Programa de formación inicial (B-10), Roma, 1985/Apartado IV 28

Tabla de contenidos

LA GRACIA Y LAS VIRTUDES

La gracia

- nos introduce así en la intimidad de la vida trinitaria. Como hijos adoptivos, podemos llamar «Padre» a Dios, en unión con el Hijo único (cfr. Catecismo, 1997);

404 Esta vocación "depende enteramente de la iniciativa gratuita de Dios, porque sólo Él puede revelarse y darse a sí mismo. Sobrepasa las capacidades de la inteligencia y las fuerzas de la voluntad humana, como las de toda creatora (cfr. I Cor 2,7-9)" (Catecismo, 1998).

405 SANTO TOMAS DE AQUINO, Summa Theologiae, II-II, q.24, a.3, ad 2.

406 CONCILIO VATICANO II, Const Gaudium et spes, 22. Cfr. Rom 8,14-17; Gal 4,5-6; I loann 3,1.


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d) La gracia santificante se llama también gracia habitual porque es una disposi ción estable que perfecciona al alma por la infusión de virtudes, para hacerla capaz de vivir con Dios, de obrar por su amor (cfr. Catecismo, 2000)408.

La justificación

La santificación

407 Todo don creado procede del Don increado, que es el Espíritu Santo. "El amor de Dios se ha derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado" (Rom 5,5. Cfr. Gal 4,6).

408 Se debe distinguir entre la gracia habitual y las gracias actuales, "que designan las intervenciones divinas que están en el origen de la conversión o en el curso de la obra de la santificación" (cfr. ibidem).

409 "La justificación entraña el perdón de los pecados, la santificación y la renovación del hombre interior" (CONCILIO DE TRENTO: DS 1528).

410 En los adultos, este paso es fruto de la moción de Dios (gracia actual) y de la libertad del hombre. "Movido por la gracia actual, el hombre se vuelve a Dios y se aparta del pecado, acogiendo así el perdón y la justicia de lo alto [la gracia santificante]" (Catecismo, 1989).

411 Esta verdad ha querido recordarla el Señor, con especial fuerza y novedad, por medio de nuestro Padre, desde el 2 de octubre de 1928. La Iglesia la ha proclamado en el Concilio Vaticano II (1962-65): "Todos los fieles, de cualquier estado o régimen de vida, son llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad" (Const. Lumen gentium, 40).

412 Cfr. SANTO TOMAS DE AQUINO, Summa Theologiae, III, q.2, a.12, c.

413 Cfr. Es Cristo que pasa, 104.


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Las virtudes teologales

a) La virtud, en general, "es una disposición habitual y firme a hacer el bien" (Catecismo, 1803)417.

— "El discípulo de Cristo no debe sólo guardar la fe y vivir de ella,-sino también profesarla, testimoniarla con firmeza y difundirla" (Catecismo, 1816; cfr. Mt 10,32-33).

414 Pero la gracia "no se opone de ninguna manera a nuestra libertad cuando esta corresponde al sentido de la verdad y del bien que Dios ha puesto en el corazón 4d hombre" (Catecismo, 1742). Al contrario, "la gracia responde a las aspiraciones profundas de la libertad humana, y la perfecciona" {Catecismo, 2022).

En el estado actual de la naturaleza humana, herida por el pecado, la gracia es necesaria para vivir siempre de acuerdo con la ley moral natural.

415 Es Cristo que pasa, 9.

416 Para alcanzar la gracia de Dios contamos con la intercesión de nuestra Madre María Santísima, Medianera de todas las gracias, y también con la de San José, los Ángeles y los Santos. Los hijos de Dios en el Opus Dei contamos especialmente con la intercesión de nuestro Fundador, San Josemaría, a quien debemos acudir con frecuencia para que nos ayude a seguir su ejemplo de santidad.

Los vicios, son, por el contrario, hábitos morales que siguen a las obras malas, e inclinan a repetirlas y a empeorar.

418 De modo análogo a como el alma humana obra a través de sus potencias (entendimiento y voluntad), el cristiano en gracia de Dios obra a través de las virtudes teologales, que son como las potencias de la "nueva naturaleza" elevada por la gracia.

419 CONCILIO VATICANO II, Const. Dei Verbum, 5.

420 La fe se manifiesta en obras: la fe viva "actúa por la caridad" (Gal 5,6), mientras que "la fe sin obras está muerta" (Iac 2,26), aunque el don de la fe permanece en el que no ha pecado directamente contra ella (cfr. CONCILIO DE TRENTO: DS 1545).

Los pecados contra la fe se estudian en el tema 31, n. 3.


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d) La esperanza "es la virtud teologal por la que aspiramos al Reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos no en nuestras tuerzas, sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo" (Catecismo, 1817)421.

e) La caridad "es la virtud teologal por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas por Él mismo y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios" (Catecismo, 1822). Este es el mandamiento nuevo de Jesucristo: "que os améis unos a otros como yo os he amado" (Ioann 15,12)422.

Las virtudes humanas

a) "Las virtudes humanas son actitudes firmes, disposiciones estables, perfecciones habituales del entendimiento y de la voluntad que regulan nuestros actos, ordenan nuestras pasiones y guían nuestra conducta según la razón y la fe. Proporcionan facilidad, dominio y gozo para llevar una vida moralmente buena" (Catecismo, 1804).

La prudencia "es la virtud que dispone la razón práctica a discernir en toda circunstancia nuestro verdadero bien y a elegir los medios rectos para realizarlo" (Catecismo, 1806). Es la "regla recta de la acción"424.

La justicia "es la virtud moral que consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que les es debido" (Catecismo, 1807)425.

421 Cfr. Hebr 10,23; Tit 3,6-7.

"La virtud de la esperanza corresponde al anhelo de felicidad puesto por Dios en el corazón de todo hombre" (Catecismo, 1818): lo purifica y lo eleva; protege del desaliento; dilata el corazón en la espera de la bienaventuranza eterna; preserva del egoísmo y conduce a la alegría (cfr. ibidem).

Debemos esperar la gloria del cielo prometida por Dios a los que le aman (cfr. Rom 8,28-30) y hacen su voluntad (cfr. M 7,21), seguros de que con la gracia de Dios podemos "perseverar hasta el fin" (cfr. Mt 10,22) (cfr. Catecismo, 1821).

422 La caridad es superior a todas las virtudes (cfr. / Cor 13,13). "Si no tengo caridad, nada soy... nada me sirve" (I Cor 13,1-3).

"El ejercicio de todas las virtudes está animado e inspirado por la caridad" (Catecismo, 1827). Es la forma de todas tus virtudes: las "informa" o "vivifica", porque las orienta al amor de Dios; sin la caridad, las demás virtudes estén muertas.

La caridad purifica nuestra facultad humana de amar y la eleva a la perfección sobrenatural del amor divino (cfr. Catecismo, 1827). Hay un orden en la caridad. La caridad se manifiesta también en la corrección fraterna (cfr. Catecismo, 1829).

423 Como se explicará en el apartado siguiente, el cristiano desarrolla estas virtudes con la ayuda de la gracia de Dios que, al sanar la naturaleza, da tuerza para practicarlas, y las ordena a un fin mas alto.

424 SANTO TOMÁS DE AQUINO, Summa Theologiae, II-II, q.47, a.2, c.

Lleva a juzgar rectamente sobre el modo de obrar no retrae de la acción. "No se confunde ni con la timidez o el temor, ni con la doblez o la disimulación. Es llamada «auriga virtutum»: conduce las otras virtudes indicándoles regla y medida. Gracias a esta virtud aplicamos sin error los principios morales a los casos particulares y superamos las dudas sobre el bien que debemos hacer y el mal que debemos evitar" (Catecismo, 1806).


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d) Con respecto a las virtudes morales, se afirma que in medio virtus. Esto significa que la virtud moral consiste en un medio entre un defecto y un exceso427. In medio virius no es una llamada a la mediocridad. La virtud no es el término medio entre dos o más vicios, sino la rectitud de la voluntad que —como una cumbre— se opone a todos los abismos que son los vicios428.

Las virtudes y la gracia. Las virtudes cristianas

425 El hombre no puede dar a Dios lo que le debe o lo justo en sentido estricto. Por eso, la justicia para con Dios se llama más propiamente «virtud de la religión», "puesto que a Dios le basta con que cumplamos a medida de nuestras posibilidades" (SANTO TOMAS DE AQUINO, Summa Theologiae, II-II, q.57, a.l, ad 3).

426 "En el mundo tendréis tribulación. Pero confiad: Yo he vencido al mundo" (loann 16,33).

427 Por ejemplo, la laboriosidad consiste en trabajar todo lo que se debe, que es un medio entre un menos y un más. Se opone a la laboriosidad trabajar menos de lo debido, perder el tiempo, etc. Y también se opone trabajar sin medida, sin respetar todo lo demás que también se debe hacer (deberes de piedad, de candad, etc.).

428 El principio in medio virtus es válido sólo para las virtudes morales, las cuales tienen por objeto los medios para alcanzar el fin, y en los medios hay siempre una medida. En cambio no es válido en el caso de las virtudes teologales, que estudiamos en el apartado anterior. Estas virtudes (fe, esperanza y caridad) tienen directamente a Dios por objeto. Por eso, no cabe un exceso: no es posible "creer demasiado" o "esperar demasiado en Dios" o "amarle en exceso".

429 La naturaleza humana está herida por el pecado. Por esto tiene inclinaciones que no son naturales, sino consecuencia del pecado. Del mismo modo que no es natural cojear, sino consecuencia de una enfermedad, y no sería natural aunque todo el mundo cojeara, tampoco son naturales las heridas que ha dejado el pecado original y los pecados personales en el alma: tendencia a la soberbia, a la pereza, a la sensualidad, etc. Con la ayuda de la gracia y con el esfuerzo personal estas heridas se pueden ir sanando, de modo que el hombre sea y se comporte como corresponde a su naturaleza y a su condición de hijo de Dios. Esta salud se consigue por medio de las virtudes. De modo semejante, la enfermedad se agrava por los vicios.

430 En este sentido, hay una prudencia que es virtud humana, y una prudencia sobrenatural, que es virtud infundida por Dios en el alma, junto con la gracia. Para que la virtud sobrenatural pueda producir fruto —actos buenos—


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Los dones y frutos del Espíritu Santo

1º don de sabiduría: para comprender y juzgar con acierto acerca de los designios divinos;

2º don de entendimiento: para la penetración en la verdad sobre Dios;

3º don de consejo: para juzgar y secundar en las acciones singulares los designios divinos;

4º don de fortaleza: para acometer las dificultades en la vida cristiana;

5º don de ciencia: para conocer la ordenación de las cosas creadas a Dios;

6º don de piedad: para comportamos como hijos de Dios y como hermanos de nuestros hermanos los hombres, siendo otros Cristos;

7º don de temor de Dios: para rechazar todo lo que pueda ofender a Dios, como un hijo rechaza, por amor, lo que puede ofender a su padre.

c) Los frutos del Espíritu Santo "son perfecciones que forma en nosotros el Espíritu Santo como primicias de la gloria eterna" (Catecismo, 1832). Son actos que la acción del Espíritu Santo produce habitualmente en el alma.

— La tradición de la Iglesia enumera doce: "caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad" (Gal 5,22-23).

Influencia de las pasiones en la vida moral

a) Por la unión sustancial del alma y del cuerpo, nuestra vida espiritual —el conocimiento intelectual y el libre querer de la voluntad— se encuentra bajo el influjo (para bien o para mal) de la sensibilidad. Este influjo se manifiesta en las pasiones que son "impulsos de la sensibilidad que inclinan a obrar o a no obrar en razón de lo que es sen-

necesita la correspondiente virtud humana (esto mismo sucede con las demás virtudes cardinales: la virtud sobrena tural de la justicia, requiere la virtud humana de la justicia; y lo mismo la fortaleza y la templanza). Dicho de otra manera, la perfección cristiana —la santidad— exige y comporta la perfección humana.

431 En la clase nº 7 se mencionó este tema. Aquí se puede añadir, para ayudar a comprender la función de los Dones del Espíritu Santo en la vida moral, la siguiente explicación clásica: así como la naturaleza humana tiene unas potencias (inteligencia y voluntad) que permiten realizar las operaciones de entender y querer, así la naturaleza elevada por la gracia tiene unas potencias que le permiten realizar actos sobrenaturales. Estas potencias son las virtudes teologales (fe, esperanza y caridad). Son como los remos de una barca, que permiten avanzar en dirección al fin sobrenatural. Sin embargo, este fin nos supera de tal modo, que no bastan las virtudes teologales para llegar a alcanzarlo. Dios concede, junto con la gracia, los dones del Espíritu Santo, que son nuevas perfecciones del alma que permiten que sea movida por el mismo Espíritu Santo. Son como la vela de una barca, que le permite avanzar con el soplo del viento. Los dones nos perfeccionan en orden a hacemos más dóciles a la acción del Espíritu Santo, que se convierte así en motor de nuestro obrar.


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tido o imaginado como bueno o como malo" (Catecismo, 1763). Las pasiones son mo vimientos del apetito sensible (irascible y concupiscible). Se pueden llamar también, en sentido amplio, "sentimientos" o "emociones .

d) Pertenece a la perfección humana el que las pasiones estén reguladas por la razón y dominadas por la voluntad434. Después del pecado original, las pasiones no se encuentran sometidas al imperio de la razón, y con frecuencia inclinan a realizar lo que no es bueno435. Para encauzarlas habitualmente al bien se necesita la ayuda de la gracia, que sana las heridas del pecado, y la lucha ascética.

e) La voluntad, si es buena, utiliza las pasiones ordenándolas al bien436. En cambio, la mala voluntad, que sigue al egoísmo, sucumbe a las pasiones desordenadas o las usa para el mal (cfr. Catecismo, 1768).

Bibliografía básica:

Catecismo de la Iglesia Católica, 1762-1770,1803-1832 y 1987-2005.

Lecturas recomendadas:

Homilía "Virtudes humanas", en Amigos de Dios, nn. 73-92.

Cuadernos 2, (Sobre la vida cristiana): "El auxilio divino en la vida moral", pp. 112-125.

432 Hay que tener en cuenta que también se habla de "sentimientos" o "emociones" suprasensibles o espirituales, que no son propiamente "pasiones" porque no conllevan movimientos del apetito sensible.

433 Por ejemplo, hay una ira buena, que se indigna ante el mal, y también hay una ira mala, descontrolada o que impulsa al mal (como sucede en la venganza); hay temor bueno y hay un temor malo, que paraliza para hacer el bien; etc.

434 Cfr. SANTO TOMAS DE AQUINO, Summa Theologiae, I-II q.24, aa. 1 y 3.

435 En ocasiones pueden dominar de tal modo a la persona, que la responsabilidad moral se reduce al mínimo.

436 "La perfección moral consiste en que el hombre no sea movido al bien sólo por su voluntad, sino también por su apetito sensible según estas palabras del salmo: «Mi corazón y mi carne gritan de alegría hacia el Dios vivo» (Ps 84,3)" (Catecismo, 1770). "Las pasiones son malas si el amor es malo, buenas si es bueno" (SAN AGUSTÍN, De civitate Dei, 14,7).

LA PERSONA Y LA SOCIEDAD

El fin último y la dignidad de la persona humana437

a) Dios, causa primera de todo lo creado, es también el último fin. Todas las criaturas tienen como fin dar gloria a Dios. Las criaturas irracionales tienden al último fin de un modo necesario. Pero el hombre, en virtud de su alma y de sus potencias espirituales de entendimiento y de voluntad, está dotado de libertad y debe dirigirse libremente hacia Dios (cfr. Catecismo, 1705). Ha sido creado para conocer y amar a Dios, y en este conocimiento y en este amor —que será pleno en la gloria— encuentra su felicidad438.

b) Dios ha querido destinar al hombre gratuitamente a un fin sobrenatural, que es la visión beatífica: ver a Dios cara a cara, participando de la vida íntima de la Santísima Trinidad. Para dirigirse a este fin el hombre necesita la gracia, que eleva la naturaleza humana439.

c) El hombre, herido en su naturaleza por el pecado original, está sujeto al error e inclinado al mal, aunque conserva el deseo del bien (cfr. Catecismo, 1707). Para conducirnos al fin sobrenatural, Dios nos concede su ayuda mediante la ley y la gracia (cfr. Catecismo, 1949). Ilumina el camino revelando la ley moral que se había oscurecido en el corazón del hombre; y nos da la fuerza para recorrerlo mediante la gracia sobrenatural, que no sólo eleva sino que sana nuestra naturaleza. Estos dones nos los ha alcanza­do Cristo.

d) La persona humana es "la única criatura terrestre a la que Dios ha amado por sí misma"440. "No es solamente algo, sino alguien" (Catecismo, 357). Por eso, nunca se puede "considerar a las personas como simples medios para un fin" (Catecismo, 1887).

437 En este apartado se recuerdan sintéticamente algunas cuestiones que se han tratado con más detalle en los temas 26 y 28.

438 Vid. tema 26, n.l. El hombre debe glorificar a Dios en todas las cosas y en todos los actos de su vida: Deo omnis gloria! (cfr. Camino, 780 y 783). En esto consiste la rectitud de intención.

439 Vid. tema 28, n.l.

440 CONCILIO VATICANO II, Const. Gaudium et spes, 24.


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Carácter social de la persona

La sociedad

a) La vocación del hombre a manifestar la imagen de Dios es personal, pero concierne también a la vida social (Catecismo, 1877)450. En efecto, "todos los hombres son llamados al mismo fin: Dios. Existe cierta semejanza entre la unión de las personas

441 Esto equivale a decir que la vocación del hombre es ser cada vez más conforme con Cristo (cfr. II Cor 3,4; Rom 8,29), ya que, "en Cristo, «imagen del Dios invisible» (Col 1,15), el hombre ha sido creado «a imagen y semejan­za» del Creador"; y "en Cristo, Redentor y Salvador, la imagen divina alterada en el hombre por el primer pecado ha sido restaurada en su belleza original y ennoblecida con la gracia de Dios" (Catecismo, 1701).

442 JUAN PABLO II, Carta Mulieris dignitatem, 15-VIII-88, n. 7.

443 Ibidem.

444 Cfr. ibidem.

445 Ibidem.

446 De este modo el cristiano se identifica con Cristo, que se entregó totalmente por nosotros. "Dar la vida por los demás. Sólo así se vive la vida de Jesucristo y nos hacemos una misma cosa con Él" (Vía Crucis, XIV estación).

447 El hombre "no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás" (CONCILIO VATICANO II, Const Gaudium et spes, 25).

448 Cfr.lbidem.

449 Ibidem, 31.

450 La imagen divina en el hombre también "resplandece en la comunión de las personas a semejanza de la unión de las personas divinas entre sí" (Catecismo, 1702).


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divinas y la fraternidad que los hombres deben instaurar entre ellos, en la verdad y el amor" (Catecismo, 1878).

451 CONCILIO VATICANO II, Const. Gaudium et spes, 25; cfr. Catecismo, 1881.

452 JUAN PABLO II, Enc. Centesimus annus, (l-V-91), 48. Cfr. Catecismo, 1883.

"El principio de subsidiariedad se opone a toda forma de colectivismo. Traza los límites de la intervención del Estado. Intenta armonizar las relaciones entre individuos y sociedad. Tiende a instaurar un verdadero orden internacional" (Catecismo, 1883).

Dios "entrega a cada criatura las funciones que es capaz de ejercer, según las capacidades de su naturaleza. Este modo de gobierno debe ser imitado en la vida social. El comportamiento de Dios en el gobierno del mundo, que manifiesta tanto respeto a la libertad humana, debe inspirar la sabiduría de los que gobiernan las comunidades humanas. Estos deben comportarse como ministros de la providencia divina" (Catecismo, 1884).

453 Cfr. Juan Pablo II, Enc. Sollicitudo rei socialis, (30-XII-87), 36.

434 "La Iglesia, cuando habla de situaciones de pecado o denuncia como pecados sociales determinadas situaciones o comportamientos colectivos (...), sabe y proclama que estos casos de pecado social son el fruto, la acumulación y la concentración de muchos pecados personales. Se trata de pecados personalismos de quien genera o favorece la iniquidad o la aprovecha; de quien, pudiendo hacer algo por evitar, eliminar, o, al menos, limitar determinados males sociales, omite el hacerlo por pereza, miedo y encubrimiento, por complicidad solapada o por indiferencia; de quien busca refugio en la presunta imposibilidad de cambiar el mundo; y también de quien pretende ahorrarse la fatiga y el sacrificio" (JUAN PABLO II, Ex. ap. Reconciliatio et paenitentia, (2-XII-1984), 16).

455 Cfr. CONCILIO VATICANO II, Const. Lumen gentium, 31; JUAN PABLO II, Ex. ap. Christifideles laici, (30-XII-88), 15-16.

Se trata, generalmente, de un proceso, no de un cambio instantáneo, lo cual comporta que los fieles laicos muchas veces tendrán que convivir con esas estructuras y sufrir sus consecuencias, sin dejarse corromper y sin


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— Para que haya estructuras justas ha de haber hombres justos456. La santidad de los fieles "promueve en la sociedad terrena un nivel de vida más humano"457. "Dios quiere un puñado de hombres «suyos» en cada actividad humana. —Después... «pax Christi in regno Christi» —la paz de Cristo en el reino de Cristo"458.

— El empeño por vivir con coherencia las normas de moral profesional, además de ser condición necesaria para santificar el trabajo profesional, es un medio de capital importancia para cristianizar las relaciones profesionales y la entera sociedad desde dentro459.

La autoridad460

a) "Toda comunidad humana necesita de una autoridad que la gobierne. Esta tiene su fundamento en la naturaleza humana. Es necesaria para la unidad de la sociedad. Su misión consiste en asegurar en cuanto sea posible el bien común de la sociedad" (Catecismo, 1898).

—"La autoridad sólo se ejerce legítimamente si busca el bien común y si, para alcanzarlo, emplea medios moralmente lícitos. Si los gobernantes proclamasen leyes in-

perder el empeño por cambiarlas (cfr. JUAN PABLO II, Enc. Centesimus annus, (l-V-91), 38). Conviene meditar las palabras del Señor: "No te pido que los saques del mundo sino que los preserves del mal" (loann 17,15).

456 "No puede haber una nueva humanidad si antes no hay hombres nuevos, de la novedad del Bautismo" (PABLO VI, Ex. ap. Evangelii nuntiandi, (8-XU-75), 18. Cfr. CONCILIO VATICANO II, Const Gaudium el spes, 30).

457 CONCILIO VATICANO II, Const Lumen gentium, 40.

458 Camino, 301. Nuestro Fundador repetía muchas veces como jaculatoria "Regnare Christum volumus" (cfr., por ejemplo, Surco, 292).

459 Cfr. JUAN PABLO II, Enc. Centesimus annus, (l-V-1991), 38.

460 Sobre este tema se habla también en la clase 33, n. 7, desde el punto de vista del 42 Mandamiento.

461 CONCILIO VATICANO II, Const Gaudium et spes, 74; cfr. Catecismo, 1901.

462 JUAN PABLO II, Enc. Centesimus annus, (l-V-91), 46.

463 JUAN PABLO II, Enc. Evangelium vitae, (25-III-95), 70. El Papa se refiere en particular al derecho de cada ser humano inocente a la vida, al que se oponen las leyes del aborto.

464 JUAN PABLO II, Enc. Centesimus annus, (l-V-91), 46.


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justas o tomasen medidas contrarias al orden moral, estas disposiciones no pueden obligar en conciencia" (Catecismo, 1903)465. "Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres" (Act 5,29).

e) "Si la autoridad pública puede, a veces, renunciar a reprimir aquello que provocaría, en caso de estar prohibido, un daño más grave466, sin embargo nunca puede legitimar, como derecho de los individuos —aunque éstos fueran la mayoría de los miembros de la sociedad—, la ofensa infligida a otras personas mediante la negación de un derecho suyo tan fundamental como el de la vida"467.

El bien común

d) El ámbito del bien común no es sólo la ciudad o el país. Existe un bien común universal. Para promoverlo se requiere "una organización de la comunidad de naciones" (Catecismo, 1911).

465 Cfr. tema 26, n.5.

466 Cfr. SANTO TOMAS DE AQUINO, Summa Theologiae, I-II, q.96, a.2, c. En esto consiste la tolerancia.

467 JUAN PABLO II, Enc. Evangelium vitae, (25-HI-95), 71.

468 Concretamente, "el orden social y su progreso deben subordinarse al bien de las personas y no al contrario" (CONCILIO VATICANO II, Const Gaudium et spes, 26).

469 Ibidem; cfr. Catecismo, 1906.

470 "En nombre del bien común, las autoridades están obligadas a respetar los derechos fundamentales e inalienables de la persona humana. En particular, el bien común reside en las condiciones de ejercicio de las libertades naturales que son indispensables para el desarrollo de la vocación humana" (Catecismo, 1907).

471 La autoridad, respetando el principio de subsidiariedad y promoviendo la iniciativa privada, debe procurar que cada uno disponga de lo que necesita para llevar una vida verdaderamente humana: alimento, vestido, salud, trabajo, educación y cultura, información adecuada, etc. (cfr. Catecismo, 1908 y 2211).

472 La paz no es sólo ausencia de guerra. La paz no puede alcanzarse sin la salvaguardia de los bienes de las personas, y el respeto de su dignidad (cfr. Catecismo, 2304). La paz es la "tranquilidad del orden" (SAN AGUSTÍN, De civitate Dei, 19,13). Es obra de la justicia (cfr. Is 32,17).

La autoridad debe procurar, por medios lícitos, la seguridad de la sociedad y de sus miembros. "El bien común fundamenta el derecho a la legítima defensa individual y colectiva" (Catecismo, 1909).


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Participación en la vida pública

a) Participar en la promoción del bien común, cada uno según el lugar que ocupa y el papel que desempeña, es un "deber inherente a la dignidad de la persona humana" (Catecismo, 1913). “Nadie se debe conformar con una ética meramente individualista”473.

b) Esta participación se realiza, ante todo, por medio del cumplimiento responsable de los propios deberes familiares y profesionales (cfr. Catecismo, 1914) y de las obligaciones de justicia legal (como, por ejemplo, el pago de impuestos)474. También se realiza mediante la práctica de las virtudes, especialmente de la solidaridad475.

c) Además, "los ciudadanos deben cuanto sea posible tomar parte activa en la vida pública" (Catecismo, 1915). La iniciativa de los fieles laicos es particularmente necesaria para lograr "que las exigencias de la doctrina y de la vida cristianas impregnen las realidades sociales, políticas y económicas" (Catecismo, 899).

— "No corresponde a los pastores de la Iglesia intervenir directamente en la actividad política y en la organización de la vida social. Esta tarea forma parte de la vocación de los fieles laicos, que actúan por su propia iniciativa con sus conciudadanos. La acción social puede implicar una pluralidad de vías concretas" (Catecismo, 2442).

d) Justicia y caridad: solamente con la justicia no es posible resolver los problemas de la sociedad. "Pide mucho más la dignidad del hombre, que es hijo de Dios. La caridad ha de ir dentro y al lado, porque lo dulcifica todo, lo deifica"476.

Bibliografía básica:

Catecismo de la Iglesia Católica, 1877-1917.

Lecturas recomendadas:

Homilía "Cristo Rey", en Es Cristo que pasa, nn. 179-187.

Cuadernos 2, (Sobre la vida cristiana): "Aspectos sociales de la vida moral (I) y (II)", pp. 65-81.

473 CONCILIO VATICANO II, Const Gaudium el spes, 30.

474 La justicia legal es la virtud que inclina a la persona a dar lo que el ciudadano debe equitativamente a la comunidad (cfr. Catecismo, 2411).

"La sumisión a la autoridad y la corresponsabilidad en el bien común exige moralmente el pago de los impuestos" (Catecismo, 2240). "El fraude y otros subterfugios mediante los cuales algunos escapan a la obligación de la ley y a las prescripciones del deber social deben ser firmemente condenados por incompatibles con las exigencias de la justicia" (Catecismo, 1916).

475 Vid. tema 36, n.2 e).

476 Amigos de Dios, 172. La caridad "es como un generoso desorbitarse de la justicia" (ibidem, 173). Vid. tema 36, n.6.

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