La confidencia de un excombatiente

From Opus-Info
Jump to navigation Jump to search

Por Spiderman, 13 de febrero de 2006


Queridísimo director,

¿Nunca te has preguntado cómo debe ser recibir la confidencia de un excombatiente? Esta web que visitas “de estrangis” es un buen lugar para ello. Ésta es la última que hago en formato “oficial”. Seguro que adivino lo que estás pensando: “La ropa sucia se lava en casa, no vayas aireando tus intimidades…”. Tienes razón, no hay que airear las intimidades de nadie, y menos sin el consentimiento expreso del interesado, ya que eso se llama difamación, aunque se haga con el más noble de los fines. Ya sabes, el fin no justifica los medios. Como yo no me puedo difamar a mí mismo, entonces lo cuento aquí, sin problemas.

Empecemos...

En primer lugar el examen particular que tenía. Bueno, no lo recuerdo. El sacerdote que me está atendiendo en mi “fase terminal” me lo cambió enseguida y llevo seis meses con el mismo: dar gracias a Dios por todo. Ya sé que no deben durar más de dos semanas seguidas pero este cura se salta un montón de normas y ésta creo que es una de ellas.

Fe
¿Sabes una cosa? Estos últimos meses he conocido unos cuantos excombatientes, porque a pesar de lo que tú digas, va a ser que no soy un caso raro y excepcional. Algun@s de ellos perdieron su fe cuando volvieron del Vietnam y un@s la recuperaron y otr@s aún andan totalmente desengañados. Yo doy gracias a Dios porque aún la conservo aunque, la verdad sea dicha, no ha sido fácil contener mi indignación en algunas ocasiones y no hacer pagar a Cristo y a su Iglesia por los platos rotos. Seguimos en ello. Encomienda.
Pureza
No te lo vas a creer, pero la cosa me cuesta mucho menos ahora. Tengo muchas amigas, algunas hasta me cuentan cosas bastante personales y eso para mí tan sólo supone una “ocasión” de ayudar. He descubierto que besar a una chica cuando te la presentan no es nada del otro jueves. También estoy más equilibrado emocionalmente: que una chica me mire a los ojos y me sonría no supone un terremoto interior, sino que simplemente es una chica que me mira a los ojos y me sonríe, nada del otro jueves tampoco. Quizá una sencilla muestra de afecto, no más. No tengo novia y, por primera vez en mi vida, no me siento solo por no tenerla. Me siento bien conmigo mismo y si tengo que conocer a alguien ya vendrá. Por supuesto que no soy de piedra y me gusta una chica. Sabes que siempre ha habido alguna y lo mal que lo he pasado a veces: es muy duro ser un “fugitivo”. Pues como te decía me gusta una, que tiene novio, pero a diferencia de lo que me pasaba en mis años de combatiente, no estoy todos los días pensando constantemente en ella ni preocupado por encontrármela al doblar cualquier esquina. Simplemente sigo mi camino, y si Dios quiere que ella y yo lo recorramos juntos pues ya se verá.
Vocación
Decirte que en este tema sigo igual que siempre, ya que mi vocación no ha cambiado. Con quince años tenía bastante claro que Dios me pedía ser santo en medio del mundo. Ésta es mi vocación y gracias a Dios todavía la conservo y me ilusiona. Mi vocación es precisamente lo que ha motivado mi marcha: ni me estaba haciendo santo (“un santo triste es un triste santo”, lo decía nuestro Padre) ni estaba en medio del mundo. Me dirás que no sois religiosos y que tú eres tan laico como yo… Jurídicamente los dos somos laicos, pero comprenderás que “estar en medio del mundo” es mucho más que una cuestión técnica, es una actitud, una mentalidad (sí, sí, la famosa “mentalidad laical”, pero de verdad).
Apostolado
Aquí sí que estoy muy contento. ¿Recuerdas que me dijiste que ya no era el de antes y que los chavales estaban un poco desengañados conmigo? Estaba tan deprimido y con tanta medicación… no era fácil ser la “alegría de la huerta”. En unos meses he conocido a más gente que en los últimos tres años. Por primera vez he podido entender lo del apostolado de amistad y confidencia. No tengo que llamar a nadie para “invitarle” a tomar un café. No hace falta. Ahora resulta que hay gente (antes tan sólo lo hacías tú) que me llama para simplemente interesarse por mí o para contarme su última preocupación. También estoy un poco sorprendido con la duración de mis conversaciones. Resulta que desde que me dedico a escuchar un poco más y dar menos consejos a los demás, desde que busco potenciar lo que nos une en vez de discutir lo que nos separa, mis conversaciones se hacen mucho más largas. Ahora que lo mejor es mi hermana. Sí, sí, la que estaba de uñas con todo lo que le recordara a la religión. Pues tendrías que verla ahora. Le he presentado a algunas amigas mías muy majas que viven su fe sin complejos y con mucha espontaneidad y ha conectado con ellas. Muchas veces me pregunto qué tienen éstas que no tuvieran las muchas numerarias que lo habían intentado antes. Este tema nos llevaría tiempo… También he conocido a unos tipos extraordinarios que me han ayudado muchísimo estas semanas. Son de aquellos que con diez como ellos se le podría dar la vuelta al mundo como a un calcetín… Lástima que los cinco hayamos vuelto del Vietnam. Por último, otro que también está contento es el Obispo de mi diócesis. Antes “servía a la Iglesia como quiere ser servida”, ahora simplemente sirvo a mi Iglesia local.
Trabajo
Como comprenderás, desde que no hago media jornada en el club después de mi trabajo a tiempo completo, mi rendimiento laboral ha mejorado mucho y hasta tengo tiempo de hacer deporte tres veces a la semana y salir con los amigos. Realmente es una vida más realista, menos estresante.
Familia
Bien, gracias.
Oración
Siempre me preguntabas qué temas había llevado a la oración. Bien, llevo unos meses que soy un poco monotemático: “el tema de mi oración es el tema de mi vida”. He descubierto que la Iglesia tiene más santos que también han escrito cosas muy sugerentes, que rezar las laudes o las vísperas puede ser muy enriquecedor, que no pasa nada si no hago la oración todos los días a la misma hora y que incluso no pasa nada si algún día no puedo hacer “la” oración ya que procuro pasar todo el día “en” oración.
Mortificación
Hombre, las mortificaciones “acostumbradas” están brillando por su ausencia. Al menos ya no tengo un día a la semana en que me siento un poco violento conmigo mismo ni paso dos horas diarias centrado en mí, en vez de en las personas que me rodean. Digamos que ahora dejo que sea Dios quien me envíe los cilicios y disciplinas que quiera en la forma que el considere más oportuna. Esto es un poco difuso y poco evaluable, pero es infinitamente más fácil para mí y tampoco es tan poca cosa: la vida está llena de “sorpresas”. ¿Que no puedo poner crucecitas? ¡Ya lo sé! Pero es que la vida es LLEVAR crucecitas, no PONER crucecitas en una lista.

Si te parece bien, de examen particular podemos seguir unos cuantos meses más dando gracias por las miles de cosas buenas que tiene la vida. Me ayuda mucho a ser más optimista.


Original