6. LA CREACIÓN
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85 La respuesta a estas preguntas no podrá llegar nunca de las ciencias particulares, sino de un saber filosófico, capaz de abarcar las distintas facetas de la existencia humana (cfr. CONCILIO VATICANO II, Const. Gaudium et spes, 10).
86 Vid. tema 1, n. 1. Cfr. DS 276S, 3004,3026, 3538; cfr. Catecismo, 286. Esta posibilidad de la razón humana de llegar a reconocer a Dios Creador a partir de las cosas creadas, está atestiguada por la Sagrada Escritura (cfr. Sap 13,1-8; Rom 1,18-20).
87 Cfr. DS, 3021-3025; Catecismo 285.
88 Otros textos bíblicos de gran importancia sobre la relación entre Dios y sus criaturas se encuentran en los salmos (cfr. Ps 8,1040, en el libro del Eclesiástico (Sir, cap. 42 y 43), en el libro de Job (cap. 38 y 39), en los Proverbios (cap. 8), en el libro de la Sabiduría (cap. 7), etc. En el Nuevo Testamento, cfr. loann, 1; Ephes, 1; Colos, 1; etc.
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a) Dios ha creado el mundo en el principio y de la nada.
89 Para exponer con profundidad la verdad sobre la creación tiene gran importancia la metafísica del ser, en particular para entender la relación entre Dios y las criaturas; la transcendencia de Dios con respecto al mundo y su presencia en las cosas creadas; la relación entre causa primera y causas segundas, entre creación y tiempo; y la armonía entre creación y evolución.
90 La creación de la nada implica que también el mismo tiempo ha sido creado: no hay un antes con respecto a la obra creadora. La razón humana, de todas maneras, no puede demostrar que el mundo haya tenido un inicio temporal, ni tampoco negarlo.
91 Esta obra de Dios se "apropia" al Padre no porque sea obra exclusivamente suya, sino por su congruencia con lo que es propio de la Primera Persona de la Santísima Trinidad: el ser principio sin principio.
La generación del Hijo y la procesión del Espíritu Santo se reflejan de alguna numera en la lógica de la creación (cfr. Catecismo, 291). El mundo es una cierta imagen de la gloria de Dios porque todo ha sido creado por medio del Verbo eterno (cfr. loann 1,1-3; Heb 1,2-3), y la creación misma está asociada al misterio de Cristo, Verbo encarnado (cfr. Calos 1,16-17; / Cor 8,6; Ephes 1,9-10).
La fe de la Iglesia afirma también la obra creadora del Espíritu Santo, dador de vida y fuente de todo bien. El Espíritu Santo "es amor y don (increado), del que deriva como de su fuente (fons vivus) toda donación con respecto a las criaturas: la donación de la existencia a todas las cosas mediante la creación; la donación de la gracia a los hombres mediante toda la economía de la salvación" (JUAN PABLO II, Enc. Dominum et Viviflcantem, (8-V-1986), n. 10).
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300). Esta presencia se llama de inmensidad: Dios está presente en las criaturas "por esencia, presencia y potencia"92.
g) Dependencia de Dios. "Realizada la creación, Dios no abandona su criatura a ella misma. No sólo le da el ser y el existir, sino que la mantiene a cada instante en el ser, le da el obrar y la lleva a su término. Reconocer esta dependencia completa con respecto al Creador es fuente de sabiduría y de libertad, de gozo y de confianza" (Catecismo, 301).
h) Providencia de Dios "La creación tiene su bondad y su perfección propias, pero no salió plenamente acabada de las manos del Creador. Fue creada «in statu viae» ["en camino"] hacia una perfección última todavía por alcanzar, a la que Dios la destinó. Llamamos Divina Providencia a las disposiciones por las que Dios conduce la obra de su creación hacia esta perfección" (Catecismo, 302). "La Divina Providencia es concreta e inmediata; tiene cuidado de todo, de las cosas más pequeñas hasta los grandes acontecimientos del mundo y de la historia" (Catecismo, 303)93.
i) La Providencia y el mal. Para la realización de los designios de su providencia, Dios se sirve del concurso de sus criaturas (cfr. Catecismo, 306). A los hombres les concede "poder participar libremente en su providencia" (Catecismo, 307). Dios respeta la libertad, aun cuando el hombre obra mal (cfr. Catecismo, 311), pero "en su providencia todopoderosa puede sacar un bien de las consecuencias de un mal" (Catecismo, 312). Es una misteriosa, pero grandísima verdad que "todo coopera al bien de los que aman a Dios" (Rom 8,28): omnia in bonum!
j) La verdad de la creación: ciencia y fe. El estudio científico sobre el origen del universo y su evolución no está en conflicto con las afirmaciones de la fe sobre su dependencia de Dios y la razón última de su existencia. Para explicar esta armonía entre ciencia y fe hay que subrayar la base metafísica de toda actividad científica (la ciencia no es un saber de totalidad) y mostrar que ciencia y fe responden a preguntas distintas94.
A) Los Ángeles
a) "La existencia de seres espirituales, no corporales, que la Sagrada Escritura llama habitualmente ángeles, es una verdad de fe" (Catecismo, 328).
92 Por esencia, porque la Esencia divina está en lo más último de las cosas, dándoles el ser; por presencia, porque todo está presente a Dios: las cosas no son conocidas por Dios porque existan, sino que existen porque Dios las conoce y las quiere; por potencia, porque todas las cosas están sujetas de modo inmediato al poder de Dios (cfr. SANTO TOMAS DE AQUINO, In loann. Ev., 1,5).
93 Una consecuencia práctica es el abandono filial: "No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿qué vamos a comer? ¿qué vamos a beber?... Ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura" (Mt 6,31-33; cfr. 10,29-31).
94 Hay que evitar un doble error por un lado, el de pensar que fe y ciencia hablen de dos mundos separados (esto conduciría al fideísmo); por otro lado, el de ver concordancias forzadas, buscando en los datos que aporta la ciencia una verificación empírica o una demostración de las verdades de la fe, cuando en realidad se trata de datos que pertenecen a métodos y disciplinas distintas (esto conduciría a una falsa apologética). El mundo de la ciencia es el mismo mundo creado por Dios, pero Dios nos revela de este mundo razones que la ciencia no podrá nunca explicar.
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B) El hombre
a) Dios creó al hombre a su imagen y semejanza (cfr. Gen 1,26). "De todas las criaturas visibles sólo el hombre es capaz de conocer y amar a su Creador; es la única criatura en la tierra que Dios ama por sí misma; sólo el hombre está llamado a participar por el conocimiento y el amor en la vida de Dios. Para este fin ha sido creado y ésta es la razón fundamental de su dignidad" (Catecismo, 356; cfr. Catecismo 1701-1703).
95 La elevación sobrenatural se estudia con más detalle en el tema 7, n. 1. "En Cristo, redentor y salvador, la imagen divina alterada en el hombre por el primer pecado ha sido restaurada en su belleza original y ennoblecida con la gracia de Dios" (Catecismo, 1701).
96 Amigos de Dios, 57.
97 El tema de la sociabilidad de la persona humana se trata en la clase 29.
98 Cfr. CONCILIO DE VIENNE, año 1312: DS 902.
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versales: operaciones que no pueden residir en una potencia material, como la de los animales".
h) Con el buen uso de la libertad crece —se hace más nítida— la imagen de Dios en el hombre.
C) El mundo material
a) El mundo material y el hombre en los planes de Dios. "Dios creó todo para el hombre, pero el hombre fue creado para servir y amar a Dios y para ofrecerle toda la creación" (Catecismo, 358). Todo el universo material "alcanza su más su más alta cima en el hombre, y alza la voz por medio del hombre para la libre alabanza del Creador"103.
99 Aunque las operaciones espirituales del alma humana se expresen a través de la materia y en la materia (el cuerpo humano), el ser del alma no se identifica con la materialidad del cuerpo o de alguna de sus partes (por ejemplo el cerebro). El error de este reduccionismo es no distinguir la real diferencia entre mente (razón, entendimiento, voluntad, libertad, etc.) y cerebro.
100 Cfr. PÍO XII, Humani generis, DS 3829.
En relación con el origen del hombre, se puede hacer notar que la pregunta ¿cómo se ha originado el hombre? es distinta de la pregunta ¿quién es el hombre? Las ciencias podrían llegar a contestar en parte a la primera, reconstruyendo todos los anillos de una cadena ideal que a partir del origen del universo físico hayan conducido al establecimiento de las condiciones en las que ha aparecido el hombre sobre la tierra. Sin embargo sólo la Revelación puede contestar a la otra pregunta: nos revela quién es el hombre en los planes de Dios, y por qué sobre la tierra "existo yo". La razón última de esta explicación es precisamente la existencia de cada alma humana, es decir de cada yo frente a su Creador.
101 Cfr. CONCILIO VATICANO II, Const Gaudium et spes, 15-17.
Estas cuestiones se tratan más específicamente en el tema 26. Si interesa, se puede dar aquí una breve explicación de las facultades espirituales:
102 Cfr. tema 26. Aquí se puede explicar brevemente que hay un buen uso y un mal uso de la libertad, porque no es el hombre el que establece la verdad sobre el bien y el mal sino que existe una "dependencia de la libertad con respecto a la verdad" (JUAN PABLO II, Enc. Veritatis splendor, (6-VIII-93), 34): "conoceréis la verdad y la verdad os hará libres" (loann 8,32). "En algunas comentes de pensamiento moderno se ha llegado a exaltar la libertad hasta el extremo de considerarla como un absoluto, que sería la fuente de los valores. En esta dirección se orientan las doctrinas que desconocen el sentido de lo trascendente o las que son explícitamente ateas" (JUAN PABLO II, ibidem, 32), que atribuyen a la voluntad del hombre el establecimiento absoluto de lo bueno y de lo malo.
103 CONCILIO VATICANO II, Const. Gaudium et spes, 14. "Las distintas criaturas, queridas en su ser propio, reflejan, cada una a su manera, un rayo de la sabiduría y de la bondad infinitas de Dios. Por esto, el hombre debe respetar la bondad propia de cada criatura para evitar un uso desordenado de las cosas, que desprecie al Creador y acarree consecuencias nefastas para los hombres y para su ambiente" (Catecismo, 339).
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Bibliografía básica:
Catecismo de la Iglesia Católica, 279-374.
CONCILIO VATICANO II, Const. Gaudium et Spes, 10-18,36-39.
Lectura recomendada:
Cuadernos 1: Sobre nuestra fe: "La obra creadora", pp. 36-40.
104 CONCILIO VATICANO II, Const Gaudium et spes, 38.