PRIMERA PARTE: SOBRE LA PROFESIÓN DE FE O CREDO
1. LA EXISTENCIA DE DIOS
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a) "A partir del movimiento y del devenir, de la contingencia, del orden y de la belleza del mundo se puede conocer a Dios como origen y fin del universo" (Catecismo, 32)2.
1 .No se trata de pruebas físicas sino metafísicas (del griego "meta" = "más allá de"; y "physis" = "naturaleza"). En estas pruebas, la inteligencia parte de la naturaleza para llegar a afirmar con certeza la existencia de alguien que está más allá de la naturaleza: Dios.
2 Es importante remarcar esta idea. Hay cosas que se conocen sin que por ello sean demostrables (demostrar es llegar desde unas premisas ya conocidas a una verdad antes desconocida), pues se conocen en virtud de una evidencia directa (por ejemplo, la propia existencia de cada uno); pero este no es el caso de nuestro conocimiento de la existencia de Dios, durante la vida terrena. Ahora bien, es una verdad de fe la posibilidad del conocimiento natural de Dios (cfr. CONCILIO VATICANO I, Const. Dei Filius: DS 3004); a su vez, la demostrabilidad de la existencia de Dios a partir de las cosas creadas es una verdad próxima a la fe, pues si se niega la demostrabilidad, se terminaría negando la posibilidad del conocimiento de Dios.
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b) Entre las pruebas de este género destacan las «cinco vías» de Santo Tomás de Aquino3.
3 Cfr. SANTO TOMAS DE AQUINO, Summa Theologiae, I, q.2, a.3. A continuación se resumen estas vías, de modo sencillo, pero es preferible acudir al texto original, más rico y preciso, si los alumnos están en condiciones de entenderlo. También es importante aclarar que no se trata de unas demostraciones matemáticas de la existencia de Dios. Además, una argumentación matemática se restringe a un cierto sector de la realidad, y puede ser muy clara, pero no por ello es más verdadera que una argumentación metafísica. Para captar la fuerza probativa de estas vías se requiere una cierta formación filosófica y capacidad de abstracción. Conviene por tanto, al explicarlas, evitar caer en dos extremos: presentar como evidencias inmediatas unos argumentos que no son tales, o desacreditarlos por la dificultad que se encuentra en su comprensión. Es importante adaptar la explicación de las vías a la capacidad de los oyentes (no hay que explicarlas todas necesariamente): se puede aprovechar la facilidad que encuentren el profesor o los alumnos en alguna o algunas de ellas. Puede ser útil consultar un buen manual de "Teología natural".
4 Esto, que se dice de modo sencillo, puede ser difícil de comprender, pues supone otras cosas que se dan por sobreentendidas (cfr. SANTO TOMAS DE AQUINO, Summa Theologiae, I, q.2, a.3; puede consultarse también, si interesa, los apuntes para las clases de Teología natural y De Deo Uno, o un buen manual de estas asignaturas).
5 SANTO TOMAS DE AQUINO, Summa Theologiae, I, q.2, a.3, c.
6 Por ejemplo, en cualquier animal se ve que los diferentes órganos están organizados entre sí en función de un fin, que es el bien de ese animal.
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Luego existe un ser inteligente que dirige todas las cosas naturales a su fin, y a éste llamamos Dios"7.
c) La enseñanza de que la inteligencia humana puede llegar desde las criaturas al Creador está contenida en la Sagrada Escritura (cfr. Sab 13,1-5 y Rom l, 19-23)8.
a) En su apertura a la verdad y a la belleza, en su sentido del bien moral, en su libertad y la voz de su conciencia, en su aspiración al infinito y a la dicha, el hombre "percibe signos de su alma espiritual" (Catecismo, 33). Al ser irreductible a la sola materia9, su alma "no puede tener origen más que en Dios" (Catecismo, 33).
— Este camino para llegar a conocer la existencia de Dios a partir de la naturaleza espiritual del hombre, comienza por reconocer la existencia misma del espíritu humano, que trasciende la materia10, pero que es finito; de ahí llega a afirmar la existencia necesaria de Dios, Espíritu infinito11.
b) También se puede decir que:
—el deseo natural de felicidad, que ningún bien creado puede saciar, conduce a reconocer a Dios como Sumo Bien y Causa de todo otro bien. "El deseo de Dios está
7 SANTO TOMAS DE AQUINO, Summa Theologiae, I, q.2, a.3. Esta prueba se ha citado textualmente sólo porque es quizá la más asequible para personas que aún no tienen una buena formación intelectual. En efecto, cualquier persona advierte que si una máquina funciona es porque alguien, una persona inteligente, ha dispuesto las piezas con un orden determinado; y, por lo mismo, que el orden admirable que se observa en el mundo —y que no ha sido hecho por el hombre—, ha de tener un autor inteligente. Si el mundo es inteligible —es decir, si tiene una "lógica" que advertimos, por ejemplo, en las leyes físicas— es porque existe "alguien inteligente" que es autor de ese orden. Esta Inteligencia ordenadora es también creadora del ser.
8 "Vanos son por naturaleza los hombres en quienes hay desconocimiento de Dios, que por los bienes visibles no supieron conocer al que es, ni por la consideración de las obras reconocieron al artífice; sino que al fuego, al viento, al aire veloz, o al círculo de los astros o al agua impetuosa, o a las lumbreras del cielo tomaron por dioses rectores del universo. Si, encantados por su hermosura, tomaron esas cosas por dioses, conozcan cuánto más hermoso es el Soberano de todas ellas, pues el autor de la belleza es quien las creó. Si quedaron sobrecogidos ante su poder y actividad, comprendan por ellas cuánto más poderoso es quien las formó. Pues partiendo de la grandeza y hermosura de las criaturas, se puede conocer a su Hacedor" (Sab 13,1-5).
"Desde la creación del mundo, las perfecciones invisibles de Dios, su eterno poder y su divinidad, son cognoscibles a través de sus obras, de suerte que ellos son inexcusables" (Rom 1,20).
9 Cfr. CONCILIO VATICANO II, Const. Gaudium et spes, 18.
10 La espiritualidad del alma humana se trata en el tema 6. Aquí es suficiente señalar la experiencia común de que la persona humana tiene una dimensión espiritual, es un ser esencialmente meta-físico (es decir, que trasciende la naturaleza física). Esto se puede ilustrar de modo sencillo con el fenómeno del lenguaje humano. Cada vez que hablamos, por ejemplo sobre un tema científico, estamos transformando un sonido (físico) en sentido (algo que está más allá de lo físico, metafísico). En esta operación, el que habla y el que escucha no se comportan como simples aparatos materiales que emiten o reciben señales, sino que tienen conciencia de lo que están haciendo ellos mismos, lo refieren a su "yo". Esto sólo es posible por la presencia de una realidad espiritual en el hombre: el almahumana.
11 En síntesis, se puede explicar que el espíritu humano, a pesar de trascender la naturaleza física, es consciente de su propia finitud. Todo lo que percibe en el mundo puede referirlo a sí mismo como a un centro de referencia, pero a la vez advierte que él no se ha puesto a sí mismo, y concluye que debe haber sido puesto por Otro.
También se puede llegar a lo mismo partiendo de la experiencia de la propia libertad que, siendo verdadera libertad, sin embargo es una libertad limitada y finita, que no tiene su razón de ser en sí misma. El hombre que experimenta esta libertad capta que tiene que haberla recibido de Alguien cuya libertad sea infinita, absoluta y propiamente creativa; Alguien que no tiene razón de ser fuera de Él mismo, sino en Sí mismo.
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inscrito en el corazón del hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios y para Dios (...) y sólo en Dios encontrará la verdad y la dicha que no cesa de buscar" (Catecismo,
27);
— la existencia de una la ley natural, que se manifiesta por la convicción espontánea de la diferencia entre el bien y el mal, y de la obligación de hacer el bien, conduce a reconocer a Dios como Suma Verdad, Sumo Bien y Supremo Legislador.
c) El agnosticismo pretende sostener que es imposible afirmar o negar la existencia de Dios. Esto "equivale con mucha frecuencia a un ateísmo práctico" (Catecismo, 2128). Generalmente procede de un indiferentismo voluntario: "una huida ante la cuestión última de la existencia, y una pereza de la conciencia moral" (ibidem). La Sagrada Escritura enseña que Dios "quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad" (I Tim 2,4).
a) La Religión (de re-ligare) es el conjunto de creencias, normas de conducta y actos de culto que manifiestan el vínculo del hombre con Dios. Es, pues, una realidad objetiva, por serlo Dios, la criatura y la dependencia y ordenación de la criatura respecto
12 Cfr. CONCILIO VATICANO II, Const. Gaudium et spes, 19-21; Catecismo, 49.
13 Cfr. CONCILIO VATICANO II, Const Gaudium et spes, 20.
14 Ibidem.
15 CONCILIO VATICANO II, Const Gaudium et spes, 34.
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a Dios. No se reduce a un simple sentimiento subjetivo. La Religión es también una virtud que lleva a vivir personalmente de acuerdo con esa realidad objetiva que el hombre puede conocer con su sola razón natural16.
b) A lo largo de la historia, los hombres han expresado su búsqueda de Dios de modos diversos (creencias y comportamientos religiosos: oraciones, sacrificios, culto, etc.). A pesar de los errores y ambigüedades que pudieran tener estas formas de expresión, su universalidad da testimonio de que el hombre es un ser religioso (Catecismo, 28). Naturalmente está inclinado a conocer y a tratar a Dios, no al ateísmo ni al indiferentismo. Sin embargo, muchos factores17 influyen en el abandono de la búsqueda o en el rechazo de Dios (cfr. Catecismo, 30).
16 La Religión exige por tanto a vivir de acuerdo con la ley moral natural (cfr. tema 26, n.2). Esto, por lo que se refiere a las relaciones con Dios, lleva a rendirle el homenaje que sólo a Él se debe (cfr. Catecismo, 2095): a darle culto interno y externo (adoración, sacrificio, oración), y también público (de la sociedad en cuanto tal).
17 Por ejemplo, la ignorancia, la rebelión contra el mal en el mundo, la indiferencia religiosa de muchos y el mal ejemplo de algunos creyentes, el afán desmedido de bienestar material, y la actitud del hombre pecador que se esconde de Dios por miedo o para justificar su conducta, y huye ante su llamada, etc. (cfr. Catecismo, 29)
18 El el tema 6 se trata de nuevo este punto al hablar de la Providencia divina. Aquí es suficiente señalar que Dios ha creado un mundo bueno, y que nos ha destinado a una felicidad eterna (en el Cielo no hay mal). Dios no quiere el mal, pero ha creado al hombre libre y respeta nuestra libertad. El mal ha entrado en el mundo como consecuencia del pecado. Sin embargo ha sido ocasión para que se manifestara la grandeza de la Bondad y Omnipotencia divinas. Dios Hijo se ha hecho hombre y ha sufrido voluntariamente las consecuencias del pecado: el dolor y la muerte. De este modo nos ha reconciliado con el Padre y nos ha abierto de nuevo la entrada en la gloria. Para llegar ahí hemos de recorrer el mismo camino (con la gracia del Espíritu Santo): el dolor es ahora —como el dolor de Cristo— un medio para amar y unir nuestra voluntad humana a la Voluntad divina: "Esta ha sido la gran revolución cristiana: convertir el dolor en sufrimiento fecundo; hacer, de un mal, un bien. Hemos despojado al diablo de esa arma...; y, con ella, conquistamos la eternidad" (Surco, 887).
19 Cfr. PÍO XII, Enc. Humani generis: DS 3876; CONCILIO VATICANO I: DS 3005. CONCILIO VATICANO II, Const. Dei Verbum, 6; SANTO TOMAS DE AQUINO, Summa Theologiae, I, q.l, a.l.
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Bibliografía básica:
Catecismo de la Iglesia Católica, 27-49.
Lecturas recomendadas:
Cuadernos 1: Sobre nuestra fe: "El conocimiento de Dios", pp. 21-32.
20 JUAN PABLO II, Enc. Redemptoris missio, (7-XII-1990), 5. Sobre la Revelación sobrenatural, cfr. tema 2.
21 Ibídem.
22 CONCILIO VATICANO II, Declar. Dignitatis humanae, 1. En el terna 13 se expone esta verdad de fe, y los "signos de su credibilidad" (que muestran que es razonable creer en esta verdad).
"Cristo se ha proclamado Hijo de Dios, últimamente unido al Padre, y, como tal, ha sido reconocido por los discípulos, confirmando sus palabras con los milagros y su Resurrección. La Iglesia ofrece a los hombres el Evangelio (...), que responde a las exigencias y aspiraciones del corazón humano (...). La Iglesia no puede dejar de proclamar que Jesús vino a revelar el rostro de Dios y alcanzar, mediante la Cruz y la Resurrección, la salvación para todos los hombres" (JUAN PABLO II, Enc. Redemptoris missio, (7-XII-1990), 11).
23 Ibidem.