Programa de formación inicial (B-10), Roma, 1985/Apartado IV 2

2. LA REVELACIÓN SOBRENATURAL

Tabla de contenidos

Naturaleza y contenido de la Revelación

a) Noción y finalidad de la Revelación:

"Quiso Dios, con su bondad y sabiduría, revelarse a Sí mismo y manifestar el misterio de su voluntad: por Cristo, la palabra hecha carne, y en el Espíritu Santo, pueden los hombres llegar hasta el Padre y participar de la naturaleza divina. En esta revelación, Dios invisible, movido de amor, habla a los hombres como a amigos"24.

Por lo tanto:

b) Relación entre conocimiento natural y revelación sobrenatural; necesidad de la Revelación.

"Mediante la razón natural, el hombre puede conocer a Dios con certeza a partir de sus obras. Pero existe otro orden de conocimiento que el hombre no puede de ningún modo alcanzar por sus propias fuerzas, el de la Revelación divina27. Por una decisión enteramente libre, Dios se revela y se da al hombre. Lo hace revelando su misterio, su designio benevolente que estableció desde la eternidad en Cristo en favor de todos los hombres. Revela plenamente su designio enviando a su Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo, y al Espíritu Santo" (Catecismo, 50).

24 CONCILIO VATICANO II, Const Dei Verbum, 2.

25 "La Revelación se realiza por obras y palabras intrínsecamente ligadas; las obras que Dios realiza en la historia de la salvación manifiestan y realizan la doctrina y las realidades que las palabras significan; y a su vez las palabras proclaman las obras y explican su misterio" (ibidem).

"La verdad profunda de Dios y de la salvación del hombre que transmite dicha revelación, resplandece en Cristo, mediador y plenitud de la Revelación" (ibidem). 27 Cfr. CONCILIO VATICANO I: DS 3015.


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La Revelación es, pues, una manifestación de Dios a los hombres, para comunicarles verdades naturales y sobrenaturales:

c) Relación entre revelación externa y revelación interior. Además de los signos externos con que revela, Dios da el impulso interior de la gracia para que el hombre pueda adherirse libremente a esas verdades. La Palabra del Hijo es acogida porque es el Padre quien atrae a Sí los hombres (cfr. loann 6,44), y es el Espíritu Santo quien mueve los corazones (cfr. Act 16,14).

Las personas serán movidas por la gracia y se acercarán a Dios, si escuchan la palabra: "¿Cómo creerán, si no oyeron hablar de Él? ¿Como oirán sin alguien que les predique?" (Rom 10,14). Por lo tanto, hay que enseñar la doctrina cristiana, y poner a cada persona en contacto con la Sagrada Escritura, especialmente con la vida de Cristo a través de la lectura de los Evangelios (cfr. II Tim 4,1-5).

Las etapas de la Revelación

a) La revelación primitiva:

"Dios, creándolo todo y conservándolo por su Verbo, da a los hombres testimonio perenne de Sí en las cosas creadas, y queriendo abrir el camino de la salvación sobrenatural, se manifestó, además, personalmente a nuestros primeros padres ya desde el principio (...). Después de su caída [por el pecado original] alentó en ellos la esperanza de la salvación con la promesa de la redención, y tuvo incesante cuidado del género humano"30.

b) La Alianza con Noé, Abraham y Moisés. Antes del pecado original, el designio de Dios de revelar y ofrecer a los hombres el misterio de su vida, se manifiesta por la intimidad que existía entre nuestros primeros padres y Dios. Después de la caída, Dios

28 Con sus fuerzas naturales el hombre no podía alcanzar a conocer el misterio de la Santísima Trinidad, la gracia de la filiación divina, los medios sobrenaturales que conducen a la salvación. También por Revelación conocemos que la razón última y más profunda del mundo es la donación gratuita del amor divino a todas las criaturas para que los hombres, en el Hijo y por medio del Espíritu Santo, conduzcan la creación entera hacia el cumplimiento de los planes de Dios.

29 CONCILIO VATICANO I: DS 3005.

30 CONCILIO VATICANO II, Const. Dei Verbum, 3; cfr. Catecismo, 54-55. Muchos hombres de muchos lugares de la tierra donde todavía no ha llegado ni la Revelación confiada al pueblo elegido de Israel, ni la plenitud de esta Revelación dada en Cristo, pueden alcanzar un cierto conocimiento de Dios —aunque debilitado por el pecado— también gracias a esta revelación primitiva. Las diversas culturas custodian de ella reflejos más o menos claros.


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sigue queriendo este designio: se revela progresivamente a los hombres y les invita a establecer con Él una alianza31.

c) Los profetas y las promesas mesiánicas. "Por los profetas, Dios forma a su pueblo en la esperanza de la salvación, en la espera de una Alianza nueva y eterna, destinada a todos los hombres, y que será grabada en los corazones. Los profetas anuncian una redención radical del pueblo de Dios, la purificación de todas sus infidelidades, una salvación que incluirá a todas las naciones" (Catecismo, 64).

Cristo Jesús, plenitud y cumplimiento de la Revelación

31 A Noé, Dios le pide que obedezca sus mandatos y le asegura, después del diluvio, la continuación del género humano (que había pecado gravemente) y le promete su cuidado sobre todo el cosmos (cfr. Gen 9).

Abram obedece a la llamada de Dios a dejar su tierra y los falsos dioses, y recibe la promesa de ser padre de una multitud de naciones. Abraham será entonces cabeza del pueblo elegido y padre de una descendencia en la que serán bendecidas todas la gentes (Gen 12,1-3 y 17,5). Dios renueva su alianza y su promesa después que Abraham no rehusa ofrecerle su hijo Isaac (Gen 22,15-18).

Moisés. "Después de la etapa de los patriarcas, Dios constituyó a Israel como su pueblo salvándolo de la esclavitud de Egipto. Estableció con él la alianza del Sinaí y le dio por medio de Moisés su Ley, para que lo reconociese y sirviera como al único Dios vivo y verdadero" (Catecismo, 62)

La liberación de Israel de Egipto, la alianza del Sinaí y la entrada en la tierra prometida son figuras de la liberación del pecado, de la nueva y eterna alianza realizada por Cristo, y de la entrada futura en la patria celestial. Los mandamientos de la ley mosaica tenían que preparar la humanidad a recibir la ley evangélica.

32 Dios envió a su Hijo "para que habitara entre los hombres y les contara la intimidad de Dios. (...) Él, con su presencia y manifestación, con sus palabras y obras, signos y milagros, sobre todo con su muerte y gloriosa resurrección, con el envío del Espíritu de la verdad, lleva a plenitud toda la Revelación y la confirma con testimonio divino" (CONCILIO VATICANO II, Const. Dei Verbum, 4; cfr. Catecismo, 65-66).

33 Ibidem.

34 Acoger la Revelación, además de ser la adhesión a un contenido y a una doctrina de verdad, es primeramente la adhesión vital a la persona del Cristo, que es la misma Verdad hecha visible a los hombres con su vida.

35 Cfr. tema 3, n.l.


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que Él es "la Imagen del Dios invisible" y "en Él han sido creadas todas las cosas" (Colos 1.15-16)36. Por eso, Cristo revela al hombre lo que es el hombre37.

La transmisión de la Revelación divina

a) El depósito de la Revelación es el conjunto de verdades reveladas que Cristo entregó a la Iglesia. Este depósito se contiene en la Sagrada Escritura y en la Tradición50 y el Magisterio eclesiástico lo custodia.

b) La Revelación divina se contiene en la Tradición y en la Sagrada Escritura, que constituyen un único depósito sagrado de la Palabra de Dios.

c) La Tradición y la Sagrada Escritura están íntimamente unidas y compenetradas: ambas surgen de la misma fuente y tienden a un mismo fin. La Tradición tiene prioridad de tiempo respecto a la Sagrada Escritura: la predicación del evangelio empezó oralmente y es gracias a la Tradición, por ejemplo, que la Iglesia conoce cuáles son los libros inspirados de la Sagrada Escritura (libros canónicos). Al mismo tiempo, la Escri-

36 Cfr. loann 1,1-3; Heb 1,2-3; Rom 5,12-21.

37 "El misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo Encarnado. (...) Cristo, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación" (CONCILIO VATICANO II, Const. Gaudium el spes, 22).

38 "Dios quiso que lo que había revelado para salvación de todos los pueblos, se conservara íntegro y fuera transmitido a todas las edades. Por eso Cristo nuestro Señor, plenitud de la Revelación, mandó a los Apóstoles predicar a todo el mundo el Evangelio. (...) Este mandato se cumplió fielmente, pues los Apóstoles con su predicación, sus ejemplos, sus instituciones, transmitieron de palabra lo que habían aprendido de las obras y palabras de Cristo y lo que el Espíritu Santo les enseñó; además, los mismos Apóstoles y otros de su generación pusieron por escrito el mensaje de la salvación inspirados por el Espíritu Santo.

Para que este Evangelio se conservara siempre vivo y entero en la Iglesia, los Apóstoles nombraron como sucesores a los Obispos, dejándoles su propio cargo del Magisterio" (CONCILIO VATICANO II, Const. Dei Ver-bum, 7).

39 CONCILIO VATICANO II, Const. Dei Verbum, 9; Catecismo, 81. Dios es el autor principal de la Sagrada Escritura. Los hagiógrafos son también verdaderos autores, en cuanto instrumentos que pusieron libremente sus facultades y talentos servicio de la inspiración divina, para escribir todo y sólo lo que Dios quiso (cfr. Catecismo, 106).

40 CONCILIO VATICANO II, Const Dei Verbum, 16.

41 CONCILIO VATICANO II, Const Dei Verbum, 9; Catecismo, 81.

La Iglesia no saca exclusivamente de la Escritura la certeza de todo lo revelado (cfr. Catecismo, 82).

A través de la Sagrada Tradición, "la Iglesia con su enseñanza, su vida, su culto, conserva y transmite a todas las edades lo que es y lo que cree" (CONCILIO VATICANO II, Const Dei Verbum, 8).

La liturgia de la Iglesia, por ser expresión de lo que la Iglesia vive y cree, es una de las fuentes de la Tradición: lex orandi, lex credendi.


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tura es norma para la Tradición: la Iglesia puede transmitir sólo lo que ha recibido del Señor y puede profundizar en la inteligencia de la Palabra gracias al texto inspirado.

d) La Tradición es una realidad viva. "Esta Tradición, que deriva de los Apóstoles, progresa en la Iglesia con la asistencia del Espíritu Santo: crece la comprensión de las cosas y de las palabras transmitidas cuando los fieles las contemplan y estudian meditándolas en su corazón (...), y cuando las proclaman los Obispos, sucesores de los Apóstoles con carisma cierto de la verdad"42.

El Magisterio de la Iglesia y la interpretación del depósito de la fe

c) Unidad entre Magisterio, Sagrada Escritura y Tradición. La Tradición, la Escritura y el Magisterio de la Iglesia, están unidos y ligados, de modo que ninguno puede subsistir sin los otros45.

— El error protestante de la sola Scriptura consiste en afirmar que la Revelación se contiene sólo en la Sagrada Escritura, y que su interpretación corresponde a cada fiel, ayudado en privado por el Espíritu Santo, y no al Magisterio de la Iglesia46.

42 CONCILIO VATICANO II, Const Del Verbum, 8. Sin el testimonio de los santos que han vivido y encamado las enseñanzas de Cristo, el Evangelio podría aparecer a los ojos del mundo sólo como el relato de una época histórica pasada. La vida de los santos muestra, en cada momento de la historia, la actualidad del Evangelio, su capacidad de iluminar las nuevas situaciones y problemas, y su fuerza para transformar los corazones e informar —empapar— la sociedad con el espíritu de Cristo.

43 "El Magisterio no está por encima de la palabra de Dios, sino a su servicio, para enseñar puramente lo transmitido, pues por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo, lo escucha devotamente, lo custodia celosamente, lo explica fielmente; y de este depósito de la fe saca todo lo que propone como revelado por Dios para ser creído" (CONCILIO VATICANO II, Const Dei Verbum, 10).

44 Para descubrir la intención de los autores sagrados es preciso tener en cuenta las condiciones históricas y culturales de su tiempo y los géneros literarios usados. Con diversos métodos científicos se puede profundizar en los textos bíblicos, pero sin olvidar los criterios que se acaban de señalar, ya que la Sagrada Escritura no es un libro como los demás (tiene autores humanos, pero inspirados por el Espíritu Santo, que es el Autor principal).

45 Cfr. CONCILIO VATICANO II, Const. Dei Verbum, 10.

46 Los protestantes opinan generalmente que el Magisterio católico pretende estar por encima de la Palabra de Dios, y no entienden que está a su servicio, como se ha dicho más arriba (vid. nota 43).


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— Otro error difundido es el fundamentalismo, que también separa la Sagrada Escritura de la Tradición y del Magisterio, pero sin dejarla a la interpretación de cada uno, sino fundándose únicamente en la literalidad47.

Inmutabilidad del depósito de la Revelación

Bibliografía básica:

Catecismo de la Iglesia Católica, 50-133.

47 "La fe cristiana no es una «religión del Libro». El cristianismo es la religión de la «Palabra» de Dios, no de un verbo escrito y mudo, sino del Verbo encamado y vivo" (Catecismo, 108). Estas palabras señalan el error de los grupos y sectas fundamentalistas de origen protestante.

48 CONCILIO VATICANO II, Const Dei Verbum, 4; cfr. Catecismo, 66.

"A lo largo de los siglos ha habido revelaciones llamadas «privadas», algunas de las cuales han sido reconocidas por la autoridad de la Iglesia. Estas, sin embargo, no pertenecen al depósito de la fe. Su función no es la de mejorar o completar la Revelación definitiva de Cristo, sino la de ayudar a vivirla más plenamente en una cierta época de la historia" (Catecismo, 67).

49 El estudio humilde iluminado por los dones del Espíritu Santo, la necesidad de defender el depósito revelado ante nuevos errores, el esfuerzo para transmitir el mensaje evangélico de forma siempre más inteligible en las distintas épocas y culturas, el progreso en los conocimiento de las ciencias históricas, humanas y naturales, son factores que pueden contribuir positivamente a progresar en la explicitación del contenido de la Revelación.

50 Cabe un cierto desarrollo e incremento de los dogmas debido a la progresiva explicitación del contenido de la Revelación. A veces, la Iglesia puede cambiar el lenguaje utilizado para expresar algunas verdades, pero nunca el sentido ni el contenido de la verdad que se quiere transmitir.

La proclamación de un nuevo dogma no añade nada al depósito revelado, sino que explícita alguna verdad ya contenida en ese depósito.

Lectura recomendada:

Cuadernos 1: Sobre nuestra fe: "Magisterio y jurisdicción en la Iglesia", pp. 151-158 (sobre el Magisterio)

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