Los años perdidos

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Por Books, 23 de julio de 2010


Hay mucha gente por ahí, que siendo niña se puso en manos de una institución paranormal, o mejor, hay mucha gente por ahí que fue abducida por un extraño planeta donde el agua no sabía a agua, y donde el aire era irrespirable.

Mucha de aquella gente, niños o menos niños soñaron una vez el mismo sueño, unos con más años, otros, con menos. Todos ellos en algún momento, a la misma hora, el mismo día o en un día distinto, o a distinta hora, al despertar, descubrieron que aquel sueño se había hecho realidad.

Aquel día fue diferente desde que amaneció. Comenzó con una gran sonrisa, con una mirada nueva, con unos sentimientos inexplicables.

Se empeñaron en hacer realidad aquel sueño. Su energía aquella noche los desbordaba, pensando en la libertad, en la felicidad, en una vida nueva.

Dijeron adiós a ese algo que no se parecía en nada a una vida.

Su valentía, su sentido común, su inteligencia, su conciencia, su seguridad en sí mismos, sus ganas de vivir, les llevaron a arriesgarse a saltar de algún modo al vacío, un vacío que poco a poco irían llenando, ellos solos, con ayuda, o sin ella, con más o menos dificultades, pero con una gran esperanza.

Todos estaban decididos a vivir su propia vida y dejar de vivir la de los demás, querían ser ellos mismos y no lo que los demás se empeñaron en que fueran durante el tiempo en que no se pertenecían.

No son tantos en el mundo los que tienen el privilegio de experimentar esas sensaciones de libertad. Es algo difícil de describir, y desde luego imposible de sentir por alguien a quien no le fue arrebatado su yo.

Aquellos que hicieron reales sus sueños fueron descubriendo la vida, como el pequeño descubre que tiene dedos en las manos. Y fueron tan felices como los niños cuando reciben sus primeros regalos.

Por primera vez sus pulmones respiraron a plena potencia. Descubrieron que el mundo no era gris, que existían los colores, amarillo, rojo, azul, verde, blanco. Y desaparecieron las sombras, aquellas que durante tanto tiempo convertían sus sueños en verdaderas pesadillas.

Incluso en los días nublados había luz, porque la luz solo se ve cuando la mirada es clara, cuando en el interior no hay oscuridad, cuando se ha pisoteado lo que estorba, cuando se lleva la cabeza muy alta, porque la mirada no se esconde, porque los ojos miran y ven, porque en los ojos solo hay verdad.

Las sombras se llevaron los fantasmas, esos fantasmas empeñados en atormentar, en llenar de inseguridad la cabeza, el corazón, los movimientos más pequeños, aquel paso dado en falso. Aquellos fantasmas que convertían lo más ingenuo y simple en algo complicado, afeaba lo que podría haber sido bello, y transformaban en montañas unos granos de arena inapreciables.

Y cuando todos los fantasmas fueron aniquilados aparecieron unos seres que eran personas, con un nombre, una edad, un carácter propio, unos sentimientos.

Y las personas eran todas distintas y cada una vivía su propia vida. Porque cada persona tenía unos genes distintos, una cabeza y un corazón distinto que latía a un ritmo distinto. Cada persona se movía en unas circunstancias que eran las suyas y no la de los demás, y por eso tenían también sus propios sentimientos. Y tenían además una inteligencia distinta, una conciencia distinta. Y tenían voluntad.

Y ninguna de estas personas era perfecta y todas cometían errores, porque entre otras cosas ninguna de ellas tenía el don de la infalibilidad, ni eran aporreadas por fantasmas sobrenaturales, ni contaban con la gracia de estado.

Nunca, ni más pronto ni más tarde, los que no pasaron por esta institución, por mucho empeño que pongan en meterse en el pellejo de los que estuvieron confinados allí, podrán experimentar las sensaciones que viven los que escaparon. Es inimaginable por mucha imaginación que se tenga. Ni siquiera es capaz de imaginarlo la numeraria que da sabios consejos a la madre de familia que ha parido cinco veces.

Es un privilegio que tan solo disfrutan los que perdieron tantos años, y que, paradójicamente ganaron, porque por cada año pasado en cautiverio, aparecen - no se sabe a qué fenómeno paranormal es debido -, diez años de libertad.

Porque aunque haya personas que tuvieron la mala suerte de vivir como lo hicieron y dejaran el opus hecha unos trapos, llegará el día en que se rían de su sombra y de aquellas sombras que le hicieron la vida imposible.

Es necesario creer en la esperanza. Es necesario creer en la justicia aunque no se cumplan las expectativas, porque ya se sabe con quien se trata, pero algo caerá de algún modo, y en algún momento.



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