Talk:Carta a nuestr@ hij@ numerario

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Carta a nuestr@ hij@ numerari@ (1)

Querido hij@:

un verano más en que sentiremos tu vacío. Otro muro. Otro corte en la línia telefónica. Un verano más como una Navidad más, solos. Otro largo silencio. Otro más. No había suficientes y debemos sumar: otro más. ¿Qué hemos hecho mal? Te enseñamos a amar a la família y ahora, nos ignoras. Te enseñamos parte de tu fe y ahora la rechazas por otra a la que llamas perfecta, mejor, completa. Te enseñamos sinceridad y ahora nos mientes tu y nos mienten aquellos a los que ahora llamas tu família. Mentiras grandes, descaradas, contradictorias. Mezcladas con la màgica palabra libertad que casi nunca habías usado y ahora lanzas de forma arrojadiza a cada momento. Libertad que también pregonan alardeándose muchos de los que tu llamas directores. Qué cambio de lenguaje! En una familia hij@, hay padres, madres, hermanos, pero no hay directores. Y los padres nunca mienten. Los padres aman y en aras a este amor corrigen y dicen siempre verdades...

Hij@: eras alegre a reventar y ahora estás siempre triste, enfadado casi. Y aún así dices que en la Obra se vive alegremente. Y, cierto, seguramente lo haces, pero no con tu familia. Debes hacerlo con otros. Eras sencillo, descomplicado, humilde, cariñoso. Ahora eres interesado, dado a los prestigios aunque estos sean contarios a tu doctrina: al fin y al cabo, prestigio es prestigio y ante él sucumbes tu y aquellos que llamas ahora: “los tuyos”. Y tu, hij@ no eres así, tu no sabías de buenos coches, de buenas marcas. Tu eres sencillo. Tu eres listo y trabajador, entregado. Ahora tienes tropezones inexplicables en tus estudios. Eras desprendido, comunicativo. Sabíamos todo de ti. Ahora hablas poco menos que en clave y casi nunca sabemos en que fechas tienes un o utro acontecimiento estudiantil.

Eras cuidadoso y has dejado de cuidarte. Tus ojos, hij@ denotan cansancio, ausencia. Siempre tienes “cosas” que hacer que nunca nos cuentas, y atribuyes estas “cosas” a tu nuevo estado, del cual poco nos cuentas. Eras desprendido y ahora nos pides hasta para actividades inexplicables. Disculpa hij@, ya sé que no eres tu el que pides, ya sé que te lo hacen pedir y que para eso sí vienes a visitarnos. Y nosotros pedimos a tus directores: ¿Se puede quedar más días en casa? Y ellos nos contestan: “Él es libre y no tiene nada más que hacer, por supuesto que se puede quedar", pero ya nunca te quedas más que unas horas (casi no podemos llamarlo días). Y mucho menos duermes en tu cama ¿Por qué, qué ocurriría si te quedaras más? Y ¿dónde está aquel 4º mandamiento del cual tanta burla haces a menudo? ¿Y aquella obra de misericordia de visitar a los enfermos? Porque estamos enfermos hij@, aunque no te lo parezca.

Eras sincero hij@ y ahora te escandaliza nuestra sinceridad. Sí. Aquella con que te decimos que tu vocación no es tuya. Que te la prepararon y algún día te la negarán como a tantos otros. Quizá por tu enfermedad.

Dentro de algunos años hij@ quizá tengas que releer estas letras delante de mi tumba o de la de tu madre y ante ella reconocer que con estos años de más has aprendido la sutil diferencia entre coger una mano y encadenar un alma; quizá hayas aprendido ya que querer no significa apoyarse y que compañía no significa seguridad. Entenderás que un beso no es un contrato y que un regalo tampoco es siempre una promesa. Que el mejor regalo es tener cerca a Dios en tu vida y los padres y hermanos a tu lado. Que aquellos que te aman nunca de traicionarán. Que somos capaces de perdonar, de olvidar. Que tus derrotas también son las nuestras y que quizá no hemos sabido educarte bien. Quizá hayas aprendido que una vocación no viene en quince días a los quince años, cuando otro te muestra el camino ya hecho. Una vocación es algo más sagrado, más profundo, de más recorrido, es una llamada verdadera y completa en la que tu, hij@ creces como persona usando tu libertad para ejercer tu crítica ante la vida.

Tu, hij@, tenías caminos y ahora tienes unos railes que no sabes donde te llevan. ¿Quizá a un jardín? Pero el mejor jardín hij@ es tu alma, la cual debes ornamentar cada día con tus flores y no esperar que otro te las lleve. Los planes para mañana suelen ser inseguros. No se es más feliz por tener más seguridad aparente. Por encima de las normas y las órdenes, por sutiles que éstas sean está tu libertad y LA VERDAD. Tu fortaleza no es el fruto de una mera repetición. Tu, hij@, eres más que una repetición, eres capaz de historia. Y esta historia la debes escribir tu. No dejes que otros lo hagan por ti. Eres fuerte y tu fortaleza es tu arma. Tu vales de verdad por ti mismo.

Diplomaticbag

Hola hij@,

viniste a tu casa con buenas promesas para visitar a tu familia: “… vengo sólo con billete de ida…” “quiero que haya buen ambiente en casa…”. Sí, viniste. Estabas físicamente aquí, en tu casa, pero tu mente estaba lejos. No es culpa tuya. Tu te esforzabas pero algo te impedía estar aquí. Hasta ahora cuando nos visitabas había respuestas airadas, casi violentas, desacordes. Esta vez no fue así. Había en ti una rara sumisión, una extraña placidez en tu semblante y en tus respuestas. Nos lo temíamos pero no pensábamos que este momento llegara para ti. Pero como todo lo demás, llegó...

Llegó la negación de tu familia y la existencia de otra con lazos más fuertes. Llegaron las visitas a tu casa con una duración inferior a las 72 horas. No sabemos qué ocurriría si tu estancia se prolongara más allá de las 72 horas.

Viniste sin billete de vuelta para alegrarnos tu escasa estancia, pero el billete de vuelta lo compraste ya el primer dia. Debías marcharte en virtud de tus obligaciones en “tu casa”, en “tu centro”. Debías recoger tu habitación pues en ella debería dormir alguien más mientras tu estuvieras en tu “curso anual”. Y este trabajo de recoger tu habitación de ocupaba varios días. Pero todo ello, estaba disuelto en una especie de bálsamo desacostumbrado. Claro, había llegado tu momento en el inicio de tu vocación farmacológica.

No lo negaste, más bien decías y repetías: “…todo está bajo control…”

Ni a tu padre ni a tu madre pudiste explicarles qué tomabas. “…no os alarméis, todo está controlado…” y por eso tomabas un potente protector gástrico. A tu corta edad y ya con tranquilizantes. Ahora sabemos de esta extraña sumisión.

¿Cúal será el siguiente paso? Menos de 72 horas. No podías angustiarte pensando en qué debías recoger tu habitación y para este trabajo necesitabas más de dos días. Pero para estar con tu familia no hacen falta más de 72 horas. Es suficiente. Una odiosa pero real comparación de tiempos.

Píldoras para la perseverancia. Para no pensar o pensar poco, para reprimir tus espontáneas respuestas, para no quejarte. Para no ser tu mismo. Para seguir perdiendo tu yo.

Diplomaticbag

Carta a nuestro hijo (1)

Me había hecho el propósito de escribir algo acerca de la “Carta a nuestro hijo numerario”. Al leerla por encima he visto algunos errores que se suelen cometer cuando uno es un numerario joven. Por ejemplo decirle a tus padres que ahora tienes otra familia con la que también tienes obligaciones; decir que ahora tu casa es el centro del Opus Dei; ir poco a verles; llamar sólo cuando necesitas dinero o decir que eres “libérrimo”, aun cuando todo el mundo sabe que tienes unos directores.

Sin embargo, cuando imprimo la carta para leerla despacio, subrayándola, observo que lo que hay realmente es un montón de ofensas de los padres hacia su hijo. Dicen algo así como veinte veces: “Tú no eres libre… otros piensan por ti”; lo cual es algo así como decirle: “Tú eres un gili y te han engañado”. Le recuerdan que las notas de su hijo han bajado, algo que a su hijo tiene que fastidiarle como al que más. Al mismo tiempo queda una pregunta en el aire: ¿Ustedes querían a su hijo porque era el que mejores notas sacaba de un colegio de 1400 alumnos? Parece como si lo dieran a entender.

Le dicen a su hijo que es arisco y estoy seguro que es verdad. Muchos, sin ser del Opus Dei, son ariscos a su edad y si les pinchan constantemente más.

Ustedes descalifican una institución a la que su hijo se ha unido más o menos libremente y con ilusión. Está claro que les alegraría mucho si fracasara en esta apuesta personal, sean cuales fueren las consecuencias para su hijo. Eso a él no le puede hacer ninguna gracia.

Imagínense que su hijo se hubiera casado y ustedes estuvieran diciéndole todos los días: “Hijo mío, es una bruja. No vienes más a vernos porque no te deja ¿no es verdad? Te ha cazado y ahora te tiene comido el coco”. Les supongo personas inteligentes y supongo que nunca actuarían así aunque efectivamente lo pensaran. Pues de la misma manera se están comportando ustedes respecto del Opus Dei: hablando mal de gente a la que su hijo aprecia.

No sé si su hijo perseverará en el Opus Dei. Si ustedes leen habitualmente estas páginas ya habrán visto que el índice de perseverancia no es muy alto. No sé si él está triste o alegre porque no le conozco. De lo que no me cabe la menor duda es que ustedes están haciendo todo lo posible por consolidar la presente situación. Es muy conocida la frase de que cuanto más les dices más se empeñan ellos.

Por otra parte me pregunto si no tendrán ustedes muy idealizada la infancia de su hijo y su relación con ustedes. Por un lado su hijo era bueno y además cristiano; lógico, ya que en caso contrario no podría ser del Opus Dei. Pero por otra parte yo no aprecio que tuviera mucha confianza entre ustedes. Si la hubiera no diría: “Soy libérrimo”, que no es cierto porque tiene sus compromisos y obligaciones. Más bien diría: “Mira papá, cuando tú te enamoraste de mamá…”. En todo caso él nunca volverá a ser el niño que ustedes recuerdan.

Probablemente mis padres pensaban lo mismo que piensan ustedes pero jamás me dijeron ni media palabra. Me hace gracia, sin embargo, lo de la abuela. Mi abuela una vez me dijo: “Yo quería que fueras sacerdote, pero no del Opus”. Yo, que quería una inmensidad a mi abuela, me reí y le dije: “Abuela, tú qué sabes”.

Les recomiendo que miren lo que dice el Evangelio sobre las relaciones entre padres e hijos: “No he venido a traer paz sino la espada, porque se levantarán los padres contra sus hijos y los hijos contra los padres, etc…”. Lo que pasa es que no estamos acostumbrados a tomarnos el Evangelio literalmente. ¿Recuerdan ustedes el caso de San Francisco de Asís con su padre?

Muchos de los que escribimos aquí hemos pasado por la experiencia de haber vuelto a casa de nuestros padres al dejar el Opus Dei y habernos recibido sin hacernos un solo reproche. Pero ojo, no enfaden demasiado al chico que parece que vale mucho, no vaya a ser que deje el Opus Dei y tome otro camino que no sea el que conduce a casa de ustedes. Todos somos buenos pero también tenemos nuestro orgullo.

JUAN

Que continúes a defender el opus de esta manera. Estás haciendo un ótimo trabajo demostrando de manera gráfica lo que es realmente ser un opusino y el estilo de la institución.

Gracias,

M@rc

¿Opusino? No me parece mal. Está bien.

¿Tú estás seguro de que cuando empezaron a llamar "cristianos" a los discípulos de Cristo lo hicieron con buena intención o lo harían con ánimo denigratorio?

Esto me recuerda una anécdota de cuando era pequeño.

Estábamos en fila a la entrada del Colegio para entrar a clases. Junto a mí estaba un chico llamado Pedro Luís y le llamé "Piedra Lisa".

El hombre se indignó más de lo que a mí me convenía y me dijo: "Ahora mismo vamos a la Directora por llamarme Piedra Lisa".

Y allí fuimos los dos.

- "¡Directora! Me llamo Pedro Luís y este chico me ha llamado Piedra Lisa.

Y va la Directora y contesta:

- "¿Tú no sabes que Jesús le dijo a San Pedro: Tú eres Pedro y sobre esta "piedra" edificaré mi Iglesia? ¡Anda ! Volveros a la fila".

Eran otros tiempos, desde luego.

Él se volvió con los ojos como platos y yo pensando que me había librado de una buena.

Opusino.

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