de manera adecuada a un cristiano con la cuestión del pecado no es un abuso.

¿De dónde vienen los abusos?

En el origen de un abuso espiritual suele haber dos raíces principales: las personalidades abusivas y los sistemas abusivos.


A. Las personalidades abusivas

Se identifican tres tipos de manipuladores, más o menos nefastos. Se diferencian por la intención que los mueve y no por los efectos que su comportamiento tiene en su entorno y en las víctimas.


El manipulador sobreprotector o “salvador”

Quiere hacerte el bien a pesar de ti mismo. Manipula a los demás en nombre de intenciones que son irreprochables según él. El fin justifica los medios en este caso, los medios sin embargo son poco recomendables. Esta actitud la encontramos en una cita de Rousseau: “le forzaremos a estar de acuerdo”. Es difícil determinar donde está la buena intención y donde comienza la manipulación. Por ejemplo, el responsable de una iglesia local quiere reclutar algunas personas de más en el equipo que se ocupa del acompañamiento de adolescentes y jóvenes. Invita a una pareja joven a su casa con la intención secreta de confiarles esa responsabilidad. Alrededor de una buena mesa y en un marco más íntimo les confía en tono de confidencia que conoce su gran valor, que le gustaría que se comprometieran más: luego como un paréntesis accidental, menciona que en ese momento hay una necesidad para la juventud a la que no sabe como responder. ¿No será quizás una posibilidad de servicio traída por Dios? Estas personas se encuentran en la trampa de una manipulación que se dice benévola. El manipulador no se preocupa del completo desarrollo de esas personas y privilegia el buen funcionamiento de la institución. Su manera de proceder consiste en no decirlo todo. Piensa que la gente a su alrededor no es capaz de comprender la verdad, y que hay que protegerla ocultando una parte.

Estos comportamientos manipuladores son problemáticos porque se construyen a partir del postulado de que el otro no es capaz de ser, de comprender y de escoger por sí mismo. Es siempre considerado como un menor. Démonos cuenta de que esta fue y es la actitud de la iglesia hacia las mujeres. Es necesario en ese caso que las víctimas aprendan a poner límites, a decir no, a afirmar que son personas capaces por sí mismas de saber lo que está bien o no, incluso si el manipulador piensa y cree que tiene una misión con ellas.

En realidad, las personas a las que el manipulador superprotector ayuda son su “muleta”: ellas le permiten compensar algunos de sus problemas. Su identidad personal se confunde a menudo con su función en la iglesia local. Es dependiente de ella y necesita este comportamiento abusivo para hacer frente a sus dificultades, a menudo sin darse cuenta.

Hay tres razones principales para ese tipo de manipulación:

  1. el que abusa tiene una mala imagen de sí mismo y una no comprensión de su vivencia emocional, a menudo como consecuencia de una herida de la infancia, tiene complejos.
  2. desconoce la psicología relacional (por ejemplo el fenómeno “transfer/contra-transfer”, las leyes de funcionamiento de un grupo.
  3. no tiene en cuenta sus necesidades y motivaciones inconscientes que disimula bajo motivos de valor espiritual. Por ejemplo, no dice que sufre la pérdida de su madre pero explica que tiene un ministerio de acogida y que le gusta estar rodeado para ayudar a los demás. En lugar de aceptar su necesidad de compañía para atravesar esa prueba, le da un barniz espiritual a la herida.


El egocéntrico

Aquí la manipulación es a beneficio del ego del responsable que sufre (él también) de un déficit de estima de sí. El egocéntrico se sirve de otros para nutrir su yo narcisista mal construido. Le falta reconocimiento desde su infancia y espera de otros gestos de atención para llenar esa carencia. Esto viene a reforzar, a nutrir su nefrosis y tranquilizar su ansiedad. Para ello se sirve de su poder, de su fama, de su imagen. Por supuesto nunca lo dice así. Pero la iglesia local es un lugar en el que las ocasiones de ser responsable le van a ofrecer un medio para calmar su herida. Olvida que nadie es capaz de dar a la edad adulta lo que le faltó en la infancia.

La consecuencia de esta manipulación narcisista es que crea a su alrededor como una corte, un entorno que le proporciona signos de reconocimiento. En contrapartida rechaza a los que no le “alimentan” o no lo suficiente organizándose para echarlos del sistema. No le gusta la competencia ni la sombra que le hacen otros. En el fondo, compensa su herida narcisista rodeándose de otros que desde ese momento no pueden existir para sí mismos en esa relación. Necesita funcionar así para vivir su patología. El abuso consiste aquí en que las personas de su entorno nunca son escuchadas ni tomadas en consideración por sí mismas sino para servir al egocéntrico.


El perverso narcisista

Es el más peligroso de los manipuladores, pero felizmente es el menos frecuente. Con él ya no estamos en el registro “personas difíciles” sino en el de personalidades difíciles. Marie France Hirigoyen califica a los perversos narcisistas de “psicóticos sin síntomas”. Incapaces de identificar y aceptar su propio sufrimiento, encuentran su equilibrio haciendo sufrir a los demás; como las sanguijuelas se nutren del sufrimiento que provocan en otros, de ahí su gran capacidad de hacer daño. Es un mundo paralelo que es difícil de comprender si no se ha recibido formación apropiada. No se debe confundir al perverso narcisista con el manipulador egocéntrico señalado antes: el manipulador egocéntrico conculca también las leyes relacionales, pero cuando es confrontado a la realidad de su comportamiento y de sus efectos, puede reconocer los hechos y cambiar de actitud. Este comportamiento es calificado de delincuente y no de perverso. El perverso es incapaz de cambiar. No es un problema espiritual ni de mala voluntad sino un problema de estructura profunda de personalidad.

El perverso narcisista a menudo es descrito así: es seductor, inteligente, egocéntrico, incapaz de empatía: muestra un gran sentimiento de grandeza y el deseo de obtener la admiración de los demás: envidia el éxito de sus víctimas y puede transformarse en paranoico. Es un manipulador espiritual y llega a darle la vuelta a sus responsabilidades haciendo que sus víctimas se sientan culpables y responsables de lo que pasa. Juega con la vergüenza, desvaloriza al otro, miente perfectamente, practica la desinformación y la confusión. El perverso narcisista no es supervisado, no da cuentas a nadie. Es alguien peligroso de quien hay que protegerse. Se puede identificar este tipo de personas con los “malos” de la Biblia. No son muy numerosos, pero existen.

La víctima de abuso espiritual puede confrontarse a uno de esos tres tipos de abusadores o encontrarse en un sistema abusivo. Del mismo modo, el abusador actúa solo o dentro de un sistema abusivo. En este caso, alguien que no tiene la personalidad abusadora pero que funciona dentro del grupo puede comportarse como tal.


B. Los sistemas abusivos

¿Cuáles son las características de este sistema? Hay ciertos puntos en común en todos:

  • Manipulación mental, esencialmente alrededor de promesas irrealizables (métodos de evangelización que prometen miles de conversiones, curaciones garantizadas, el despertar a nuestro alcance a condición de compromisos más intensos). Estas promesas se acompañan de un discurso culpabilizador y megalómano sobre el dinero como: “Da tal cantidad al Señor, él te lo devolverá 10 veces más…”
  • Discurso elitista: “Somos los mejores, los más legítimos, la élite de la nación…”
  • Monopolio de la verdad: “La única forma de comprender y vivir la Biblia es la nuestra.”
  • Presión para una ruptura con el entorno familiar (casi ausencia de tiempo libre para la familia a causa de mucha actividad en el seno de la iglesia local, sobre todo si el resto de la familia no es creyente) y con el entorno social. Se paran los estudios, presión para cambiar de trabajo o rechazar una promoción que obligaría a cambiar de comunidad religiosa. Estos puntos se equilibran con obras sociales que se muestran para probar que el grupo está “en” la sociedad.
  • Explotación financiera o explotación de la posición social de la persona.
  • Comunicación sin feed-back realista. Condena de todo espíritu crítico y retención de la información.
  • Manipulación ética: se pone el acento sobre una micro-ética (condena de detalles de comportamiento) para esconder la indiferencia macro-ética (ausencia de compromiso en la gestión de lo civil, protección del medioambiente….etc.)
  • Disciplina exagerada (vestimenta, castigo público, llevar un pañuelo)
  • Control de la sexualidad, prácticas forzadas o intromisión en la vida íntima de la gente, vida privada controlada (por ejemplo el director es a la vez médico y responsable espiritual, mezclando planos que deberían quedar distinguidos).
  • Autoidentificación con el grupo: se pide al individuo que encuentre toda su identidad en el grupo y en las relaciones con otros miembros del grupo: el “nosotros” sustituye al “yo”. Son los grupos que tienen miedo de la psicología y de las ciencias humanas que permiten a la gente comprender mejor su comportamiento.
  • Nominación a diversos puestos de responsabilidad, no en virtud de las personas sin en función de la fidelidad al jefe y al sistema.

¿Qué valores abusivos se presentan en un grupo sectario?

  • Obediencia y sumisión como verdades primeras. Son las dos virtudes que demuestran una santificación cierta. Está prohibido, casi como si fuera blasfemia hacerlo, cuestionar el funcionamiento de los responsables del grupo.
  • Dominio, control de las emociones y sentimientos del fiel: se le pide pensar lo que piensa el grupo y sentir lo que se le pide que sienta. Por ejemplo si todos los cantos de una reunión o de un oficio hablan de alegría, no hay lugar para otro sentimiento, es prácticamente obligado alegrarse porque el momento previsto para hacerlo.
  • Devoción: es virtuoso el que se entrega siempre a los demás, no se enfada, no contesta y aprueba lo que dicen los responsables.
  • Perdón “de saldo”: la persona es invitada a perdonar a los que la ofenden sin que estos se arrepientan, incluidos los responsables.
  • Lectura de la Biblia no “cristo-céntrica” sino “eclesio-céntrica”: no es Cristo el prisma por el que se interpreta las Escrituras sino el grupo cristiano, con sus normas, está en el centro de la lectura de la Biblia como intermediario exclusivo entre Dios y el fiel. El cristiano no escucha el texto sino al grupo que le indica cómo comprender el texto a su manera.

Los sistemas abusivos se articulan, de forma esquemática, alrededor de “escenarios”. Un “escenario” es un sistema de creencias que dan estructura al grupo y un modo de funcionamiento determinado. Es un “prêt a porter” colectivo, un proyecto global que da a cada uno su lugar, su función, una identidad. Por ejemplo, si una parroquia es una familia, hay quien tiene el papel de padre, madre, de niño… Un “escenario” tiene siempre una parte de verdad que hace que se adhiera a él. En este ejemplo familiar, hay una parte de verdad (Dios lleva el nombre del Padre, nosotros somos hijos adoptivos en Cristo) pero vivir toda la organización de un grupo cristiano según el esquema familiar es una interpretación excesiva de una metáfora teológica. Ahora bien, cuando el grupo funciona según el escenario, hay un problema mayor: la culpabilidad subyacente. En efecto, para retomar nuestro ejemplo de escenario “familiar”, ¿cuándo ocurre que la parroquia y cada miembro hacen lo suficiente para ser una buena familia? En cuanto algo no funciona, los responsables explican que es porque los miembros del grupo no están suficientemente conformes con las ideas y exigencias del “escenario familiar”. Por tanto cuanto más intentan los miembros conformarse con el escenario, más culpabilizados son y más se abre la puerta a los abusos.

El escenario no es evolutivo, no puede conocer el cambio fundamental. No es susceptible de readaptarse a sí mismo. Es fundamentalmente repetitivo e incluso si los actores cambian, el escenario permanece… de ahí la ilusión de que sea posible cambiarlo. Sin embargo, ocurre que un grupo cambia de escenario.

El escenario genera sus propias creencias que lo refuerzan en sí mismo. Se hace impermeable a toda crítica, funciona entonces en círculo cerrado. En resumen, un escenario es un eslogan sobre el cual y alrededor del cual se organiza todo el grupo. En el caso de un escenario de la familia, el eslogan podría ser “unidos en el amor alrededor del Padre”, con una fuerte ambigüedad entre el Padre celestial y el “padre” responsable del grupo.

Nos interesaremos en tres escenarios particularmente corrientes en los grupos abusivos. Los tres presentan la misma carencia: ponen el acento sólo en lo que une y en lo que hace parecido. Ahora bien una identidad equilibrada necesita de dos polos para construirse: diferencia y parecido. La identidad es en efecto constituida de dos elementos que se conjugan hasta el infinito, en qué me parezco y en qué me diferencio.

En un grupo disfuncional, la diferencia (de gustos, opiniones, experiencias, dones…) es negada, sólo se valora el parecido. Se busca la unidad a todo coste, sin que haya lugar para la especificidad de cada cual. Reina la confusión entre la unidad del Espíritu, que es, y la unidad de la fe, que se construye. Las diferencias y parecidos deben ser tenidas en cuenta en el seno de la Iglesia con el fin de trabajar juntos eficazmente, lo que no es el caso en un grupo abusivo.


¿Cuáles son los tres escenarios?

“¡Esto es la guerra!”

La iglesia local se vive como un ejército en marcha constantemente en guerra contra el mundo y sus valores, su moral. Toda la vida de la comunidad es vista y se articula en función de un estado de ánimo: locales, discursos, cantos, música, ofrenda… La palabra clave es movilización permanente. La creatividad o el recreo están ausentes, no hay tiempo para ello. Las relaciones internas son descuidadas y se cuidan las relaciones hacia el exterior. En efecto, la comunicación entre los miembros del grupo es muy pobre y se vive en función de objetivos de guerra. Por ejemplo, hay poco interés por la pena que alguien sufre a la muerte de su padre, pero mucho interés por la manera como esa persona va a dar testimonio en el entierro. Los problemas personales se ven como una debilidad del cuerpo en general y no se tienen en cuenta. Los conflictos o las reivindicaciones de su diferencia son vividos como alta traición: la persona en el origen del conflicto se convierte en enemigo del interior. Las nominaciones a los cargos se hacen según el principio de Peter: no es la competencia sino el lazo de fidelidad al responsable del grupo que crea una jerarquía que no se cuestiona a sí misma, colocando personas poco competentes. La unidad se hace alrededor del proyecto, de las conquistas, de victorias obligatorias, lo que abre las puertas a manipulaciones de toda clase (dinero, estadísticas, pseudo-milagros, experiencia de la iglesia...) Si las victorias no están a la altura de los discursos, el recurso a la culpabilidad debe removilizar la tropa.


La corte de Versailles

Este escenario despliega todo el decorado del rey Luis XIV, el Rey Sol. Dos expresiones resumen el reino despótico y fastuoso de este soberano: “El Estado soy yo” y “un rey, una nación, una fe”. En este funcionamiento lo más importante es lo que hace y piensa el rey: el rey predica, el rey profetiza, el rey piensa, el rey decide, en resumen, todo se articula alrededor de una transferencia “real” en los dos sentidos de la palabra. La organización está calcada de la corte de Versalles con nobleza, relaciones feudales, el pueblo. Están los que pertenecen a la corte y los exiliados del reino, castigados en presencia del rey. Este funcionamiento cortesano se reproduce en todas las actividades, en todos los niveles, hasta en la vida privada. La información es destilada de manera condescendiente. Las nominaciones se hacen por herencia (Reina Madre, Delfín….) y por feudalismo. La iglesia local es patriarcal, no hay democracia ninguna: el rey tiene poder por derecho divino, es imposible oponerse a él, porque hacerlo sería oponerse a Dios, a su Ungido. Los conflictos no están permitidos, sería un crimen de lesa majestad. Se puede consultar al pueblo a través de “cuadernos de quejas”. La talla y la belleza del edificio reflejan la grandeza del rey (“por la gloria de Dios”). En tal sistema, no se puede más que ser súbdito del rey y no de sí mismo.


Los antiguos combatientes

En esta configuración, el pasado se valora más que el presente, en él está todo lo que hay que hacer: métodos de trabajo, de evangelización, hombres ilustres (“de los comienzos”), sus principios de vida. Se habla mucho del regresos a los buenos viejos tiempos, a la edad de oro mítica, la de los grandes héroes de la fe Calvino, Wesley, Booth, o de los fundadores de órdenes religiosas. Lo que fue es lo que debe ser. En este escenario, los mitos (creencias erróneas enraizadas) son muy fuertes. Se dice que “el pasado era duro, pero había dedicación mientras que ahora…” La gran pregunta: ¿Seremos dignos herederos? El sentimiento que domina es el de guardianes del templo, nutridos por una lectura negativa del mundo y de las mutaciones de la sociedad. Todo cambio propuesto en el funcionamiento del grupo, en el escenario se siente como si se dejara entrar “el espíritu del mundo”. Los locales están hechos según esa imagen, también los cantos y las oraciones. Las nominaciones a las diversas responsabilidades son a menudo borrosas y deben en todo caso referirse a los padres fundadores.

Un grupo regido según uno de estos tres escenarios genera abusos.

Grupo disfuncional:

 


En esta perspectiva la comunidad se presenta como intermediario necesario entre Dios y yo. Mi relación con él pasa a la fuerza por el grupo. Es lo que llamamos una lectura y un funcionamiento “eclesiocéntricos”.

Grupo equilibrado:

 


Aquí el grupo y sus responsables no son los mediadores forzosos entre Dios y la persona como en el primer esquema. El cristiano funciona en el seno de una organización triangular que implica una relación entre Dios y él, entre los responsables y él y también entre Dios y los responsables. Así el grupo permite a los cristianos vivir su fe en seguridad conservando su creatividad. Este funcionamiento permite respetar las dos necesidades fundamentales del ser humano, la seguridad y la creatividad. La creatividad corresponde a la libertad de ser uno mismo estando en relación con otros. La seguridad concierne a los ámbitos físico, psicológico, espiritual, persona y colectivamente. Una comunidad equilibrada se ocupa tanto de la seguridad como de la creatividad de sus miembros.

¿Por qué la víctima entra en un sistema abusivo y se queda?

La comprensión del mecanismo de integración en el grupo abusivo es muy importante para identificar el abuso y superarlo. El esquema de aquí abajo permite comprender mejor cómo la víctima de un abuso entra en un sistema disfuncional o en relación con un manipulador o con los dos. Esta etapa se parece a una trampa, como un cebo.


 


El cebo es la necesidad que la persona siente, por ejemplo, una necesidad de protección frente al sufrimiento; en el grupo se le propone una solución que en un primer tiempo parece responder a esa necesidad. En un segundo momento, esta solución es el problema que impide salir de la trampa. Por ejemplo la protección que se busca tanto está en realidad asegurada por una doctrina tajante, atosigante (mentalidad sin matices en blanco y negro, división del mundo entero en buenos y malos). Al principio, la persona se siente segura, está al lado de los buenos, pero cuando quiera evolucionar, crecer y salir de ese medio, la propia doctrina se lo impedirá.

La víctima no tiene por sí misma culpa de tener necesidades o heridas. El mensaje bíblico habla a favor de una solicitud hacia los que están en la desgracia, los heridos de la vida tanto en el plano físico como emocional. El culpable en este proceso es el grupo disfuncional que a partir de esta debilidad aprisiona a la persona en la trampa.

Esto explica la entrada de la persona en el sistema. Pero ¿Por qué la víctima se queda una vez que ha descubierto la realidad?


 


1. Un cebo que asegura resolver el problema
La persona adhiere al sistema que le parece va a solucionar su problema. No ve el sistema como tal, no ve nada negativo, ningún clima abusivo: no ve más que la respuesta a su dificultad. Lo acepta todo, en nombre de la eficacia de la solución que se le propone. En los hechos hay un principio de respuesta al sufrimiento.
2. Actos abusivos
La persona es víctima rápidamente de actos abusivos, se le impone obediencia ciega, una enseñanza estricta acompañada de fuerte culpabilización. Los valores y las características ya mencionadas antes se manifiestan implacables. A menudo hay una transferencia de responsabilidad del manipulador sobre la víctima. Por su discurso y actos, se arregla para hacer creer que actúa así a causa del comportamiento de la víctima. Se le dice que no es lo suficientemente entregada o sumisa.
3. El conflicto interior de la víctima
Se siente entre dos frentes, por un lado su necesidad de ser fiel a sí misma y por otro, su deseo de agradar a Dios. Ahora bien el grupo le inculca que agradar a Dios pasa por la obediencia a los responsables y a una adhesión sin fallo a las reglas y valores del grupo. Además, es frecuente que la enseñanza del grupo desvalorice esa necesidad fundamental de ser uno mismo diciendo que es un pecado de egoísmo. Esta tensión entre ganas de ser uno mismo y ser sujeto y el clima abusivo crea un conflicto personal. En esta etapa la persona abusada es susceptible de convertirse ella misma en abusadora, por el simple hecho de que reproduce el sistema en el que está.
4. Resurgimiento asegurador
La persona comunica su conflicto interior queriendo o sin darse cuenta, los responsables lo saben. Y le dicen que se dan por enterados y que reflexionarán sobre una reforma posible en el sistema: “Tiene usted razón, a nuestra parroquia le falta apertura, o enseñanza de calidad o delegación, pensaremos cuidadosamente en cambiar este estado de cosas.” Es el tiempo de la pseudo-escucha y de las pseudo-explicaciones para justificar las situaciones anormales que la persona denuncia, por ejemplo: “no hay nadie para hacerlo, por eso lo hago yo…” La víctima cree ese discurso almibarado y esas promesas hipócritas. Acepta de nuevo el funcionamiento del sistema, animada por la esperanza de que los responsables han escuchado sus quejas y que las cosas cambiarán. Ella, por su lado, cree sinceramente en el cambio, cree firmemente y tiene la impresión de constatar signos que prometen un nuevo punto de partida. Además las creencias, construidas y consolidadas desde que está en el sistema la incitan a quedarse.
5. La vuelta al antiguo sistema
El grupo, que por supuesto no ha cambiado ni una coma, refuerza la transferencia de responsabilidad: si el grupo tiene un problema, no es por fallo del sistema, sino de la persona que se ha quejado. De nuevo, de manera todavía más culpabilizadora se le dice: “De hecho todo esto es por tu culpa, no estás suficientemente entregado.” La víctima siente una profunda vergüenza y miedo al rechazo. Se queda en el grupo.

Este círculo con sus cinco fases, es recorrido varias veces, y cada vez los efectos de las distintas etapas se acentúan. Es posible ayudar a la persona cuando está en el punto 3, en el momento de su conflicto interior. En ese punto se le puede proponer una salida eventual. Es el único momento en que la salida es posible. Además la salida de un grupo abusivo raramente se hace la primera vez. A menudo es necesario que la persona haya vivido el ciclo varias veces para ser capaz de dejar el grupo. Esto no significa que la víctima de un grupo abusivo no tenga que desanimarse ni autoinculparse si no puede salir del sistema la primera vez.

Volvamos sobre los factores que desaniman a la víctima a abandonar un grupo abusivo y por los que continúa dejándose abusar:

  • La víctima tiene miedo de equivocarse si decide marchar. Teme que irse constituya una desobediencia a Dios. El miedo se refuerza por la enseñanza inculcada en el grupo, “aquí está la verdad”. Tiene miedo también de perder sus relaciones amistosas en el seno de la iglesia local pues ha visto como se trata a los que se van y con quienes se rompió todo contacto. Por otra parte, no sabe crear relaciones nuevas, ha roto más o menos los contactos exteriores con el grupo y teme encontrarse sola.
  • Teme el conflicto, percibido en los grupos disfuncionales como diabólico y egoísta.
  • Cree que tiene los medios para hacer evolucionar el sistema, que las cosas van a mejorar, que la reforma es posible.
  • No es verdaderamente halagador reconocer que han abusado de la confianza de uno. El sentimiento de vergüenza, de humillación, paraliza a la víctima. Se pregunta si es normal o si quizás, no es ella la causa del problema… sobre todo si la responsabilidad del problema le es imputada.
  • La víctima conoce mal los mecanismos del sistema abusivo y no comprende dónde está.

Los responsables de la comunidad abusiva utilizan a menudo cinco lemas para impedir a la gente la salida, aniquilar la crítica y culpabilizar a las víctimas. Son mensajes que se apoyan sobre extractos bíblicos falsamente interpretados. Los utilizan fuera de contexto y los atribuyen sin escrúpulo al contexto de la situación de las víctimas. Constituyen un contrasentido evidente:

  • “No toquéis al Ungido del Eterno”, se utiliza como prohibición de contradecir o de dudar de los responsables, o incluso de preguntar.
  • “No abandonéis la asamblea” se usa para criticar a los que se van, para movilizar más la asistencia a las reuniones, para impedir hablar con otros cristianos o para desanimar la participación en otro grupo.
  • “No juzguéis y no seréis juzgados… ¿Quién eres tú que juzgas?” cortocircuita todo espíritu crítico o simple cuestionamiento o denuncia de actos reprensibles.
  • “Perdonad”: todos los pasajes bíblicos sobre el perdón son releídos en la óptica de perdonar a los responsables abusivos sin que se arrepientan ni cambien de actitud.
  • “Sed sumisos”: los responsables tienen razón a la fuerza, la sumisión es la única actitud que Dios desea para los fieles, sobre todo para las mujeres.

Este uso abusivo de la Biblia mantiene a las víctimas en la trampa, en el seno del grupo.

Las dificultades más corrientes de las víctimas

Son estas:

  • La negativa, al principio no se es consciente de ser víctima de abusos. Si alguien desde fuera le indica las disfunciones del grupo, no lo acepta, responde con argumentos enlatados. Cree firmemente que es libre de abandonar el grupo cuando quiere y que las cosas están cambiando.
  • La obediencia ciega a la autoridad: vive en un estado de sumisión absoluta a la autoridad analizado por Stanley Milgram. Según sus experimentos en psicología social la mayoría de la gente hace lo que se le manda sin tener en cuenta la naturaleza de lo que se les manda desde el momento en que la orden viene de una autoridad legítima. Es lo mismo para la víctima del grupo abusivo, la autoridad no se puede equivocar, obedece incluso en caso de conflicto de conciencia.
  • La ambivalencia: la violencia espiritual que la persona sufre se puso en práctica muy progresivamente y al principio con su acuerdo y para su “felicidad”. Entró voluntariamente en la ratonera. La persona ciega sufre por tanto un sentimiento de ambivalencia en su discernimiento. No puede separar entre lo que se recibe del grupo que le hace bien y los efectos nocivos del funcionamiento del mismo grupo que la destruye.
  • La ansiedad: sufre ansiedad pensando en la ruptura y en la salida. Tiene miedo de vivir la responsabilidad del fracaso. Prefiere esperar a que la echen.

Estas características tienen consecuencias graves sobre las víctimas de abuso:

  • Mala autoimagen, identidad deformada, ligada a una vida espiritual construida sobre la culpabilidad, la vergüenza y la negación de los deseos personales.
  • Mala imagen de Dios: la víctima lo percibe como un Ser exigente, imprevisible, nunca satisfecho, que fija objetivos inaccesibles, severo, dispuesto a castigar y humillar funcionando con el modelo “te doy para que des”. Cree que el Espíritu se retira con el mínimo pecado como una señal de alarma espiritual que se dispara en cuanto hay un mínimo mal pensamiento. Por lo mismo, está convencida de que el diablo está siempre al acecho para aprovechar cualquier asomo de debilidad e invadir. El cristiano abusado duda de que Dios sea su abogado, lo ve más bien como acusador.
  • Obsesión por el cumplimiento religioso de ciertas oraciones, ayunos, limosnas, presencia en reuniones… La víctima busca trucos para que Dios se mueva. Si no se mueve, si no escucha, es que le falta fe. Su temor mayor es disgustar a Dios.
  • Amalgama entre Dios e iglesia local, entre el discurso de los directores y la voluntad de Dios.
  • Dificultad en poner límites, en decir No sin sentirse culpable. La víctima ha aprendido a no poner límites porque debe renunciar a sí misma.
  • Dificultad en confiar: la desconfianza gana a la vigilancia.
  • Falta de comprensión o ignorancia de los textos bíblicos, en particular de los que describen nuestra identidad en el marco de la alianza.
  • Confusión entre la buena culpabilidad, ligada a la transgresión de un mandamiento divino y la vergüenza. Esta culpabilidad es un indicador útil para señalar que tenemos un mal comportamiento. Al contrario la vergüenza constituye una acusación de nuestra propia persona. En un grupo abusivo, la víctima tiene vergüenza, incluso si no ha hecho nada malo. La vergüenza se convierte en la base de su conducta.

En resumen, la fe de esa persona es tóxica, actúa como un veneno que le intoxica cada día en las diferentes facetas de su vida.

¿Cómo ayudar a las víctimas?

El proceso de reconstrucción después de un abuso es difícil de cumplir en soledad. La persona que ha sido víctima de abuso espiritual tiene a menudo necesidad de ser ayudada para recuperar la seguridad. Para estar en condiciones de comprender a las personas que han sufrido o sufren abusos, hay que comprender primero el funcionamiento del abuso ya descrito. No es necesario haberlo vivido pero es importante conocer los mecanismos.


Toma de conciencia

¿Cuál es el principio de base para ayudar a la víctima? La orientación del trabajo de acompañamiento (la hipótesis clínica) es que el abuso espiritual constituye una fractura del pensamiento de la persona que es víctima. No puede haber reparación, restauración sin toma de conciencia de esa fractura por la víctima, seguida de un trabajo cognitivo (a nivel de pensamiento y creencias) para comprender esta fractura.

Precisemos que esa etapa es verdaderamente difícil para la víctima. Es doloroso reconocer que se ha abusado de uno a causa de la vergüenza, cólera y desprecio que se siente. Cada vez que el abusado intenta trabajar sobre sí mismo tiene la impresión de pagar otra vez el hecho de que se haya abusado de él. Tiene la impresión de revivir lo que pasó cuando en realidad le gustaría olvidarlo.

El acompañamiento comienza por esa toma de conciencia. Curar los efectos negativos de los abusos en la vida de la persona no sirve para nada mientras ella misma no se da cuenta de que está en un sistema abusivo. Hablar de sufrimiento no le sirve a la víctima. Admitir el abuso marca el principio de la liberación. Tiene que conseguir decir: “Ninguna debilidad justifica que se abuse de mí.”

Cuando hay esa toma de conciencia, hay que tener cuidado en no dar respuestas hechas a sus preguntas (por qué Dios ha permitido esto, por qué la maldad de esa gente, sin embargo se van a salvar…), respuestas que sean prefabricadas, frases hechas que ahorran el pensar. Ahora bien, la persona tiende a esperar un comportamiento abusivo, autoritario. Incluso está tentada de meterse en otro grupo abusivo. Al acompañante espiritual le pide respuestas hechas, decisiones tomadas en su lugar. No hay que ceder a esta facilidad sino permitirle hacer un trabajo cognitivo con el fin de renovar su forma de pensar. Ha sufrido fuertes manipulaciones mentales, necesita encontrarse y reconstruirse.


El trabajo de reconstrucción

Con la toma de conciencia de haber sufrido un abuso, la víctima tiene que trabajar al nivel de las falsas creencias. Hay que explicarle el sistema abusivo, porqué y cómo entró y porqué se quedó. Estos son los esquemas anteriormente descritos. En esa etapa debe reencontrarse con los sentimientos que hubiera debido experimentar en el momento del abuso pero que hubo de reprimir. El principal es el de cólera. Hasta ahora la ha rechazado y negado, por lo que tiene un sentimiento de vergüenza, porque la vergüenza y la cólera son contrarias.

Las diferentes etapas hacia el bienestar son:

  • Decidir volver a vivir,
  • Atravesar el dolor emocional.
  • Gestionar la culpabilidad,
  • No vivir más en la desconfianza sino en la vigilancia,
  • No huir más de los propios deseos y necesidades.
  • Atreverse a ser uno mismo y poner límites.
  • Reconstruir una imagen positiva de Dios basada en la alianza.

En resumen, es importante ayudar a la víctima a expresar los puntos siguientes a propósito de la herida que se vivió:

  • Esto es lo que sentí y nunca dije ni viví en su momento, lo que rechacé y que ahora quiero vivir y sentir.
  • Esto es lo que produjo el abuso espiritual en mi vida de pareja, de familia, social…
  • Esto es lo que me gustaría decir a los responsables de ese grupo y que reconocieran hoy. El perdón es con esa condición.

La víctima debe ser consciente de que es raro que los que abusan se arrepientan y reconozcan sus equivocaciones. Este reconocimiento implicaría una salida del sistema de los responsables. Sin embargo, la víctima debe pasar por esta etapa, debe enunciar lo que le gustaría oír pues eso le permite ceder y poner ese problema en manos de Dios que es quien juzga justamente.

A lo largo del proceso de acompañamiento de la víctima es también necesario que consiga hacer suyas las siguientes declaraciones:

  • Fui víctima de un abuso espiritual, esto es un crimen contra mi persona, incluso si entré voluntariamente en el grupo.
  • No soy responsable de este abuso, a pesar de lo que haya vivido de positivo en ese grupo o con tal persona.
  • Los perjuicios que he sufrido interaccionan unos con otros: lo espiritual con lo emocional y lo psicopatológico, todo tiene un efecto devastador múltiple.
  • No debo cubrir mi pasado con el olvido, la vergüenza o el secreto. Debo hacerle frente para sentirme mejor.
  • No soy responsable del futuro del sistema del que salí. Dios no reprocha a las personas su ignorancia. No puedo ser responsable del mal que cometí cuando estaba en el sistema abusivo. Sin embargo, puedo reconocer sus efectos sobre la gente y asumir las consecuencias.


Aprender a salir de un sistema abusivo

La víctima debe renunciar a intentar cambiar el grupo y debe protegerse abandonándolo. No es posible hacer evolucionar un sistema abusivo. En efecto, existen tres posibles actitudes frente a un grupo así, resumido en la regla de las tres R:

  • Revuelta
  • Reforma
  • Revolución

La revuelta de la víctima es justa y tiene base. Sin embargo debe comprender que la reforma no es posible. Si no se convence de ello sigue prisionera de sus creencias incluso aunque se aleje físicamente del grupo. De hecho necesita una revolución en el sentido copernicano, hacer su revolución, es decir, salir del sistema.

Cuando la persona abandona, es el momento de recordarle que no es responsable de los que se quedan, aunque puede rezar por ellos. No tiene vocación de salvar a la gente del sistema, lo primero que debe hacer es protegerse: De hecho, al principio, es preferible que se considere convaleciente. No debe sobreestimar sus capacidades, es frágil.

Si piensa que es indispensable encontrarse con los responsables del grupo abusivo más vale que lo haga acompañada. Este encuentro debe tener lugar por petición suya y con condiciones. No tiene como objeto ser un ajuste de cuentas sino un momento en el que la víctima expresa su sufrimiento, por no haber sido escuchada y comprendida, por haber sido objeto de abuso. En realidad lo que cuenta para ella es la justicia, no buscar hacer justicia sino trabajar por la justicia. No se trata de un encuentro de reconciliación o de petición de perdón por su parte puesto que es víctima y no culpable. El perdón representa una etapa ulterior posible, si los responsables del abuso reconocen sus equivocaciones con ella. Este encuentro podría permitir soltar la presa y seguir serenamente hacia delante.

Conclusión

Parafraseando a Martin Luther King, preguntémonos si el silencio y la indiferencia de numerosas iglesias frente a los abusos espirituales no son tan chocantes como el comportamiento de los que abusan.

Más allá de la cuestión de los abusos espirituales, más allá de los sufrimientos personales de las víctimas, son cuestiones más generales las que se le plantean a la Iglesia.

  • ¿Cómo establecer relaciones que al tiempo que respetan al individuo mantienen la comunión fraterna?
  • ¿Cómo ser uno y plural?
  • ¿Cómo seguir un objetivo común siendo uno mismo?
  • ¿Cómo ser vigilante sin ser desconfiado?
  • ¿Cómo hacer una lectura de la Biblia equilibrada y adaptada a cada etapa de la vida espiritual?
  • ¿Cómo enriquecernos no a pesar de nuestras diferencias sino gracias a ellas?

Ante estos interrogantes, dejémonos interpelar por las palabras de Jesús al principio de su ministerio:

El Espíritu del Señor está sobre mí porque me ha dado la ocasión de anunciar la buena nueva a los pobres.
Me ha enviado para proclamar a los cautivos la liberación
Y a los ciegos la vista,
A liberar a los oprimidos y a proclamar un año de gracia del Señor.
Lc, 4:18.19