Confidencias sobre la 'Formación' en el Opus Dei

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Por Oráculo, 23.06.2006


Parece que las notas espirituales que, en confidencia de amigo, editaba hace un tiempo han ayudado a algunos. Y otros piensan que de igual modo pueden ayudar tantas otras —cientos— que vengo redactando desde hace años. Por si es verdad lo que ellos dicen, aquí va una docena de añadidura. Todas éstas son posteriores al Jubileo del año 2000, van desordenadas, sin plan ni segundas intenciones: las publico para quien vea que le ayuda meditar sobre ellas. Estoy seguro de que EscriBa las apreciará mucho y esto me basta para no retener su publicación. Estoy en deuda con la extraordinaria sinceridad de su confidencia pública, de hace unas semanas, y el hondo afecto que transmitían sus líneas. Desde luego, mis notas no son un Camino alternativo, pero fueron brotando de modo análogo a como se escribió ese libro.

Escribió EscriBa entonces palabras fuertes, duras, pero —estoy seguro— no pretendía olvidar tantas buenas intenciones, deseos y obras rectas, de muchos que continúan dentro de la famosa institución, como tampoco ignora el bien que ahí Dios hace a tantos otros a pesar de los pesares. Comprendo que su indignación es una rebelión justa contra la cerrazón de quienes, contra toda evidencia, ignoran la caridad con contumacia, usan y abusan del nombre de Dios en vano y, para mayor inri, putantes se obsequium praestare Deo! Sí, rezaremos juntos ure igne Sancti Spiritus cor nostrum! para que su luz abra los caminos de la renovación purificadora en todos nosotros.

  1. Son ¡los “reyes de la anécdota”! Los medios de formación son ideas simples, nunca matizadas, que se vierten en indicaciones prácticas unívocas, adobadas con sucesos graciosos para generalizar las simplonerías como si tuvieran valor universal. Ahora se habla de unidad y se insiste en unidad con los Directores, pero todas las consideraciones son para un único efecto: ¡que uno se calle y no manifieste sus juicios! Por tanto: se considera a cada uno como si estuviera aislado y sólo conectado con los demás a través de los Directores. Son razonamientos interesados en reprimir la espontaneidad, la libre opinión, contra las conexiones de las relaciones humanas naturales.
  2. En el tomo de Meditaciones de la semana XXVIII, hoy miércoles, se habla de la paz del corazón y, en vez de atribuirla al Espíritu Santo, se dice que viene a nosotros tras cumplir lo que nos dicen convencidos de que es la voluntad de Dios. Sí, ciertamente, mientras se viva en la ilusión de la “divinización” de lo institucional y de que sus decisiones son siempre voluntad de Dios. Pero esto no es verdad. Por tanto, ni esa paz ahí descrita es el fruto del Espíritu Santo ni debe confundirse “mi convencimiento” con la realidad de lo sobrenatural. ¿Qué si los Directores indican de hecho lo que Dios no quiere o del modo en que Dios no quiere? Esas expresiones vuelven a ser otro ejemplo de la reiterada “divinización” de la estructura: sucede, día tras día, en la pastoral interna de la Prelatura. Y es un problema muy grave, porque este obrar no se ajusta a la doctrina de la Iglesia ni a su disciplina.
  3. Suelen repetir que los Directores, siempre y en todo, mandan en nombre de Dios. Y esto suscita una pregunta: ¿cómo manda Dios? Desde luego Dios no manda a los hombres hasta el extremo de someter su conciencia o de anular su libertad con el pretexto de su bien, el bien de cada uno en particular; tampoco su imperar prescinde de nuestra capacidad reflexiva, ni menos aplasta con la manifestación de su omnipotencia, ni tampoco hace valer el poder divino de su propia condición preeminente... Al menos, no actúa así el Dios revelado en la Nueva Alianza. Los modos divinos de acción son muy otros: amabilidad, suavidad, afecto, sugerencia, ternura, amor delicado, un rogar por favor persuadiendo. Y esto no es una táctica de formas en el obrar, sino la disposición de quien da por amor, sin esperar nada a cambio.
  4. Cuando se insiste en el Opus Dei que se manda como en nombre de Dios, o en el obedecer como si lo dicho viniera de Dios, me parece claro que los Directores —si desean ser obedecidos— tienen la obligación de presentar sus acciones según los modos propios del obrar divino, que no son en efecto formas o técnicas para ejecutar acciones humanas y, además, usadas con el fin de imponerse más eficazmente. Este obrar debe ser “formado”, informado, por una caridad real y efectiva. Y esto, como presupuesto intrínseco de la acción. No basta la buena intención. Por tanto: todo lo que sea menguar esta exigencia es tanto como decaer en la autoridad que fundamenta el reclamo de la obediencia o, de otro modo, carecer de la potestas que para sí reclama obediencia, porque —dice el Señor— el mando “entre vosotros” non sic!, “no sea así, como en el mundo”.
  5. En el Vaticano: basílica de San Pedro, en la capilla del Santísimo, recogido en oración, junto con muchos otros fieles laicos y religiosos, allí presentes, de las más variadas razas y naciones. Para mí fue claro que todo intento de institucionalizar la “entrega secular” en moldes formales de vida más o menos rígidos —esto es: criterios del obrar— por fuerza tiende a desnaturalizar la secularidad, ya que ésta queda entonces cosificada en unas formas típicas, que en sí mismas no están abiertas al dinamismo de la libertad personal en el tiempo histórico. Con el paso de los años, esa objetivación de los “modos de entrega” ha de quedar fuera del mundo, porque éstos ya no serán muestras de una “entrega secular” sino “rarezas particulares”.
  6. En la charla de hoy se habla de fidelidad. Para los religiosos tal vez sea parte de su entrega —o muestra de su entrega— la asunción de unos modos institucionales de vida y de comportamiento, en los cuales ellos manifiestan su propia misión. De modo análogo podría decirse que los hábitos seculares, que no mundanos, serán los modos propios de manifestar la entrega personal en-el-mundo. Por eso los comportamientos laicales son el medio necesario para mostrar la secularidad vivida con sentido de misión y, por tanto, como camino vocacional. Sin embargo, veo al Opus Dei actual contaminado de muchas formas caducas de Escrivá, que poco o nada son de Dios. ¿Qué es de Dios y qué del hombre “Escrivá” en la fundación? Sólo la respuesta certera señalará el camino de la fidelidad, sin inercias, en la libertad.
  7. De nuevo se insiste en el tópico de hacer apostolado. El gran remedio para todos los problemas—se dice— y, sobre todo, cuando falta ilusión o cuando se enrarece el carácter porque uno comienza a encerrarse en casa. Es, pues, una actividad para satisfacerse a uno mismo... porque entonces uno se autovalora ante Dios como quien cumple o está cumpliendo su misión y está en regla. Si además se obra empujado por quienes mandan, entonces más a más: porque así parece tenerse la certeza de una voluntad divina de beneplácito sobre nuestro obrar. Es curioso ese hacer apostolado: parece entenderse como un activismo ocupacional —al modo de la terapia ocupacional de los sanatorios psiquiátricos— movido por una convicción enteramente subjetiva, arraigada como lo suelen estar las actitudes de quienes se integran en una secta. En realidad no se está hablando del apostolado cristiano, sino de un mero hacer humano común, con el agravante de considerar a los demás como objeto de mis obras. ¿Qué rectitud puede haber entonces en el comportamiento? ¿Qué amistad sincera y desinteresada?
  8. ¿Por qué, hablando de fidelidad proselitista, no se levanta la mirada a Jesús, a su cariño, a su ternura? ¿Por qué no se habla de dar la vida por Él sirviéndole en cada una de las personas que uno conoce y con quienes uno se relaciona con normalidad... sin hacer apostolado?
  9. Amar a los demás con sobriedad de corazón, se dice en los tomos de Meditaciones... Sí, ¡pero no con sequedad de corazón!, porque es preciso que seamos afectuosos, cordiales, amables y afables. Si no, ¿qué caridad se vive?
  10. Una de las preguntas de los exámenes de conciencia “oficiales”, en el curso de retiro, decía esto: ¿Critico alguna vez, aunque sólo sea interiormente, a los Directores? Si es el caso, ¿planteo mis dudas, con sencillez, ante las posibles dificultades, etc? Mi comentario: ¿qué es criticar?, ¿a qué se llama crítica en esa pregunta?, pues supongo que no estará prohibido pensar. Y luego, encima, se dice si es el caso... ¡Pero si el caso es que yo no tengo duda ninguna! Simplemente veo con mis propios ojos y veo lo que veo: un proceder en muchas cosas que no va, y que no hay cauce para establecer un diálogo que ayude a su rectificación; sencillamente no se puede hablar... ahora parece que tampoco pensar. A mi entender, la crítica siempre es censurable, pero ¡la que es censurable!: es decir, la crítica que juzga de intenciones y la que piensa mal de las personas. Pero eso es distinto de tener criterio propio y opinión propia sobre los asuntos, sean o no “Directores” sus protagonistas. Luego vendrá la prudencia y la caridad para determinar el modo de comportase rebus sic stantibus actuando siempre en conciencia.
  11. Mi actitud. No combatiré con sus armas... la violencia engendra violencia y, peor que la física, lo es la coacción moral. ¡Menos aún justificaré las torpezas en el nombre de Dios o en la “fidelidad” a sus carismas! No entiendo así la fortaleza, ni pienso sustituir a Dios en su papel. Debería erradicarse todo aquello con lo que el Maligno hace su agosto, como es excusar las obras contrarias a la caridad por “defender” la institución. En el Opus Dei no cabe otro escándalo que una vida personal de mansedumbre, de oración, y de silencio. Y conviene recordar que en la puerta del Cielo —donde dicen que está San Pedro, y no es verdad— no piden el carnet de Cooperador ni consultan el In Pace de Romana, ni preguntarán si eres o no del Opus Dei, porque cada uno tendrá un nombre, su propio nombre... en el atardecer de la vida nos examinarán del amor.
  12. Releo la nota de mi última conversación con don Amadeo de Fuenmayor el 7 de octubre. Le hice una exposición confiada de las muchas cosas que veo mal en la Obra actual. Su opinión: La fundación es joven, casi está naciendo. El humo de los instrumentos que a veces no deja ver el panorama. Nunca pasa nada. Bien, pero esto no cambia las cosas, ni sana las heridas. Y me parece que hay riesgo de aborto. Urge rectificar.


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