Programa de formación inicial (B-10), Roma, 1985/Apartado IV 38

38. EL NOVENO Y EL DÉCIMO MANDAMIENTOS DEL DECÁLOGO


Tabla de contenidos

"No consentirás pensamientos ni deseos impuros" y "No codiciarás los bienes ajenos"


236

pecado, y es preciso dominarlo. Lo mismo se podría decir del afán inmoderado de riquezas, o codicia, al que se refiere el décimo mandamiento.

e) Es importante conocer este desorden causado en nosotros por el pecado original y por nuestros pecados personales, puesto que tal conocimiento:

f) "El deseo de la felicidad verdadera aparta al hombre del apego desordenado a los bienes de este mundo, y tendrá su plenitud en la visión y en la bienaventuranza de Dios. «La promesa de ver a Dios supera toda felicidad. En la Escritura, ver es poseer. El que ve a Dios obtiene todos los bienes que se pueden concebir» (San Gregorio de Nisa, Beat. 6)" (Catecismo, 2548).

Los pecados internos

a) Los pecados internos se pueden dividir en:


237

d) Los pecados internos pueden deformar la conciencia, por ejemplo, cuando se admite el pecado venial interno de manera habitual o con cierta frecuencia, aunque se quiera evitar el pecado mortal. Esta deformación puede dar lugar a manifestaciones de irritabilidad, a faltas de caridad, a espíritu crítico, a resignarse con tener frecuentes tentaciones sin luchar tenazmente contra ellas, etc.626; en algunos casos puede llevar incluso a no querer reconocer los pecados internos, cubriéndolos con razonadas sinrazones, que acaban confundiendo cada vez más la conciencia; como consecuencia, fácilmente crece el amor propio, nacen inquietudes, se hace más costosa la humildad y la sincera contrición y se puede terminar en un estado de tibieza.

— En la lucha contra los pecados internos, es muy importante no dar lugar a los escrúpulos627.

e) Para luchar contra los pecados internos, nos ayudan:

La pureza de corazón

626 "Chapoteas en las tentaciones, te pones en peligro, juegas con la vista y con la imaginación, charlas de... estupideces. —Y luego te asustas de que te asalten dudas, escrúpulos, confusiones, tristeza y desaliento.

—Has de concederme que eres poco consecuente" (Surco, 132).

627 "No te preocupes, pase lo que pase, mientras no consientas. —Porque sólo la voluntad puede abrir la puerta del corazón e introducir en él esas execraciones" (Camino, 140; cfr. Camino, 258).

"La formación espiritual, que recibimos, es opuesta a la complicación, al escrúpulo, a la cohibición interior: el espíritu de la Obra nos da libertad de espíritu, simplifica nuestra vida, evita que seamos retorcidos, enmarañados; hace que nos olvidemos de nosotros mismos, y que nos preocupemos generosamente de los demás" (De nuestro Padre, Carta, 9-1-1959, n.33).


238

c) La pureza cristiana exige también "una purificación del clima social" (Catecismo, 2525). Exige en los medios de comunicación social una información que respete la dignidad de la persona.

La codicia y la envidia

Bibliografía básica:

Catecismo de la Iglesia Católica, 2514-2557.


239

Lecturas recomendadas:

Homilía "Desprendimiento", en Amigos de Dios, nn. 110-126. Cuadernos 3, (Vivir en Cristo): "Con todo tu corazón", pp. 106-113.

Cuadernos 4, (La Ley de Dios): "Noveno y décimo Mandamientos: Con todo el corazón y con toda la mente", pp. 175-185.

Obtenido de "http://www.opus-info.org/index.php?title=Programa_de_formaci%C3%B3n_inicial_%28B-10%29%2C_Roma%2C_1985/Apartado_IV_38"