Programa de formación inicial (B-10), Roma, 1985/Apartado IV 37

37. EL OCTAVO MANDAMIENTO DEL DECÁLOGO: NO LEVANTAR FALSO TESTIMONIO NI MENTIR

"El octavo mandamiento prohibe falsear la verdad en las relaciones con el prójimo. Las ofensas a la verdad, mediante palabras o acciones, expresan un rechazo a comprometerse con la rectitud moral" (Catecismo, 2464).


Tabla de contenidos

Vivir en la verdad

c) La virtud que inclina a decir siempre la verdad se llama veracidad, sinceridad o franqueza (cfr. Catecismo, 2468). Tres aspectos fundamentales de esta virtud:

615 CONCILIO VATICANO II, Declar. Dignitatis humanae, 2. Cfr. Catecismo, 2467.

616 Cfr. Camino, 33 y 34. Surco, 148: "sinceridad salvaje" en el examen de conciencia.


230

2469). La sinceridad en la dirección espiritual es un medio de extraordinaria eficacia para crecer en vida interior: en sencillez, en humildad y en todas las virtudes617;

sinceridad con Dios: Dios lo ve todo, pero como somos hijos suyos quiere que se lo manifestemos.

"Un hijo de Dios trata al Señor como Padre. Su trato no es un obsequio servil, ni una reverencia formal, de mera cortesía, sino que está lleno de sinceridad y de confianza. Dios no se escandaliza de los hombres. Dios no se cansa de nuestras infidelidades. Nuestro Padre del Cielo perdona cualquier ofensa, cuando el hijo vuelve de nuevo a Él, cuando se arrepiente y pide perdón. Nuestro Señor es tan Padre, que previene nuestros deseos de ser perdonados, y se adelanta, abriéndonos los brazos con su gracia"618.

d) La sinceridad es esencial para perseverar en el seguimiento de Cristo, porque Cristo es la Verdad (cfr. Ioann 14,6)619.

Verdad y caridad

d) Sinceridad y humildad. La sinceridad es camino para crecer en humildad ("caminar en la verdad"). La soberbia, que tan fácilmente ve las faltas ajenas — exagerándolas o incluso inventándolas—, no se da cuenta de las propias. El amor desordenado de la propia excelencia trata siempre de impedir que nos veamos tal como somos, con todas nuestras miserias.

617 Cfr. Forja, 126-128.

"La sinceridad es indispensable para adelantar en la unión con Dios.

—Si dentro de ti, hijo mío, hay un "sapo", ¡suéltalo! Di primero, como te aconsejo siempre, lo que no querrías que se supiera. Una vez que se ha soltado el "sapo" en la Confesión, ¡qué bien se está!" (Forja, 193).

618 Es Cristo que pasa, 64.

619 "Sinceridad: con Dios, con el Director, con tus hermanos los hombres. —Así estoy seguro de tu perseverancia" (Surco, 325).


231

Dar testimonio de la verdad

a) "El testimonio es un acto de justicia que establece o da a conocer la verdad" (Catecismo, 2472). Los cristianos tienen el deber de dar testimonio de la Verdad que es Cristo. Por tanto, deben ser testigos del Evangelio, con naturalidad y coherencia, sin esconder la fe. Lo contrario —la simulación— sería avergonzarse de Cristo, que ha dicho: "el que me negare delante de los hombres, también yo le negaré delante de mi Padre que está en los Cielos" (Mt 10,33).

b) "El martirio es el supremo testimonio de la verdad de la fe: un testimonio que llega hasta la muerte. El mártir da testimonio de Cristo, muerto y resucitado, al cual está unido por la caridad" (Catecismo, 2473). Ante la alternativa entre negar la fe (de palabra o de obra) o perder la vida terrena, el cristiano debe estar dispuesto a dar la vida: "¿De qué sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?" (Mc 8,36). Cristo fue condenado a muerte por dar testimonio de la verdad (cfr. Mt 26,63-66). Una multitud de cristianos han sido mártires por mantenerse fíeles a Cristo, y "la sangre de los mártires se ha transformado en semilla de nuevos cristianos"620.

"Si el martirio es el testimonio culminante de la verdad moral, al que relativamente pocos son llamados, existe no obstante un testimonio de coherencia que todos los cristianos deben estar dispuestos a dar cada día, incluso a costa de sufrimientos y de grandes sacrificios. En efecto, ante las múltiples dificultades, que incluso en las circunstancias más ordinarias puede exigir la fidelidad al orden moral, el cristiano, implorando con su oración la gracia de Dios, está llamado a una entrega a veces heroica. Le sostiene la virtud de la fortaleza, que —como enseña San Gregorio Magno— le capacita a «amar las dificultades de este mundo a la vista del premio eterno» (Moralia in Job, 7, 21, 24)"621.

Las ofensas a la verdad

a) "«La mentira consiste en decir falsedad con intención de engañar»622. El Señor denuncia en la mentira una obra diabólica: «Vuestro padre es el diablo... porque no hay verdad en él; cuando dice la mentira, dice lo que le sale de dentro, porque es mentiroso y padre de la mentira» (Ioann 8,44)" (Catecismo, 2482).

620 "Martyrum sanguis est semen christianorum" (TERTULIANO, Apologeticus, 50. Cfr. SAN JUSTINO, Dialogus cum Tryphone, 110: PG 6, 729).

621 JUAN PABLO II, Enc. Veritatis splendor, (6-VIII-93), 93. Cfr. Camino, 204.

622 SAN AGUSTÍN, De mendacio, 4,5: PL 40,491.


232

623 "Los medios de comunicación social (en particular, los mass-media) pueden engendrar cierta pasividad en los usuarios, haciendo de éstos consumidores poco vigilantes de mensajes o de espectáculos. Los usuarios deben imponerse moderación y disciplina respecto a los mass-media. Han de formarse una conciencia clara y recta para resistir más fácilmente las influencias menos honestas" (Catecismo, 2496).

Los profesionales de la opinión pública tienen la obligación, al difundir la información, "de servir a la verdad y de no ofender a la caridad. Han de esforzarse por respetar (...) la naturaleza de los hechos y los límites del juicio crítico respecto a las personas. Deben evitar ceder a la difamación" (Catecismo, 2497).

624 Cfr. Camino, 49. La murmuración es, en particular, enemigo nefasto de la unidad en el apostolado: "es roña que ensucia y entorpece el apostolado. —Va contra la caridad, resta fuerzas, quita la paz, y hace perder la unión con Dios" (Camino, 445. Cfr. n. 453).


233

g) Atenta también contra la verdad "toda palabra o actitud que, por halago, adulación o complacencia, alienta y confirma a otro en la malicia de sus actos y en la perversidad de su conducta. La adulación es una falta grave si se hace cómplice de vicios o pecados graves. El deseo de prestar un servicio o la amistad no justifica una doblez del lenguaje. La adulación es un pecado venial cuando sólo desea hacerse grato, evitar un mal, remediar una necesidad u obtener ventajas legítimas" (Catecismo, 2480).

El respeto de la intimidad

Bibliografía básica:

Catecismo de la Iglesia Católica, 2464-2499.

Lecturas recomendadas:

Homilía "El respeto cristiano a la persona y a su libertad", en Es Cristo que pasa, nn.

67-72.

625 Sobre el sigilo sacramental, cfr. tema 23, n. 1, e).


234

Cuadernos 3, (Vivir en Cristo): "La charla fraterna", pp. 142-148.

Cuadernos 9, (Virtudes humanas): "Amar la verdad", pp. 63-72.

Obtenido de "http://www.opus-info.org/index.php?title=Programa_de_formaci%C3%B3n_inicial_%28B-10%29%2C_Roma%2C_1985/Apartado_IV_37"