Programa de formación inicial (B-10), Roma, 1985/Apartado IV 39

CUARTA PARTE: SOBRE LA ORACIÓN EN LA VIDA CRISTIANA628

39. LA ORACIÓN


Tabla de contenidos

Qué es la oración y su necesidad

e) El Espíritu Santo es el Maestro interior de la oración cristiana (cfr. Catecismo, 2670-2672).

f) Hay distintas formas de oración:

628 La Iglesia profesa el Misterio de la fe en el Símbolo de los Apóstoles (Primera parte de estos guiones) y lo celebra en la Liturgia sacramental (Segunda parte), donde los fieles reciben la gracia divina para vivir de acuerdo con la condición de hijos de Dios (Tercera parte).

Por tanto, este Misterio exige que los fieles crean en él, lo celebren y vivan de él en una relación personal con Dios: esta relación es la oración (cfr. Catecismo, 2558), a laque se dedica esta Cuarta parte de los guiones.

629 Cfr. Camino, 83,107 y 108.


242

— La acción de gracias, porque todo lo que es bueno lo hemos recibido de Dios (cfr. Catecismo, 2638): "¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías, como si no lo hubieras recibido?" (I Cor, 4,7).

Expresiones de la oración

a) La oración mental es elevar nuestra mente y nuestro corazón a Dios (cfr. Catecismo, 2708): hablar con Dios de Él y de nosotros:

d) La contemplación es la expresión más sencilla de la oración: es mirada de fe, escucha de la palabra de Dios y recogimiento interior (cfr. Catecismo, 2713 y 2715- 2717).

630 Camino, 91.

631 Camino, 87.


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Disposiciones para la oración

La oración requiere:

perseverancia, pues no hemos de cansarnos de rezar aunque parezca que Dios no nos escucha: la oración es siempre fecunda632. "Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá" (Lc 11,9; cfr. Catecismo, 2742);

aceptación de la Voluntad de Dios, porque Él conoce mejor que nosotros lo que nos conviene. Con frecuencia, nosotros vemos la vida como un tapiz al revés. Nuestra oración debe ser como la de Jesús: después de pedir lo que pensamos que nos conviene, añadir: "pero no se haga mi voluntad sino la tuya" (Lc 22,42).

Frutos de la oración

La oración trae muchos frutos, entre ellos:

632 Cfr. Camino, 101.


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Breve explicación de cada una de las siete peticiones que componen el Padre nuestro

El Padrenuestro (cfr. Mt 6,9 y ss) es la oración dominical (del Señor). Es, de todas las oraciones, la principal, porque nos la enseñó Nuestro Señor, y es el modelo de toda oración. En ella pedimos no sólo las cosas que hemos de desear, sino en el orden en que debemos pedirlas.

a) Padre nuestro: nos dirigimos a la Primera Persona de la Santísima Trinidad, Dios Padre, porque somos hijos suyos adoptivos (cfr. Catecismo, 2782). Decimos nuestro porque todos en la Iglesia somos hermanos.

b) Que estás en el cielo (cfr. Catecismo, 2794 y 2795): Dios está en todas partes por esencia, presencia y potencia633. Además, el Espíritu Santo inhabita en nuestra alma en gracia, con el Padre y el Hijo, mientras no le echemos por el pecado grave.

Sin embargo, se dice que está en el cielo para ayudarnos a contemplar el poder de Dios, que todo lo abarca, lo gobierna y lo mantiene en el ser; la familiaridad con Él, pues también está junto a nosotros de continuo634; y para recordarnos la gloria, que será nuestra mansión futura, si somos fieles a Dios.

g) Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden: si perdonamos al prójimo, también Dios nos perdonará (cfr. Catecismo, 2839 y 2840). "Bienaventurados los misericordiosos porque alcanzarán misericordia" (Mt 5,7).

633 Cfr. tema 6, n.2.

634 Cfr. Camino, 267.

635 Como afirma un Padre de la Iglesia, cuando rogamos en el Padrenuestro hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, no lo pedimos "en el sentido de que Dios haga lo que quiera, sino de que nosotros seamos capaces de hacer lo que Dios quiere" (SAN CIPRIANO, De dominica oratione, cap. XIV: PL 4,545).


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h) No nos dejes caer en la tentación: pedimos que Dios nos ayude a poner los medios necesarios para vencer las tentaciones: huir de las ocasiones, guardar los senti dos, perseverar en la oración, frecuencia de sacramentos, etc. (cfr. Catecismo 2846-47).

i) Y líbranos del mal: deseamos que nos libre del único verdadero mal, que es el pecado, y de su pena, que es la eterna condenación. Los otros males y tribulaciones pueden convertirse en bienes, si los aceptamos uniéndolos a los padecimientos de Cristo en la Cruz (cfr. Catecismo, 2850-51).

Bibliografía básica:

Catecismo de la Iglesia Católica, 2558-2565; 2598-2649; 2700-2745; y 2803-2865.

Lecturas recomendadas:

Homilía "Vida de oración", en Amigos de Dios, nn. 238-255.

Cuadernos 8, (En el camino del Amor): "Contemplativos en medio del mundo", pp. 41-52; "Al tiempo de la oración", pp. 53-64.

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