Talk:Raimon Pánikkar, In Memoriam

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Las-cosas-son ASI-y-NO-de-OTRA-manera (1)

La expulsión (dimissio en latín) de un sacerdote del entonces instituto secular implicaba la ratificación de la Santa Sede, cosa que en el caso que nos ocupa, no sucedió.

El periodista Antoni Bassas que entrevistaba a Panikkar una vez al mes, durante diez años, en su programa de radio (el Matí de Catalunya Radio) publicó un libro con algunas de las intervenciones, siempre a modo de entrevista. En la introducción Raimon desgrana datos biográficos. Dice que volvió de la India porque “l’Opus em crida per anar a Roma (…) m’hi vaig estar dos anys, fins que em van aconsellar sortir de l’Opus”, lo que confirma nuestra hipótesis (quien pide la dimisión es la Obra, Panikkar la acepta y la Obra la ratifica)...

Imaginemos que sanjosemaría, independientemente de algún pretexto, entendiese que se le debía aplicar la norma 123 de sus constituciones (“al miembro, si estuviese ordenado in sacris, que ha sido despedido por alguno de los delitos de los que se trata en el citado canon 646, o por otro que este en derecho castigado con infamia jurídica o deposición o degradación, se le prohíbe a perpetuidad el hábito eclesiástico”). El canon 646 del Código canónico al que hace referencia establece que “se han de considerar como legítimamente dimitido ipso facto los religiosos: 1.- Los apóstatas públicos de la fe católica. 2.- El religioso que se fuga con una mujer (o la inversa) 3.- los que atenten contraer o contraen matrimonio aunque sea solo vinculo civil”.

Es decir, que pensase que declarar públicamente eso de “me fui cristiano a la India y volví hinduista y budista sin dejar de ser cristiano” era una apostasía pública. En el libro de Bassas, Raimon continua: “recuerdo una conversación privada con el Papa Pablo VI, que, por cierto, puedo decir que me quería mucho. (naturalmente, con la cortesía debida, y diciendo que me lo preguntaba a mi mismo) le dije: “me pregunto si para ser católico, se ha de ser espiritualmente semita e intelectualmente griego”. La respuesta era, y continua siendo, que sí, pero él no me la dio. Sonrió y tiró pelotas fuera, llenándome de alabanzas”.

“Pensamos como semitas. Tenemos un pensamiento histórico, lineal, racional y científico, falto de misticismo y simbolismo oriental. Y la realidad es también histórica, pero no solo. Y si la iglesia quiere ser católica, es decir, universal, tiene que abrirse a otras fuentes”.

El sistema cultural de la Obra no permitía esa apertura. El armazón cultural de la "ortodoxia" que conocí – y que sigo viendo en muchos casos- consiste, entre otras cosas, en la absolutización de un original que se convierte no solo en modelo (cosa en cierto punto admisible) sino en criterio hermenéutico (cosa insostenible).

Veamos su "argumentación". En la encíclica de Pablo VI "mysterium Fidei" de 1965 se formula muy bien : "la Iglesia...durante siglos ha establecido, con cuidado y con la ayuda del Espíritu Santo, una norma de lenguaje (...) Esta norma (...) debe preservarse religiosamente, y que nadie pretenda cambiarla según su capricho o bajo el pretexto de una ciencia nueva...estas fórmulas (se entiende que dogmáticas) expresan conceptos que no están vinculados a ninguna forma ni a ninguna fase particular de la cultura humana (...) están adaptadas a los hombres de todos los tiempos y de todos los lugares".

Lo único cierto, como cualquier persona de sentido común puede corroborar, es que toda terminología es una cristalización de un sistema cultural, y que no hay culturas universales ("todos los tiempos y todos los lugares") sino que, por definición, las culturas son variables e históricas. Estos "ortodoxos" nos tachan de relativistas.

En definitiva, lo que decían esos ortodoxos es que las cosas-son-así-y-no-de-otro-modo (ahora y siempre) lo que desembocaba en una rigidez que impide cualquier convivencia y comunicación.

Pero en la Obra la reducción de la ortodoxia, no olvidemos que esa ortodoxia no era más que una ortodoxia cultural, alcanzaba casi todos los ámbitos. Recordemos, por ejemplo, las siguientes "normas de lenguaje":

a).- ¿Puede ser santa una mujer que lleve pantalones?. La respuesta que daba la Obra (instituto secular): en teoría sí, en la práctica, no. O sea que no. El referente cultural de la feminidad "decente" regía sobre cualquier individualidad o situación.

b).- ¿Puede llevar un numerario el pelo largo (me refiero a la década de los 70)? La respuesta es que no podía llevar el pelo por debajo de la oreja. Aquí, dudo sobre cuál era el referente cultural aplicable. Pensaba que el motivo era la asociación cultural a una posición progresista. Pero también oí el comentario de parecer algo afeminado. En efecto, las nenas, los calzonazos, los gallinas y los maricones, como hombres que no respondían a la masculinidad hegemónica (un referente cultural al fin y al cabo) no podían ser compañeros en busca del Reino. También es cierto que no se admitía el exhibicionismo pectoral (otro referente cultural de la masculinidad) y era inimaginable la variante del marino Popeye (ajustada camiseta portuaria sin mangas exhibiendo bíceps culturistas).

En definitiva, el referente cultural respecto al cuerpo, era el de un cuerpo imaginario funcional, y discreto; algo así como un cuerpo sin atributos. Por eso quien tenía tara física tampoco podía ser de la Obra.

c).- Soy catalán y norteamericano. La respuesta: no es comparable. En todo caso, la cuestión sería si puedo ser español y norteamericano?

-Ahh, ¿mi identidad la marcas tu? ¿Tú me dices quién soy yo?

-No se trata de eso, sino que las cosas son como son, no como tú las fijes.

Dicho de otra manera, las identidades, en las ortodoxias culturales, son normativas. La identidad no es fruto de lo dado y de tus acciones/opciones sino de lo fijado normativamente (es decir, por lo establecido por una institución). O sea que Raimon Panikkar no podía ser cristiano e hindú, aunque el Papa Pablo VI lo aceptase, porque las-cosas-son ASI-y-NO-de-OTRA-manera. (A lo que se solía añadir: "¿entendido?, pues punto final; no hablemos más").

Por último comentarte que cuando leía tu escrito y describes los procedimientos, especialmente en relación a los plazos, tenía la impresión que nunca se han cumplido en ningún supuesto.

Muy cordialmente

Salvador

Una interpretación personal sobre el silencio de Panikkar en el tema Opus (1)

Algunas de las personas que os comunicáis aquí habéis manifestado vuestra protesta por el hecho de que Raimundo (así sigo llamándole yo) haya permanecido durante más de cuarenta años en silencio, respecto a actuaciones y praxis del Opus Dei, que habrían merecido alguna reflexión crítica por su parte. Su silencio ha podido ser percibido como una pasividad irresponsable, que resulta difícil de compaginar con una vivencia práctica de la solidaridad, o la lucha por la justicia social y la defensa de los derechos humanos.

He estado reflexionando sobre este silencio, y he llegado a unas conclusiones que paso a exponer, como complemento de lo que os escribí sobre él poco después de su muerte.

Pero antes de entrar en materia quiero dejar claro lo siguiente: Yo siempre –ya desde los 17 años, y tengo 78– sentí interés, respeto, y simpatía, hacia las religiones de la India: Los Hinduismos (hay que decirlo en plural, ya que son muchas y variadas religiones) y el Budismo. En el tercer tomo de mi libro Mis convicciones sobre el Cristianismo explicadas a mis amigos no Cristianos, el capítulo 13º se titula: El Cristianismo y las otras religiones: Del recelo a la simpatía y colaboración. Aquí me refiero a los cambios importantes experimentado sobre esta cuestión por el Magisterio oficial de la Iglesia. Y el capítulo 18: Enriquecimiento mutuo entre el Cristianismo y las otras religiones. En éste dedico un apartado a responder a la pregunta: “¿Qué pienso que podemos aprender del Hinduismo los cristianos?” y otro apartado a: “¿Qué pienso que podemos aprender del Budismo los cristianos?”

Este preámbulo lo he escrito para dejar clara mi actitud de apertura respetuosa y valorativa sobre estas religiones no cristianas.

Y ahora entro en materia...

A mi juicio, la causa principal del silencio de Raimundo habrá sido su alma profundamente oriental, la profunda influencia sobre él de los Hinduismos y del Budismo. Ya sabéis que desde hacía muchos años él se definía: católico, hindú y budista. Detrás de la palabra católico acostumbraba añadir “apostólico y romano”. Mi admiración e interés intelectual por la lectura de sus múltiples libros –experimentada desde el año 1950– había disminuido bastante durante los últimos veinte años, al percibirlo como excesivamente oriental; mucho más hindú y budista que cristiano, sobre todo en sus actitudes.

Previamente a mi reflexión os traigo dos anécdotas. Hace unos cinco años tuvo lugar en Barcelona un ciclo de conferencias cuyo título general era, si mal no recuerdo: ¿Qué es la justicia en las diferentes religiones?

Del Budismo se encargó Ana Schlutter, la religiosa que es la más destacada maestra de meditación zen en España. Del Islam se ocupó el entonces obispo de Argel. No recuerdo quien lo hizo sobre el Cristianismo. Raimundo se encargó del Hinduismo. Comenzó –con su estilo provocador– con tres afirmaciones o advertencias:

1ª “De entrada, no existe el Hinduismo”. Quería dejar claro el pluralismo de religiones de la india que en Occidente se engloban en este concepto de origen europeo.

2ª Refiriéndose al título de la conferencia. “En la India formular esta pregunta y cualquier pregunta se percibe como una agresión. Se está presionando a otro para recibir una respuesta.”·

3ª “El concepto occidental de justicia no existe en la india.”


Otra anécdota:

Encontrándome comiendo en la misma mesa que él, en el Colegio Romano, en 1953, uno de la mesa que le había preguntado si había leído el periódico y él había respondido que no, cuando aquél añadió: “Entonces no te enterarás de lo que pasa en el mundo”. Raimundo respondió –con cierto sentido del humor– “A mí no me interesa lo que pasa, sino lo que permanece”.

Estas dos anécdotas ilustran ya algo sobre el alma profundamente oriental de Raimundo, la profunda influencia de los Vedas y otros libros sagrados de la India en sus actitudes.

Implicarse en un colectivo –como el de opuslibros– que quiera protestar por unas actuaciones injustas que causan sufrimiento en seres humanos –p.e. los ex-miembros del Opus Dei- es una actuación típica de una “religión profética”. No lo es de una “religión mística”. Por si alguno no lo sabe, en Filosofía de la Religión se acostumbra a calificar como “proféticas” el Judaísmo, el Cristianismo y el Islam. Y como “místicas”, los Hinduismos y el Budismo. Con esto no se niega que en el Cristianismo haya místicos y en el Islam también –aunque mucho más excepcional– en su rama sufí. Ni se niega que en las religiones místicas haya algún profeta, pero no es lo típico, lo que se destaca en ellas. Los profetas bíblicos fueron líderes de profundas reformas espirituales y sociales. Lucharon mucho contra las injusticias causadas en muchos casos por la idolatría de las riquezas. Lo que entendemos en Occidente por justicia y en especial por justicia social es un concepto de virtud fundamental ética que se inauguró –como teoría y como praxis– en los textos bíblicos. La mayoría de los profetas acabaron mal –y Jesús, el último y principal de todos– por la persecución de personas o grupos con poder político, económico, social, o religioso, que querían mantener el statu quo. “Jerusalem, Jerusalem, que matas a los profetas que te son enviados…”.

Como bien dijo Raimundo en esa conferencia, en las religiones de la India no existe ese concepto. Otra cosa es la compasión budista, el amor al prójimo en general, pero la “justicia” propiamente dicha (como principal deber de la caridad) no existe.

Tampoco existe el concepto de pecado personal y de culpa moral. En una concentración de unos cuatrocientos seguidores occidentales de una secta hindú, que practicaron varios días de retiro espiritual cerca de Barcelona, en la que yo participé como observador, dirigí al maestro espiritual o gurú la pregunta siguiente, entre otras, ante todos los participantes: “¿Cómo interpreta o juzga usted desde su religión el reciente hecho de la invasión de Polonia con tanques rusos?”. Su respuesta fue ésta aproximadamente: “No hay que tomarse este hecho en serio. Es Dios que ahora se manifiesta de esta manera. Todo es Maya (apariencia)” No hay personas o grupos responsables y culpables de injusticias. Con esto no estoy insinuando que Raimundo hubiese dado la misma respuesta. En ocasiones dio a entender sus simpatías por la teología de la liberación. Pero pudo haber influido en él esta actitud fatalista, frecuente en la India, ante acontecimientos trágicos de la vida. Basta observar la actitud sorprendentemente conformista con la que la gran mayoría de parias viven su lamentable situación, o cómo la interpretan como la experiencia que les corresponde aceptar en su actual reencarnación, como consecuencia de conductas inadecuadas vividas en reencarnaciones anteriores.

Si sabemos la importante influencia que ejerció sobre la espiritualidad de Raimundo tanto el Hinduismo como el Budismo, y los textos sagrados de los Vedas, el Bhagavad Gita, etc. podemos llegar a comprender su inevitable actitud de pasividad, de conformismo, con el siguiente silencio, respecto a las experiencias injustas padecidas por muchos ex-miembros de una Institución. Estas injusticias son cosas que pasan. Él dijo que no le interesaba “lo que pasa”, sino “lo que permanece”. Quizá el día que dijo esto sonriendo estaba exagerando, y no haya que entenderlo al pie de la letra. Pero…

Para completar lo dicho, veo procedente trasladar aquí tres páginas de lo que escribí sobre “Enriquecimiento mutuo entre el Cristianismo y las otras religiones”.

Como ya indiqué antes, el cristiano medio comprometido, en muchos casos debe aprender, sobre todo en el Primer Mundo, a no caer en una actitud activista, como si todos los problemas del mundo se pudiesen resolver con sucesivos proyectos de actuaciones prácticas –sociales, económicas y políticas–, descuidando la faceta de la vida digamos contemplativa, y de la apertura a la dimensión misteriosa y trascendente de la vida, para lo cual podrá recibir influencias beneficiosas de algunas ramas de las religiones de la India, hinduismo y budismo. Ahora bien, podrá ser a su vez el cristianismo el que está en condiciones de ayudar a que las religiones asiáticas no caigan en una postura de excesiva pasividad, frialdad o indiferencia respecto a la situación de las estructuras sociales, económicas y políticas. Por supuesto que no faltan de vez en cuando personajes de estas tradiciones que conjugan lo místico con las actividades solidarias. Así ocurre, como ya indiqué, en la corriente del budismo político-social de Nichiren, en la labor realizada por el Dalai Lama, y en esta mística y gurú llamada Amrita – o también Amma, y la “madre de la eterna felicidad”– que ha promovido muchas obras sociales como hospitales y escuelas para la atención de colectivos marginados. Esta gurú hindú está acudiendo varias veces al año a algunas ciudades europeas, entre ellas a Barcelona y Marsella, en multitudinarios encuentros religiosos en los que un elemento “sacramental” importante son sus famosos abrazos, de uno en uno, que pueden ocupar largas horas. Pero hay que reconocer que este tipo de gurús son la excepción, tanto en el hinduismo como en el budismo. ¿Cómo puede ser que en un país como la India, con un porcentaje de cristianos que apenas alcanza el 2% de la población, destaquen tanto entre las obras de promoción social o de atención a marginados (parias) instituciones fundadas por cristianos como la fundación Vicente Ferrer, la fundación Ayuda en Acción (del mismo fundador) y la congregación religiosa de las Misioneras de la Caridad, fundada por la madre Teresa de Calcuta, aparte de otras muchas no tan relevantes? ¿A qué se debe que la actividad evangelizadora –o misionera– de los cristianos en Asia –al igual que en los países africanos– tenga como principales beneficiarios de sus servicios relacionados con la educación, la salud, la asistencia social, a los colectivos más económicamente débiles, mientras que los occidentales que acceden a los gurús o maestros espirituales que acuden a países europeos o americanos sean normalmente gentes de clase media o media alta? […]

En el caso de las corrientes hindúes de línea panteísta –que al parecer no son hace tiempo mayoritarias– el atribuir al ser humano el carácter de una realidad aparente conduce a tomarse con gran frialdad las desgracias físicas, miseria, hambre y muertes.

Si es verdad que el mundo de los existentes múltiples no es más que una apariencia; si es cierto que, en realidad, sólo el Uno, el Brahman, existe; si el alma humana es divina por naturaleza, si pasa de cuerpo en cuerpo, y si la existencia en los cuerpos es un destierro, entonces sí, en efecto, matar no es una acción fundamentalmente mala, ni tan siquiera importante. Es simplemente una estocada a una ilusión. En la trama de las ilusiones, en ese sueño, en esa apariencia que es el mundo de la experiencia, ¿destruyo realmente a un ser? No, porque ese ser, en su singularidad, no es más que apariencia' (Tresmontant, 1979, p. 56).

Creer que uno mata e imaginar que el otro es matado, constituye un error. Ni el primero mata ni el segundo es matado. No hay nacimiento. No hay muerte. Nadie ha empezado a ser (Bhagavad Gîta, II. Cit. en Tresmontant, 1979, p. 55).

Por suerte, como he dicho, actualmente la mayoría de los hindúes son teístas, no panteístas. En consecuencia percibirán a todo ser humano como alguien real. En el caso del budismo esta diferenciación queda en principio indefinida. Entre sus seguidores habrá diversidad de posturas. Pero cuando uno sabe la tranquilidad con que los transeúntes circulan por las calles de Calcuta, aunque de vez en cuando un individuo adulto o niño, muerto o medio muerto yazca en el suelo, uno se pregunta, ¿no estarán aquí ejercitando su influencia, en el inconsciente colectivo de esta población, mensajes como el citado de la Bhagavad Gîta?

Cuando personas que se han pasado horas practicando la meditación en un ashram, bajo la presidencia de un gurú, permanecen impasibles ante este espectáculo de desprecio a las desgracias de los parias, mayoría de la población, ¿no está ocurriendo algo inhumano? ¿Por qué hay que esperar a que personas como la madre Teresa de Calcuta –o también del estilo de Amrita– se ocupen de recoger y proteger a esos individuos moribundos? Pero no sólo se trata de invitar a implicarse en iniciativas que conduzcan a solucionar o disminuir estas situaciones humanas intolerables. Se trata también de reclamar actuaciones más eficaces a los responsables de la vida política, y a los grupos humanos con poder político, social y económico. Las religiones proféticas de tradición abrahámica, cuando son fieles a sus orígenes, se caracterizan por no permanecer con los brazos cruzados, en actitud pasiva, o meditativa, entre las víctimas de la injusticia. Un ciudadano responsable que sea auténticamente cristiano considerará –como afirmó Pablo VI– como la principal forma de vivir el amor al prójimo, la caritas, su contribución directa o indirecta, en que mejoren las estructuras sociales, económicas y políticas, su cumplimiento de las responsabilidades ciudadanas –incluida su aportación económica a la Hacienda del Estado–, su colaboración personal o económica, o, si no puede, su influencia para que otros colaboren en organizaciones públicas o privadas para la atención de colectivos marginados del Tercer o Cuarto Mundo, o para la promoción y defensa de derechos humanos. Estas inquietudes estarán presentes en sus ratos de reflexión espiritual, en sus oraciones litúrgicas, y en la planificación de sus actividades.


Si leéis la respuesta que logró obtener de él Alberto Moncada tras mucho esperar, y publicada en “Historia oral del Opus Dei” (que ahora no tengo a mano por encontrarse en mi casa de Cabrils) podréis constatar la poca motivación de Panikkar para una reflexión crítica sobre la Obra.

Si a esto unimos que en la mayor parte de sus años en la Institución todavía no se daban buena parte de las rigideces y contradicciones de la Praxis, respecto a las ideas madre, vemos un factor más favorecedor del silencio. ¿Y respecto a don Antonio Pérez? Sospecho que ahí pudo influir una conciencia algo escrupulosa al sentirse obligado por un juramento a no emitir nunca juicios críticos respecto a la Obra. Pero sobre este caso habrá que considerar otros aspectos del problema.

Una vez concluido este escrito en el que he intentado mostrar el contexto hindú-budista desde el que corresponde interpretar el silencio de Panikkar, le he dicho a mi compañera codirectora del Instituto Erich Fromm: “¿No te parece muy occidental este escrito que acabo de redactar? ¿muy de religión profética? Ella me ha respondido sonriendo: “Por supuesto”.

En un estilo más oriental, y con mayor razón si fuese de línea panteísta, me hubiese concentrado, con el cuerpo relajado y la postura yoga en respiraciones reposadas, repitiendo mentalmente en cada respiración, p.e. “Todo esto es aparente”, o bien, “No pasa nada”, o mejor todavía, sin ninguna frase mental. Hubiese evitado respirar mentalmente frases del estilo: “Ven Espíritu Santo” (pidiendo inspiración para una posible actuación o proyecto reivindicativo), porque esto sería ya actualizar un deseo, causa principal de sufrimiento según el Budismo. Sería la infiltración del activismo occidental.

Bueno, acabo, pues creo que estoy caricaturizando, lo cual es una injusticia (concepto occidental), y ya he dicho al principio que he escrito en otro lugar sobre lo que me puede aportar el Hinduismo y el Budismo para enriquecer mi espiritualidad cristiana.

Ramón Rosal

Querido Ramón: he leído "Una interpretación personal sobre el silencio de Panikkar", de 17 de diciembre de 2010, y me parece bien. Quiero decir, es una interpretación plausible. Solamente me gustaría hacer una precisión con la que supongo estás de acuerdo de entrada, pero quiero escribirla para todos los de la web.

Tu explicación la presentas porque “Carmen Charo y Ana Azanza– habéis manifestado vuestra protesta por el hecho de que Raimundo (así sigo llamándole yo) haya permanecido durante más de cuarenta años en silencio, respecto a actuaciones y praxis del Opus Dei, que habrían merecido alguna reflexión crítica por su parte. Su silencio ha podido ser percibido como una pasividad irresponsable, que resulta difícil de compaginar con una vivencia práctica de la solidaridad, o la lucha por la justicia social y la defensa de los derechos humanos”. Y añades “A mi juicio, la causa principal del silencio de Raimundo habrá sido su alma profundamente oriental, la profunda influencia sobre él de los Hinduismos y del Budismo”...

Puede ser que sea así, pero creo que hay una explicación más sencilla sobre el silencio de Panikkar y tantos otros, y es que no todo el mundo tiene la sensibilidad ni el talante ético-político que tenéis Carmen Charo, Ana Azanza y tú mismo. Como tú durante mucho tiempo has tenido la misma sensibilidad y el mismo talante ético-político que ellas, te has sentido afectado por el reproche que le hacen a Raimundo, y has pensado que la mejor justificación de su silencio era el fatalismo budista.

El silencio de Raimundo y de tantos otros puede ser percibido como una pasividad irresponsable y como una falta de solidaridad en la lucha por la justicia social y los derechos humanos, para las personas que perciben el daño primordialmente como un atentado contra la justicia (social o de otro tipo) o contra los derechos humanos, se sienten obligados a actuar en contra de ese daño, y además creen que todas las personas perciben y sienten los mismos impulsos ético-políticos. Pero me consta desde muchos puntos de vista que eso no es así.

En primer lugar, conozco a no pocos exnumerarios y exnumerarias con una sensibilidad ética-política como la vuestra que no escriben en la web por motivos igualmente respetables que los señalados por Carmen y Ana. Porque prefieren olvidarse de todo lo anterior por el dolor que les causa. Porque prefieren actuar en ayuda de los demás por otros procedimientos que no son escribir en la web opuslibros. Porque no tienen capacidad ni facilidad para escribir y escribir es una tarea que les supera. Porque no tienen ordenador ni acceso a él. Y puedo asegurarte que puedo poner nombres y apellidos y mostrar que la sensibilidad de ellos no es menor que la vuestra.

Pero en segundo lugar, conozco a no pocos exnumerarios y exnumerarias que no tienen una sensibilidad como la vuestra, y escriben en la web por otros motivos diferentes. Entre ellos me cuento yo, desde luego, se cuentan muchos de los que escriben, y me atrevería a decir que la propia Agustina.

Creo que la mayoría de las personas que escriben en la web lo hacen porque tienen una serie de problemas sobre los que se quieren aclarar, porque han vivido una serie de cosas que les resultan muy dolorosas y no acaban de comprender, y porque necesitan ayuda y pueden prestarla.

Digo que ese es mi caso porque cuando yo empecé a escribir en la web a comienzos de 2005 lo único que me movió fue ayudar a los que entonces escribían pidiendo ayuda, y no me pasó por la cabeza nada relacionado con la justicia social y la solidaridad respecto a los derechos humanos. Y ni aún ahora se me pasa como algo que me mueva. Me sigue motivando más ayudar a los demás y dejar clara la verdad de las cosas, encontrar explicaciones que me y nos permitan comprender y comprendernos. Llegar a una cierta paz mediante la comprensión.

Recuerdo que una de las primeras veces que hablé con Agustina me contó que ella puso en marcha la web porque, al ver la cantidad de gente que aclamaba a Escrivá en la ceremonia de canonización, sintió por dentro como una especie de impulso desde la pregunta - Bueno, pero, aquí, ¿no hay ningún sitio y no hay nadie que pueda hablar de la otra cara de la moneda, decir que eso no le parece bien, que no está de acuerdo? Y a partir de ese interrogante ya se fue fraguando la idea de la web y se fue materializando. Yo diría que esa motivación no es la solidaridad por la justicia social y los derechos humanos, sino más bien la sensibilidad democrática de una profesional de la comunicación por la libertad de expresión. Ese es uno de los derechos humanos, desde luego, pero la expresión “derechos humanos” es demasiado abstracta para tomarla como motivación clave.

Desde el punto de vista político, la pretensión de que todo el mundo participe de manera intensa en todos los asuntos públicos se llama también republicanismo, y a los que lo pretenden de un modo muy radical se les denomina a veces jacobinos. A los que creen que no hace falta que todo el mundo participe en los asuntos políticos públicos se les llama también liberales. No sé si Carmen, Ana y tú aceptaríais esa denominación de republicanos, quizá sí, o incluso la de jacobinos, quizá no, porque quizá no os consideráis así de radicales. Si creo que la mayoría de los que participan en la web son completamente ajenos a que se les considere republicanos o liberales, y que tampoco aceptarían el calificativo de liberales por el hecho de que su motivación para escribir no sea la solidaridad en la lucha por la justicia social y los derechos humanos.

Escribo esto, a propósito de Panikkar, de Antonio López, o de quien sea, porque no me parece bien juzgar ética y políticamente a la gente por escribir o no en la web, y por escribir sobre unas cosas y no sobre otras.

La posibilidad de que la web fuera un instrumento para hacer justicia yo creo que se abrió a partir de 2007, cuando los juristas empezaron a escribir, cuando se sumaron intelectuales y profesionales de la justicia y del derecho, de gran capacidad y sensibilidad. Y también sus motivaciones me consta que son diferentes según los casos.

Querido Ramón, me parece bien la interpretación que haces del silencio de Raimundo, y que remitas al libro de Alberto Moncada. Por lo demás, me sigue pareciendo también bien dejar a cada alma en su almario y no meternos a juzgar por qué han hecho o no han hecho una cosa u otra.

Un montón de abrazos y hasta la próxima.

Jacinto Choza

Habitualmente me he metido mucho con Choza; es el inconveniente de ser conocido. Sin embargo leo su comentario sobre “El silencio de Raimundo Panikkar” y me gusta mucho. Viene a decir algo así como que cada uno tiene sus motivos para hacer o no hacer las cosas; para escribir algo o no hacerlo. Lo relaciono con una pregunta que me hacía unos días atrás: ¿A cuánta gente le habré dicho yo, desde que dejé la Obra, que he pertenecido al Opus Dei? Excepto a los propios miembros del Opus Dei, que evidentemente lo saben aunque no sea por mí mismo, puedo recordar a cuatro en treinta años. Los amigos, aunque tú les hables de la Obra ¿qué te van a decir? Si ellos no saben nada al respecto. Ni les importa, seamos sinceros. Pero, por otra parte, ¿cómo llevar dentro de uno mismo algo subjetivamente tan importante, para bien o para mal, sin hablarlo con nadie?

1. Opuslibros en este sentido es un “confesionario” muy especial, que permite a los que hemos pasado por determinadas circunstancias tratar sobre ellas, comparar experiencias y pensamientos. Posiblemente también es dinero que nos ahorramos en psicólogos, a los que ni sabes qué explicarles ni lo entenderían de todas formas. No hace mucho un psiquiatra que conoce mi esposa le hablaba de la “neurosis religiosa”. No digo que no pueda existir, pero hay que saber a quién diagnosticársela.

En las personas que hemos sido del opus Dei todo son sobreentendidos. Yo ni con mi esposa ni con mis hijos hablo de ello. Hace pocos días me decía uno de mis hijos: “Dice Fulanita que tú eres del Opus” (conozco a la madre de la criatura). Yo a mi vez le pregunté a él: “¿Y tú crees que soy del Opus Dei?”. Él me contestó: “Tú has sido del Opus Dei”. Se lo agradecí en el alma. Posiblemente lo han hablado entre los chicos o se lo ha dicho su madre. Mi mujer, cuando discutimos, se limita a decir: “El Opus Dei te ha hecho mucho daño”. Es evidente que a ella, que también tendrá sus defectos, la he aguantado muchos más años que al Opus Dei, pero eso no se lo puedo decir. Esa es una de las causas por las que yo relativizo bastante ese daño “enorme” que algunos dicen haber sufrido en la Obra. Es infinitamente peor un matrimonio mal avenido y no voy a decir que sea mi caso.

Decía que en el mundo de los “ex” hay muchos sobreentendidos. Todo está envuelto en una doble capa de silencio: la que se refiere a las cuestiones religiosas, que en este país no se suelen tratar en voz alta, y el silencio “ominoso” sobre el Opus Dei. Un inciso: Me encantó ver que en opuslibros alguien a los españoles nos llama "peninsulares". Había una marca de tabaco que eran precisamente "Peninsulares". Eran los más baratos de todos, debía ser una premonición. Sigo con lo que estaba. Siendo yo todavía de la Obra asistí a la boda de una pariente que había sido numeraria. Ya se veía que la novia no era joven y el novio tampoco era un guayabo. No sé por qué nos invitaron ya que es una rama familiar con la que hemos tratado muy poco. Yo conocía su historia por una tía-abuela de esas que no se callan nada. Al parecer el novio era un poco remiso a asumir el “sagrado vínculo” y ella le dijo: “O nos casamos o lo dejamos”. Yo me preguntaba: “¿Qué sentirá ella ahora?”. Más adelante tuve ocasión de darme cuenta que no sentiría nada especial. ¿Qué sentía yo el día de mi boda? Todos los presentes sabían que yo había sido del Opus Dei, muchos pensarían que todavía lo era, pero a nadie se le ocurrió hablarme sobre ello.

Todavía hay mucha más gente que piensa que soy “del Opus” que la que sabe que lo he sido. Posiblemente ni se plantean que puedan existir los “ex”. Ya conté como mi párroco, con el que me he confesado docenas de veces, me decía: “Tú dices que no eres del Opus Dei, pero sí lo eres”. Como se dice en Galicia ¡manda carallo! Se ve que tampoco tenemos fama de veraces, por lo menos yo. Personalmente ya ni me molesto en aclararlo. Si alguien me pregunta le digo que soy cooperador. Si entienden lo que eso quiere decir, bien; si no lo entienden, que piensen lo que quieran. Mi tío le decía a su esposa, que es cooperadora, que era “gran mandil del Opus”. Es una maravilla cuando las cosas se toman en broma y sin recelos.

El término Prelatura tampoco ayuda nada en ese sentido. Prelatura es un término canónico-jurídico, escasamente descriptivo, que para la gente de la calle carece de significado. No obstante singulariza bastante, no existen muchas prelaturas por el mundo adelante.

En conclusión, que esta web es útil para, al menos, poder comentar entre nosotros y realiza una labor terapéutica. Pero ¡ojo!, que cada uno tiene que dejar macerar dentro de sí su experiencia hasta asimilarla. No vale leer y repetir lo que se lee como un loro. Mi experiencia no suple a la de otro porque cada uno somos distintos, que es lo que viene a decir Choza. Por eso me llama la atención la maniobra que habéis realizado recientemente con una persona que no se atrevía a dejar el Opus Dei. Ésta pensará: unos me metieron y otros me sacaron. Las decisiones las tiene que tomar cada uno para poder ser asumidas y aceptadas. Yo le diría para tranquilizarla: “Si entrabas en opuslibros ya estabas fuera. Ya sólo era cuestión de formalizarlo”.

2. En su libro de recuerdos sobre nuestro Padre cuenta Rafael Gómez Pérez que éste le dijo en una ocasión: “Saca todo lo que llevas dentro”. Rafael era una especie de asesor literario de San Josemaría y, al parecer, en alguna ocasión le debió decir al santo que le gustaría exteriorizar sus propias ideas. Nuestro Padre le animó a ello y Rafael publicó una serie de libros de temática diversa. Yo tuve que utilizar uno sobre la libertad de enseñanza. Así pues nuestro Padre era partidario de soltar las cosas, de no guardarlas dentro, y esta web es útil también en ese sentido, como manifestación de sinceridad. Ahora bien tenemos que pensar que la sinceridad no garantiza acertar, ni siquiera con los hechos.

Opuslibros, por último, sirve para reflexionar, ordenar las ideas mientras se escribe y poner de relieve los errores. En la actualidad estoy leyendo el libro “Luz del mundo” de Benedicto XVI. El papa afirma que quizá el mayor error en el escándalo de la pederastia de los sacerdotes ha sido tratar de ocultarlo desde el principio. Aquí los canonistas tienen alguna responsabilidad, ya que el Derecho Canónico es incluso más garantista que el Derecho Penal secular. Recuerdo que nuestro Padre hablaba de sacar el alma a la luz. Ponía el ejemplo de cuando él utilizaba documentos en el Monasterio de las Huelgas: los extendía al sol y los fotografiaba. Explicaba que con el alma había que hacer lo mismo: airearla y ponerla a la luz para que no queden en ella rincones oscuros. Pues apliquemos el mismo criterio a todas las cosas. Ya no hay que temer a que nos critiquen porque nos van a criticar de todas las maneras, pues atendamos con humildad todas las reclamaciones y, si es posible, démosles una vía de recurso lo más independiente posible. Se lo encomiendo a Don Pedro Lombardía que era un gran canonista, tenía sentido común y mucho sentido del humor, que a veces nos falta.

Agustina explica que esta web nació para poner al alcance de todos determinados documentos no publicados. Considero que esa finalidad no tiene mucho interés, aunque respeto la opinión contraria. En una ocasión estaba comentando nuestro Padre una carta (podía ser “Sobre el espíritu sobrenatural de la Obra” pero también cualquier otra) y comentó de pasada: “Estas cartas las podéis publicar un día y así, de paso, os ganáis una pesetas” (o unas liras o lo que fuere). O sea que esos documentos no son secretos ni al final añaden nada que no sea ya conocido o esté publicado en otros lugares. Lo único secreto en el Opus Dei es la vida interior de las almas, excepto para aquellos que por razón de su cargo deben conocerla. ¿Qué luego hay mucha parafernalia documental? Pues sí la hay, claro que la hay.

Hay una anécdota que cuenta como una vez nuestro padre le pidió a don Javier un determinado documento y éste no lo encontraba; entonces nuestro padre llamó a la Asesoría y se lo localizaron al momento. Entonces le dice San Josemaría a don Javier: “Vuestras hermanas son más ordenadas que vosotros, ya me lo han dado”. Fijaos si habrá papeles para que en la Secretaría General fueran incapaces de encontrar uno en concreto.

Feliz Navidad y muchos villancicos a todos.

JUAN.

Precisiones e información sobre Panikkar (1)

Mis conversaciones con Panikkar fueron siempre personales o intelectuales. De manera muy tangencial, esporádica y superficial salía la Obra. Constaté que emocionalmente le afectaba.

La única referencia que recuerdo que hizo sobre la Obra fue algo así como que: aquellos que tienen realmente un trabajo les puede realizar la vida que llevan; a los que no une esa motivación sobrenatural al trabajo, el régimen de vida de la Obra destruye la personalidad. Y su rechazo a hablar de sanjosemaría con la fórmula de “si no puedes hablar bien, mejor callarse”.


Sobre la salida de Raimon Panikkar

Jacinto Choza repite la extraña la fórmula, que ya se usó en el proceso de canonización para excluirlo como testigo, que ¨fue dimitido". A la luz de lo informado por Ramón Rosal (6-9-10) y las informaciones que detallo haré una hipótesis...

1.- La única fuente de información que tengo es el libro “segunda memoria” de su hermano Salvador Paniker. Salvador escribe: "Roma 1966 (extracto de mi diario)" y hace un breve comentario sobre un encuentro que refleja las tensiones entre Raimon y la Obra y pocos meses después: "mi hermano Raimundo pasaba por Barcelona, procedente de la India, camino de Buenos Aires (congreso de la Unesco), y me contaba el proceso -proceso de inquisición decía él- que le había sometido el Opus Dei en Roma: un juicio privado ante un tribunal presidido por el padre Escrivá de Balaguer. Le habían acusado, entre otras cosas, de cuestiones relacionadas con alguna de sus discípulas. Le interceptaron cartas (...) Sea como fuere, los cargos venían documentados, y Raimundo se limitó a guardar silencio, jugando el papel de Cristo ante Caifás. También guardó silencio el padre Escrivá. Era el final. El final de 25 años de entrega al Instituto (hoy prelatura), y supongo que Raimundo debió sentir complicadas emociones. Racionalizaciones y defensas. En el último minuto, el fundador del Opus Dei tuvo un gesto teatral muy propio. Se arrodilló delante de Raimundo y le dijo:

- Puesto que tu sigues siendo sacerdote, antes de marcharte dame la bendición.

Allí estaban aquellos dos hombres, poseídos por locuras paralelas, jugando su pantomima final de despedida".

2.- La versión más informada que yo escuché dentro de la Obra es que lo echaron porque se carteaba con mujeres y eso era algo contrario al “espíritu y el funcionamiento de la Obra”.

3.-Ramón Rosal escribe que el juicio no prosperó por falta de pruebas y que, al final Raimon, se fue por voluntad propia.

4.- No se si fue Salvador Paniker o Alberto Moncada que reportaron que Panikkar envió un informe a la Santa Sede sobre el asunto y que no le hicieron caso

5.- En radio macuto, en la Obra, escuché la siguiente versión: le dijeron que no apareciera en público hablando de hinduismo y un día se lo encuentran viéndolo en la televisión vestido de sari. La reacción de Escrivá fue: “este ha dejado de ser hijo mío”.

Mi conclusión es que la combinación de los datos anteriores permite imaginar el uso de la fórmula final de "fue dimitido" mediante el siguiente paripé formal: quien pide la dimisión es la Obra, Panikkar la acepta y la Obra la ratifica. ¿Alguien puede explicar qué significa canónicamente “fue dimitido”?


Sobre la obra de Raimon y otras cosas

Hasta su primera visita en la India (1954) Panikkar, fuera de varias intuiciones propias que desarrolló luego, era un filósofo neo-tomista. En su primera estancia en la India (hasta 1961) conoce el pensamiento índico e incorpora una praxis advaita (perfectamente compatible con el cristianismo). Posteriormente su pensamiento fue evolucionando.

Un estudiante de Pamplona diría, filosóficamente hablando, que era un ontologista universal con una epistemología linguístico-cultural radicalmente pluralista. Pannikkar contestaría que no separa ontología de la epistemología y que su ontología no sería aristotélica (la sustancia) sino prácticamente budista. E insistiría que concebiría la filosofía no como un moderno sino a la manera medieval: como una sabiduría.

Su primera estancia en la India se prolongó hasta 1961. La razón por la que fue se desconoce, aunque no parece arriesgado pensar que fue una fórmula por la cual la Obra se lo sacaba de encima sin echarlo y que él tuviera un aliciente vital; es decir, que no viviese un destierro forzado.

Es precisamente gracias a su experiencia en la India que le permite un enriquecimiento personal y de pensamiento que le hará tener grandes relaciones. Recibió al actual Dalai Lama cuando llegó a la India tras su huida de China. Desde 1953 hasta su muerte será un interlocutor habitual de Heiddegger. Octavio Paz lo definió como “una inteligencia eléctrica”.

Aunque se entrevistó con Pablo VI, estoy de acuerdo con Alberto Moncada que no se debe concluir ninguna especial influencia vaticana. Asesoró a Juan Pablo II en su viaje a la India y Juan Pablo II recogió en sus discursos gran parte de sus sugerencias.

Desde el punto de vista estrictamente filosófico, como reflexión sobre el ser, su obra culminaría en las lecciones dictadas en 1989 en las Gifford Lectures (que es la máxima tribuna pública a la que puede aspirar un pensador). El título de la obra de su curso es “Rhythm Being. Unbroken Trinity”que ya estaba en prensa el mismo año. Durante 10 años lo estuvo puliendo y puliendo hasta que salió publicado el pasado mes de agosto. Remito el link en el que clickando el título se accede a los índices del libro.

En el 2009 dió por acabada su obra, que es una reordenación (con correcciones) de lo que en gran parte ya se había publicado En su radical pluralismo linguístico y cultural hubiera corregido a Jacinto Choza en sus expresiones nacionalistas españolas: la ciudad es Vic (no el rebautizado castellano Vich) y nunca se hubiera asignado un adjetivo a su carácter de pensador (en este caso “español”). Lo cierto es que su obra completa, y tuvo un especial interés en ello, se publicará en catalán, siendo la edición principal y rectora la italiana por hallarse a cargo de Milena Carrara Pavan. Se espera una segunda traducción al francés y al inglés, pero no inmediata al castellano (que no español como definen las constituciones que así se pronuncian: la española, la boliviana y la peruana).

Aunque Raimon Panikkar, de lengua materna catalana, fue Raimundo (Rai) hasta que volvió a Cataluña, tuvo un interés importante en implicarse en la cultura catalana.

Panikkar estaba incardinado en la diócesis de Vanarasi por lo que su “jefe” directo no era el obispo Guix quien, efectivamente, puso el grito en el cielo ante su boda civil. El asunto llegó a Roma quien le impuso la condición de una retractación pública retórica (y de ámbito muy restringido), pero no le obligó a ninguna nulidad matrimonial.

Panikkar, con sus contradicciones y dificultad autocrítica era mucho mejor consejero para los demás que para él mismo. El abad de Montserrat comentó que Raimon Panikkar había ayudado a muchísima gente precisamente en sus contradicciones y confusiones. Es cierto que no era un maestro y que su obra es excesivamente intelectual, pero era una persona vitalista, amable, de buen humor, entregada a los demás. Me comentó que había “atendido a cientos de ex” para los cuales estaba especialmente dispuesto. Su obra efectivamente procura ser un ejercicio de sabiduría, esa mezcla de conocimiento con amor, y es absolutamente recomendable. No es una obra técnica o erudita sino muy vital y apasionada, a pesar de una expresión que peca de intelectualismo.

Muy cordialmente

Salvador

Preguntas: “¿Alguien puede explicar qué significa canónicamente “fue dimitido”?

Bueno.... por decirlo mal y pronto, hay dos maneras de salir de un instituto religioso: o porque uno lo pide voluntariamente y dice que se va, en cuyo caso no es el Instituto el que quiere que se vaya y le concede la dimisión.

La otra forma es que sea el Instituto el que quiere que el miembro se vaya y este se niega a pedir la salida voluntaria, en este caso es el Instituto el que dimite al miembro... en pocas palabras, lo echa.

Para eso deben cumplirse algunas formalidades que establece el Código, como son las tres advertencias previas, notificadas al interesado, con testigos. A esas advertencias puede seguir un juicio formal, cuya sentencia puede ser la dimisión.

A la época en que Panikkar salió de la Obra, esta no tenía Tribunal alguno: no recuerdo si entonces ya era instituto secular o fue en una época anterior. De forma tal que no pudo haber un juicio formal. En ese caso debió seguirse el procedimiento que siguen las Ordenes religiosas: el superior se reúne con su Definitorio, es decir con su consejo y forman así una especie de tribunal ad-hoc, que resuelve de acuerdo a lo establecido en las Constituciones.

Yo viví con un cura que vivió a su vez con Panikar, y alguna vez que le pregunté por el tema, me habló de la extraordinaria personalidad del sujeto. Me añadió que en él, el fundador vio una oportunidad fantástica de extender la Obra a la India y que por eso le permitió algunas licencias, como ser unir a las tradicionales prácticas católicas, elementos del hinduismo (recuerdo que me comentó que hacía la oración sentado en el suelo al modo de los hindúes por ejemplo) y que el fundador se arrepintió luego de eso, cuando se dio cuenta que Panikkar no se limitaba a aspectos externos del hinduismo, sino que estaba contaminando la sana teología con elementos extraños. Desde luego, probablemente este sacerdote sabía algo del tema del que se lo acusaba, pero de eso no dijo una palabra. Todo esto me hace suponer que no se fue él por su propia voluntad, sino que en efecto lo dimitieron.

Sobre filósofos españoles y filósofos ex (1)

Interesante el tema Panikker, (Jacinto, Beni) como fui alumna de la facultad de filosofía de Pamplona y de Leonardo Polo añadiré a lo que se ha dicho que no recuerdo mención ninguna de este teólogo y filósofo ni en la clase de Polo ni en ninguna otra.

Don Leonardo nos hablaba de su teoría del conocimiento, del objeto y del límite. Empezaba la clase de manera que se podía seguir y según avanzaba yo no me enteraba de nada. Acababa hablando para el cuello de su camisa. Los numerarios que había en el aula, recuerdo a un tal Manolo y un tal Javier Aranguren, eran los encargados de decirle: "Don Leonardo, no se le oye". Fuera de clase se comentaba en la facultad que Polo era un gran sabio, que había creado una teoría del conocimiento nueva. Y los volúmenes publicados por Eunsa así lo demostraban. Como Beni yo también pesqué que sus filósofos favoritos eran Aristóteles y Hegel. Y ahora recuerdo que con su teoría del objeto quería rebatir a Descartes. Nada menos...

Pero el caso es que por el mundo de las facultades de filosofía españolas como no sean miembros o ex miembros del Opus Dei, nadie habla de Leonardo Polo y sus teorías. Los únicos que se acuerdan de él un poco son los de Granada donde impartió clase algunos años. A mí parecer Polo sobrevive dentro de la institución Opus Dei como una persona que no ha conservado la salud, sólo que él es un ilustre y muchos otros, las numerarias con las que conviví por ejemplo de su misma edad, no son ilustres, no escribieron libros ni se hicieron famosas.

Tampoco oí hablar en Pamplona de Eugenio Trías, del que hace muy poco me enteré que fue numerario unos años. De él también se dice que es el mejor filósofo español del siglo XX, no lo sé, no he leído ninguno de sus libros, sólo un poco "Lo bello y lo siniestro". Pero me ha sorprendido descubrir que él también habla del límite y del objeto y entonces me ha entrado la duda sobre quién es el autor de esa teoría filosófica... porque con lo aficionados que son los opusianos a quedarse con ideas ajenas, o a echar a la gente quedándose con lo que al echado le pertenece.... Otra gran pregunta que me hago y hago por si alguien sabe la respuesta.

La impresión que me hacen mis años de Pamplona en la facultad de filosofía es que vivíamos en un búnker intelectual. Entonces estaban sacando del infierno a Kant... y había alumnos más papistas que el Papa que no estaban dispuestos a cederle ni un centímetro de terreno al filósofo de Koenisberg frente al Aquinate. Visto desde una perspectiva de años éramos francamente ridículos por la estrechez de miras en la que se nos "formaba".

Concretamente en la cuestión de la filosofía española, en aquellos años fue sonado el regreso de María Zambrano y su muerte en Madrid. Esta sí es una gran pensadora española, luchadora y sufridora, que hizo filosofía sin apoyo académico ni económico, casi tuvieron que mendigar por ella. En Pamplona a principios de los 90 no se sabía quién era María Zambrano. Ahora la han rescatado de los infiernos del exilio publicando algo sobre ella los de la facultad de Pamplona.

Tampoco en Pamplona tuve noticia de Javier Muguerza, otro primer espada en Ética. La primera vez que leí sobre él fue en el temario de oposiciones y me pareció que sería un bobo que se inventaba una ética cuando ya santo Tomás y sus comentadores pamploneses o afines lo sabían todo sobre Ética. La boba e indocumentada era yo por supuesto. Este año he tenido la suerte de conocer a esta personalidad filosófica española. Menos mal que me voy reciclando.

Ni de Aranguren supe, otro semihereje a ojos opusinos de aquel entonces, porque los ojos opusinos van cambiando bastante. Ni de ninguno de los exiliados, ni del erial que supuso para la filosofía el después de la guerra civil. Savater, ese ni se nombre entre nosotros. A ese no creo que lo saquen del infierno en cien años. Y las feministas como la Valcárcel, Amorós... etc., pienso que no correrán mejor suerte.

Otro apunte sobre esas grandes cabezas que dejaron el Opus Dei, Panikker o Eugenio Trías. Me decepcionan. No dudo de la aportación del primero al ecumenismo, pero me cuesta mucho superar que una personalidad de su talla y sabiduría no quiso significarse y contar la verdad de lo que había vivido. En ese sentido Moncada, que por el ecumenismo no ha hecho mucho, ha sido bastante más valiente, y también María Angustias y Carmen Tapia, con menos recursos intelectuales, teológicos, de idiomas y de sabiduría cosmológica, son personas que se han mojado bastante, y además en total soledad. Lo mismo me pasa con Trías, me va a resultar difícil leerlo, porque no tiene un pelo de tonto, pero también ha callado.

Es un poco duro observar que el fascismo y terror opusino se come las personalidades de la gente, callar es darles la razón. Y facilitar que muchos otros hayamos caído en el mismo hoyo, sólo que con menos títulos y apoyo para salir adelante que ellos. Es lo que tiene el ser pobre pero honrado, que te llevas todas las tortas. Por lo menos no soy ya esclava del Opus Dei.

Por cierto que sobre Ecumenismo está Hans Küng y su libro "En busca de nuestras huellas" altamente recomendable para abrir puertas y ventanas al fenómeno religioso en el mundo, que no se reduce, ¡increíble pero cierto!, ni al Opus Dei, ni a la iglesia católica ni al cristianismo.

Auténticos creyentes existen por los cuatro puntos cardinales del globo. Y te das cuenta de que es la teología y en especial las jerarquías religiosas las que separan a los creyentes de unas y otras religiones. Porque la fe auténtica une, aunque uno sea musulmán y otro budista.

Y me parece lamentable pero ilustrativo de cómo era Escrivá el hecho de que una marranada como fue ir a decirle al Pablo VI que redujera al estado laical a Panniker, lo presentara como algo de lo que se pueda vanagloriar ante los alumnos del colegio romano. Así era este hombre, una acción vil, inspirada por el hecho de que Panniker le hacía sombra, la disfraza de tal manera que la presenta como santa y protección de la fe. Tampoco Pablo VI se quedó manco en la respuesta. Menos mal.

Ana Azanza

Choza i Paniker (1)

Yo he tratado bastante a Raimundo hasta casi su muerte, nos veíamos, hablábamos por teléfono y creo que algunas de las afirmaciones que hace Choza son imprecisas y otras claramente inciertas. Por ejemplo su madre no era hindú sino catalana. Su padre salió de la India sin dinero, pasó tiempo en Inglaterra y su fortuna la hizo trabajando en la fábrica química que fundó en Barcelona. Precisamente por ello mandó a Rai a estudiar Química a Alemania al comienzo de la guerra civil. Rai no estudió Teología allí sino cuando en el opus decidieron que se ordenara y lo hizo con los dominicos, con sus compañeros de promoción. Yo no pongo en duda la categoría intelectual ni el prestigio de Rai, he leído algunos de sus libros aunque los encuentro un tanto desencarnados para mi gusto.

Yo creo que sus relaciones con Roma fueron menos importantes que los que Choza afirma. El Papa Juan pidió información bibliográfica sobre temas ecuménicos y le dieron un libro de Rai. El nunca me dijo que tratara a Pablo VI y, de hecho, apenas estaba interesado en temas eclesiásticos. Si fue muy estimado en Universidades, le nombraron “libero” docente en la de Roma y luego estuvo en Harvard y Santa Bárbara, donde le visité cuando yo daba clase en la cercana Stanford.

Rai era muy mujeriego, nada que objetar por mi parte, pero ello tiene sus riesgos siendo del opus como cuando el padre de una de sus conquistas le denunció a Escrivá, quien se aprovechó de ello. Y no le mandó a la India en plan apostolado sino como una especie de destierro. Escrivá siempre se quiso quitar de encima a Rai porque le hacía sombra.

Ya mayor, con más de setenta años, Rai se casó civilmente con María, a la que también traté porque su familia tenía un apartamento en una playa cerca de Gandia y nos veíamos los veranos. Adoptaron una niña hindú, a la que también conocí y que prácticamente hereda su fortuna. Me molestó el que cuando el obispo de su diócesis en Tavertet, a donde yo fui a rematar su aportación a mi “Historia oral”, le impuso la condición de no vivir con María si quería decir misa, él lo aceptó pese a que María estaba bastante enferma.

Hasta los grandes hombres tienen flaquezas.

Alberto Moncada

Alucinando (1)

Me he quedado alucinado al leer un artículo de Choza en recuerdo de Raimundo Panikkar (Raimon). Después de ponerle “en los cuernos de la luna” –hace muy bien y es muy libre- pretende hacer una reseña rápida de dos libros del fallecido que asegura que son “excelentes” y muy aptos para aproximar el cristianismo y el hinduismo. En las pocas líneas que dedica a “la cristología de Panikkar” leemos que “Jesús no es coeterno ni consustancial con el Padre”, y que “si el cristianismo negase otra posibilidad de acceder al Logos o a Dios distinta de la persona de Jesús estaría incurriendo en una especie de historiolatría”.

¿Estamos todos locos o es que me he equivocado de página? O sea que empezamos siguiendo a Escrivá y terminamos con Arrio. Nos iniciamos en el cilicio y terminamos negando el Credo (“consubstantialem Patris”) y el Símbolo Atanasiano (“aeternus Pater, aeternus Filius, aeternus Spiritus Sanctus”).

Contaba un cura catalán, muy simpático él, que se empieza cuestionando el Magisterio y se termina bañándose desnudo en la playa. Lo decía por un presunto teólogo, un perito conciliar llamado Schilebeck que fue precisamente lo que hizo.

¿Historiolatría? Naturalmente. Es que Cristo es el señor de la Historia y nació cuando había llegado la plenitud de los tiempos. Es que “Dios puso a sus pies todas las cosas en el cielo, en la tierra (el tiempo y la historia) y en el abismo”. Es que en la historia se dan la gracia y el pecado, la salvación y el rechazo.

Esto es lo que ha hecho tanto daño a las almas durante el último medio siglo: jugar con las verdades teológicas de forma que lo mismo valgan ocho que ochenta. A esa gente se refería San Agustín cuando decía que fuera de la Iglesia se puede cantar “Oremus”, se puede contestar “Amen”, se puede hacer de todo menos salvarse. No se refería a los que no han recibido la gracia de la conversión, sino a los que han hecho con ella un avioncito de papel para entretenerse.

¿Alucinado? No. La verdad es que no. De Choza se puede esperar cualquier cosa. ¿Y este es el hombre que iba a hacer las cuentas del Opus Dei? Más valdría que empezara a hacer cuentas consigo mismo antes de que se las pidan. O que fuera sincero y dijera: “No soy creyente, yo de estas cosas no opino”. Pero queremos estar y no estar. Cuenta Choza que asistió a un Congreso de ateos y creyentes aunque prudentemente no explica en qué banco se sentaba él. Pero no importa. Dice el Apóstol Santiago: “¿Crees? Pero también los demonios creen y tiemblan” (St. 2.19).

Como también hay que reírse un poco voy a contar una anécdota que me contaba mi padre. Cuando él era joven asistía a la Adoración Nocturna. Entonces los Salmos se leían en latín y como es lógico no todos los presentes lo dominaban. Había un jefe de turno que era sastre y que leía muy mal en latín. Los estudiantes, para meterse con él, le aseguraban que pronunciaba “auténticas blasfemias” y el hombre se incomodaba.

¡Venga Choza, que tú no usas una túnica de santón hindú!

JUAN ENCABO

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