Todo lo que debes saber sobre las sectas

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Por Ramana, 28.02.2020


Acaba de salir, y lo he devorado, el libro del psicoterapeuta Miguel Perlado que lleva por título: ¡Captados!, (Ed. Ariel) y como subtítulo el que intitula mi escrito más este otro, al pie: “Qué son, cómo funcionan, cómo ayudar”.

Mientras lo leía pensaba ya en esta aportación para recomendarlo a todos los lectores de OpusLibros, lo In y los out, y me gustaría extender la recomendación de su lectura a los directores de consejos locales, supernumerosos con hijos In e hijos out, a los que llevan las charlas y al sursum corda. Es más, propondría que se leyera, discutiera y meditara en todos los retiros anuales, mensuales, círculos y convivencias… Que se utilizara como norma para los diez minutitos de “lectura espiritual” y, sobre todo, que se leyera en Roma, en las altas instancias, por si les quedare un gramo de responsabilidad, de decencia, de sentido común, de caridad cristiana, de vergüenza torera. No porque diga nada nuevo, pero sí porque está escrito con claridad y contundencias.

Es fruto de una experiencia de veinte años cómo terapeuta de ayuda a desprogramar a miembros egresados de todo tipo de sectas y porque entre las características que definen a una secta, o a un grupo con tendencias sectarias, da nueve, que paso a resumir. Advierte que una sola no implica grupo sectario, sino la acumulación de varias. Que nuestros lectores decidan cuál de estas 9 NO se cumple en la Obra Escribariana (págs.. 23 y 24):

  1. Son grupos jerarquizados sometidos a un líder al que se le debe obediencia ciega.
  2. Mantienen su propia y exclusiva interpretación de la realidad, lo que les lleva a prohibir otras fuentes o lecturas.
  3. Defienden un modelo de transformación estándar de las personas, sin atender a circunstancias personales ni a la autonomía personal. El sistema que proponen es perfecto, si algo va mal siempre es fallo de la persona.
  4. Tienden a seducir y emitir falsas promesas en varios niveles. Usan una doble agenda y un doble lenguaje.
  5. Utilizan las cualidades de sus miembros como instrumentos al servicio del grupo con la excusa de una mejora espiritual. El fin siempre justifica los medios, aunque se trate de mentir y, en algunos extremos, ejercer la violencia.
  6. Las sectas explotan las necesidades afectivas de sus miembros, generan miedo, culpa y temor si abandonan el grupo, al que se les sedujo para entrar y comprometerse haciéndoles sentir “especiales”.
  7. Originan rupturas con formas de pensar previas, aíslan de la familia, te cambian en ocasiones de trabajo o de hábitat.
  8. Tienden a desarrollar ideologías intolerantes hacia otros movimientos o estilos de vida. No suele estar bien visto hablar con exmiembros.
  9. Utilizan las instituciones legítimas (como la Iglesia) para aprovecharse, camuflarse y lograr un marchamo de respetabilidad.


Es un libro valiente, lúcido, muy claro, que deberíamos regalar, por ejemplo, a los que se acaben de salir, sigan heridos o hayan decidido ocultar su paso por la Obra por miedo o sentido de culpa. O los que tienen síndrome de Estocolmo, que ya he denunciado en alguna ocasión. Comentarios del tipo: “salí de la Obra, pero sigo siendo buen cristiano”, ¡como si dentro de una institución que miente por principio se pudiera ser no ya bueno, ni siquiera cristiano!! Los de dentro, pídanlo a los Reyes este año, o mejor, cómprenlo como lectura previa al 19 de marzo. Háganse, por favor, ese regalo. Y los gerifaltes conscientes de todo esto: que pidan perdón y vayan al Papa a rendir cuentas. Yo ya les perdoné hace mucho tiempo. Vale.



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