La liturgia, y principalmente la Eucaristía, es la «cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza»[1]. «Nuestro Salvador, en la Última Cena, la noche que le traicionaban, instituyó el Sacrificio Eucarístico de su Cuerpo y Sangre, con lo cual iba a perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el Sacrificio de la Cruz y a confiar a su Esposa, la Iglesia, el Memorial de su Muerte y Resurrección»[2]. «La Eucaristía es el memorial de la Pascua de Cristo, la actualización y la ofrenda sacramental de su único sacrificio, en la Liturgia de la Iglesia, que es su Cuerpo»[3]. Ese misterio de fe, escribe San Josemaría, anuda en sí todos los misterios del Cristianismo. Celebramos, por tanto, la acción más sagrada y trascendente que los hombres, por la gracia de Dios, podemos realizar en esta vida[4].
En la Encíclica Ecclesia de Eucharistia, el Papa Juan Pablo II recuerda que «la fe de la Iglesia en el Misterio eucarístico se ha expresado en la historia no sólo mediante la exigencia de una actitud interior de devoción, sino también a través de una serie de expresiones externas, orientadas a evocar y subrayar la magnitud del acontecimiento que se celebra. (...) Por tanto, siento el deber de hacer una acuciante llamada de atención para que se observen con gran fidelidad las normas litúrgicas en la celebración eucarística»[5].
Las actitudes, gestos, elementos y fórmulas litúrgicas tienen un significado ordenado a la glorificación de Dios y a la salvación de las almas. En la Santa Misa, «acción de la Iglesia universal», «habrá de realizar cada uno todo y sólo lo que le compete conforme al grado en que se encuentra situado dentro del pueblo de Dios»[6].
Han pasado ya bastantes años desde que don Álvaro, movido por su fidelidad a la Iglesia y a nuestro Padre, escribió a sus hijas e hijos una carta sobre el amor a la liturgia con sus desarrollos legítimos a partir del Concilio Vaticano II. Recogemos a continuación unas orientaciones que exponía entonces el Prelado del Opus Dei[7].
«(...) La liturgia confiere a nuestra piedad la dimensión plena, corporal y espiritual, personal y comunitaria, de nuestra adoración y culto a Dios. (...) En la Santa Misa, no está nunca sólo el sacerdote -que actúa y ofrece el Sacrificio in persona Christi- con los que asisten: en toda celebración del Santo Sacrificio del Altar, por Cristo, con Cristo y en Cristo, se hace presente la Iglesia universal, de modo que no es nunca la celebración particular de un grupo, pequeño o grande, sino que se realiza siempre cum Papa nostro et Episcopo nostro, cum episcopali ordine et universo clero et omni
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Populo[8]. De ahí, por ejemplo, que la Iglesia haya deseado una mayor participación orgánica de los fieles -cada uno según su modo propio-, ejercitando su sacerdocio real; y haya señalado indicaciones y recomendaciones precisas para hacer posible esa participación. De ahí, igualmente, que se haya insistido en la posibilidad y aun en la conveniencia de algunas concelebraciones, que ponen de manifiesto la misma unidad de consagración y misión de todos los presbíteros y requiere su comunión jerárquica con el orden de los Obispos[9].
»Los libros litúrgicos actuales recogen, para las diversas ceremonias, una notable variedad de rúbricas y textos tomados de la riquísima tradición de la Iglesia: distintas Plegarias eucarísticas, diálogos litúrgicos opcionales, mayor libertad para la elección de lecturas, etc. Al mismo tiempo, algunos ritos y gestos litúrgicos han sido adaptados para que expresen con mayor claridad lo que significan[10], y, en ocasiones, han sido dejados ad libitum. En conjunto, por tanto, las normas litúrgicas son ahora mucho más flexibles que antes. Es evidente que no sería sentire cum Ecclesia en esta materia, limitarse por principio a realizar exclusivamente lo que es estrictamente obligatorio, ni tampoco pretender poner siempre en práctica todas las posibilidades no preceptuadas, con independencia de las circunstancias: sin distinguir, por ejemplo, si se trata de una Misa dominical en un oratorio grande o en una iglesia, o de una Misa ferial en un pequeño oratorio a la que asisten pocas personas, etc. No es cuestión, por tanto, de buscar, entre las variantes posibles, las que más se parezcan a la liturgia anterior ni, por el contrario, las que sean más distintas, como tampoco de adoptar una completa uniformidad, en un sentido u otro; hijos míos, se trata de conocer y vivir la sagrada liturgia de la Iglesia con un amor a Dios y al bien de las almas, que crezca de día en día. Por todo esto, a nadie debe extrañar que no haya plena uniformidad entre los sacerdotes, por ejemplo, en todos los detalles del modo de celebrar la Santa Misa. Pero -aparte de lo claramente preceptuado como obligatorio- en lo que todos han de coincidir es en ser muy piadosos, contando para esto con la ayuda de los demás, también mediante la corrección fraterna, cuando sea oportuna. (...)
»Recordad también que hay modos de estar y de moverse en el presbiterio y ante el altar, de tratar los vasos sagrados, de realizar las lecturas, etc., que quizá nunca estuvieron explícitamente preceptuados, pero que siempre han sido, y serán, muestras de respeto, de urbanidad de la piedad -¡de amor!-, que sería lamentable descuidar por dejadez o por una mal entendida naturalidad. La liturgia es sagrada liturgia, y exige actitudes -interiores, en primer lugar, pero también exteriores- igualmente sagradas[11]: no me lo perdáis de vista nunca, hijos míos».
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Los distintos modos de ordenar las ceremonias litúrgicas, así como las indicaciones sobre vestiduras, gestos, posturas y movimientos para los diversos ritos, se encuentran en los libros litúrgicos, aprobados y publicados por la Santa Sede[12].
Ante las acomodaciones o diversas posibilidades que están contempladas en los diferentes ritos, el sacerdote, «al preparar la Misa, mirará más al bien común espiritual del pueblo de Dios que a sus personales preferencias. Tenga además presente que esa elección de las diversas partes estará bien hacerla de común acuerdo con los que de algún modo toman parte en la celebración, sin excluir a los mismos fieles en la parte que a ellos más directamente corresponde»[13].
Para la ordenación y celebración de las ceremonias, hay que tener en cuenta también las características del lugar en que se llevan a cabo. El capítulo V de la Institutio generalis Missalis Romani (De ecclesiarum dispositione et ornatu ad Eucharistiam celebrandam)[14], puede admitir algunas adaptaciones imprescindibles cuando, en vez de tener lugar en iglesias, las ceremonias se desarrollan en oratorios pequeños.
En estas páginas, junto a textos normativos de la Santa Sede sobre el Sacrificio Eucarístico y otras celebraciones litúrgicas, se recogen también diversas experiencias que pueden ayudar a vivir las rúbricas con la piedad y delicadeza que requiere el Culto divino.
Por lo que se refiere a la Santa Misa, la Institutio generalis Missalis Romani (IGMR) afirma que «los gestos y posturas corporales tanto del sacerdote, de los diáconos y los demás ministros, como del pueblo, deben realizarse de modo que toda la celebración brille por el decoro y una noble sencillez, se perciba el verdadero y pleno significado de sus diversas partes, y se favorezca la participación de todos. Por tanto, habrá que atenerse a lo que establece esta Institución general y la praxis tradicional del Rito romano, y a lo que contribuya, más que a la inclinación personal o al arbitrio, al bien común espiritual del pueblo de Dios»[15].
Muchos detalles de esta praxis tradicional del Rito romano no se encuentran en la IGMR, pero sí en el Coeremoniale Episcoporum vigente; detalles que -en su mayoría- es evidente que no se aplican sólo a los Obispos.
Naturalmente, estas experiencias son una ayuda, pero no suple al conocimiento directo que los sacerdotes han de tener de la IGMR -y del entero Misal Romano- y de los diversos Rituales.
Se recogen en este apartado algunas normas comunes a los distintos ritos[16].
Genuflexión y reverencias
a) «La genuflexión se hace flexionando la rodilla derecha hasta el suelo y significa adoración»[17]. Se procede sin prisa, bajando la rodilla hasta el suelo, junto al talón del pie izquierdo y, cuando es ante el altar, se apoyan encima las manos extendidas.
«En la Misa el sacerdote celebrante hace tres genuflexiones: después de la ostensión de la Hostia, después de la ostensión del cáliz y antes de la Comunión»[18]. La rúbrica de la Misa indica que después de la elevación de la Forma y del cáliz, el celebrante genuflexus adorat[19]: es lógico -así nos lo enseñó nuestro Padre- que esas genuflexiones sean pausadas; que se note que adoramos a Jesucristo; que nunca pueda parecer un simple movimiento maquinal.
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«Si el sagrario con el Santísimo Sacramento está en el presbiterio, el sacerdote, el diácono y los demás ministros, hacen también genuflexión cuando llegan al altar o de allí se retiran, pero no durante la celebración de la Misa»[20].
En las solemnidades de la Anunciación y de la Natividad del Señor, durante las palabras del Credo Et incarnatus est..., todos se arrodillan[21].
b) «La inclinación significa la reverencia y el honor que se tributa a las personas mismas o a sus signos. Hay dos clases de inclinación: de cabeza y de cuerpo»[22].
Para la reverencia de cabeza se inclina la cabeza, acompañándola con un ligero movimiento de los hombros. «Se hace cuando se nombran las tres divinas Personas a la vez, a los nombres de Jesús, de la bienaventurada Virgen María y del santo en cuyo honor se celebra la Misa»[23].
En la reverencia de cuerpo se inclina el tronco profundamente con las manos juntas, en un movimiento pausado. «Se hace al altar, a las oraciones Munda cor meum e In spíritu humilitátis; en la profesión de fe, a las palabras Et incarnátus est; en el Canon Romano, al decir la oración Súpplices te rogámus. La misma inclinación hace el diácono cuando pide la bendición antes de proclamar el Evangelio. El sacerdote se inclina además un poco cuando durante la Consagración pronuncia las palabras del Señor»[24]».
También se requiere la inclinación profunda «al Obispo, antes y después de la incensación», y «cada vez que los distintos libros litúrgicos lo ordenan expresamente». Además, «saludan al altar con inclinación profunda todos los que se acercan al presbiterio, o se retiran, o pasan delante»[25].
Posturas de las manos
«Es costumbre en la Iglesia que los Obispos o los presbíteros dirijan a Dios las oraciones estando de pie y teniendo las manos un poco elevadas y extendidas»[26].
«Cuando se dice que las manos están juntas, se entiende: tener ante el pecho las palmas extendidas, y al mismo tiempo juntas, el pulgar de la derecha sobre el de la izquierda puesto en forma de cruz»[27]. El celebrante y los ministros, «mientras caminan o están de pie, tienen las manos juntas, nisi quid ferendum habeant»[28].
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En «la epíclesis antes de la consagración se extienden las manos, de tal manera que las palmas estén abiertas hacia y encima de la oblata»[29].
Cuando el celebrante «se signa a sí mismo o bendice, coloca la mano izquierda sobre el pecho, a no ser que tenga que llevar algo. Cuando está en el altar y bendice con la derecha las ofrendas u otra cosa, coloca la mano izquierda sobre el altar, a no ser que se indique otra cosa»[30].
Al poner la o las manos sobre el altar, se suele apoyar toda la mano extendida, y sobre el corporal entre la consagración y la purificación.
Durante la celebración litúrgica, cuando el sacerdote se sienta, coloca las palmas de las manos sobre las rodillas[31].
En general, mientras se realiza una acción con una mano, se evita que la otra quede en el aire: se apoya sobre el altar, sobre el pecho, sobre el pie del cáliz, etc.
Signo de la cruz
El celebrante, «al signarse, vuelve hacia sí la pahua de la mano derecha, con todos los dedos de dicha mano juntos y extendidos y forma el signo de la cruz, desde la frente hasta el pecho, y desde el hombro izquierdo hasta el derecho»[32].
Para bendecir a personas o cosas, «extiende completamente la mano derecha con todos los dedos igualmente juntos y extendidos»[33], mientras hace el signo de la cruz.
Antes de leer el Evangelio, el celebrante traza la señal de la cruz con el dedo pulgar de la mano derecha sobre el libro, en el inicio del Evangelio que va a leer; después se signa a sí mismo en la frente, en la boca y en el pecho, mientras dice: Lectio Sancti Evangélii...[34].
Besos al altar y a otros objetos sagrados
Al besar el altar, es bueno procurar no ladear la cabeza ni el cuerpo, y apoyar las palmas de las manos encima.
Al terminar de leer el Evangelio, se besa el libro -basta acercarlo a los labios, no es necesario tocarlo-, inclinándose un poco.
Sobre el beso al Lignum Crucis, ver la ceremonia correspondiente.
Movimientos en las funciones sagradas
Se aconseja que el cuerpo vaya erguido, la vista recogida, y el paso grave: sin prisa ni lentitud afectada. Para retroceder, primero se gira y después se dan los pasos nece-
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sarios; es más digno no caminar de espaldas, aunque sea poco espacio.
Para bajar del centro del altar al plano y no dar la espalda al sagrario o a la cruz del altar, basta que el sacerdote se retire un poco a la izquierda.
Momentos de silencio
«Ya antes de comenzar la celebración, es digno de alabanza que se guarde silencio en la iglesia, en la sacristía y en los lugares cercanos, de modo que todos puedan disponerse devota y adecuadamente para la celebración»[35].
Durante la Santa Misa, es conveniente observar momentos de silencio: antes del acto penitencial[36], después de la invitación a orar en la oración Colecta[37], al terminar las lecturas o la homilía[38], después de la Comunión[39], cuando el sacerdote invita a orar antes de la oración después de la Comunión[40].
La pausa después de la lectura del Evangelio, o de la homilía si la hay, es breve pero lo suficiente para que los asistentes puedan meditar lo que han escuchado[41].
En los Centros, como se tienen diez minutos de acción de gracias después de la Misa, puede hacerse muy breve el momento de silencio después de las purificaciones y antes de la oración Post communionem. En otros lugares -por ejemplo, iglesias y oratorios de colegios-, convendrá que sea más larga, para favorecer que los asistentes hagan un rato de acción de gracias[42].
Modo de leer
San Josemaría aconsejaba leer todas las oraciones de las partes fijas de la Santa Misa, sin rezarlas de memoria, como modo práctico de evitar la rutina y las distracciones: si esas oraciones entran también por los ojos, ayudan a poner los sentidos y el corazón en cada una de las palabras[43].
El tono de voz debe responder, en cada parte de la Misa, al género del texto y al momento en que se lee[44]. Para la Consagración se indica que verba Domini proferantur distincte et aperte, prouti natura eorundem verborum requirit[45].
Para que la lectura resulte clara, no ha de ser demasiado rápida ni excesivamente lenta, evitando la precipitación o el engolamiento: con un tono que mueva a la piedad
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y permita a los asistentes entender lo que escuchan. En iglesias y en oratorios grandes, especialmente cuando el pueblo es numeroso, conviene vocalizar aún más, si cabe.
Cuando se indica que una oración se dice en secreto[46], significa que el sacerdote reza sin que sea oído por los demás. En la Santa Misa son las siguientes: Munda cor deum; Per evangélica dicta; las dos oraciones Benedíctus es, Dómine del ofertorio (aunque también pueden decirse en voz alta, como se explica más adelante); Per huius aquae et vini mystérium; In spiritu humilitátis; Lava me, Dómine; Haec commíxtio; Dómine, Iesu Christe o Percéptio Córporis; Corpus Christi custódiat me in vitam aetérnam; Sanguis Christi custódiat me in vitam aetérnam; Quod ore súmpsimus.
Incensación
«La incensación expresa reverencia y oración, como se señala en la Sagrada Escritura (cfr. Sal 140, 2; Ap 8, 3)»[47].
«El sacerdote, cuando impone el incienso en el turíbulo, lo bendice con un signo de cruz sin decir nada»[48]. Se pueden echar tres cucharadas de incienso[49].
«Antes y después de incensar, se hace inclinación profunda a la persona u objeto que se inciensa; se exceptúan el altar y las ofrendas para el sacrificio de la Misa»[50]. El que inciensa «sostiene con la mano izquierda las cadenas por su parte superior, y con la derecha las mismas, juntas, cerca del incensario y lo sostiene de tal manera que pueda cómodamente moverlo y dejarlo que vuelva hacia él (...). Advierta que al incensar debe hacerlo con dignidad y decoro, sin mover el cuerpo o la cabeza. Tendrá la mano izquierda -que sostiene la parte superior de las cadenas- firme y estable sobre el pecho; la mano y el brazo derecho los moverá con el incensario en forma cómoda y continua»[51].
«Con tres golpes dobles (ductus)[52] de incensario se inciensa: al Santísimo Sacramento, a la reliquia de la Santa Cruz y las imágenes del Señor expuestas a veneración
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pública, a las ofrendas para el sacrificio de la Misa, a la cruz del altar, al Evangeliario[53], al Cirio pascual, al sacerdote y al pueblo.
»Con dos golpes dobles (ductus) de incensario se inciensa a las reliquias y a las imágenes de los Santos expuestas a pública veneración, y sólo al inicio de la celebración, cuando se inciensa el altar.
»E1 altar se inciensa con golpes simples (ictus) de este modo: a) si el altar está separado de la pared, el sacerdote lo inciensa dándole enteramente la vuelta; b) en cambio, si el altar no está separado de la pared, el sacerdote, mientras camina, inciensa primero la parte derecha, luego la parte izquierda del altar.
»Si la cruz está sobre el altar o junto a él, se inciensa antes que el mismo altar; si no, cuando el sacerdote pasa delante.
»E1 sacerdote inciensa las ofrendas con tres golpes dobles (ductus) de incensario, antes de incensar la cruz y el altar, o haciendo la señal de la cruz con el incensario sobre las ofrendas»[54].
«El Santísimo Sacramento se inciensa de rodillas»[55].
Otras indicaciones
a) Purificación de los dedos al tocar las Sagradas Especies
«Siempre que algún fragmento de la Sagrada Hostia quede adherido a los dedos, sobre todo después de la fracción o de la Comunión de los fieles, el sacerdote debe limpiar los dedos sobre la patena o, si es necesario, lavarlos. En modo análogo, si quedan fragmentos fuera de la patena, los debe recoger»[56].
Para la purificación de los dedos en la Santa Misa, se pueden poner los índices y pulgares sobre la copa del cáliz, mientras se vierte el agua.
b) Modo de extender y recoger los corporales
Conviene plegarlos y desplegarlos siguiendo los dobleces que ya tienen para que se conserven en buen estado, procurando además que queden centrados, sin que sobresalgan del borde del altar.
c) Modo de tomar el cáliz
Para cubrir y descubrir el cáliz antes de la Consagración, se suele tomar la palia con la mano derecha, y apoyar la izquierda sobre el pie del cáliz ad cautelam, para evitar que por un descuido pueda tirarse el vaso sagrado.
Un modo práctico de secar el cáliz es el siguiente: se toma por el nudo con la mano izquierda -o mejor, entre el nudo y la copa-, se mantiene un poco elevado, de modo
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que no se apoye sobre el altar[57], y se gira suavemente en el sentido contrario a las agujas del reloj, mientras con la mano derecha -que lleva el purificador- se limpia el borde -externo e interno- y el interior de la copa[58].
d) Uso del agua bendita
Cuando se entra en una iglesia u oratorio, es habitual tomar agua bendita con la mano derecha, y hacerse el signo de la cruz[59].
Al ofrecer agua bendita a otro sacerdote, ha sido tradicional decir: Haec aqua benedicta; a lo que se responde: Sit nobis salus et vita.
e) Golpes de pecho
Se dan con la mano derecha extendida. Durante la Santa Misa, en el Confíteor, la mano izquierda se coloca infra pectus; en el Nobis quoque, se apoya sobre los corporales.
f) Manera de sostener los objetos litúrgicos
En general, resulta más armonioso que los objetos litúrgicos se tomen con la mano derecha, mientras la mano izquierda se apoya sobre el altar, a no ser que deba ayudar para realizar la acción más fácilmente[60].
Preparación
1. Antes de la Santa Misa, el sacerdote, vestido con la sotana[61], se prepara debidamente para el Santo Sacrificio[62], y se asegura de que está todo bien dispuesto para la celebración[63].
2. En la sacristía[64], consulta la epacta y se lava las manos[65].
3. Toma el amito por las esquinas, junto a las cintas, lo desliza hasta el cuello, colocándoselo de manera que tape por completo el alzacuellos[66]. Después, pasa las cintas por debajo de los brazos y las lleva alrededor de la cintura hasta adelante, donde las ata.
4. A continuación se viste el alba.
5. Se coloca el cíngulo -recibe la extremidad de las borlas por el lado derecho-, y se asegura de que el alba queda centrada y cae por igual por todos los lados, procurando que no se vea el borde inferior de la sotana.
6. Toma la estola, la centra alrededor del cuello y deja que las dos bandas caigan paralelas sobre el pecho. Después la sujeta con el cíngulo.
7. Se pone la casulla.
9. Mientras se reviste, es aconsejable que el sacerdote se prepare para la celebración, con las oraciones referentes a cada ornamento.
Ritos iniciales
9. El sacerdote, con las manos juntas, después de hacer inclinación de cabeza a la cruz de la sacristía, se dirige al altar[67] con la vista recogida y el cuerpo erguido, caminando con gravedad[68].
10. En el presbiterio, al pie de la grada, hace inclinación profunda al altar, o genuflexión si celebra en un altar en el que se encuentra reservado el Santísimo Sacramento.
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11. Sube la grada y, con las manos extendidas apoyadas sobre el altar, lo besa.
12. Una vez erguido, junta las manos y se dirige a la sede[69].
13. Se santigua mientras reza In nomine Patris...; y añade el saludo Dóminus vobiscum, a la vez que extiende y vuelve a unir las manos. Si todavía no se ha rezado la Antífona de entrada[70], lo hace el celebrante en este momento.
14. Después, con las manos unidas, dice Fratres, agnoscámus... y, tras una breve pausa, reza con todos el Confíteor[71]. Al pronunciar mea culpa..., se golpea el pecho suavemente con la mano derecha extendida y vuelve a unir las manos. Hace inclinación de cabeza en la palabra Mariam.
15. Al terminar el Confíteor, continúa con las manos unidas mientras reza Misereátur...[72].
16. En la misma posición, dialoga los Kyries con los asistentes.
17. Incoa el Gloria, cuando es el caso[73], y hace inclinación de cabeza las dos veces que se menciona el nombre Iesu Christe.
18. A continuación, sin separar las manos, dice Orémus. Tras una breve pausa, abre los brazos y reza la oración Colecta, que termina con la conclusión larga[74]. Vuelve a unir las manos cuando los asistentes responden Amen, y cierra el misal.
Liturgia de la Palabra
19. Tras el cambio del misal por el leccionario[75], si no hay un lector adecuado, el sacerdote lee las lecturas[76]; si lo hay, se sienta en la sede[77].
20. El que lee puede apoyar las manos a ambos lados del leccionario durante la Lectura. Es mejor evitar tocar las hojas para que no se manchen. Al terminar dice, con acento de aclamación, Verbum Dómini.
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21. Sin cambiar la postura de las manos, reza el Salmo responsorial[78]. Después, continúa con la segunda Lectura, si la hay.
22. A continuación, se canta o se recita el Allelúia o el versículo correspondiente[79].
23. El sacerdote, con las manos juntas, hace inclinación profunda[80], y reza en secreto Mundo cor meum...
24. Se yergue y, sin separar las manos, saluda Dóminus vobíscum; después de la contestación de los fieles, continúa en la forma prescrita: Léctio sancti Evangélii...[81].
25. Une las manos y lee el Evangelio, con las oportunas inclinaciones de cabeza. Al terminar, dice Verbum Dómini; toma el leccionario con las dos manos, lo acerca hacia sí y lo besa[82], diciendo en secreto Per evangélica dicta...
26. Luego, cuando es el caso, predica la homilía. Los domingos y fiestas de precepto, en las Misas con pueblo hay siempre homilía[83].
27. Después del Evangelio o de la homilía se tiene una breve pausa de silencio[84].
28. El Credo se reza los domingos y solemnidades[85]. El celebrante hace inclinación de cabeza al pronunciar el nombre de Jesús, y todos se inclinan profundamente durante las palabras Et incarnátus est...[86].
29. En la Oración de los fieles[87], el sacerdote reza la introducción con las manos juntas, y extiende los brazos para la oración conclusiva. «Conviene que esta oración se haga habitualmente en las Misas a las que asiste el pueblo, de modo que se eleven súplicas por la santa Iglesia, por los gobernantes, por los que sufren alguna necesidad y por todos los hombres y la salvación de todo el mundo»[88]. Las intenciones son propuestas desde el ambón o desde otro sitio conveniente[89].
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Liturgia Eucarística
30. El celebrante se dirige al centro del altar. El ayudante acerca, desde la credencia, el misal -si es el caso, también el atril-, el cáliz y el copón[90].
31. La Misa con pueblo, sin un acólito o un ayudante, es frecuente en muchas parroquias en días feriales con asistencia de pocas personas que no pueden o no saben ayudar a Misa, y también en colegios y residencias femeninas en lugares donde no está permitido que una mujer haga de acólito. En estos casos, como la IGMR no prevé cómo proceder, lo más frecuente en todo el mundo -también en Roma-, es que se dejen preparados sobre el altar, antes de la Misa, el atril -en el lado del brazo izquierdo del sacerdote-, el cáliz y el copón -a la derecha, de modo que quede libre el centro del altar-, y en el extremo las vinajeras y el lavabo. Esta solución, en efecto, parece más oportuna que la alternativa de que el sacerdote se traslade del altar a las credencias y de éstas al altar para llevar y devolver los diversos objetos necesarios para la celebración.
32. El sacerdote extrae los corporales de su carpeta y los extiende. Quita el velo del cáliz, tomándolo con ambas manos por los extremos y cuidando de que no arrastre la palia[91]. Lo dobla y lo entrega al ayudante junto con la carpeta de los corporales[92].
33. Si se usa el copón para la Comunión de los fieles, lo pone sobre el corporal y lo destapa; y también la caja del viril, si se ha de consagrar una forma grande para la Exposición con el Santísimo.
34. Después, quita la palia, toma la patena con la mano derecha, la traslada al centro del altar, y allí la sostiene con las dos manos, un poco elevada. En esta postura, reza la oración Benedictus es, Dómine...[93].
35. Luego, baja suavemente la patena hasta dejarla sobre el corporal y, si es el caso, tapa el copón y la caja del viril[94].
36. Se gira y se dirige con las manos unidas hacia el lado derecho del altar, para preparar el cáliz.
37. Con la mano izquierda toma el cáliz, sujetando el purificador con el dedo pulgar[95] junto al borde de la copa, y con la mano derecha vierte vino de la vinajera en el cáliz.
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38. Deja la vinajera y, con la mano derecha, toma un poco de agua con la cucharilla, si la hay, y la echa en el cáliz, mientras dice en secreto Per huius aquae...
39. Deja la cucharilla[96], y con las manos unidas se gira y va al centro del altar.
40. Toma el cáliz -con la mano derecha en el nudo y la izquierda en la base- y lo levanta ligeramente sobre el altar, mientras dice: Benedictus es, Dómine... Al terminar, deja el cáliz en los corporales y lo tapa con la palia[97].
41. Vuelve a unir las manos y, profundamente inclinado[98], reza la oración In spíritu humilitátis...
42. Se yergue, gira hacia su derecha, y va al extremo del altar, donde se lava las manos, mientras reza en secreto Lava me...[99].
43. Después de secarse con el manutergio, se gira y vuelve al centro. Allí, reza el Orate, fratres, mientras separa y une los brazos[100].
44. Cuando los fieles han terminado de responder Suscípiat Dóminus..., el celebrante, con los brazos abiertos y sin decir Orémus, dice en voz alta la oración super oblata, que termina con la conclusión breve[101].
Plegaría eucarística
45. Pasa las páginas del misal con la mano izquierda, para buscar el Prefacio, mientras la derecha está extendida sobre el altar, fuera de los corporales[102].
46. Con los brazos separados, dice Dóminus vobíscum. Eleva, a continuación, un poco más las manos para la exclamación Sursum corda y, de nuevo en la posición normal, concluye Grátias agámus... A continuación, sin unir los brazos, lee el Prefacio correspondiente.
47. Al terminar, junta las manos para rezar el Sanctus con los asistentes.
48. Apoya la mano derecha extendida sobre el altar, fuera de los corporales, y con la izquierda busca la Plegaria eucarística en el misal[103]. Los comentarios que siguen
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se refieren al Canon Romano[104], aunque se aplican también, con las debidas acomodaciones, a las demás Plegarias eucarísticas.
49. Con las manos extendidas y separadas, dice Te ígitur... Hace inclinación de cabeza cuando dice Iesum...
50. Al decir ac pétimus, une las manos, coloca la izquierda extendida sobre el altar, fuera de los corporales, y con la derecha hace una cruz sobre el cáliz y la patena, mientras dice et benedícas...
51. Sin unir las manos previamente, sigue rezando la oración con los brazos separados[105].
52. Después de decir Memento, Dómine..., une las manos y, con la vista recogida, reza brevemente por las intenciones que desee.
53. Luego, separa los brazos y sigue diciendo et ómnium circunstántium...
54. En la misma posición, reza el Communicántes. Hace inclinación de cabeza al decir Vírginis Maríae y Iesu Christi, y cuando lee el nombre de un Santo de los que se mencionan en el Canon, en su fiesta o memoria[106].
55. Sin unir las manos, reza el Hanc ígitur. Después de decir grege numerari, une las manos delante del pecho.
56. Para rezar el Quam oblatiónem, extiende las manos, con las palmas hacia abajo, sobre la oblata. Después del Dómini nostri lesu Christi, une las manos delante del pecho.
57. Si hay copón, o caja de viril, lo destapa, y prosigue diciendo Qui, prídie quam paterétur. Toma la forma, y la mantiene un poco elevada sobre la patena[107]. Al decir et elevátis óculis in coelum, eleva los ojos, y vuelve a bajarlos[108].
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58. Una vez que ha dicho dedítque discípulis suis, dicens, se inclina un poco[109] y pronuncia las palabras de la Consagración, con claridad, como lo requiere su naturaleza[110]. Al terminar, se yergue, y eleva la Sagrada Hostia en línea recta, acompañándola con la vista. Después, la deja sobre la patena[111].
59. Apoya las manos sobre los corporales y hace genuflexión, que prolonga unos instantes: genuflexus adorat[112].
60. Puede frotar sobre la patena los dedos que tocaron la Forma, por si hubiera quedado adherida alguna partícula[113]. Si es el caso, pone la tapa al copón y, si lo hay, también al viril.
61. Luego, mientras dice Símili modo..., quita la palia. Al decir accípiens et hunc, toma el cáliz con la mano derecha por el nudo, sosteniendo la base con la mano izquierda y lo eleva un poco[114]. Después del dicens, se inclina, manteniendo el cáliz vertical, y pronuncia las palabras de la Consagración.
62. Seguidamente eleva el cáliz en línea recta, acompañándolo con la vista. Baja el cáliz, lo deja sobre los corporales y lo cubre con la palia. Con las manos sobre los corporales, hace genuflexión, que también prolonga unos instantes[115].
63. Una vez erguido, con las manos juntas, dice Mystérium fidei[116].
64. Con los brazos separados lee las oraciones Unde et memores y Supra quae.
65. Luego une las manos e, inclinado profundamente, reza Súpplices...; se incorpora al llegar a sumpsérimus y se santigua mientras pronuncia omni benedictióne...[117]; después de repleámur, junta las manos.
66. Separa los brazos para decir Memento étiam... Une las manos y hace el memento.
67. Volviendo a abrir los brazos, prosigue Ipsis, Dómine...; une las manos al terminar, después de decir deprecámur.
68. Coloca la mano izquierda sobre los corporales, y se da un golpe de pecho con la derecha[118], mientras exclama Nobis quoque peccatóribus; a continuación, extiende los brazos, sin unir previamente las manos, y prosigue de multitúdine...
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69. Como se ha indicado antes, si se celebra su fiesta o memoria, hace inclinación de cabeza al leer el nombre del Santo correspondiente[119].
70. Al terminar esta oración con las palabras largítor admítte, une las manos para la conclusión Per Christum...
71. Después de praestas nobis, descubre el cáliz, toma la patena -con la Sagrada Hostia- y el cáliz, y elevándolos un poco dice Per Ipsum..., alzando algo la voz. Cuando los asistentes han respondido Amen, deja el cáliz y la patena sobre los corporales, y cubre el cáliz con la palia. Busca después en el misal el inicio del rito de la Comunión, y une las manos.
Rito de la Comunión
72. El celebrante hace la invitación: Praecéptis salutáribus... Luego extiende los brazos, y reza con los asistentes el Pater noster.
73. Continúa con los brazos abiertos mientras reza la oración Libera nos..., haciendo inclinación de cabeza al decir Iesu Christe, mientras une las manos.
74. Cuando los asistentes han respondido Quia tuum est regnum..., vuelve a separar los brazos para rezar Dómine lesu Christe..., haciendo inclinación de cabeza al decir Iesu. Une las manos para la conclusión Qui vivís...
75. Una vez que los asistentes han respondido Amen, separa y junta las manos, mientras dice Pox Dómini sit semper vobíscum[120].
76. Pro opportunitate, el sacerdote, con las manos unidas, añade Offérte vobis pacem[121].
77. El sacerdote descubre el cáliz, «toma la Hostia, la parte sobre la patena, y deja caer una partícula en el cáliz rezando en secreto: Haec commíxtio. Mientras tanto, el coro y el pueblo cantan o dicen el Agnus Dei»[122].
78. A continuación, frota los dedos suavemente sobre la patena o sobre el cáliz[123], y coloca la palia sobre el cáliz.
79. Con las manos unidas ante el pecho, reza en secreto una de las dos oraciones para antes de la Comunión, Dómine lesu Christe... o Percéptio..., inclinando la cabeza al nombre de Jesús.
80. Apoya las manos sobre los corporales y hace genuflexión.
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81. Una vez erguido, toma la Hostia grande con la mano derecha[124] y, sosteniéndola verticalmente encima de la patena o del cáliz[125] -que sujeta con la mano izquierda-, la muestra a los asistentes, mientras dice en voz alta EcceAgnus Dei... Después, junto con todos, añade Dómine, non sum dignus...[126].
82. Dice en secreto Corpus Christi custódiat..., y sume con reverencia la Sagrada Hostia[127].
83. A continuación, toma el cáliz y reza en secreto Sanguis Christi... Después, sume reverentemente el Sanguis, a la vez que puede colocar la patena o el purificador bajo la barbilla. Deja sobre los corporales la patena y el cáliz, que cubre con la palia[128].
84. Si corresponde renovar el Santísimo Sacramento, abre el sagrario[129], saca el copón y procede a distribuir la Comunión a los fieles. Si tiene que reservar el viril o tomarlo del sagrario para consumirlo, lo hace antes de repartir la Comunión.
85. Para distribuir la Comunión[130], descubre el copón[131], y deja la tapa fuera de los corporales.
86. Sujeta el copón por el fuste con la mano izquierda y se acerca a los que van a comulgar. Toma una Sagrada Forma entre los dedos índice y pulgar de la mano derecha y la muestra, un poco elevada, a quien va a comulgar, mientras dice Corpus Christi[132]. Cuando contesta Amen, la lleva hasta la boca de quien comulga[133].
87. Terminada la distribución de la Comunión, vuelve al altar[134], quita la palia y echa sobre el cáliz las partículas de Sagradas Formas que hayan podido quedar en la
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bandeja de la Comunión y en el copón[135].
88. Luego, se traslada al lado del altar, donde hace la purificación de la patena, del cáliz y si es oportuno de los dedos[136]. «La purificación del cáliz se hace con agua o con agua y vino, que sumirá el mismo que purifica. La patena se limpia, de ordinario, con el purificador. Hay que estar pendientes para que la Sangre de Cristo que pueda sobrar después de la Comunión, sea consumida inmediatamente en el altar»[137].
89. Se seca los dedos con el purificador[138], reza en secreto la oración Quod ore súmpsimus..., toma el cáliz y sume la ablución.
90. Deja el cáliz sobre el altar, se seca los labios con el purificador y procede a limpiar el cáliz[139].
91. Coloca el purificador sobre el cáliz, doblado longitudinalmente y de modo que cuelgue por igual a ambos lados. Pone encima la patena y la palia.
92. Recoge los corporales y los guarda en su carpeta; cubre el cáliz con el velo, y pone encima la carpeta de los corporales. El ayudante lo traslada a la credencia[140].
93. Permaneciendo en el centro del altar o desde la sede[141], el sacerdote, de cara al pueblo, dice: Orémus[142]; y, tras una breve pausa, recita con los brazos extendidos la oración después de la Comunión, que termina con la conclusión breve[143]. Al terminar une los brazos.
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Rito conclusivo
94. Extiende y une las manos, mientras saluda Dóminus vobíscum[144]. Enseguida, con la mano izquierda extendida sobre el pecho, eleva la mano derecha mientras dice Benedícat vos omnípotens Deus, y da la bendición[145]. Une las manos, y añade Ite, missa est.
95. Besa el altar, y baja al plano, donde hace inclinación profunda[146]. Luego, vuelve a la sacristía.
96. En la sacristía, hace inclinación a la cruz. Después se quita los ornamentos, que deja bien ordenados, y puede lavarse de nuevo las manos[147].
1. Se sigue el rito de la Misa celebrada con participación del pueblo; el ayudante dice, pro opportunitate, las partes que corresponden al pueblo[148].
2. Antes de la Misa, se prepara el cáliz en la credencia o sobre el mismo altar al lado derecho; el misal se coloca al lado izquierdo del altar sobre el atril[149].
Ritos iniciales[150]
3. El sacerdote, al llegar al altar -al pie de la grada- hace inclinación profunda con el ayudante[151] y besa el altar. Con las manos unidas, se acerca al Misal y lee la Antífona de entrada si no lo ha hecho el ayudante[152].
4. El sacerdote se santigua diciendo: In nomine Patris..., y vuelto hacia el ministro lo saluda, con la fórmula Dóminus vobíscum, u otra de las previstas, mientras separa y une los brazos.
5. Inmediatamente[153] reza el Acto penitencial con el ayudante, y después dice Misereátur..., dialoga los Kyries con el ayudante y, en su caso, rezan el Gloria in excélsis Deo.
6. Luego, con las manos juntas, dice: Orémus, y, tras una breve pausa, reza, con las manos extendidas, la oración Colecta. Al final el ministro aclama: Amen. El sacerdote cierra el misal, lo entrega al ayudante, y recibe el leccionario.
Liturgia de la palabra[154]
7. El ministro o el mismo sacerdote[155] lee la primera Lectura[156], el Salmo y, cuando está previsto, también la segunda Lectura con el versículo del Allelúia o de otro canto.
8. Luego, el sacerdote, profundamente inclinado, reza Mundo cor meum..., y lee el Evangelio. Al final, dice: Verbum Dómini, a lo que el ministro responde: Laus tibi, Christe. El sacerdote besa el libro, rezando en secreto: Per evangélica dicta...
9. A continuación, cuando está indicado, recita con el ayudante, la profesión de fe.
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10. Si se desea, puede decirse la oración universal[157].
Liturgia eucarística[158]
11. En la Liturgia eucarística se hace todo como en la Misa con pueblo, salvo lo que se indica a continuación. El ayudante lleva el cáliz al altar, a no ser que se encuentre allí desde el inicio de la Misa[159].
12. Las oraciones Benedíctus es, Dómine... para la presentación del pan y el vino se rezan en secreto[160] o en voz alta (y entonces el ministro responde: Benedíctus Deus in scécula[161]).
13. En el rito de la Paz, el sacerdote después de decir Pax Dómini sit semper vóbiscum -a lo que el ayudante responde: Et cum spíritu tuo-, puede dar la paz al ministro, si le parece conveniente[162].
14. Mientras reza con el ministro el Agnus Dei, el sacerdote parte la Sagrada Formasobre la patena. A continuación, deja caer la partícula en el cáliz, diciendo en secreto: Haec commíxtio...
15. Con las manos unidas, reza en secreto: Dómine lesu Christe, Fili Dei vivi, o Percéptio; después hace genuflexión y, si el ayudante va a comulgar, volviéndose a él, toma la Hostia y alzándola un poco sobre la patena o sobre el cáliz, dice: Ecce Agnus Dei... y, juntamente con el ministro, sigue: Dómine, non sum dignus... Inmediatamente, vuelto hacia el altar, reza en secreto Corpus Christi custódiat..., y sume el Cuerpo de Cristo.
16. Antes de dar la Comunión al ayudante, el mismo ministro o el sacerdote leen la Antífona de Comunión[163].
17. Si el ministro no comulga, una vez hecha la genuflexión, el sacerdote toma la Sagrada Hostia y, sin volverse hacia el ministro, dice en secreto: Dómine, non sum dignus..., seguido de Corpus Christi custódiat..., y comulga el Cuerpo de Cristo.
18. Después, toma el cáliz, dice en secreto: Sanguis Christi..., y sume la Sangre de Cristo.
19. El sacerdote reza la Antífona de Comunión, purifica la patena sobre el cáliz y el mismo cáliz, en el altar o en la credencia. Si se purifica en el altar, puede el ministro llevarlo a la credencia, o dejarlo sobre el altar[164].
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20. Terminada la purificación del cáliz, el sacerdote puede observar una pausa de silencio[165]; luego, con las manos unidas, dice Orémus, y extendiendo las manos lee la oración post Communionem.
Rito de conclusión
21. El sacerdote, vuelto hacia el ministro, abre los brazos y dice Dóminus vobíscum; el ayudante responde: Et cum spíritu tuo. El sacerdote bendice al ministro: Benedícat vos..., y éste contesta: Amen. Se omite el Ite, missa est[166].
22. El sacerdote, por último, besa el altar y, hecha una inclinación profunda con el ministro, se retira.
1. Siempre que se traslade el Santísimo, el sacerdote procura tratar con la mayor delicadeza al Señor Sacramentado, acompañándole con la oración, el respeto y la gravedad de quien sabe que está llevando el Cuerpo de Cristo de un lugar a otro.
2. Para trasladar el Santísimo de un sagrario a otro del mismo Centro, en cada altar se quita el cubremantel, se coloca el corporal extendido y se encienden dos velas. El sacerdote, revestido con sobrepelliz -o alba- y estola blanca, con el velo humeral cubre el copón o el portaviáticos durante el traslado. Le acompaña un ayudante, con el farol de dos velas y hace sonar la campanilla. En los sitios por donde pasa el Santísimo se encienden las luces.
3. Si el traslado supone salir a la calle, habitualmente se hace en forma privada. Si es posible, se pone el abrigo encima de la sobrepelliz; si hace mucho calor, puede llevar el portaviáticos debajo de la sotana y la sobrepelliz en una bolsa.
4. Cuando para salir a la calle, tiene que vestir el clergyman, el sacerdote procurará vivir lo que se pueda de lo señalado con carácter general en este apartado. También en este caso, por seguridad y delicadeza con el Santísimo, llevará la bolsa con el portaviáticos sobre su persona, sujeta al cuello por los cordones correspondientes.
5. En cualquier caso, al ir por la calle con el Santísimo, el sacerdote procurará que siempre le acompañe otra persona, que pueda avisar si le ocurre algo. Además, si es posible, -aunque sea corto el recorrido- el traslado se hace en coche, que conduce el acompañante.
1. Se puede administrar la Comunión fuera de la Santa Misa todos los días, y a cualquier hora[168]; teniendo en cuenta que:
Ritos iniciales
2. El sacerdote, después de lavarse las manos, revestido con sobrepelliz y estola blanca, toma la bolsa de los corporales, hace reverencia a la cruz de la sacristía y se dirige al oratorio. Al llegar, hace genuflexión ante el sagrario.
3. Sube al altar, extiende los corporales y volviéndose hacia los asistentes, abre y cierra los brazos mientras saluda, diciendo: Dóminus vobiscum, u otro de los saludos previstos[170].
4. Añade: Fratres, agnoscámus peccáta nostra, ut apti simus ad hanc sacram celebratiónem participándam. Hace una breve pausa de silencio, y reza con todos el Confíteor, según la fórmula del Ordo Missae[171].
5. Luego, el sacerdote dice el Misereátur; y los fieles responden: Amen.
6. En el Rito breve se omite la Liturgia de la Palabra, aunque, si pareciera oportuno, se podría leer un breve texto de la Sagrada Escritura[172].
Sagrada Comunión
7. El sacerdote abre el sagrario, hace genuflexión, coloca el copón sobre el corporal y cierra la puerta. Después introduce la oración dominical con la fórmula Praecéptis salutáribus...[173], y reza con todos el Pater noster.
8. El celebrante destapa el copón, hace genuflexión, toma con la mano izquierda el copón por el nudo, y con el índice y pulgar de la mano derecha la Sagrada Hostia,
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que mantiene un poco elevada sobre el copón; y, vuelto hacia quienes van a comulgar, dice: Ecce Agnus Dei, ecce... Los que van a recibir al Señor, rezan juntos: Dómine, non sum dignus...
9. Después, el oficiante se acerca al lugar donde se distribuye la Comunión[174] y, more sólito, presenta el Señor a quienes van a comulgar, mientras dice: Corpus Christi; cada uno responde: Amen.
10. El sacerdote vuelve al altar, purifica la bandeja y se lava los dedos en el vaso purificador. Abre el sagrario, deja dentro el copón, hace genuflexión y cierra la puerta.
11. Después, dobla los corporales, los mete en su carpeta, y la deja en el centro del altar, con la abertura hacia el sagrario.
12. Tras un breve tiempo de silencio -si parece oportuno-[175], dice Orémus y reza, con los brazos abiertos, la oración: Deus, qui nobis... [176]. Todos los presentes responden: Amen.
Rito conclusivo
13. Vuelto hacia el pueblo, el celebrante extiende y une los brazos diciendo: Dóminus vobíscum; y todos contestan: Et cum spíritu tuo. Y bendice a los asistentes con la fórmula Benedícat vos omnípotens Deus...
14. Después, despide al pueblo, diciendo: Ite in pace, a lo que todos responden: Deo gratias.
15. El sacerdote toma la carpeta de los corporales, baja al plano, hace genuflexión, y se dirige a la sacristía, donde se inclina ante la cruz.
1. En la habitación donde el enfermo recibirá la Comunión, se dispone una mesa, cubierta con un mantel blanco, y sobre ella un crucifijo, el corporal desplegado, un vaso purificador con agua y un purificador de dedos, la bandeja para la Comunión, el acetre con agua bendita e hisopo, y el Ritual o una cartela con el rito[178].
2. El sacerdote, después de lavarse las manos, y revestido con sobrepellliz -o alba- y estola blanca, hace reverencia a la cruz de la sacristía y se dirige al oratorio.
3. Después de la genuflexión en el plano, sube al altar, donde estarán encendidos dos candeleros, el corporal extendido y la llave del sagrario. El portaviáticos o la teca con su bolsa pueden dejarse sobre el altar desde el principio, o bien el sacerdote los lleva ya sobre el pecho.
4. Abre el sagrario, hace genuflexión y toma el copón. Coloca las Formas necesarias en la teca, reserva de nuevo el copón y se lava los dedos en el vaso purificador.
5. El sacerdote se arrodilla y recibe el velo humeral[179]. Se pone de pie, cubre con el velo el Santísimo y se dirige hacia la habitación del enfermo, precedido por un ayudante que lleva el farol de dos velas, mientras suena la campanilla[180]. En los sitios por donde pasará el Santísimo, se han encendido todas las luces.
6. Durante el traslado, el sacerdote acompaña a Jesús Sacramentado con la oración. Puede ir rezando en voz baja, un salmo o un himno litúrgico (por ejemplo, la antífona 0 sacrum convivium, u otra que prefiera).
7. Al llegar, el sacerdote que traslada el Santísimo saluda a los presentes con las palabras: Pax huic dómui...[181].
8. Deja el portaviáticos con el Santísimo Sacramento sobre el corporal, se quita el velo humeral, y permanece unos instantes arrodillado en adoración[182].
9. Si parece oportuno, toma el agua bendita y asperge al enfermo y la habitación, mientras dice: Sit haec aqua...
10. Si el enfermo desea confesarse, lo hace en este momento[183].
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11. Colocado ante la mesa, mirando al Santísimo, el sacerdote invita al acto penitencial[184]: Fratres, agnoscámus peccáta... y, después de un breve momento de silencio, reza con los presentes el Confíteor, según la fórmula que se usa en la Santa Misa. El sacerdote añade: Misereátur..., y todos responden: Amen.
12. Si parece oportuno, el mismo sacerdote o uno de los presentes puede leer uno de los textos de la Sagrada Escritura que se proponen en el Ritual[185].
13. Después, el sacerdote introduce la oración dominical con la fórmula Nunc autem una simul Deum deprecémur...[186] y reza con todos el Pater noster.
14. El celebrante abre la teca, hace genuflexión, toma con la mano izquierda la teca y sostiene encima la Sagrada Hostia, con el índice y el pulgar de la derecha. Volviéndose hacia el enfermo dice: Ecce Agnus Dei...
15. Los que van a comulgar responden: Dómine, non sum dignus...
16. El sacerdote distribuye la Comunión como en la Santa Misa, diciendo Corpus Christi.
17. A continuación -a no ser que deba dar la Comunión a otros enfermos en otras habitaciones—[187], vuelve a la mesa, purifica la teca y se lava los dedos en el vaso purificador.
18. El sacerdote dice Orémus y reza la oración conclusiva: Dómine, sáncte Pater.. .[188].
19. Después, da la bendición al enfermo y a los presentes: o haciendo en silencio la señal de la cruz con el Santísimo cubierto por el velo humeral, si todavía quedan Formas consagradas en el portaviático; o con el modo y la fórmula que se emplea al final de la Santa Misa[189].
20. Terminado el rito, vuelve a la sacristía, para quitarse los ornamentos. Si es necesario, antes de irse, el sacerdote se cerciora de que el agua del vaso purificador se deposita en un lugar conveniente[190].
1. El rito se lleva a cabo como en la Comunión de enfermos (Apartado VI), con el añadido de algunos elementos que se exponen a continuación.
2. Después de la aspersión con agua bendita, el sacerdote dirige a los presentes unas breves palabras sobre el sacramento que va a administrar[192]. Naturalmente, no es necesario comunicar que es in articulo mortis.
3. Después de la confesión o del acto penitencial, el sacerdote puede conceder la indulgencia plenaria in articulo mortis con una de las fórmulas que se encuentran en el Ritual[193].
4. Si parece oportuno, el mismo sacerdote o alguno de los presentes puede leer uno de los textos de la Sagrada Escritura, que se proponen en el Ritual[194].
5. Conviene que, a continuación, el enfermo renueve la profesión de fe bautismal, contestando a las preguntas que le formula el sacerdote sobre los artículos del Credo[195].
6. Si las condiciones del enfermo lo permiten, se puede rezar una breve letanía, rogando a Dios por él[196].
7. Continúa después el rito hasta el final como en la Comunión de enfermos, con el añadido siguiente: inmediatamente después de recibir a Jesús Sacramentado, el sacerdote dice: Ipse te custódiat et perdúcat in vitam aetérnam[197].
1. El sacerdote, tras asegurarse de que están preparadas las cosas necesarias en la habitación del enfermo[199], se reviste con sobrepelliz y estola blanca en la sacristía[200]. Toma el Óleo de los enfermos, a no ser que esté ya en la habitación del enfermo, o vaya a ser bendecido allí.
2. Al llegar, saluda a los presentes: Pax huic dómui...[201]. Deja el Óleo sobre la mesa y, si parece oportuno, asperge al enfermo y la habitación con agua bendita, mientras dice: Sit haec aqua...
3. Después, vuelto hacia el enfermo y los asistentes, les dirige unas palabras sobre el rito que se celebra[202], o bien reza la oración: Dómine Deus, qui per apóstolum tuum Iacóbum...[203].
4. A continuación, tiene lugar el acto penitencial[204], según una de las fórmulas propuestas en el Ritual[205].
5. Terminado el acto penitencial -si lo hay-, el sacerdote o uno de los presentes lee un texto breve de la Sagrada Escritura, que introduce con las palabras: Audíte,fratres, verba...[206]. Después, si parece oportuno, el sacerdote puede pronunciar una breve homilía.
6. A continuación, reza una letanía[207], con una de las fórmulas que ofrece el Ritual, adaptándola según las circunstancias[208].
7. El sacerdote dice una acción de gracias sobre el Óleo siguiendo la fórmula indicada en el Ritual[209].
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8. El oficiante humedece la yema del pulgar de la mano derecha con el Óleo bendito, y unge al enfermo en la frente y en las manos[210], diciendo una sola vez[211]:
V/. Per istam sanctam Unctiónem et suam piíssimam misericórdiam, ádiuvet te Dó minus grátia Spíritus Sancti
R/. Amen.
V/. Ut a peccátis liberátum te salvet atque propítius állevet.
R/. Amen.
9. A continuación, seca el Óleo de la frente y las manos del enfermo con los trozos de algodón. Después, limpia su dedo pulgar, por ejemplo con la miga de pan -si la hay- o con el algodón, y se lava los dedos.
10. El sacerdote dice: Orémus, y reza una de las oraciones prescritas: Cura, quaésumus,...; o Dómine lesu Christe...[212].
11. Terminada la oración, el oficiante introduce la oración dominical con la fórmula: Nunc autem una simulDeum deprecémur..., u otras palabras semejantes, y reza después con todos el Pater noster.
12. Por último, el sacerdote da la bendición al enfermo y a los presentes, usando una de las fórmulas que presenta el Ritual[213]. Después se retira a la sacristía.
13. El sacerdote se cerciorará de que el agua empleada para limpiarse las manos se eliminará en un lugar conveniente -en una maceta, en la fuente de la sacristía- y de que se quemará la miga de pan y los algodones con que se ha limpiado el Óleo.
14. Si durante el rito de la Unción de enfermos se administra la Comunión, además de lo necesario para este rito, se disponen también los objetos previstos para la Comunión de enfermos. El sacerdote traslada el Santísimo a la habitación del enfermo[214], e inicia después el rito de la Unción. Al terminar el Pater noster, administra la Comunión al enfermo[215]. Después de la purificación, da la bendición siguiendo el rito señalado para la Unción de enfermos.
15. Interesa saber que, si el enfermo se encuentra en peligro próximo de muerte, el Ritual recoge algunas indicaciones particulares para el rito continuo y para situaciones particularmente graves[216].
A. EXPOSICIÓN SIMPLE[219]
1. El sacerdote se reviste en la sacristía[220], hace reverencia a la cruz y, precedido por el ayudante, se dirige al oratorio.
Traslado del Santísimo[221]
2. Después de la genuflexión en el plano ante el sagrario, sube al altar.
3. Levanta el conopeo, abre el sagrario y, tras una genuflexión, toma el copón con la mano derecha y lo coloca sobre el corporal; luego, cierra la puerta del sagrario[222] y se arrodilla ante el altar para recibir el velo humeral.
4. Se pone de pie, cubre el copón con el velo humeral[223] y, manteniéndolo junto al pecho, lo traslada al altar donde se hará la Exposición.
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5. Deja el copón sobre el corporal[224].
6. Hace genuflexión, baja al plano[225] y se arrodilla sobre la grada. El ayudante le retira el velo humeral.
Exposición
7. Durante el canto del Pange, lingua, o el himno acostumbrado en el lugar[226] se puede incensar el Santísimo Sacramento[227].
Adoración
8. El Ritual señala que ad intimam orationem alendam, adhibeantur lectiones e sacra Scríptura cum homilía, aut breves exhortationes, quae ad meliorem aestimationem mysterii eucharistici inducant. Inmediatamente antes del rezo de la estación, el oficiante puede leer, de pie, en lengua vernácula, un texto de la Sagrada Escritura, y luego dedicar un tiempo a la meditación personal en silencio, estando todos de rodillas, aunque en algunos lugares esta praxis se omite. Hay que tener en cuenta las características de los fieles que participan en el Rito: si asisten sólo personas de la Obra, de ordinario el texto leído y la meditación serán muy breves -uno o dos minutos-; en otros casos —por ejemplo, en retiros para la labor de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, etc.-, podrá ser conveniente alargarlo más, o añadir una breve homilía[228].
9. El oficiante dirige el rezo de la estación al Santísimo, que termina con la Comunión espiritual. Luego, se pone de pie -sin previa inclinación de cabeza- para cantar o rezar el himno que corresponda[229].
10. Si, con el Señor expuesto, el sacerdote va a dirigir la meditación, canta o reza
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este himno, antes de comenzarla[230].
Bendición
11. Terminada la Adoración, estando de rodillas ante el Santísimo, se canta el Tan-tum ergo. El sacerdote hace la inclinación que indican las palabras venerémur cernui. Si se utiliza incienso, al iniciar la estrofa Genitóri Genitóque se vuelve a incensar el Santísimo, como en el Pange, lingua[231].
12. Terminado el Tantum ergo, se canta la antífona Panem de ocelo. Luego, el celebrante se pone de pie y canta la oración Deus qui nobis.
13. Se arrodilla en la grada, devuelve la cartela, recibe el velo humeral, sube al altar y, después de la genuflexión, toma el copón por el nudo con la mano izquierda –que ha colocado debajo del velo humeral-; con la parte derecha del paño cubre todo el copón[232].
14. Sosteniendo el copón con las dos manos ocultas por el velo humeral, da la bendición a los asistentes[233].
15. Deja el copón sobre el corporal y, sin quitarse el velo, hace genuflexión, con las manos apoyadas en el altar. Después, apartándose un poco hacia su izquierda, baja al plano.
16. Se arrodilla en la grada; el ayudante le quita el velo humeral, y le entrega la cartela.
17. Reza de rodillas las alabanzas de reparación por las blasfemias, en el idioma del país.
18. Cuando los asistentes han repetido Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos, dice Amén en voz alta, si es costumbre en el lugar.
Reserva
19. Devuelve la cartela y, una vez incoado el Laúdate Dóminum, recibe el velo humeral. Sin previa inclinación de cabeza, sube al altar, hace genuflexión y toma el copón.
20. Vuelve al altar del sagrario, deja el copón sobre el corporal y se arrodilla en la tarima, para que le quiten el paño de hombros.
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21. Se pone de pie, abre el sagrario, reserva el Señor y hace genuflexión. Cierra la puerta con llave, que coloca de nuevo en su caja.
22. El celebrante baja después al plano, apartándose un poco hacia la izquierda. Hace genuflexión y se retira a la sacristía.
Canto o rezo de la antífona de la Santísima Virgen María
23. Los sábados se canta o se reza la antífona mañana, de acuerdo con el tiempo litúrgico. Para el periodo pascual, la liturgia prevé el Regina coeli. Durante el resto del año, puede cantarse la Salve Regina u otras antífonas: por ejemplo, Alma Redemptoris Mater, en Adviento y Navidad, y Ave, Regina coelorum, durante la Cuaresma[234].
24. Durante el canto de la antífona mariana, el oficiante hace las oportunas inclinaciones de cabeza a los nombres de Jesús y de María.
25. Si se inciensa el altar durante el canto, una vez incoada la antífona, el sacerdote impone incienso y recibe el turíbulo. Sube al altar, y hace genuflexión[235].
26. Inciensa la cruz con tres ductus de dos ictus cada uno[236]. Después, si el retablo está presidido por una imagen de la Virgen Santísima, da un paso hacia atrás, hace inclinación de cabeza, inciensa con dos ductus de dos ictus, y reitera la inclinación de cabeza.
27. Terminada la incensación de la cruz -y de la imagen de la Virgen Santísima-, hace de nuevo genuflexión e inciensa el altar[237].
28. Al terminar, entrega el incensario al turiferario en el extremo derecho del altar y recibe la incensación con tres ductus de dos ictus[238]. Después, vuelve al centro del altar y baja al plano en la forma acostumbrada.
29. Canta el responsorio y la oración correspondientes. A continuación, añade, mientras se santigua: Divínum auxílium máneat semper nobíscum, y todos responden Amen. Hace genuflexión y se retira a la sacristía.
Adoración del Niño
30. Para la adoración del Niño, recibe de pie el velo humeral, mientras se incoa el canto correspondiente. Se acerca al lugar donde está la imagen del Niño, la toma y, después de besarla, la coloca sobre las dos manos cubiertas con el velo.
-39-
31. Mientras los asistentes -los ayudantes en primer lugar- adoran al Niño[239] repite la antífona correspondiente[240].
32. Al terminar, deja la imagen del Niño en su sitio y vuelve al plano, donde le quitan el velo humeral. Hace la reverencia que corresponda y se retira a la sacristía.
B. EXPOSICIÓN SOLEMNE
1. Para la Exposición solemne se utiliza la custodia y se usa siempre incienso. El celebrante se reviste con alba o sobrepelliz, estola y capa pluvial de color blanco.
2. Se hace todo como en la Exposición simple, con las variaciones que se indican a continuación.
3. El traslado del viril se hace como el del copón en la Exposición simple.
4. Antes de colocar el viril en la custodia, el celebrante se pone de rodillas junto al borde del altar, para que le quiten el velo humeral.
5. Una vez colocado el viril en la custodia, el sacerdote deja cerrada la caja del viril fuera de los corporales, hace genuflexión y baja la grada.
6. En lugar de la Estación menor, se reza la Estación mayor, seguida de la Comunión espiritual.
7. Para dar la bendición con la custodia, la toma por el nudo con la mano derecha y por la base con la izquierda, ambas cubiertas por el velo de modo que no se vean.
C. EXPOSICIÓN SIMPLE (forma breve para los jueves)
Cuando en el tabernáculo no hay puerta de cristal, los jueves por la mañana se puede tener exposición simple, para hacer la oración ante el Santísimo Sacramento. Si se plantean dificultades de horario el rito puede ser el siguiente: se expone el Santísimo, se reza directamente el Adoro te devote, se hace la media hora de oración, se canta el Tantum ergo y la oración acostumbrada, el sacerdote da la Bendición e inmediatamente se procede a la reserva en el Sagrario.
D. ORACIÓN DE LOS JUEVES ANTE EL SSMO. SACRAMENTO
Si, en algún caso, no hubiese tiempo para ese modo de proceder (cfr. C), se podría seguir éste: el sacerdote —sin revestirse—, nunca un laico, levanta el conopeo y abre simplemente la puerta del Sagrario. Se empieza la oración o la meditación y, pasados los treinta minutos habituales, se reza o canta el Adoro te devote. A continuación, el sacerdote cierra la puerta del Tabernáculo. En caso de que el oratorio tenga un altar coram populo, se retira la cruz mientras esté abierto el Sagrario.
1. La ceremonia tiene la estructura descrita para la Exposición con el Santísimo Sacramento, con las variantes que se señalan a continuación[241].
2. El celebrante, revestido con ornamentos de color rojo, y los ministros, después de hacer reverencia a la cruz de la sacristía, se dirigen al altar en la forma acostumbrada.
3. Al llegar al altar hacen la reverencia debida.
4. El sacerdote encargado[242] toma el relicario, con el velo humeral, y se dirige al altar precedido de los ayudantes: dos pueden llevar hachones y un tercero la umbela.
5. Cuando entra en el oratorio, todos se ponen de rodillas. Al llegar al altar, el oficiante -y los diáconos si los hay- hace inclinación, siguiendo la reliquia con los ojos.
6. Deja el relicario sobre los corporales y se arrodilla en la tarima para que le quiten el velo[243].
7. Una vez que le han quitado el velo, se pone de pie, retira el cubre-relicario y hace una genuflexión[244]. Desciende al plano, y deja la estola[245].
8. En este momento, si se desea, se rezan las Preces de la Obra.
9. Cuando a continuación se incoa el himno Vexilla Regís, o el Crux fidelis[246], y el celebrante se levanta, impone incienso y lo bendice.
10. El oficiante recibe el incensario de pie, hace genuflexión -acompañado por los demás ministros que intervienen en la ceremonia- e inciensa la reliquia, estando de pie, con tres ductus de dos ictus. Después, hacen todos de nuevo genuflexión.
11. Al canto o al rezo del himno sigue el versículo Adorámus te, Christe..., con su respuesta; y el oficiante canta la oración propia. Luego se arrodillan todos.
12. El oficiante se pone de rodillas y recibe el velo humeral. Sube al altar y hace genuflexión[247].
13. Toma el relicario y da la bendición con el Lignum Crucis, como en la Exposición con la custodia, mientras un ayudante hace sonar la campana y el otro inciensa. Al terminar deja la reliquia sobre los corporales y hace genuflexión.
-41-
14. Sin moverse del centro del altar, el oficiante dice Per Crucem et passiónem...[248] y se responde Amen. A continuación, hace genuflexión y besa la reliquia[249]. Después la toma con las manos cubiertas por el velo humeral y la da a besar a los fieles.
15. Los sacerdotes y ayudantes besan el Lignum Crucis en el presbiterio, si es posible; los demás, en la nave[250]. Todos hacen genuflexión antes de besar la reliquia.
16. Al terminar, vuelve al altar y deja el relicario sobre el corporal. Luego, repite el versículo: Per Crucem et passiónem..., y todos responden Amen[251].
17. Después de hacer genuflexión, el oficiante -acompañado por los diáconos, si actúan- desciende al plano, se arrodilla en la grada y le quitan el velo humeral.
18. El sacerdote que ha hecho el traslado se pone la estola, hace genuflexión al pie del altar, sin dar la espalda al oficiante, y coloca el cubre-relicario.
19. Luego se arrodilla para recibir el velo humeral. Toma el relicario con el velo y se dirige en procesión hacia la sacristía, del mismo modo que al inicio.
20. El oficiante, inclinando un poco el cuerpo, sigue la reliquia con los ojos, mientras la trasladan por el presbiterio. Luego, todos se ponen de pie, hacen la reverencia debida y se retiran en procesión hacia la sacristía.
La veneración de las reliquias ex ossibus de nuestro Padre puede oficiarse de tres modos:
A. Exposición y bendición con la reliquia de nuestro Padre[252]
1. El celebrante[253] toma el relicario[254] y, precedido por los ayudantes, se dirige hacia el oratorio[255].
2. Cuando entra en el oratorio, todos se ponen de pie; el coro y el pueblo cantan Lauda Ierusalem, u otro himno apropiado[256].
3. Al llegar al presbiterio, el celebrante deja directamente la reliquia en el altar[257], descubre el relicario y, tras la reverencia acostumbrada, baja al plano, y se pone de rodillas en la grada[258].
4. Si se desea, se rezan las Preces de la Obra, o se hace un breve rato de oración en silencio.
5. Al terminar, el oficiante impone incienso y lo bendice. Recibe el incensario y, permaneciendo de pie, hace reverencia e inciensa la reliquia con dos ductus de dos idus. Al terminar, hace de nuevo reverencia[259].
6. El oficiante sube al altar, toma el relicario -sin el velo humeral y sin hacer genuflexión- y bendice a los fieles con la reliquia, haciendo la señal de la cruz en silencio[260].
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7. Deja el relicario sobre el altar, y allí mismo canta o reza: Per mérita et intercessiónem Sancti losephmaríae concédat vobis Dóminus gáudium et pacem. Los asistentes responden: Amen, y se ponen de pie.
8. A continuación, el celebrante besa la reliquia. Después la toma y se coloca en un lugar adecuado para darla a besar a los asistentes a la ceremonia[261].
9. Mientras tanto, el coro y el pueblo pueden entonar las Letanías de los Santos –se repite tres veces: Sáncte Iosephmaría, ora pro nobis—, o algún himno apropiado, por ej., Christus vincit, con el Salmo correspondiente, etc.
10.Al terminar la veneración, el celebrante deja la reliquia sobre el altar. De pie[262], reza o canta la oración Colecta de la Misa de San Josemaría. Todos responden: Amen.
11. Después, canta: Divínum auxílium máneat semper nobíscum, y se contesta: Amen.
12. Un ayudante acerca el cubre-relicario, lo coloca el celebrante y, per breviorem, se dirige a la sacristía, como al comienzo, precedido por los ministros[263].
B. Veneración después de la Exposición y bendición con el Santísimo Sacramento
1. Tras la reserva del Santísimo, se traslada el relicario al altar[264], y la ceremonia se desarrolla igual que en el caso anterior (A), con las modificaciones que se indican a continuación.
2. No se rezan las Preces de la Obra, para no alargar demasiado la ceremonia.
3. Después de la incensación, se omite la bendición con la reliquia, pues ya se ha dado antes con el Santísimo Sacramento, y se pasa directamente al rito de veneración: cfr. A, nn. 7-9.
C. Veneración a continuación de la Santa Misa
1. Si el relicario no está colocado habitualmente en el retablo o cerca del retablo, puede ser oportuno que, ya durante la Misa, se deje sobre una de las credencias, o en una mesita cubierta por un paño blanco[265].
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2. Al acabar la Santa Misa, después de besar el altar, el celebrante recibe el relicario -descubierto- de manos del ayudante. Lo deja sobre el altar, y dice: Per mérita et intercessiónem Sancti Iosephmaríae... A continuación, besa la reliquia y la da a besar a los asistentes.
3.Al terminar, el sacerdote, en el centro del altar, reza la Colecta de la Misa de San Josemaría; después, el ayudante devuelve el relicario al retablo o a la credencia.
4. A continuación, el sacerdote y el ayudante hacen genuflexión al Santísimo –o reverencia al altar, según los casos- y se retiran a la sacristía.
ANEXO 1
ANEXO2
A. Responso rezado I
RESPONSORIUM
V/. Ne recorderis peccata mea, Domine.
R/. Dum veneris iudicare saeculum per ignem.
V/. Dirige, Domine Deus meus, in conspectu tuo viam meam.
R/. Dum veneris iudicare ssfeculum per ignem.
V/. Requiem aeternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis.
R/. Dum veneris iudicare saeculum per ignem.
Kyrie, eleison. Christe, eleison. Kyrie, eleison. Pater noster...
V/. Et ne nos inducas in tentationem. R/. Sed libera nos a malo.
V/. A porta inferi.
R/. Erue, Domine, animas eorum.
V/. Requiescant in pace.
R/. Amen.
V/. Domine, exaudi orationem meam. R/. Et clamor meus ad te veniat.
V/. Dominus vobiscum.
R/. Et cum spiritu tuo.
Oremus.
Pro uno defuncto
Absolve quabsumus, Domine, famulum tuum N. ab omni vinculo delictorum, ut, qui in hoc saeculo Christo meruit conformari, in resurrectionis gloria inter Sanctos tuos resuscitatus respiret. Per Christum Dominum nostrum.
Pro Operis Dei fidelibus Societatisque Sacerdotalis Sanctae Crucis sociis et benefactoribus defunctis
Deus, veniae largitor et humanae salutis amator: quaesumus clementiam tuam, ut Operis Dei fideles Societatisque Sacerdotalis Sanctae Crucis socios et benefactores qui ex hoc saeculo transierunt, Beata Maria semper Virgine et Sancto loseph intercedentibus, cum Sancto losephmaria et omnibus Sanctis tuis, ad perpetuas beatitudinis consortium pervenire concedas.
Pro Avibus ceterisque parentibus, necnon pro Operis Dei fidelium Societatisque Sacerdotalis Sanctae Crucis sociorum propinquis defunctis
Deus, qui nos patrem et matrem honorare ac propinquos diligere praecepisti: miserere clementer animabus parentum Conditoris nostri necnon parentum et propinquorum nostrorum, eorumque peccata dimitte; nosque eos in aeternae claritatis gaudio fac videre.
Pro omnibus fidelibus defunctis
Fidelium, Deus, omnium conditor et redemptor: animabus famulorum, famularumque tuarum remissionem cunctorum tribue peccatonun; ut indulgentiam, quam semper optaverunt, piis supplicationibus consequantur. Qui vivis et regnas cum Deo Patre in unitate Spiritus Sancti, Deus, per omnia saecula saeculorum.
R/. Amen.
V/. Requiem asternam dona eis, Domine. R/. Et lux perpetua luceat eis.
V/. Requiescant in pace.
R/. Amen.
V/. Animae eorum et animae omnium fidelium defunctorum per misericordiam Dei requiescant in pace.
R/.Amen.
B. Responso rezado II
RESPONSORIUM
V/. In nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti. R/. Amen.
V/. Benedictus Deus et Pater Domini nostri lesu Christi, Pater misericordiarum et Deus totius consolationis, qui consolatur nos in omni tribulatione nostra (2 Cor 1,3-4).
R/. Amen.
V/. De profundis clamavi ad te, Domine; Domine, exaudi vocem meam.
R/. Speravit anima mea in Domino.
V/. Fiant aures tua; intendentes in vocem deprecationis meae. R/. Speravit anima mea in Domino.
V/. Si iniquitates observaveris, Damine, Domine, quis sustinebit?
R/. Speravit anima mea in Domino.
V/. Quia apud te propitiatio est, et propter legem tuam sustinui te, Domine.
R/. Speravit anima mea in Domino.
V/. Sustinuit anima mea in verbo eius; speravit anima mea in Domino.
R/. Speravit anima mea in Domino.
V. A custodia matutina usque ad noctem, speret Israel in Domino.
R/. Speravit anima mea in Domino.
V/. Quia apud Dominum misericordia: et copiosa apud eum redemptio. R/. Speravit anima mea in Domino.
V/. Et ipse redimet Israel ex omnibus iniquitatibus eius.
R/. Speravit anima mea in Domino.
V/. Dominus vobiscum.
R/. Et cum spiritu tuo.
Oremus.
Inclina, Domine, aurem tuam ad preces nostras, quibus misericordiam tuam supplices deprecamur, un animam famuli tui N., quam de hoc sabculo migrare iussisti, in pacis ac lucis regione constituas, et sanctoram tuorum iubeas esse consortem. Per Christum Dominum nostrum.
R/. Amen.
C. Responso cantado
RESPONSORIUM
Chorus cantat responsorium Libera me vel Psalmum 129 (De profundis).
Finito responsorio, chorus cantat:
Kyrie, eleison. Christe, eleison. Kyrie, eleison.
Sacerdos dicit alta voce:
Pater noster.
Et secreto continuatur ab omnibus. Postea, iunctis manibus, sacerdos dicit:
V/. Et ne nos inducas in tentationem. R/. Sed libera nos a malo.
V/. A porta inferi.
R/. Erue, Domine, animas eorum.
V/. Requiescant in pace.
R/. Amen.
V/. Domine, exaudi orationem meam. R/. Et clamor meus ad te veniat.
V/. Dominus vobiscum.
R/. Et cum spiritu tuo.
Oremus.
Pro Operis Dei fidelibus Societatisque Sacerdotalis Sanctae Crucis sociis et benefactoribus defunctis
Deus, veniae largitor et humanae salutis amator: quaesumus clementiam tuam, ut Operis Dei fideles Societatisque Sacerdotalis Sanctae Crucis socios et benefactores qui ex hoc saeculo transierunt, Beata Maria semper Virgine et Sancto loseph intercedentibus, cum Sancto losephmaria et omnibus Sanctis tuis, ad perpetuae beatitudinis consortium pervenire concedas.
Pro Avibus ceterisque parentibus, necnon pro Operis Dei fidelium Societatisque Sacerdotalis Sanctae Crucis sociorum propinquis defunctis
Deus, qui nos patrem et matrem honorare ac propinquos diligere praecepisti: miserere clementer animabus parentum Conditoris nostri necnon parentum et propinquorum nostrorum, eonimque peccata dimitte; nosque eos in aeternae claritatis gaudio fac videre.
Pro omnibus fidelibus defunctis
Fidelium, Deus, omnium conditor et redemptor: animabus famulorum, famularumque tuarum remissionem cunctorum tribue peccatorum; ut indulgentiam, quam semper optaverunt, piis supplicationibus consequantur. Qui vivis et regnas cum Deo Patre in unitate Spiritus Sancti, Deus, per omnia saecula saeculorum.
R/. Amen.
V/. Requiem aeternam dona eis, Domine. R/. Et lux perpetua liiceat eis.
Chorus cantat:
V/. Requiescant in pace.
R/. Amen.
Sacerdos dicit:
V/. Anima; eorum et animas omnium fidelium defunctorum per misericordiam Dei requiescant in pace.
R/. Amen.
ANEXO 3
V/. Panem de caslo prastitisti eis. (T.P. Alleluia).
R/. Omne delectamentum in se habentem. (T.P. Alleluia).
Oremus.
Deus, qui nobis sub sacramento mirabili, passionis tuae memoriam reliquisti: tribue, quaesumus, ita nos Corporis et Sanguinis tui sacra mysteria venerari; ut redemptionis tuae fructum in nobis iugiter sentiamus: Qui vivis et regnas in saecula saeculorum.
R/. Amen.
Alabanzas de desagravio
Bendito sea Dios.
Bendito sea su santo Nombre.
Bendito sea Jesucristo, Dios y Hombre verdadero.
Bendito sea el Nombre de Jesús.
Bendito sea su Sacratísimo Corazón.
Bendita sea su Preciosísima Sangre.
Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.
Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito.
Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima.
Bendita sea su Santa e Inmaculada Concepción.
Bendita sea su gloriosa Asunción.
Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre.
Bendito sea San José, su castísimo Esposo.
Bendito sea Dios en sus Angeles y en sus Santos.
V. Ora pro nobis, sancta Dei Genetrix.
R/. Ut digni efficiamur promissionibus Christi.
Oremus.
Omnipotens sempiterne Deus, qui gloriosae Virginis Matris Mariae corpus et animam, ut dignum Filii tui habitaculum effici mereretur, Spiritu Sancto cooperante, praeparasti: da, ut cuius commemoratione laetamur, eius pia intercessione, ab instantibus malis et a morte perpetua liberemiir. Per eundem Christum Dominum nostrum.
R/. Amen.
V/. Divinum auxilium maneat semper nobiscum.
R/. Amen.
Durante el Tiempo pascual se reza:
V/. Gaude et laetare, Virgo Maria. Alleluia. R/. Quia surrexit Dominus vere. Alleluia.
Oremus.
Deus, qui per resurrectionem Filii tui, Domini nostri lesu Christi mundum laetificare dignatus es: praesta, quaesumus; ut, per eius Genetricem Virginem Mariam, perpetuae capiamus gaudia vitae. Per eiimdem Christum Dominum nostrum.
R/. Amen.
V/. Divinum auxilium maneat semper nobiscum.
R/. Amen.
ANEXO4
Post benedictionem, celebrans dicit:
Per merita et intercessionem sancti losephmariae concedat vobis Dominus gaudium et pacem.
R/. Amen.
Post reliquiae venerationem, celebrans dicit:
Deus, qui sanctum losephmariam, presbiterum,
universalis vocationis ad sanctitatem et ad apostolatum
in Ecclesia praeconem effecisti,
eius intercessione et exemplo concede, ut,
per cotidianum laborem Iesu Filio tuo configuremur
et redemptionis operi ardenti amore serviamus.
Per Dominum nostrum Iesum Christum Filium tuum,
qui tecum vivit et regnat
in unitate Spiritus Sancti, Deus,
per omnia saecula saeculorum.
R/. Amen.
Celebrans ritum concludit dicens:
Divinum auxilium maneat semper nobiscum.
R/. Amen.