Cuadernos 12: Apostolado de la opinión pública/Introducción

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INTRODUCCIÓN


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En 1946, nuestro Padre escribió una carta en la que, con gran visión de futuro, animaba a sus hijas e hijos de todos los tiempos a servirse de los medios de comunicación, para poner a Cristo en la cumbre de todas las realidades humanas. Quería impulsarnos a que con sentido de profunda humildad -fuertes en el nombre de nuestro Dios y no en los recursos de nuestros carros de combate y de nuestros caballos (cfr. Ps. XIX, 8)-, estuviésemos presentes sin miedo en todas las actividades y organizaciones de los hombres, para que Cristo esté presente en ellas 1.

En este nuevo volumen de Cuadernos se recogen bastantes párrafos de aquella carta y otras enseñanzas de nuestro Fundador sobre el apostolado de la opinión pública. Una de las ideas que palpita en estos textos es que este apostolado es tarea de todos. Desde todas las profesiones, afirmaba nuestro Padre, se puede llegar a influir en la vida de los órganos de la opinión pública. La vibración apostólica de mis hijos, al ver la trascendencia de este apostolado, sugerirá a cada uno -en la esfera de sus iniciativas- la manera de ayudar 2. Cada uno, des-

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de su puesto en la sociedad, está llamado a colaborar en la gran aventura de impregnar de espíritu cristiano el trabajo y los contenidos de los medios de comunicación. Unos lo harán como sujetos inmediatos: es el caso de los profesionales de la comunicación y, en general, de quienes acuden a las tribunas de la opinión pública para transmitir sus conocimientos y dar doctrina en relación con el campo en el que son expertos. Otros, la mayoría, como ciudadanos corrientes que usan de esos medios y que, cada vez más, pueden y deben participar en ellos.

La palabra de Dios no permanecerá encadenada, La verdad os hará libres, El don precioso de la libertad, son apartados de este Cuaderno que nos hablan de aquella pasión dominante que caracteriza a los hijos de Dios en el Opus Dei: dar doctrina. El mayor enemigo que tiene Dios en el mundo es la ignorancia 3, decía nuestro Padre, y el Apostolado de la opinión pública sale precisamente al encuentro de ese enemigo, utilizando unas armas que, por sus características, juegan un papel determinante en la configuración de la sociedad. No olvidemos que los medios de comunicación dan a la acción personal una eficacia difícil de medir, en algunos casos hasta planetaria, y, por eso, constituye una manera espléndida de difundir la fe cristiana.

Dar doctrina es una siembra, en la que se lanza la semilla a manos llenas, pero hay que hacerlo con pericia, no de cualquier manera. El sembrador debe conocer bien su oficio, saber cuáles son los modos, los tiempos y los lugares idóneos para que su tarea sea eficaz. Y lo mismo ocurre en el apostolado: para dar doctrina hay que aprender a darla.

Por una parte, hemos de ser capaces, en cada momento, de tomar el pulso al estado de la opinión pública para saber dón-

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de están sus logros y sus lagunas, averiguar cuáles son y qué raíces tienen sus posibles desviaciones. Sólo así la propia aportación podrá conseguir el efecto deseado: sanar y mejorar el ambiente social, profesional y familiar, para que la sociedad sea más humana y más cristiana.

Por otro lado, es preciso reflexionar sobre el modo de exponer esas verdades: saber en qué consiste el don de lenguas, del que hablaba nuestro Padre. Nuestras intervenciones, llenas de sentido cristiano, tienen que ayudar a los lectores o espectadores a descubrir respuestas verdaderas y esperanzadoras a las preguntas y problemas que se plantean. En esta búsqueda de modos de decir convendrá tener en cuenta que vivimos en una sociedad determinada por la cultura de la imagen en la que ordinariamente un ejemplo arrastra más que un discurso, y los hechos convencen más que las palabras. Existe un lenguaje de los signos, tan elocuente o más que el de las palabras. El Papa Juan Pablo II; por ejemplo, no ha dejado de emplearlo: sus gestos de humanidad, sus actitudes, sus expresiones, forman parte de su incansable predicación de la Palabra de Dios.

Apostolado de la opinión pública es también informar sobre la Obra y las labores apostólicas de sus fieles. Cada artículo, cada publicación, cada programa audiovisual sobre la vida de nuestro Padre o el Opus Dei, deben transparentar la belleza y el atractivo del espíritu que Dios confió a nuestro Fundador. También esto es dar doctrina.

En este campo, como en todos, hay mucho que aprender. Siguiendo a nuestro Padre, que durante toda su vida aprovechó lo que leía y escuchaba para descubrir nuevos modos de explicar el mismo mensaje, también nosotros hemos de esforzarnos por mejorar el modo de hablar y de escribir sobre el Opus Dei. Este aprendizaje exige estudio, pensar en la Obra, saber escuchar, y a la vez, conocer las reglas y el lenguaje propio de cada medio de comunicación.

La intercesión y el aliento de nuestro Fundador desde el Cielo no nos faltará en esta importante tarea. Pensando en todos nosotros, escribió: Para que deis abundante testimonio de la verdad, rezo cada día con interés particular por nuestro Apostolado de la Opinión Pública.

Se me viene al alma, al escribir estas líneas, como una prueba de cariño, de simpatía y de ayuda espiritual, aquel clamor del salmista: ad annuntiandum mane misericordiam tuam, et veritatem tuam per noctem (Ps. XCI, 3): Señor, que esos hijos tuyos que han de hacer con tanto sacrificio la opinión pública en el mundo, anuncien siempre -de día y de noche- hechos y doctrinas de misericordia y de verdad 4.

1. De nuestro Padre, Carta 9-I-1959, n. 20.
2. De nuestro Padre, Carta 30-IV-1946, n. 68.
3. Ibid. n. 43.
4. Ibid. n. 74.