Los de la Obra no tienen derechos

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Por Nachof, 12.01.2009


Numerarios, agregados y supernumerarios del Opus Dei no tienen derechos. Así lo manifestó el fundador de la Obra, hoy San Josemaría Escrivá de Balaguer, en una tertulia con miembros del Colegio Romano de la Santa Cruz allá en el año 1954. El colegial que ha revelado el hecho, se encuentra hoy fuera de la prelatura y prefiere permanecer en el anonimato. Era una época en que monseñor mantenía largas tertulias en la sede central de la Obra con los que eran sus hijos y se preparaban para el sacerdocio...

Era un momento glorioso para monseñor Escrivá. Las obras de Villa Tevere, sede central del Opus Dei en Roma, estaban a punto de terminarse. Los alumnos del Colegio Romano de la Santa Cruz residían en varios de aquellos edificios. El fundador se encontraba bastante afectado por la diabetes. Las tertulias eran para él una especie de consuelo y asueto. El ambiente entre los colegiales --en su mayoría de origen español-- venía cargado por todas las carencias de la vida española de la época. Las obras comunes de contenido económico empezaban a despegar. La gente que llegaba a Roma era poco sensible a los derechos humanos.

Es sabido que todos los sacerdotes numerarios y agregados del Opus Dei deben alcanzar un doctorado eclesiástico, para lo cual es necesaria la correspondiente tesis. El modelo de tesis doctoral de Derecho Canónico que se proponía entonces a los alumnos del Colegio Romano, seminario de la Obra, era la titulada "Acqua naturalis non frangit ieiunium", (El agua natural no rompe el ayuno), escrita por Vicente Pazos uno o dos años antes. Se trataba de un estudio casuístico sobre la prescripción entonces vigente en la Iglesia Católica de no comer ni beber cosa alguna desde las doce de la noche del día anterior a recibir la Eucaristía. La medida afectaba a todos los fieles católicos, sin distinción de edades.

En esas circunstancias, el Colegio Romano de la Santa Cruz recibió un chorro de aire fresco. Se trataba de un grupo de alumnos latinoamericanos, especialmente de México, que manejaban unas ideas y unos conceptos políticos de carácter democrático. Eso lo hacían ellos con mucha soltura, independientemente de la autenticidad última de los países de origen. Eso chocaba con la mentalidad de los alumnos españoles, que vivían en un mundo de paréntesis político.

Dentro del grupo de alumnos americanos destacaba por su encanto e inquietud el mexicano Carlos García Mata. ¿Qué habrá sido de él?, se pregunta mi comunicante ex. Estos hombres salieron de aquel casuismo litúrgico bobalicón de las tesis modelo del "agua natural que no rompía el ayuno" y empezaron a plantear otros problemas canónicos más fundamentales. Un buen día, monseñor Escrivá bajó a la tertulia de los alumnos del Colegio Romano. Se dirigió a Carlos García Mata y le preguntó:

--¿Sobre qué estás haciendo la tesis doctoral?
--Sobre "Los derechos subjetivos de los christifideles", contestó Carlos García Mata.

Ante el estupor de todos los presentes, con una voz que hubieran envidiado las actrices Sara Bernhardt, Lola Membrives o la contemporánea Nuria Espert, Monseñor Escrivá de Balaguer gritó con voz rota:
"¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Ninguno!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!"

Esta era la mentalidad del hoy San Josemaría Escrivá de Balaguer y Albás sobre las relaciones entre los fieles y la Jerarquía de la Iglesia Católica. Es un recuerdo que ha quedado muy vivo a mi comunicante. Han pasado cincuenta años. Aquel grito descompuesto no ha conseguido olvidarlo. Dentro de la Obra, muy frecuentemente se me dijo que en el Opus Dei se había venido a entregar todo. Según el fundador, había que entregar hasta los derechos subjetivos que Dios ha dado directamente a cada hombre.

NACHO FERNANDEZ


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