Se puede hacer algo?

From Opus-Info
Jump to navigation Jump to search

Por Ramón, 20.03.2009


Recientemente se han publicado dos escritos interesantes:

  • Mª Angustias Moreno, animándonos a pensar que sí se pueden cambiar las cosas.
  • E.B.E., estableciendo paralelismos entre el Opus Dei y la crisis actual de los Legionarios.

Por mi parte, creo que en la situación actual de la Iglesia Católica, con la Jerarquía, y sobre todo con el Papa que tenemos, poco o nada se puede esperar...

  1. El reciente levantamiento de la excomunión a los Lefevrianos, sin que se hayan movido un ápice de sus posturas, refuerza esta impresión.
  2. El manejo del caso Maciel sigue los esquemas usados con los curas pederastas de USA: no admitir las denuncias, y cuando éstas estallan, pasar de puntillas, sin que el agresor reciba el peso de la ley.

El escándalo actual con los Legionarios es una muestra de la hipocresía con que se tratan estos temas. A mí que Maciel tuviera hijos me da igual. ¿Qué tener un hijo y a la vez voto de castidad, y ser tan carca, es una hipocresía? Claro, pero por lo menos en este caso no se ha maltratado a nadie. Me llama la atención que se arme escándalo por algo tan natural como tener hijos. Tener un hijo: eso sí que es gordo, y no los abusos sexuales. Eso sí que es trascendente, y no que las víctimas hayan sido silenciadas.

En mi opinión, el problema es que en la Iglesia católica no existe voluntad de acabar con las causas de raíz, tan sólo de pasar página como mejor se pueda, sin que eso suponga reconocer el daño y sobre todo abolir los mecanismos que lo han causado o facilitado.

Se parte de una errónea concepción del pecado, separando el mal moral del daño a las personas, como si éste fuera una consecuencia indeseada de la actuación de unos seres descarriados. No se acepta que en una institución tenida por buena puedan hacerse, por sistema, cosas que violan los derechos humanos. En el fondo, lo que importa, es mantener el prestigio de la institución (de la Iglesia en su conjunto y de la Obra o la Legión en particular), que no haya “escándalo público”.

Así se explica que las denuncias queden silenciadas, que las auditorias se detengan, el seguir como si nada. Pero no: nada sucede por casualidad, y menos en la Iglesia Católica.

Con estas premisas, es lógico que abunde el secretismo, la negación, y lo que para mí es más grave y escandaloso, el batallar en los tribunales contra las víctimas. Porque no lo olvidemos: en los casos de pederastia se luchó en los tribunales contra ellas hasta la extenuación, cuando se sabía que tenían razón.

Por tanto, para la institución basta con imponer una penitencia, más o menos gravosa, a los pecadores para dar todo por concluido. A Maciel el Papa le condenó a “una vida de penitencia” y oración. El obispo que permitió los casos de pederastia fue trasladado a Roma. No se entró en la mentalidad y culturas que permiten esos abusos, no se tocó la estructura de pecado, por decirlo de alguna forma. No se llevó a los tribunales a ningún violador. Se dirá que en el caso Opus no hay abusos des esas características, pero siempre sin escuchar a los denunciantes sobre lo que han tenido que sufrir en sus carnes. Parece que tiene que sólo los abusos escabrosos merecen investigación y compasión.

Aunque lo he dicho muchas veces, lo repito: no ha habido tanto respeto con los curas obreros, con la teología de la liberación, ni lo hay ahora con los biblistas como Pagola. Esas “desviaciones” han sido erradicadas o llevadas a la mínima expresión. El Vaticano tiene medios sobrados para llevar a cabo cualquier acción punitiva. Pero eso se guarda para sólo algunos. Saben, en el fondo, que el rebaño callará y otorgará.

Para qué engañarnos: tanto el Opus como los Legionarios producen curas en grandes cantidades. Curas que mantienen las posiciones más dogmáticas y conservadoras. Eso, en nuestra Iglesia, es un aval más que suficiente. No nos engañemos: el Concilio quedó liquidado, y en su derribo ambas instituciones han tenido un papel brillante. Y si encima, sus aportaciones económicas a Roma son sustanciosas: miel sobre hojuelas. La jerarquía piensa – y con ella casi todo el pueblo – que el Opus y los Legionarios son buena gente, que hacen cosas buenas. Las críticas son cosa de cuatro resentidos.

EBE dice que, para algún cardenal, el problema no está tanto en la ortodoxia sino en el desprecio a la dignidad de la persona. ¡Qué curioso! No existen desviaciones doctrinales, todo lo contrario, en ambas instituciones: son ortodoxas. Ahora bien, ¿cómo cuadra para la Jerarquía la ortodoxia con las violaciones? EBE habla de la estirpe. El evangelio habla del árbol malo, que no puede dar fruto bueno.

Claro que la gran mayoría de los miembros del Opus y los Legionarios es gente normal y buena. Ellos se unen para ser mejores. Se unen nada menos que para ser fieles a Cristo. Es difícil que el mal prevalezca hasta ese extremo. Pero debemos ver más hacia el núcleo de las cosas. Porque resulta difícil de entender que una institución que se funda deliberadamente en la intransigencia, desvergüenza y coacción pueda necesitar algo más que una refundación o un maquillaje de formas de trabajo. Que es a lo máximo que llegaría una visita ad limina.

La mayoría de los miembros del Opus, y sus víctimas del Opus, es gente que se cree lo que le dice la Iglesia. Gente que busca seguridad, estabilidad y la espiritualidad de toda la vida. Si la Iglesia buscara una fe más adulta, crítica, participativa, dialogante, sería mucho más difícil que todo esto sucediera. Si se entendiera que todos somos iguales por el bautismo, y no hay categorías superiores, estaríamos más a salvo. Si el cura fuera un servidor de la comunidad, no una especie de oráculo (“háblalo con el sacerdote”) su tarea sería mucho más enriquecedora para todos. Si la jerarquía se basara en el servicio, tendría autoridad y no poder. Si el pueblo entendiera que el Concilio supuso un gran soplo de aire puro, y siguiera sus directrices, esos lobos entre corderos no lo tendrían tan fácil.

Pero nada de eso sucede: es más, los indicios son todo lo descorazonadores que se pueda esperar. Los siendo, Mª Angustias, lo siento, EBE, pero los tiempos no están para la lírica.



Original