Dejad de llorar y de poneros paños calientes

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Por Observación, 9.11.2009


Testimonio de un supernumerario que, a pesar de imprimir y leer 500 páginas de artículos y testimonios de opuslibros… ¡se queda!

Pasaba por unas cuestiones de duda respecto al Opus Dei, y decidí entrar en opuslibros, buscando la “verdad” o más bien la excusa. Conforme me asomaba al mundo de los “ex”, me parecía día tras día, hora tras hora, que mi pertenencia al Opus Dei era asunto terminado, no había nada que hacer, pues si se marcha la gente después de treinta, cuarenta años dentro, ¿qué es lo que se puede hacer allí más? ¿Qué sentido tiene quedarse en una institución que tiene tantas y tan sonadas bajas? Sin duda, tantas bajas son una cuestión importante para el Opus Dei, que tendrá que abordarla con toda seriedad. Precisamente en la empatía con el sufrimiento de tantas personas que conmueve indefectiblemente, tomé la decisión de marcharme. Pero, con el paso de días y de semanas, empezaron a surgirme ciertas dudas, pero ahora de otra clase. Primero fue la radicalidad de algunos escritos, afirmaciones como que la mitad de los numerarios toman pastillas para dormir, tristezas en los centros, etc. No es, señores, lo que yo pueda ver en los cinco seis centros que conozco. Tampoco en el centro y club de chicas donde va una hija mía, que más bien son las carcajadas lo que pueda molestar. Que si el Opus (u opus como soléis poner con bastante frecuencia) es el lado oscuro, que si está poblado de gente mala y amargada…

Hacía de eso más de diez años, me pillaba bien ir a misa a la capilla de un hospital cercano (iba a misa a diario, durante muchos años, sin ser de la Obra, ni movido tampoco por el ejemplo de las personas del Opus Dei) en la que veía siempre que pasaba por allí a un médico, simplemente lo observé, sin saber nada más. Resulta que por aquel entonces pregunto a un hermano mío sobre su mujer, de la que me dice que tiene cáncer y para el cual el sistema de seguridad social de nuestro país no disponía de quimioterapia. Le dije que buscaría algo, sin saber cómo. Pensé, preguntaré a ese médico que veía en la capilla del hospital, que como es cristiano, me parece más fácil solicitarle consejo, al menos. Así que le solicité la orientación al respecto, y este señor, difunto ya, me llevó a su despacho para hablar tranquilamente sobre el asunto. No me conocía de nada, mi acento extranjero me delataba y yo venía al hospital con una bicicleta, no había para más tampoco. Me dio orientaciones concisas que me ayudaron obtener de un laboratorio la dosis necesaria. No quedamos para vernos otra vez. Hablamos, eso sí, por unos momentos de nuestras vidas y poco más. No me dijo nada de la Obra, allí se quedó todo. Al salir de su despacho, lleno de libros, mesa inclusive, con un ambiente de trabajo serio e intensivo, me dije a mí mismo: quiero ser como este hombre. Luego me enteré de que este señor era de la Obra, pero yo no pedí admisión todavía pasados unos tres o cuatro años de ese encuentro. Lo hice a la edad totalmente inmadura de los cuarenta y un años, porque soy todo un campeón en darle vueltas a las cosas. Y es que también a los pocos años de venir a España, con toda aquella movida por la beatificación de Josemaría Escrivá (denominado también “fundeitor” etc., que lo dejamos aquí, por algunas páginas “amigas” de opuslibros), y artículos del insustituible “El País”, como no pudo ser de otra forma, yo me marqué la obligación moral de luchar en contra del Opus Dei y su influencia. Luego, al conocer el etilo y “sustancia” de nuestro querido periódico, y de conocer las personas de carne y hueso que pertenecían al Opus, cambié de parecer. Hasta que, como se puede ver por el comienzo de este escrito, otra vez tenía un “nockdown”, porque es muy fuerte, sin duda, el testimonio de personas con décadas dentro. Pero, sigamos.

Ergo, que sí un “ex” reconocía que, conforme iba participando en los blogs, se radicalizaba, que luego a luego se arrepentía de hacer lo que hizo, que la cosa tal vez no era para tanto, y que por todo eso decía “adiós” a este foro. Comparación entre los testimonios llorones y quejosos de esta página con otros tantos que conozco bastante bien y que dan ánimo, que son constructivos, alegres y que transmiten otro tanto, me hizo reflexionar un poco más. Pero un buen empujón vino de nuestro querido Alberto Moncada y el artículo que mandó, escrito por otra persona, sobre el asunto de a quién apoya el Opus Dei en Honduras. Resulta que el pecado del Opus era estar en contra de la marioneta de Chávez, que resulta que el Opus se enfrentó a Zelaya por querer este último introducir la píldora del día después en Honduras, y que los del Opus llaman abortiva, cuando la OMS dice que es contraceptiva (¿!!?)… allí me has dado, Alberto. Loco no estoy. Pues hay que ir corriendo al Opus para estar con los pocos sensatos en el asunto. Y yo veo que cuando me hace falta algo serio, que defienda la fe en la profesión, recurro a la gente de la Obra, a sus asociaciones y fundaciones. No me importa hacerlo con quien sea, pero no los encuentro. Si quiero que a mis alumnos les den otra charla sobre la sexualidad distinta de la organizada por el don preservativo, sé a quién acudir.

Por último, me pregunte: ¿es pecado pertenecer al Opus Dei? Pues si es pecado, me voy al instante. Y me quedo, porque creo que no lo es. Pregunté a un profesor de derecho canónico, religioso, para obtener una opinión independiente, sobre el dichoso modo de llevar la dirección espiritual, tal como se practica en la Obra. Le dije si contradice los preceptos de la Iglesia. Me respondió que no, los cánones 630 etc, se refieren a la vida consagrada. A él particularmente no le gusta ese proceder, pero cree que no es ilegítimo, que los laicos tienen derecho de proceder así. Si la Iglesia piensa lo contrario, lo dirá.

Y otros muchísimos ejemplos positivos y contractivos tanto de la Obra como de las personas que la forman, de los que no habláis. Quejas, quejas y quejas. ¿Pero hasta cuando? Espabilad por una vez. Si habéis fracasado en este proyecto, por lo que sea y por al culpa de quien sea, despertad de una vez. Dejad de llorar y de poneros paños calientes. Sed hombres y mujeres valientes para afrontar vuestra realidad. Si tenéis algo contra alguien, perdonadles de corazón, si no, no vais a sanar nunca. Algunos habéis presentado la denuncia al Vaticano sobre el particular, pues muy bien. Ya hablará la Iglesia, pero ¿hasta cuando vais a llorar?

He conocido unas cuantas personas, tal vez una decena, de las que se han salido de la Obra. Pero lo han hecho con toda la tranquilidad del mundo, no se consideran ningunos “ex” ni nada por el estilo. Es más, precisamente una pareja de un ex numerario y una ex agregada, me insistía con más ahínco que me quedara. Le parecía absurdo salirse por unas cuestiones “teóricas” nada claras. Me decían también que a ellos la permanencia en la Obra le ha marcado de por vida, de que les ha dado una formación intelectual y religiosa muy sólidas, que les sirvió en su años posteriores…

Finalmente, creo que vuestros testimonios deben ser tomados muy en serio, para que no se repitan errores que son evidentes en algunos casos, es cierto. Pero, dejad de llorar y dar vueltas al mismo punto, por vuestro propio bien. En la renovación carismática hacen bien una cosa, se insiste en el perdón como condición para la sanación interior (que por otra parte es muy evangélica). Pero incluso en el caso el que supuesto agresor no te pide ningún perdón. Hasta que tú no se lo perdones, de todo corazón, no vuelve la paz a tu alma.

Es lo que os deseo de todo corazón. Recibid un cordial saludo.


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