Profundamente escandalizado

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Por La otra orilla, 1.05.2015


Hace unos días, preparando un trabajo sobre peregrinaciones a Tierra Santa entré a la web a buscar información y para mi sorpresa me encontré nada menos que con senda página web de Saxum Conference Center y me quedé asustado, sorprendido y sobre todo escandalizado por la magnitud del proyecto y pensé lo siguiente: el fundador decía que cuando presentaron la obra en Roma les dijeron que llegaba con 100 años de anticipación. Al ver este proyecto pensé: ahora llegan con dos mil años de retraso con estos edificios tan lujosos y ostentosos, cuando la Iglesia ahora nos habla de pobreza auténtica y verdadero servicio a los necesitados. Cuando en realidad en Tierra Santa hay gente que lleva siglos trabajando, los franciscanos por lo menos llevan 8 siglos, y ahora llegan los del opus diciendo que acaban de descubrir el “hilo negro”. También hay que decir que no se podían quedar atrás después del proyecto de Magdala Center, construido por “los de ahora” como les llamaba el Beato Alvaro a los Legionarios de Cristo distinguiéndolos de “los de siempre”, los jesuitas.. Otro proyecto ambicioso y carísimo también...

Tuve la oportunidad hace unos meses de hablar con uno de los promotores de Saxum y le comentaba que se hablaba que este proyecto costaría 30 millones de dólares. Mirándome fijamente me dijo: te equivocas, este proyecto costará 100 millones de dólares si no es que más. En ese momento al oír esta cifra estratosférica comenzó en mi mente la danza de los millones y casi me vuelvo loco al ver la cantidad de gente pobre y “homeless” que circulan alrededor de mi trabajo diariamente y eso que vivo en el “primer mundo…”. En ese momento me vinieron a mi mente unas palabras del Papa Francisco en una entrevista reciente concedida a la periodista Valentina Alazraki de la cadena mexicana Televisa. Decía el Papa, (lo copio todo porque creo que aclara y orienta mucho):

“Lo que yo ataco siempre es la seguridad en la riqueza. No pongas tu seguridad ahí. En el Evangelio Jesús en eso es radical. El que tenía los graneros, y te vas a hacer otro, y mañana te vas a morir. Es muy claro, ¿no? No pongas tu esperanza ahí. La injusticia de las riquezas. Por ejemplo, cuando no se paga el sueldo justo. Es un pecado mortal. Eso es aprovecharse de la pobreza de otro. O como cuando a la mucama de la casa se le paga en negro, total es una sirvienta. Pero, ¿por qué? Pero no porque la patrona o el patrón sea rico, sino por esa actitud. El dinero siempre es traicionero. El diablo entra por el bolsillo. Siempre. San Ignacio decía que había tres escaleritas, tres escalones.
El primero es la riqueza. El diablo te mete la plata en el bolsillo. Segundo es la vanidad y tercero es el orgullo y la soberbia. Y de ahí a todos los demás pecados. Cuando vos llegás a ese nivel de orgullo sos capaz de cualquier cosa. Lo hemos visto en los dictadores, los tiranos, los que se aprovechan de los demás, los explotadores, ¿no? Es decir, hoy día la trata de personas, la lleva gente con mucho dinero. Esos son los que yo ataco. El dinero que esclaviza a otros o no los deja crecer. O sirve para engordarse a sí mismo, como el Evangelio de ayer, ¿no? Del que vive ignorando que hay pobreza.
Una cosa que a mí me escandaliza, me escandalizaba en Buenos Aires, es la nueva zona de Puerto Madero, ¿no? Que es preciosa, todo ganado al río, por un lado esos edificios enormes, treinta y seis restaurantes, si usted va a cenar le cortan la cabeza, ¿no? Porque le hacen pagar… y después la villa miseria. Esas son las cosas que, el despilfarro de dinero, ¿no? Eso desde el punto de vista social. Y mi denuncia desde el punto de vista social es siempre a eso.
Pero lo que más me indigna es el salario injusto. Porque uno se enriquece a costa de la dignidad no dada a la persona. Lo que te da dignidad de trabajo y vos usás el trabajo para hacerlo indigno porque le pagás, o no le pagás la pensión. Y con tranquilidad de conciencia. Yo diría no pagar lo justo, no pagar la pensión, no pagar el aguinaldo, ¡es pecado! ¡Es pecado! Y lo haga un rico, o lo haga un clase media o lo haga un pobre, es pecado. Esa cosa la tenemos que decir. El diablo, como repite, se mete en nuestra vida, metiéndonos plata en el bolsillo. No lo digo yo.
Yo lo repito. Pero los Padres de la Iglesia, al dinero, lo llamaban la caca del diablo. O sea el estiércol del diablo, ¿no? ¿Por qué? Porque veían ahí algo que echaba a perder, que ensuciaba, que te llevaba por el mal camino, ¿no? Es el primer paso, como decía San Ignacio, para la suficiencia, para la vanidad y para el orgullo, ¿no? Bueno esa es como una visión sociológica. ¿Uno es comunista porque piensa así? No.
Paso al segundo paso. Los pobres están en el centro del Evangelio. Cuando Jesús se presenta toma las palabras de Isaías: Yo fui enviado para evangelizar a los pobres. Los pobres tienen una riqueza que, las personas que tenemos mucha seguridad, y yo me incluyo entre los ricos entre comillas, porque a mí no me falta nada. Y tengo que andar cuidándome de no aprovecharme de eso, para no pecar. Una riqueza que no tenemos. La persona pobre honesta tiene una sabiduría, la dignidad del trabajo, de cuidar a sus hijos, cuidar a la creía, como decimos en Argentina, es algo tan lindo, tan lindo. Como una dignidad.
Y Pablo VI, en la Evangelii nuntiandi, decía, número 46 o 48, no recuerdo, dice que los pobres son más capaces de entender ciertas virtudes cristianas. Están más preparados, ¿no? Están mucho más preparados. Y la pobreza está en el centro del Evangelio. La bandera de la pobreza es evangélica. La robaron los marxistas porque nosotros no la usábamos. La teníamos en el museo y vinieron, la robaron, y la usaron ellos.
Pero vayamos al final de 1800, con la crisis italiana. En el norte de Italia la cantidad de santos, que trabajaron con los pobres. Don Bosco en la cabeza. O sea que buscaron salidas para promover, tercer paso, la promoción. La promoción social. No es cuestión sólo de dar dinero. Es promover. De ahí la importancia de la educación. Y la salida laboral.
Que a alguno esto le parezca exagerado quizás es por mis pecados que yo digo palabras fuertes y no soy lo suficientemente bueno y pastor como para llegar al corazón de esa gente. Pero son hijos de Dios. Simplemente les tendría que pedir que se conviertan, pero pedírselo con corazón de padre y no pegándoles, es verdad. En eso sí.” (ROMA, 13 Mar. 15 / 10:07 am (ACI)).


Creo que es una llamada muy clara a vivir pobremente, con simplicidad de vida, no necesitas instrumentos materiales de primera. Tengo un amigo con muchos recursos económicos al que hace poco le pidieron un donativo para una labor que él conoce muy bien y no les dio nada, al contrario les dijo que esas instalaciones no necesitaban esas remodelaciones millonarias y que además le pedía que no lo volvieran a invitar pues se sentiría muy incómodo en ir. En el fondo vemos que les sobran proyectos y les falta personal, en concreto numerarios y los que hay es necesario mantenerlos activos e ilusionados con proyectos para que no se “apoltronen”.




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