Talk:La crueldad en Escrivá, la perversión de la vida religiosa

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Engaños teológicos sobre la “vocación al Opus Dei” (1)

No sólo me ha gustado el último artículo de E.B.E., con el que estoy totalmente de acuerdo, sino que me ha emocionado mucho en mi corazón. Sí, ha sido para mí un texto emocionante de veras, a pesar del lenguaje técnico y algo frío empleado en él. En efecto, el cuadro psicológico descrito por E.B.E. se corresponde de lleno al que fue mi proceso interno de desvinculación del Opus Dei, y me he visto retratado en él. En aquellos años me resultaba frustrante, en mi conciencia, palpar el engaño en que estaba sumido: por un lado, una versión oficial o “discurso pantalla”, según el cual yo era un laico o cristiano corriente en medio del mundo, pero, por otro lado, una vida o praxis real, más bien propia de un religioso. También contribuía a mi tristeza y desazón interior comprobar que a los directores del Opus no les interesaba mi persona, ni las personas de mi familia, ni las de los demás miembros de la institución, sino sola y exclusivamente el engrandecimiento institucional, a cuyo servicio me instrumentalizaban. Aunque a Dios gracias no llegué a contraer ninguna enfermedad psíquica, conocí a mucha gente de la Obra que, en mayor o menor grado de gravedad, padecía diversas enfermedades mentales; algo importante que el Opus Dei me enseñó en mi vida fue, por desgracia, lo referente al triste mundo de los trastornos psicológicos. Por todo ello, manifiesto mi plena comunión con el artículo de E.B.E...

Al mismo tiempo, me permito amigablemente hacer a E.B.E. dos comentarios o sugerencias, que, sin modificar ni discutir el fondo de la cuestión, pueden quizás arrojar alguna luz para entenderla o perfilarla mejor.

En primer lugar, quisiera recordar que en la Iglesia católica existen laicos que viven una praxis de religiosos, sin ser jurídicamente religiosos. Son los llamados “laicos consagrados”, es decir, miembros de “institutos seculares” (cánones 710-730) o de “sociedades de vida apostólica” (cánones 731-746). Al ingresar en esas instituciones, los candidatos no cambian su condición canónica de laicos y no pasan a ser religiosos, aunque en la praxis vivan como tales. ¿Qué diferencia hay, pues, en la práctica, entre un religioso y un laico consagrado? A los religiosos se les prohíbe el ejercicio de muchas profesiones civiles: sí pueden dedicarse a la enseñanza o a la asistencia social, pero normalmente no pueden ser banqueros, periodistas, parlamentarios, ministros, militares, ginecólogos, actrices, deportistas, etcétera, aunque en casos prudentemente razonables haya excepciones, como sucede cuando un religioso o una religiosa trabaja como periodista en la Radio Vaticana o en otro medio eclesiástico de comunicación; en cambio, un laico consagrado puede normalmente ejercer cualquier profesión civil (incluso ha habido algún supernumerario del Opus que ha sido torero), salvo alguna excepción dictada por la prudencia en casos concretos: así, por ejemplo, no parece conveniente que un numerario sea torero, ginecólogo o astronauta. Por tanto, los miembros del Opus Dei son, hablando con propiedad, “laicos consagrados” y no religiosos.

En segundo lugar, recuerdo a E.B.E. un artículo que publiqué hace un tiempo en esta página web y que estudiaba un aspecto del grave engaño o dolo cometido por el Opus Dei respecto a esta cuestión; me refiero a Reflexiones sobre la vocación al Opus Dei y la actuación proselitista de esta institución (12.10.2007). Cuando el Opus Dei fue transformado de “instituto secular” en “prelatura personal” (noviembre de 1982), teólogos de esa institución elaboraron una falaz interpretación de la “vocación al Opus Dei”. Según esos teólogos, la vocación a la Obra no es una llamada “específica” (como específica es la vocación a una determinada orden religiosa o a un instituto secular o a uno de los actuales movimientos laicales), sino una llamada “genérica” que se encuentra en el nivel básico de la vocación cristiana o bautismal: un fiel de la prelatura (por emplear la terminología que esos teólogos usan), cuando se incorpora a ella, no hace más que ratificarse a fondo con los compromisos contraídos en la consagración bautismal y, si también está casado, con los contraídos en el matrimonio; y, cuando un sacerdote diocesano ingresa en la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, no hace más que ratificarse a fondo con los compromisos contraídos en su ordenación diaconal y presbiteral. El caso del laico numerario o agregado que reciba la ordenación sacerdotal y se incardine en la prelatura es bastante fácil de explicar según esos teólogos: es un cambio que no lo convierte en religioso, ya que, según el canon 294, las prelaturas personales constan de presbíteros y diáconos del clero secular.

A partir de ahí, esos teólogos concluyen que a quienes tienen una “vocación genérica” les corresponde una figura jurídica distinta de quienes viven una “vocación específica”. Estos últimos pueden configurarse como una orden religiosa o como un instituto secular o como una asociación laical; en cambio, los que por ser cristianos corrientes viven una vocación genérica han de encuadrarse en una figura jurídica que, no siendo asociativa, forme parte de la estructura jerárquica de la Iglesia. Es por eso por lo que los canonistas y teólogos del Opus Dei insisten tanto en que las prelaturas personales no son asociaciones de clérigos, sino que, asemejándose a las diócesis y a las iglesias particulares, forman parte de la estructura jerárquica de la Iglesia, lo cual, para colmo de los colmos, es también falso, pues basta con leer los cánones 294-297 para ver que las prelaturas personales no son iglesias particulares, sino asociaciones de clérigos.

En mi artículo pretendí denunciar el engaño o mentira que esta interpretación contiene. ¡Por supuesto que la “vocación al Opus Dei” es evidentemente una “vocación específica”! El bautismo, el matrimonio y el orden sacerdotal no obligan a cumplir la inmensa retahíla de normas, costumbres y otras ordenanzas que el Opus prescribe a imagen y semejanza de las órdenes religiosas y de los institutos seculares. Las iglesias particulares no tienen –es más, ni pueden ni deben tener– una espiritualidad propia obligatoria para todos sus fieles, pero el Opus Dei sí la tiene para todos sus miembros. No nos olvidemos de que las ceremonias de incorporación (admisión], >oblación y fidelidad) que se practican en la actual prelatura personal del Opus Dei llevan consigo la consagración de quien se incorpora a ella, como Haenobarbo nos ha explicado en varias ocasiones (Sobre contratos y vínculos, del 12.05.2008), y de que, a partir de los compromisos contraídos en esa consagración, surge el peculiar, específico y concreto funcionamiento de la vida interna de la Obra y de su acción apostólica.

Por todo ello, da tristeza comprobar cómo el Opus Dei miente y se autoengaña: incluso inteligentes teólogos que trabajan al servicio del Opus se doblegan a las mentiras institucionales, construyendo teorías que contradicen la más elemental evidencia y sosteniendo, además, la aberración eclesiológica de que hay iglesias particulares con una espiritualidad propia, siendo la prelatura personal del Opus Dei una de ellas; y lo peor de todo es que ellos mismos se creen esas mentiras y pretenden hacerlas creíbles a los demás.

A la vista de esta locura, me he preguntado varias veces: ¿interesa a la Iglesia católica que estos líos se den en su seno?; ¿beneficia a la tarea evangelizadora este tipo de montajes o más bien la complica, la dificulta y le resulta contraproducente?; teniendo en cuenta lo difícil y compleja que es la sociedad actual (guerras, hambre, injusticias, secularización, materialismo hedonista, integrismo religioso, etc.), ¿no es acaso absurdo que la Iglesia se complique la vida permitiendo que pululen en ella planteamientos como los de la vida interna del Opus Dei? La Iglesia fue fundada para combatir los males del mundo mediante el anuncio del Reino de Dios; de ahí que contradiga la esencia de la Iglesia el hecho de que ella invente nuevas formas de sufrimiento y de complicación en la vida humana.

Reitero por todo ello mi acuerdo con el citado artículo de E.B.E., que me ha parecido de lo más acertado y profundo.

Josef Knecht

Muchas gracias Josef por la aclaración que haces sobre la diferencia entre religiosos y laicos consagrados. Ciertamente no parece haber posibilidades jurídicas de afirmar que los miembros del Opus Dei sean religiosos sino más bien laicos consagrados. De hecho el CIC dice que “el estado de vida consagrada, por su naturaleza, no es ni clerical ni laical” (canon 588).

La figura de laicos consagrados es una creación reciente para darles a los religiosos la posibilidad de desarrollar “actividades en el mundo”. Los laicos consagrados tienen un antecedente en las Ordenes Terceras, cuyos miembros vivían hasta donde les era posible la espiritualidad y la vida de la correspondiente Orden Primera.

Pero, como siempre, el Opus Dei se las ingenia para hacer difíciles las cosas que deberían ser simples. No sin razón.

Pues parecería ser que la idea de fondo en el Opus Dei es que, particularmente los miembros célibes, sean religiosos sin llamarse religiosos, como ese punto de camino que dice: “Quieres ser mártir. -Yo te pondré un martirio al alcance de la mano: ser apóstol y no llamarte apóstol, ser misionero -con misión- y no llamarte misionero, ser hombre de Dios y parecer hombre de mundo: ¡pasar oculto!” (Camino, nro. 848).

Cabe señalar que Escrivá no dice “mundano” sino “hombre de mundo”: por lo visto tenía en mente a un “religioso disfrazado de laico” (Cfr. Haenobarbo]).

La verdad, yo no quería ser mártir ni tenía vocación para ello, sin embargo Escrivá sí parecía tener vocación para martirizar a otros. A veces la propuesta de Escrivá me recuerda a las palabras del Padrino: “voy a hacerte una oferta que no podrás rechazar”.

Pienso que aquí está una de las claves de la mentalidad patológica de Escrivá: parecer una cosa pero ser otra. Y sí, mentalmente es un martirio. Diría más, es una crueldad. Es un fraude.

Qué gusto por la ambigüedad la de Escrivá. Y posiblemente porque a mar revuelto, la ganancia es mayor. ¡Con lo que le gustaba la pesca! Así se entiende.

El punto es que, siguiendo los diversos capítulos del CIC, los miembros célibes del Opus Dei son algo más que laicos consagrados, pero sin llegar a ser religiosos estrictamente hablando, desde el punto de vista jurídico. ¿Por qué?

En el anexo de La Clausura del carisma, hay una breve recopilación de los puntos del CIC que se corresponden con la praxis del Opus Dei, y lo que se descubre es que algunos se corresponden con el apartado de Institutos Seculares, pero otros muchos –la mayoría- se corresponden con el apartado de los religiosos. Este es el problema.

Si no me equivoco, queda claro que la violencia que hay que hacerse para encajar una vocación que no es la propia, es mayor aún que lo que se ve a primera vista.

Pues no sólo se trata de ser laicos consagrados –jurídicamente- sin haber dado el consentimiento para ello, sino además, ir más allá –de lo que manda la ley- e imponerse una praxis –una carga- propia de religiosos, sin serlo ni poderlo ser jurídicamente, y sin el propio consentimiento. Esto es Kafka en estado puro.

No sé si llego a expresarlo con toda claridad.

Ni siquiera los laicos consagrados viven la exigencia y praxis de “los laicos” del Opus Dei. Dicho de otra forma, mientras los laicos del Opus Dei se piensan a sí mismos “más normales” que cualquier laico consagrado, en realidad viven una exigencia propia de religiosos y no la correspondiente a su estatus jurídico real, es decir, laicos consagrados.

Veamos algunas de las exigencias que plantea el CIC para los religiosos y que no las plantea para los laicos consagrados.


Exigencias para los religiosos Religioso Agregado/Numerario Laico consagrado
Hacer Testamento (canon 668, §1) SI No
Examen de conciencia diario (canon 664) SI No
Los religiosos han de residir en su propia casa religiosa, donde esté reservado la Eucaristía y sea el centro de la comunidad (608) y (665) Si (Numerarios) No
Necesidad de dispensa de vida en familia SI SI (Numerarios) No
El superior no se puede ausentar de la casa (629) El Director no se puede ausentar de la casa No
Uso restringido de la televisión, cine, etc (Canon 666) SI No
Entrega del sueldo (668) SI No
Restricciones en el trabajo profesional (671) SI No
Presentar certificado de bautismo y de confirmación antes de la Admisión (Noviciado) (canon 645) SI No
(aunque se supone que ha de ser bautizado el candidato, el CIC no exige presentar los certificados, como sí en el caso del religioso)
Pueden recibir el orden sagrado y se preparan para ello (659) SI
«todos los Numerarios y muchos Agregados están ordinariamente dispuestos (...) a ser sacerdotes, si son invitados por el Padre» (Catecismo de la Obra, 5 ed. n. 44.).
“no incluye el ejercicio del orden sagrado” (588, 3)


Por su parte, la Provida Mater Ecclesia dice claramente que “como los Institutos Seculares ni admiten los tres votos públicos de religión, ni imponen a todos sus miembros la vida común o morada bajo el mismo techo” por eso mismo “ni son ni, propiamente hablando, se pueden llamar Religiosos o Sociedades de vida común”.

Ahora bien, los numerarios –entre otras prácticas religiosas- hacen vida en común y necesitan dispensa para no hacerla. ¿Entonces frente a qué fenómeno estamos? Kafkiano es el asunto.

Por eso, es cierto que jurídicamente los miembros del Opus Dei son laicos consagrados, pero disciplinalmente viven una exigencia a la altura de los religiosos. Por lo tanto:

  • Hay un fraude jurídico, porque no son laicos sino laicos consagrados.
  • Hay un fraude ascético, porque viven -en gran parte- según una disciplina de religiosos y no de laicos consagrados.

Hay que hacer notar que a una Prelatura Personal no pueden pertenecer, sin más, los laicos consagrados, pues ellos necesitan de algún fenómeno asociativo que los organice. Este es otro problema más, consecuencia “del martirio mental” que Escrivá quiso para sus seguidores.

Finalmente, no llego a explicarme cómo este tipo de incongruencias han pasado todos los controles, durante estos sesenta años, desde 1947.

E.B.E.

«no subject» (43)

Sólo voy a decir una cosa. Quien escribe esto no está casado; no tiene un trabajo; no vive en una comunidad de vecinos, ni tiene familia. ¿Por qué? Porque convivir es adaptarse a personas que son distintas que nosotros y que frecuentemente van a esforzarse por imponernos sus puntos de vista. Así es la vida, así son las cosas. También observo que empieza escribiendo de forma templada y progresivamente se va calentando hasta decir, digamos que exageraciones, sin el más mínimo matiz. La pasión nubla el juicio. JUAN.

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