Una numeraria auxiliar es una chacha

From Opus Dei info

Por Solano, 2 de octubre de 2006


Fui numeraria auxiliar durante cuatro años, dos de ellos viví en dos colegios mayores, uno por curso y los dos siguientes en el centro de estudios. Me salí hace once años, el 25 de julio de 1995, con carta de dispensa incluida. Había que “irse por la puerta grande”. Mientras mis compañeras esperaban centro de destino, (hasta con ilusión), yo esperaba la carta de dispensa. El último mes de mi estancia en “casa” coincidió con el curso anual del centro de estudios. En él lo más importante era recordar la fidelidad, que es para siempre. También recordaban anécdotas de personas que se habían marchado del opus dei y luego habían vuelto, arrepentidas.

He leído el libro de Mª del Carmen Tapia, donde trata a las nax de infantiles, no podía ser de otro modo. ¿Acaso no son las hijas pequeñas del padre?, en la época que ella relata quizás estaban muy protegidas o tan sólo lo estaban en Roma, no lo sé, pero ésa protección no la viví...

Cuando entré en el opus dei creo que las cosas estaban cambiando. Éramos de las primeras promociones de numerarias auxiliares que podíamos estudiar. Querían dar una imagen más actual, con personas más inquietas, quiero aclarar que el nivel social de mi familia no era bajo y el económico tampoco, mi padre tenía un pequeño negocio y hemos vivido siempre bien. El de las otras dos nax que iban conmigo a mi misma facultas tampoco lo era. Pienso que ahí tuvieron el fallo que comenzaron a “reclutar” personas con otras expectativas en la vida, sin modificar lo que había, basándose en estructuras mentales muy ancladas en el pasado.

La vida de las numerarias auxiliares es trabajo y servicio, el agachar la cabeza constantemente las delata. Se compara al servicio de la Virgen María.

El cura que nos atendía en cierta ocasión, hablando sobre mis dudas, que siempre las tuve, me comparó con la chacha que vivía en su casa, durante su infancia, también me dijo el enorme cariño que le tenía a aquella mujer. Yo nunca deseé que ese fuera mi destino en la vida. Puede parecer increíble que no me diera cuenta que una numeraria auxiliar era una chacha, pero hay tal “comedura” de coco que no lo percibes tan claramente y cuando lo haces te lo niegan, durante los años que permanecí dentro, en cada charla se me negaba todo aquello que veía, que era la realidad.

En otra ocasión hablando con el mismo sacerdote, le comentaba las diferencias de trato que veía entre las nax y numerarías y él me contestó, respuesta casi textual: “no sé de qué te quejas, si aquí las directoras son todas muy buenas, no sabes lo que hay por ahí, lo que entran algunas contando al confesionario”. Menudo aliento daba el muchacho, por no decir otra cosa. Porque una nax. ¿a quién le cuenta lo que sucede o lo que aguanta? Sé que entre las numerarias hay de todo, igual que agregados y supernumerarios. Lo que me respondió aquel hombre aquel día sé que es cierto porque he visto lo que sucedía con nax más mayores.

Durante las charlas mis preguntas más frecuentes eran del tipo de: ¿por qué yo tengo que servir la mesa y usted no?, ¿por qué nosotras salimos a servir al comedor de la residencia?, ¿por qué dentro del centro llevamos siempre uniforme y lo único que cambiamos es el delantal?, ¿por qué no podemos llevar un departamento de la administración sin supervisión de una numeraria?, ¿por qué mi cubertería es de peor calidad?, ¿por qué le sucede lo mismo a mi vajilla?, ¿por qué comedores diferentes? O a la mantelería. Había tantas diferencias físicas que era imposible no verlas y todas ellas casi siempre negadas, eran cositas mías. Porque según decían numeraria y numeraria auxiliar era lo mismo, pero con matices.

Generalmente las respuestas eran del siguiente tipo: son cuestiones culturales, restos del pasado, porque para esta tarea hay que tener visión global. Ten paciencia las cosas cambiarán. ¿Cambiaran?, ¿en qué?, ¿dónde hay mano de obra barata? Rezar y trabajar. Para eso sí estaban las cosas claritas. Cualquier tiempo de silencio era imposible no vivirlo, porque estabas trabajando con gente de casa. Toda realización o aspiración profesional era anulada porque tu vocación era así o asá. Me pedían que no viera más. Que todo era culpa mía, por mi visión de las cosas, por mi educación, que el opus dei era perfecto y que así lo había visto el padre, me decían constantemente que hiciera mortificación interior y que rezara. Que no había que entenderlo todo que lo entregara a Dios, un momento, ¿me pedían que entregara mi inteligencia? ¿Dónde se queda el ser perfectos como vuestro padre Dios?, que constantemente te repetían en las charlas de formación. PECADO DE SOBERBIA.

Nunca, en el centro de estudios, la persona con la que hacía mi charla se acercó a mí para decirme nada agradable, se mostró distante, tenía la sensación de que me evitaba. Mientras, mi sensación de “bicho raro” se acrecentaba, tanto dentro como fuera. No encajaba dentro y me hacían culpable de lo que veía, como si no fuera cierto. Imagínense mi sorpresa cuando leí el libro de Tapia en el que decía numerarias auxiliares o numerarias sirvientas, como se llamaban en un principio. Las personas con las que hacía la charla conocían ampliamente la historia del opus dei, entonces, ¿por qué esa negación de la realidad?, ¿está mal visto que haya sirvientas en el opus dei?, pero las hay y algunas de ellas muy buenas personas y gente que recuerdo con mucho cariño, al igual que numerarias.

Hubo un “hasta aquí hemos llegado”, después de cambiarme con otra directora para hacer la charla, me dijeron que en la oración me revisara y ya para siempre, si tenía vocación. Les salió “rana” el asunto. Obedecí porque también era muy obediente, !bendita la hora! Y vi con una claridad pasmosa con la que nunca vi mi vocación que aquel no era mi sitio.

Actualmente tengo mis dudas sobre Dios y sobre la Iglesia, con los que no tengo contacto alguno, pero sé que si existe me ayudó a irme. Me tuvieron dos meses “dando vueltas” viviendo el plan de vida completito, las mortificaciones en aumento, el cura que sí, que tenía vocación, la directora que era responsabilidad mía, que yo me hacía cargo de todo, que vale pero que yo, la “mua”, se iba. Fui a hablar con la encargada de nax de la región y me ofertó algo que no viene ahora al caso, durante esos dos meses me encontré muy cansada y nerviosa, me lo pusieron muy difícil. No se sentían seguros de mi marcha.

Con el pasar de los años, desde la perspectiva que da el tiempo, pienso que lo más fácil hubiera sido coger un autobús y venirme a casa. Pero de allí no se salía sin permiso, además en verano, cuando no estabas en los medios de formación estabas en la administración trabajando y el centro de estudios estaba lejos de la ciudad. No se me pasaba por la cabeza el irme, además había que irse por la “puerta grande”, cómo me decía mi directora. !Por fin me dejaron escribir la dichosa cartita!, en la que me hice responsable de todo, reconocí que el opus dei era obra divina, que la imperfecta para “el cargo” era yo. Cosa que seguí pensando durante mucho tiempo después. Durante mis dos últimos meses en el opus dei se me recordó constantemente lo mucho que habían hecho por mí, lo bien que me habían tratado, las cosas que no hubiera conocido sino hubiera sido por ellos y sobre todo que no contara nunca lo que allí había vivido, sobre todo por respeto y cariño a la obra. Me lo comparaban a un divorcio en el que ambas partes quedan como amigos. Por cierto, las directoras durante esos meses me trataron con el cariño que no lo habían hecho durante aquel centro de estudios. Considero que fue un chantaje emocional, en el que caí.

Objetivamente no sé que les debo, ¿estudios universitarios?, sólo conocí a una persona que se los “debiera” en mi caso no era así, además recibía becas, dinero, que como todos, nunca vi. El alejamiento, casi total, de mi familia, que según ellos me hacían daño, el de mis amigos de siempre y el de otorgarme una ideología, que lejos de ayudarme en mis relaciones con los demás me hizo más daño.

Después de salirme de la obra continúe confesándome con sacerdotes de la obra, en una iglesia cercana, seguí viendo a la directora del centro, en alguna ocasión. Lo pasé bastante mal a lo que todos ellos achacaron a mi marcha, que no fue lo suficientemente clara, vamos que no había seguido los “designios divinos“. Fueron ganas por mi parte de complicarme la vida. Por distintos motivos me fui alejando hasta día de hoy.

Pensé que el opus dei no me había hecho daño hasta que hará un par de años, hubo un problema familiar en casa, acudí a una asociación, que no tiene nada que ver con la obra, reconocida socialmente por la tarea que realiza con personas con el problema al que nos enfrentábamos. Me di cuenta que yo también había estado metida en “cosas” poco claras, y que también necesitaba algo de ayudita.

Un fuerte abrazo a todos y por favor, si alguien se relaciona con numerarias auxiliares, trátenlas con mucho cariño.



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