El escandalo de los Legionarios de Cristo.

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 Estos dos articulos publicados en Libertad digital creo que ilustran muy bien lo que esta pasando en Los Legionarios de Cristo.

Salvar lo que se pueda salvar (Legionarios de Cristo)
http://www.religionenlibertad.com/opiniones/salvar-pueda-salvar-legionarios-cristo



Soy Legionario de Cristo

http://www.religionenlibertad.com/opiniones/soy-legionario-cristo


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3250 legionarios de 39 nacionalidades: 850 sacerdotes y 2500 religiosos forman la Legión de Cristo. (L.C.)
70.000 seglares del movimiento Regnum Christi. (R.C.)
http://www.religionenlibertad.com/noticias/los-legionarios-cristo-reconocen-dolor-conducta...


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Reformas en los Legionarios de Cristo.- maximiliano 

En una carta publicada en su página web y con fecha de 1 de Septiembre de 2009, dos sacerdotes legionarios de Cristo se dirigen a todos los miembros, especialmente a los de EE.UU. para ponerles al día sobre el estado general de la orden.

Aparte de la naturalidad y la transparencia con la que comentan los sucesos y las nuevas políticas que se están llevando a cabo de cara a los errores de su Fundador y su situación financiera, me ha llamado mucho la atención estos dos puntos de la carta, que cito textualmente en el inglés original y traduzco por mi cuenta:

c. In the past two years, also following the indications we received from the Holy Father, we changed our general practice of superiors being the spiritual directors of their subjects. This practice was based on one of the century-old monastic traditions that view the superior as Spiritual Father and Mentor of his community. We are seeing positive fruits from this change of practice.

d. There also have been changes in the Legion regarding sacramental confession. In the past, members were free to go to the Ordinary or Extraordinary confessors (assigned by the General Director for each community). They were also free to go to any other Catholic priest with faculties for confession. Members often asked to go to confession with their own superiors.

Following the instructions of the Holy See, today superiors are no longer habitual confessors for those under their authority.

Traducción:

c. Durante los dos últimos años, también siguiendo las indicaciones recibidas del Santo Padre, hemos cambiado nuestra praxis habitual de que los superiores sean los directores espirituales de las personas a su cargo. Esta práctica estaba basada en una de las centenarias tradiciones monásticas en las que el Superior es visto como Mentor y Padre Espiritual de su comunidad. Estamos recogiendo furtos positivos desde este cambio de praxis.

d. También ha habido cambios en la Legión en relación a la confesión sacramental. En el pasado, los miembros eran libres de acudir al Confesor Ordinario o Extraordinario nombrado por el Director General de cada región. También eran libres de acudir a cualquier otro sacerdote católico con licencia para confesar. Los miembros habitualmente solían pedir confesarse con sus superiores.

Siguiendo las instrucciones de la Santa Sede, hoy en día los Superiores no son los confesores habituales de aquellos bajo su autoridad.


Interesante, ¿no créeis?. No escribo esto con ánimo de meterme con la Legión, a la que respeto y apoyo mucho en estos difíciles momentos, pero sí para llamar la atención sobre esta misma práctica en el Opus Dei. La Legión (aunque exhortados por la Santa Sede) reconoce y rectifica. ¿Llegará el día en que el Opus Dei rectifique y corrija estas malas prácticas?

Maximiliano



http://www.opuslibros.org/emails_recibidos.htm


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Soy Legionario de Cristo (Carta de Juan Pedro Oriol)

http://www.hispanidad.com/imagenes/Oriol%20Legionario%20de%20Cristo.pdf


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Legionarios lamentan revelaciones sobre su fundador

http://www.aica.org/index.php?module=displaystory&story_id=18250&format=html&f...


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Quote:Ruta 8.09, 21:15
 

"Como institución, como familia e individuos, este inesperado vuelco de los eventos ha sido traumático", agregan los directores y revelan que "muchos de nosotros hemos tenido experiencias de shock, ira, negación y temor, de modo humano y espiritual".


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Tarde o temprano el Opus Dei tendrá que hacer los mismos deberes (o más bien la propia Iglesia)

El dilema de los Legionarios de Cristo
"Los Legis de a pie están hundidos, en estado de shock y profundamente desilusionados, pero van a obedecer al visitador y a Roma, porque llevan la impronta de la obediencia ciega dentro y ni se les ocurre desobedecer. Otra cosa es la cúpula directiva, que está haciendo todo lo posible para salvarse y ponerle dificultades a los investigadores". Lo dice un ex Legionario, que salió hace poco tras estar más de 10 años en la Legión y sigue manteniendo línea abierta con algunos de sus antiguos compañeros...




Blázquez lo sabe. Los conoce bien desde hace tiempo. Su visita a los centros de la Legión en España está siendo silenciosa. Como corresponde al carácter del obispo de Bilbao y al protocolo de un buen visitador: oír, ver y callar. Así actuó el prelado vasco en su inspección de los seminarios de Ontaneda (Cantabria) y Salamanca, por ejemplo.

El visitador apostólico se está mostrando sumamente afable con todos. Hasta cariñoso. Recibe a todo el que quiere hablar con él y escucha, sin hacer demasiadas preguntas. "Blázquez sabe que no se trata de descubrir secretos, sino de pulsar la situación. De ver si las bases serán capaces de asumir la decisión que tome Roma. En estos momentos, la Legión es como un Jano bifronte, con dos caras y dos almas", explica el ex Legionario.

Y, de hecho, el prelado español se las está encontrando por todas partes. Por un lado, los curas rasos y los miembros laicos del Regnum Christi están horrorizados y quieren que Roma sanee de una vez su congregación Y, si hace falta, la disuelva. Los dirigentes, en cambio, sumisos en las formas, se mantienen tensos en el fondo. Y, sobre todo, siguen la consigna de su actual superior general, Álvaro Corcuera, de exculparse e intentar demostrar que no sabían nada de la vida licenciosa de Marcial Maciel y que, por lo tanto, no fueron cómplices ni siquiera encubridores.
Ésta es la tesis que defiende el director territorial de España, Jesús María Delgado. En una carta hecha pública recientemente, trata de exculpar a la 'trinidad' legionaria: Álvaro Corcuera, Luis Garza y Cristóforo Fernández. "Se pregunta si los superiores mayores conocían estas facetas de la vida de nuestro fundador y las han ocultado. Ellos tuvieron conocimiento de los hechos cuando el P. Maciel se había ya retirado de sus funciones como director general y su salud estaba ya muy deteriorada. Por tanto, no hubo encubrimiento alguno por su parte", asegura. Marcial Maciel falleció el año pasado a los 87 años.

En la misiva reconocen lo que ya no se puede ocultar (la existencia de la hija secreta de Maciel), pero llama "hechos" a los abusos y pecados cometidos por su fundador y no pide perdón por ellos. Todo lo contrario de lo que hicieron, en otra carta parecida pero más auténtica, los Legionarios norteamericanos.

Eliminación o refundación
"Hay una clara división en la Legión. Los americanos quieren ir al fondo de la cuestión, con rapidez y están dispuestos a que se eche a la cúpula dirigente, a pedir perdón y a resarcir a las víctimas. Los españoles, en cambio, optan por defender a sus actuales superiores", explica el ex Legionario.

Blázquez, por su parte, consciente de la división sigue su tarea sin que nada le turbe, como buen abulense y discípulo de Santa Teresa. Consciente de que en el Vaticano obra ya toda la información. Hasta la más reservada. Y que a Roma sólo le quedan dos salidas: eliminar la congregación religiosa o refundarla.
Si opta por hacerla desaparecer, los 600 sacerdotes legionarios tendrían que buscar acomodo en las diócesis. Algunos ya lo están haciendo. En Getafe, por ejemplo, hay ya unos 10 sacerdotes procedentes de la Legión. En Toledo, acaba de desembarcar otro. En cuanto a sus bienes, colegios y universidades podrían pasar a manos de las diócesis en las que estén ubicados. "En cambio, las ingentes cantidades de dinero seguirían en manos de la actual 'trinidad', que lo conserva a buen recaudo y será muy difícil llegar hasta él, porque funcionan con sociedades interpuestas y con todo tipo de ingeniería financiera", asegura el ex legionario.

De hecho, los Legionarios temen que el Papa en vez de extirpar el tumor, decida contar el árbol profundamente contaminado por el culto a la personalidad del fundador. "Tanto que si Maciel colocaba las manos o los brazos de una determinada manera, todos los Legis, en adelante, hacíamos lo mismo y copiábamos su postura", dice el ex Legionario.

Tolerancia cero con la pederastia
Los miembros de la Legión saben, además, que el Papa Ratzinger, en estos temas, no se anda con chiquitas. Y que llegó al solio pontificio, después de comprometerse ante los cardenales en las sesiones previas al conclave a acabar con "la suciedad de la Iglesia". Roma es consciente de que se juega la credibilidad social, su gran arma de autoridad moral, en temas como el de los abusos o el de la pederastia. Y Maciel fue un caso paradigmático, que exige una condena total de su memoria.
Y, aunque el Papa, optase, al final, por una voladura controlada de la Legión, lo que nadie duda es que exigiría la renuncia y la expulsión de todos los dirigentes Legionarios. "Con la cúpula actual incluida, que durante años estuvo al tanto de casi todo e hizo la vista gorda. Y eso que sólo está saliendo la punta del iceberg. Si llega a destaparse todo, los anega la porquería", explica el ex Legionario. Y de hecho, el propio director de España, padre Delgado, reconoce que "es posible que nueva información siga saliendo a la luz". Para mayor escarnio de la Legión, de su fundador y de sus actuales dirigentes.

http://www.elmundo.es/elmundo/2009/09/17/espana/1253183872.html


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He encontrado este artículo en la web Religión Digital:

Un comisario nombrado por el Vaticano tomará el mando de los Legionarios de Cristo

La Legión espera un nuevo general y tiembla

Se deberán cambiar muchas cosas, incluidos los actuales jefes



Sandro Magister, 16 de marzo de 2010 a las 11:05

(Sandro Magister).-En plena tempestad que sacude a la Iglesia Católica a causa de los abusos sexuales contra menores perpetrados por sacerdotes, se ha cerrado la visita apostólica ordenada por la Santa Sede a los Legionarios de Cristo, la congregación fundada por Marcial Maciel.

El caso Maciel es extremo en todo. Lleva a límites exasperantes el contraste entre la imagen y la realidad; entre la imagen beatífica del sacerdote fundador de una congregación religiosa ultraortodoxa, ascética, devota, floreciente de vocaciones también ejemplares, y la realidad de una segunda vida disoluta, compuesta de incesantes violaciones no sólo de los votos, sino de los mandamientos, de continuas aventuras pecaminosas con mujeres, hombres y niños de toda edad y condición, con hijos y cónyuges diseminados por todo el mundo, en número hasta ahora impreciso.

Una segunda vida que también en el momento de su muerte ha aparecido entre resplandores sulfúreos. Se filtran relatos góticos sobre los últimos días de Maciel en Houston, a fines de enero del año 2008, antes de su sepultura en Cotija, su ciudad natal, en México...




La visita apostólica comenzó el 15 de julio de 2009. Los cinco obispos visitantes han concluido su mandato a mediados de este mes de marzo, con la entrega de su informe a las autoridades vaticanas. Fueron Ricardo Watti Urquidi, obispo de Tepic, en México; Charles J. Chaput, arzobispo de Denver; Giuseppe Versaldi, obispo de Alejandría; Ricardo Ezzati Andrello, arzobispo de Concepción, en Chile; y Ricardo Blázquez Pérez, obispo de Bilbao.

Serán luego las autoridades vaticanas las que decidirán que hacer. Los tres cardenales empapados del caso son Tarcisio Bertone, secretario de Estado, William J. Levada, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y Franc Rodé, prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida consagrada.

Pero la última palabra la pronunciará de todos modos Benedicto XVI, el más clarividente de todos. Ya antes de ser elevado al papado y cuando todavía Maciel tenía protectores fortísimos en el Vaticano, Joseph Ratzinger hizo investigar a fondo las acusaciones contra el fundador de los Legionarios. Y como Papa, el 19 de mayo de 2006, lo condenó "a una vida reservada de oración y de penitencia".

Luego de esta condena, la congregación de los Legionarios se plegó al mandato papal. Pero siguió prestando veneración al propio "padre" fundador, como "víctima inocente" de falsas acusaciones.

Sólo luego de su muerte y al aflorar otros escándalos encontró espacio entre los dirigentes de la Congregación la admisión de algunas culpas del fundador, pero no de tal envergadura como para inducirlos a desmentir la bondad de su obra.

Todavía hoy, luego de los ocho meses de la visita apostólica, el sucesor de Maciel como director general de la Congregación, don Álvaro Corcuera, y el vicario general Luis Garza Medina - que durante décadas fueron también, especialmente el segundo, colaboradores estrechísimos del fundador - no manifiestan ninguna intención de dejar de lado el mandato papal, al igual que otros dirigentes medio-altos, centrales y periféricos.

Su línea de defensa es que siempre se les habría ocultado a ellos la segunda vida de Maciel y que su fidelidad a la Iglesia y al Papa, más que su experiencia de guía, serían tales como para asegurar de la mejor manera la continuidad de la Congregación.

El 5 de febrero pasado, en "LOsservatore Romano", el padre Luis Garza Medina publicó imperturbable un artículo para describir como debería ser la "vida virtuosa" del sacerdote ideal. Él, que más que nadie ha vivido al lado de Maciel, conociendo todos los secretos y administrando el dinero, y que lo ha exaltado siempre como modelo.

Pero es totalmente inverosímil que los actuales líderes de los Legionarios sean dejados a la cabeza de la Congregación por las autoridades vaticanas. La decisión más probable es que la Santa Sede nombrará un comisario propio, dotado de plenos poderes, y fijará las líneas-guía para una refundación completa, incluida la sustitución de los actuales dirigentes.

Pero será una empresa ardua refundar desde la cabeza una Congregación en la que la impronta del indigno fundador es hasta ahora fortísima.

Sacerdotes y seminaristas que hasta ayer han sido empapados con los escritos atribuidos a Maciel tendrán dificultad para encontrar nuevas fuentes inspiradoras, no genéricas sino específicas para su orden. Tampoco ayudan los actuales líderes de la Congregación. Más aún, un ex secretario personal de Maciel, el padre Felipe Castro, junto a otros sacerdotes de la Legión, ha trabajado durante estos meses seleccionando entre las numerosísimas cartas del fundador un grupo de ellas para "salvarlas" para el futuro, y así tener viva una imagen positiva de Maciel.

La dependencia de los Legionarios respecto de Maciel era - y para muchos es todavía - total. No había rincón de la vida cotidiana que escapara a las reglas dictadas por él. Reglas minuciosas hasta lo inverosímil, que ordenaban, por ejemplo cómo sentarse a la mesa, cómo usar la servilleta, cómo ingerir alimentos, cómo comer el pollo sin usar las manos, cómo sacar las espinas a un pez.

Pero esto era nada frente al control ejercido sobre las conciencias. El repertorio para el examen de conciencia al final de una jornada era de 332 páginas, con miles de exigencias.
Y después estaban - y están - los propios y auténticos estatutos. Mucho más amplios y detallados que los entregados a los obispos de las diócesis en las que los Legionarios tienen sus casas. Los cinco visitadores se han tenido que esforzar en grande para obtener los estatutos completos.

De los estatutos surge que además de los tres votos clásicos de las órdenes religiosas (de pobreza, de castidad y de obediencia) los Legionarios profesaban otros dos votos - más un tercero llamado "de fidelidad y caridad" para los miembros selectos de la Congregación - que prohibían cualquier tipo de crítica y contemporáneamente obligaban a denunciar ante los superiores a los cofrades que hubiesen sido vistos violando la prohibición.

Estos votos añadidos habrían sido abolidos en el año 2007por orden de la Santa Sede. Pero no consta que al cuerpo de los Legionarios le haya sido notificada esta revocación.
En la Congregación fundada por Maciel, no son siempre perceptibles los límites entre el espíritu de obediencia y el espíritu de sumisión.

Entre los Legionarios, la competencia alentada por las reglas es entre quien alcanza a hacer más prosélitos. Y el novicio ingresa inmediatamente en una maquinaria colectiva que absorbe completamente su individualidad. Todo está controlado y regulado meticulosamente, dentro de una selva de limitaciones: desde el correo personal hasta las lecturas, desde las visitas hasta los viajes.

En los ocho meses que duró la visita apostólica, este control fue alentado sólo en parte. Algunos sacerdotes han denunciado a los visitadores las cosas que consideraban erróneas.Otros abandonaron la Congregación y se han incardinado en el clero diocesano. Otros han permanecido presos de la herencia de Maciel. Otros se encuentran como perturbados. Por último, otros todavía tienen confianza en el renacimiento sobre nuevas bases de una Congregación religiosa que es parte de sus vidas y a la que siguen amando.

Sandro Magister es vaticanista del semanario italiano L’Espresso y uno de los analistas más importantes de los acontecimientos eclesiales.






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La Legión espera un nuevo general. Y tiembla
Un comisario nombrado por el Vaticano tomará el mando de los Legionarios de Cristo, huérfanos de su fundador Marcial Maciel, envuelto en escándalos. Es el desenlace previsible de ocho meses de averiguaciones. Se deberán cambiar muchas cosas, incluidos los actuales jefes 

por Sandro Magister




http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/1342498?sp=y


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CARTA PASTORAL
DEL SANTO PADRE
BENEDICTO XVI
A LOS CATÓLICOS DE IRLANDA 





Traducción no oficial

1. Queridos hermanos y hermanas de la Iglesia en Irlanda, os escribo con gran preocupación como Pastor de la Iglesia universal. Al igual que vosotros estoy profundamente consternado por las noticias concernientes al abuso de niños y jóvenes indefensos por parte de miembros de la Iglesia en Irlanda, especialmente sacerdotes y religiosos. Comparto la desazón y el sentimiento de traición que muchos de vosotros experimentaron al enterarse de esos actos pecaminosos y criminales y del modo en que fueron afrontados por las autoridades de la Iglesia en Irlanda.

Como sabéis, invité hace poco a los obispos de Irlanda a una reunión en Roma para que informasen sobre cómo abordaron esas cuestiones en el pasado e indicasen los pasos que habían dado para hacer frente a una situación tan grave. Junto con algunos altos prelados de la Curia Romana escuché lo que tenían que decir, tanto individualmente como en grupo, sea sobre el análisis de los errores cometidos y las lecciones aprendidas, que sobre la descripción de los programas y procedimientos actualmente en curso. Nuestras discusiones fueron francas y constructivas. Estoy seguro de que, como resultado, los obispos están ahora en una posición más fuerte para continuar la tarea de reparar las injusticias del pasado y de abordar cuestiones más amplias relacionadas con el abuso de los niños de manera conforme con las exigencias de la justicia y las enseñanzas del Evangelio.

2. Por mi parte, teniendo en cuenta la gravedad de estos delitos y la respuesta a menudo inadecuada que han recibido por parte de las autoridades eclesiásticas de vuestro país, he decidido escribir esta carta pastoral para expresaros mi cercanía, y proponeros un camino de curación, renovación y reparación.

Es verdad, como han observado muchas personas en vuestro país, que el problema de abuso de menores no es específico de Irlanda o de la Iglesia. Sin embargo, la tarea que tenéis ahora por delante es la de hacer frente al problema de los abusos ocurridos dentro de la comunidad católica de Irlanda y de hacerlo con coraje y determinación. Que nadie se imagine que esta dolorosa situación se resuelva pronto. Se han dado pasos positivos pero todavía queda mucho por hacer. Necesitamos perseverancia y oración, con gran fe en la fuerza salvadora de la gracia de Dios.

Al mismo tiempo, debo también expresar mi convicción de que para recuperarse de esta dolorosa herida, la Iglesia en Irlanda, debe reconocer en primer lugar ante Dios y ante los demás, los graves pecados cometidos contra niños indefensos. Ese reconocimiento, junto con un sincero pesar por el daño causado a las víctimas y sus familias, debe desembocar en un esfuerzo conjunto para garantizar que en el futuro los niños estén protegidos de semejantes delitos.

Mientras os enfrentáis a los retos de este momento, os pido que recordéis la "roca de la que fuisteis tallados" (Isaías 51, 1). Reflexionad sobre la generosa y a menudo heroica contribución ofrecida a la Iglesia y a la humanidad por generaciones de hombres y mujeres irlandeses, y haced que de esa reflexión brote el impulso para un honesto examen de conciencia personal y para un sólido programa de renovación de la Iglesia y el individuo. Rezo para que, asistida por la intercesión de sus numerosos santos y purificada por la penitencia, la Iglesia en Irlanda supere esta crisis y vuelve a ser una vez más testimonio convincente de la verdad y la bondad de Dios Todopoderoso, que se manifiesta en su Hijo Jesucristo.

3. A lo largo de la historia, los católicos irlandeses han demostrado ser, tanto en su patria como fuera de ella, una fuerza motriz del bien. Monjes celtas como San Columba difundieron el evangelio en Europa occidental y sentaron las bases de la cultura monástica medieval. Los ideales de santidad, caridad y sabiduría trascendente, nacidos de la fe cristiana, quedaron plasmados en la construcción de iglesias y monasterios y en la creación de escuelas, bibliotecas y hospitales, que contribuyeron a consolidar la identidad espiritual de Europa. Aquellos misioneros irlandeses debían su fuerza y su inspiración a la firmeza de su fe, al fuerte liderazgo y a la rectitud moral de la Iglesia en su tierra natal.

A partir del siglo XVI, los católicos en Irlanda atravesaron por un largo período de persecución, durante el cual lucharon por mantener viva la llama de la fe en circunstancias difíciles y peligrosas. San Oliver Plunkett, mártir y arzobispo de Armagh, es el ejemplo más famoso de una multitud de valerosos hijos e hijas de Irlanda dispuestos a dar su vida por la fidelidad al Evangelio. Después de la Emancipación Católica, la Iglesia fue libre de nuevo para volver a crecer. Las familias y un sinfín de personas que habían conservado la fe en el momento de la prueba se convirtieron en la chispa de un gran renacimiento del catolicismo irlandés en el siglo XIX. La Iglesia escolarizaba, especialmente a los pobres, lo que supuso una importante contribución a la sociedad irlandesa. Entre los frutos de las nuevas escuelas católicas se cuenta el aumento de las vocaciones: generaciones de sacerdotes misioneros, hermanas y hermanos, dejaron su patria para servir en todos los continentes, sobre todo en mundo de habla inglesa. Eran excepcionales, no sólo por la vastedad de su número, sino también por la fuerza de la fe y la solidez de su compromiso pastoral. Muchas diócesis, especialmente en África, América y Australia, se han beneficiado de la presencia de clérigos y religiosos irlandeses, que predicaron el Evangelio y fundaron parroquias, escuelas y universidades, clínicas y hospitales, abiertas tanto a los católicos, como al resto de la sociedad, prestando una atención particular a las necesidades de los pobres.

En casi todas las familias irlandesas, ha habido siempre alguien —un hijo o una hija, una tía o un tío— que dieron sus vidas a la Iglesia. Con razón, las familias irlandesas tienen un gran respeto y afecto por sus seres queridos que dedicaron la vida a Cristo, compartiendo el don de la fe con los demás y traduciéndola en acciones sirviendo con amor a Dios y al prójimo.

4. En las últimas décadas, sin embargo, la Iglesia en vuestro país ha tenido que enfrentarse a nuevos y graves retos para la fe debidos a la rápida transformación y secularización de la sociedad irlandesa. El cambio social ha sido muy veloz y a menudo ha repercutido adversamente en la tradicional adhesión de las personas a las enseñanzas y valores católicos. Asimismo , las prácticas sacramentales y devocionales que sustentan la fe y la hacen crecer, como la confesión frecuente, la oración diaria y los retiros anuales se dejaron, con frecuencia, de lado.

También fue significativa en este período la tendencia, incluso por parte de los sacerdotes y religiosos, a adoptar formas de pensamiento y de juicio de la realidad secular sin referencia suficiente al Evangelio. El programa de renovación propuesto por el Concilio Vaticano II fue a veces mal entendido y, además, a la luz de los profundos cambios sociales que estaban teniendo lugar, no era nada fácil discernir la mejor manera de realizarlo. En particular, hubo una tendencia, motivada por buenas intenciones, pero equivocada, de evitar los enfoques penales de las situaciones canónicamente irregulares. En este contexto general debemos tratar de entender el inquietante problema de abuso ooo de niños, que ha contribuido no poco al debilitamiento de la fe y la pérdida de respeto por la Iglesia y sus enseñanzas.

Sólo examinando cuidadosamente los numerosos elementos que han dado lugar a la crisis actual es posible efectuar un diagnóstico claro de las causas y encontrar las soluciones eficaces. Ciertamente, entre los factores que han contribuido a ella, podemos enumerar: los procedimientos inadecuados para determinar la idoneidad de los candidatos al sacerdocio y a la vida religiosa, la insuficiente formación humana, moral, intelectual y espiritual en los seminarios y noviciados, la tendencia de la sociedad a favorecer al clero y otras figuras de autoridad y una preocupación fuera de lugar por el buen nombre de la Iglesia y por evitar escándalos cuyo resultado fue la falta de aplicación de las penas canónicas en vigor y de la salvaguardia de la dignidad de cada persona. Es necesaria una acción urgente para contrarrestar estos factores, que han tenido consecuencias tan trágicas para la vida de las víctimas y sus familias y han obscurecido tanto la luz del Evangelio, como no lo habían hecho siglos de persecución.

5. En varias ocasiones, desde mi elección a la Sede de Pedro, me he encontrado con víctimas de abusos ooo y estoy dispuesto a seguir haciéndolo en futuro. He hablado con ellos, he escuchado sus historias, he constatado su sufrimiento, he rezado con ellos y por ellos. Anteriormente en mi pontificado, preocupado por abordar esta cuestión, pedí a los obispos de Irlanda, durante la visita ad limina de 2006 que "establecieran la verdad de lo ocurrido en el pasado y tomasen todas las medidas necesarias para evitar que sucediera de nuevo, para asegurar que los principios de justicia sean plenamente respetados y, sobre todo, para curar a las víctimas y a todos los afectados por estos crímenes atroces" (Discurso a los obispos de Irlanda, el 28 de octubre de 2006).

Con esta carta, quiero exhortaros a todos vosotros, como pueblo de Dios en Irlanda, a reflexionar sobre las heridas infligidas al cuerpo de Cristo, los remedios necesarios y a veces dolorosos, para vendarlas y curarlas , y la necesidad de la unidad, la caridad y la ayuda mutua en el largo proceso de recuperación y renovación eclesial. Me dirijo ahora a vosotros con palabras que me salen del corazón, y quiero hablar a cada uno de vosotros y a todos vosotros como hermanos y hermanas en el Señor.

6. A las víctimas de abusos y a sus familias

Habéis sufrido inmensamente y me apesadumbra tanto. Sé que nada puede borrar el mal que habéis soportado. Vuestra confianza ha sido traicionada y violada vuestra dignidad. Muchos de vosotros han experimentado que cuando tuvieron el valor suficiente para hablar de lo que les había pasado, nadie quería escucharlos. Aquellos que sufrieron abusos en los internados deben haber sentido que no había manera de escapar de su dolor. Es comprensible que os sea difícil perdonar o reconciliaros con la Iglesia. En su nombre, expreso abiertamente la vergüenza y el remordimiento que sentimos todos. Al mismo tiempo, os pido que no perdáis la esperanza. En la comunión con la Iglesia es donde nos encontramos con la persona de Jesucristo, que fue Él mismo una víctima de la injusticia y el pecado. Como vosotros aún lleva las heridas de su sufrimiento injusto. Él entiende la profundidad de vuestro dolor y la persistencia de su efecto en vuestras vidas y vuestras relaciones con los demás, incluyendo vuestra relación con la Iglesia.

Sé que a algunos de vosotros les resulta difícil incluso entrar en una iglesia después de lo que ha sucedido. Sin embargo, las heridas de Cristo, transformadas por su sufrimiento redentor, son los instrumentos que han roto el poder del mal y nos hacen renacer a la vida y la esperanza. Creo firmemente en el poder curativo de su amor sacrificial —incluso en las situaciones más oscuras y desesperadas— que libera y trae la promesa de un nuevo comienzo.

Al dirigirme a vosotros como un pastor, preocupado por el bienestar de todos los hijos de Dios, os pido humildemente que reflexionéis sobre lo que he dicho. Ruego que, acercándoos a Cristo y participando en la vida de su Iglesia — una Iglesia purificada por la penitencia y renovada en la caridad pastoral — podáis descubrir de nuevo el amor infinito de Cristo por cada uno de vosotros. Estoy seguro de que de esta manera seréis capaces de encontrar reconciliación, profunda curación interior y paz.

7. A los sacerdotes y religiosos que han abusado de niños

Habéis traicionado la confianza depositada en vosotros por jóvenes inocentes y por sus padres. Debéis responder de ello ante Dios Todopoderoso y ante los tribunales debidamente constituidos. Habéis perdido la estima de la gente de Irlanda y arrojado vergüenza y deshonor sobre vuestros semejantes. Aquellos de vosotros que son sacerdotes han violado la santidad del sacramento del Orden, en el que Cristo mismo se hace presente en nosotros y en nuestras acciones. Junto con el inmenso daño causado a las víctimas, un daño enorme se ha hecho a la Iglesia y a la percepción pública del sacerdocio y de la vida religiosa.

Os exhorto a examinar vuestra conciencia, a asumir la responsabilidad de los pecados que habéis cometido y a expresar con humildad vuestro pesar. El arrepentimiento sincero abre la puerta al perdón de Dios y a la gracia de la verdadera enmienda.

Debéis tratar de expiar personalmente vuestras acciones ofreciendo oraciones y penitencias por aquellos que habéis ofendido. El sacrificio redentor de Cristo tiene el poder de perdonar incluso el más grave de los pecados y extraer el bien incluso del más terrible de los males. Al mismo tiempo, la justicia de Dios nos llama a dar cuenta de nuestras acciones sin ocultar nada. Admitid abiertamente vuestra culpa, someteos a las exigencias de la justicia, pero no desesperéis de la misericordia de Dios.

8. A los padres

Os habéis sentido profundamente indignados y conmocionados al conocer los hechos terribles que sucedían en lo que debía haber sido el entorno más seguro para todos. En el mundo de hoy no es fácil construir un hogar y educar a los hijos. Se merecen crecer con seguridad, cariño y amor, con un fuerte sentido de su identidad y su valor. Tienen derecho a ser educados en los auténticos valores morales enraizados en la dignidad de la persona humana, a inspirarse en la verdad de nuestra fe católica y a aprender los patrones de comportamiento y acción que lleven a la sana autoestima y la felicidad duradera. Esta tarea noble pero exigente está confiada en primer lugar a vosotros, padres. Os invito a desempeñar vuestro papel para garantizar a los niños los mejores cuidados posibles, tanto en el hogar como en la sociedad en general, mientras la Iglesia, por su parte, sigue aplicando las medidas adoptadas en los últimos años para proteger a los jóvenes en los ambientes parroquiales y escolares. Os aseguro que estoy cerca de vosotros y os ofrezco el apoyo de mis oraciones mientras cumplís vuestras grandes responsabilidades

9. A los niños y jóvenes de Irlanda

Quiero dirigiros una palabra especial de aliento. Vuestra experiencia de la Iglesia es muy diferente de la de vuestros padres y abuelos. El mundo ha cambiado desde que ellos tenían vuestra edad. Sin embargo, todas las personas, en cada generación están llamadas a recorrer el mismo camino durante la vida, cualesquiera que sean las circunstancias. Todos estamos escandalizados por los pecados y errores de algunos miembros de la Iglesia, en particular de los que fueron elegidos especialmente para guiar y servir a los jóvenes. Pero es en la Iglesia donde encontraréis a Jesucristo que es el mismo ayer, hoy y siempre (cf. Hb 13, 8). Él os ama y se entregó por vosotros en la cruz. ¡Buscad una relación personal con Él dentro de la comunión de su Iglesia, porque él nunca traicionará vuestra confianza! Sólo Él puede satisfacer vuestros anhelos más profundos y dar pleno sentido a vuestras vidas, orientándolas al servicio de los demás. Mantened vuestra mirada fija en Jesús y su bondad y proteged la llama de la fe en vuestros corazones. Espero en vosotros para que, junto con vuestros hermanos católicos en Irlanda, seáis fieles discípulos de nuestro Señor y aportéis el entusiasmo y el idealismo tan necesarios para la reconstrucción y la renovación de nuestra amada Iglesia.

10. A los sacerdotes y religiosos de Irlanda

Todos nosotros estamos sufriendo las consecuencias de los pecados de nuestros hermanos que han traicionado una obligación sagrada o no han afrontado de forma justa y responsable las denuncias de abusos. A la luz del escándalo y la indignación que estos hechos han causado, no sólo entre los fieles laicos, sino también entre vosotros y vuestras comunidades religiosas, muchos os sentís desanimados e incluso abandonados. Soy también consciente de que a los ojos de algunos aparecéis tachados de culpables por asociación, y de que os consideran como si fuerais de alguna forma responsable de los delitos de los demás. En este tiempo de sufrimiento, quiero dar acto de vuestra dedicación cómo sacerdotes y religiosos y de vuestro apostolado, y os invito a reafirmar vuestra fe en Cristo, vuestro amor por su Iglesia y vuestra confianza en las promesas evangélicas de la redención, el perdón y la renovación interior. De esta manera, podréis demostrar a todos que donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia (cf. Rm 5, 20).

Sé que muchos estáis decepcionados, desconcertados y encolerizados por la manera en que algunos de vuestros superiores abordaron esas cuestiones. Sin embargo, es esencial que cooperéis estrechamente con los que ostentan la autoridad y colaboréis en garantizar que las medidas adoptadas para responder a la crisis sean verdaderamente evangélicas, justas y eficaces. Por encima de todo, os pido que seáis cada vez más claramente hombres y mujeres de oración, que siguen con valentía el camino de la conversión, la purificación y la reconciliación. De esta manera, la Iglesia en Irlanda cobrará nueva vida y vitalidad gracias a vuestro testimonio del poder redentor de Dios que se hace visible en vuestras vidas.

11. A mis hermanos, los obispos

No se puede negar que algunos de vosotros y de vuestros predecesores han fracasado, a veces lamentablemente, a la hora de aplicar las normas, codificadas desde hace largo tiempo, del derecho canónico sobre los delitos de abusos de niños. Se han cometido graves errores en la respuesta a las acusaciones. Reconozco que era muy difícil comprender la magnitud y la complejidad del problema, obtener información fiable y tomar decisiones adecuadas en función de los pareceres contradictorios de los expertos. No obstante, hay que reconocer que se cometieron graves errores de juicio y hubo fallos de dirección. Todo esto ha socavado gravemente vuestra credibilidad y eficacia. Aprecio los esfuerzos llevados a cabo para remediar los errores del pasado y para garantizar que no vuelvan a ocurrir. Además de aplicar plenamente las normas del derecho canónico concernientes a los casos de abusos de niños, seguid cooperando con las autoridades civiles en el ámbito de su competencia. Está claro que los superiores religiosos deben hacer lo mismo. También ellos participaron en las recientes reuniones en Roma con el propósito de establecer un enfoque claro y coherente de estas cuestiones. Es imperativo que las normas de la Iglesia en Irlanda para la salvaguardia de los niños sean constantemente revisadas y actualizadas y que se apliquen plena e imparcialmente, en conformidad con el derecho canónico.

Sólo una acción decisiva llevada a cabo con total honestidad y transparencia restablecerá el respeto y el afecto del pueblo irlandés por la Iglesia a la que hemos consagrado nuestras vidas. Hay que empezar, en primer lugar, por vuestro examen de conciencia personal, la purificación interna y la renovación espiritual. El pueblo de Irlanda, con razón, espera que seáis hombres de Dios, que seáis santos, que viváis con sencillez, y busquéis día tras día la conversión personal. Para ellos, en palabras de San Agustín, sois un obispo, y sin embargo, con ellos estáis llamados a ser un discípulo de Cristo (cf. Sermón 340, 1). Os exhorto a renovar vuestro sentido de responsabilidad ante Dios, para crecer en solidaridad con vuestro pueblo y profundizar vuestra atención pastoral con todos los miembros de vuestro rebaño. En particular, preocupaos por la vida espiritual y moral de cada uno de vuestros sacerdotes. Servidles de ejemplo con vuestra propia vida, estad cerca de ellos, escuchad sus preocupaciones, ofrecedles aliento en este momento de dificultad y alimentad la llama de su amor por Cristo y su compromiso al servicio de sus hermanos y hermanas.

Asimismo, hay que alentar a los laicos a que desempeñen el papel que les corresponde en la vida de la Iglesia. Aseguraos de su formación para que puedan, articulada y convincentemente, dar razón del Evangelio en medio de la sociedad moderna (cf. 1 P 3, 15), y cooperen más plenamente en la vida y misión de la Iglesia. Esto, a su vez, os ayudará a volver a ser guías y testigos creíbles de la verdad redentora de Cristo.

12. A todos los fieles de Irlanda

La experiencia de un joven en la Iglesia debería siempre fructificar en su encuentro personal y vivificador con Jesucristo, dentro de una comunidad que lo ama y lo sustenta. En este entorno, habría que animar a los jóvenes a alcanzar su plena estatura humana y espiritual, a aspirar a los altos ideales de santidad, caridad y verdad y a inspirarse en la riqueza de una gran tradición religiosa y cultural. En nuestra sociedad cada vez más secularizada en la que incluso los cristianos a menudo encuentran difícil hablar de la dimensión trascendente de nuestra existencia, tenemos que encontrar nuevas modos para transmitir a los jóvenes la belleza y la riqueza de la amistad con Jesucristo en la comunión de su Iglesia. Para resolver la crisis actual, las medidas que contrarresten adecuadamente los delitos individuales son esenciales pero no suficientes: hace falta una nueva visión que inspire a la generación actual y a las futuras generaciones a atesorar el don de nuestra fe común. Siguiendo el camino indicado por el Evangelio, observando los mandamientos y conformando vuestras vidas cada vez más a la figura de Jesucristo, experimentaréis con seguridad la renovación profunda que necesita con urgencia nuestra época . Invito a todos a perseverar en este camino.

13. Queridos hermanos y hermanas en Cristo, profundamente preocupado por todos vosotros en este momento de dolor, en que la fragilidad de la condición humana se revela tan claramente, os he querido ofrecer palabras de aliento y apoyo. Espero que las aceptéis como un signo de mi cercanía espiritual y de mi confianza en vuestra capacidad para afrontar los retos del momento actual, recurriendo, como fuente de renovada inspiración y fortaleza a las nobles tradiciones de Irlanda de fidelidad al Evangelio, perseverancia en la fe y determinación en la búsqueda de la santidad. En solidaridad con todos vosotros, ruego con insistencia para que, con la gracia de Dios, las heridas inflingidas a tantas personas y familias puedan curarse y para que la Iglesia en Irlanda experimente una época de renacimiento y renovación espiritual

14. Quisiera proponer, además, algunas medidas concretas para abordar la situación.

Al final de mi reunión con los obispos de Irlanda, les pedí que la Cuaresma de este año se considerase un tiempo de oración para la efusión de la misericordia de Dios y de los dones de santidad y fortaleza del Espíritu Santo sobre la Iglesia en vuestro país. Ahora os invito a todos a ofrecer durante un año, desde ahora hasta la Pascua de 2011, la penitencia de los viernes para este fin. Os pido que ofrezcáis el ayuno, las oraciones, la lectura de la Sagrada Escritura y las obras de misericordia por la gracia de la curación y la renovación de la Iglesia en Irlanda. Os animo a redescubrir el sacramento de la Reconciliación y a utilizar con más frecuencia el poder transformador de su gracia.

Hay que prestar también especial atención a la adoración eucarística, y en cada diócesis debe haber iglesias o capillas específicamente dedicadas a ello. Pido a las parroquias, seminarios, casas religiosas y monasterios que organicen períodos de adoración eucarística, para que todos tengan la oportunidad de participar. Mediante la oración ferviente ante la presencia real del Señor, podéis cumplir la reparación por los pecados de abusos que han causado tanto daño y al mismo tiempo, implorar la gracia de una fuerza renovada y un sentido más profundo de misión por parte de todos los obispos, sacerdotes, religiosos y fieles.

Estoy seguro de que este programa conducirá a un renacimiento de la Iglesia en Irlanda en la plenitud de la verdad de Dios, porque la verdad nos hace libres (cf. Jn 8, 32).

Además, después de haber rezado y consultado sobre el tema, tengo la intención de convocar una Visita Apostólica en algunas diócesis de Irlanda, así como en los seminarios y congregaciones religiosas. La visita tiene por objeto ayudar a la Iglesia local en su camino de renovación y se establecerá en cooperación con las oficinas competentes de la Curia Romana y de la Conferencia Episcopal Irlandesa. Los detalles serán anunciados en su debido momento.

También propongo que se convoque una misión a nivel nacional para todos los obispos, sacerdotes y religiosos. Espero que gracias a los conocimientos de predicadores expertos y organizadores de retiros en Irlanda, y en otros lugares , mediante la revisión de los documentos conciliares, los ritos litúrgicos de la ordenación y profesión, y las recientes enseñanzas pontificias, lleguéis a una valoración más profunda de vuestras vocaciones respectivas, a fin de redescubrir las raíces de vuestra fe en Jesucristo y de beber a fondo en las fuentes de agua viva que os ofrece a través de su Iglesia.

En este año dedicado a los sacerdotes, os propongo de forma especial la figura de San Juan María Vianney, que tenía una rica comprensión del misterio del sacerdocio. "El sacerdote —escribió— tiene la llave de los tesoros de los cielos: es el que abre la puerta, es el mayordomo del buen Dios, el administrador de sus bienes." El cura de Ars entendió perfectamente la gran bendición que supone para una comunidad un sacerdote bueno y santo: “Un buen pastor, un pastor conforme al corazón de Dios es el tesoro más grande que Dios puede dar a una parroquia y uno de los más preciosos dones de la misericordia divina ".Que por la intercesión de San Juan María Vianney se revitalice el sacerdocio en Irlanda y toda la Iglesia en Irlanda crezca en la estima del gran don del ministerio sacerdotal.

Aprovecho esta oportunidad para dar las gracias anticipadamente a todos aquellos que ya están dedicados a la tarea de organizar la Visita Apostólica y la Misión, así como a los muchos hombres y mujeres en toda Irlanda que ya están trabajando para proteger a los niños en los ambientes eclesiales. Desde el momento en que se comenzó a entender plenamente la gravedad y la magnitud del problema de los abusos ooo de niños en instituciones católicas, la Iglesia ha llevado a cabo una cantidad inmensa de trabajo en muchas partes del mundo para hacerle frente y ponerle remedio. Si bien no se debe escatimar ningún esfuerzo para mejorar y actualizar los procedimientos existentes, me anima el hecho de que las prácticas vigentes de tutela, adoptadas por las iglesias locales, se consideran en algunas partes del mundo, un modelo para otras instituciones.

Quiero concluir esta carta con una Oración especial por la Iglesia en Irlanda, que os dejo con la atención que un padre presta a sus hijos y el afecto de un cristiano como vosotros, escandalizado y herido por lo que ha ocurrido en nuestra querida Iglesia. Cuando recéis esta oración en vuestras familias, parroquias y comunidades, la Santísima Virgen María os proteja y guíe a cada uno de vosotros a una unión más estrecha con su Hijo, crucificado y resucitado. Con gran afecto y confianza inquebrantable en las promesas de Dios, os imparto a todos mi bendición apostólica como prenda de fortaleza y paz en el Señor.

Desde el Vaticano, 19 de marzo de 2010, Solemnidad de San José,



BENEDICTUS PP. XVI



ORACIÓN POR LA IGLESIA EN IRLANDA



Dios de nuestros padres,
renuévanos en la fe que es nuestra vida y salvación,
en la esperanza que promete el perdón y la renovación interior,
en la caridad que purifica y abre nuestros corazones
en tu amor , y a través de ti en el amor de todos nuestros hermanos y hermanas.

Señor Jesucristo,
Que la Iglesia en Irlanda renueve su compromiso milenario
en la formación de nuestros jóvenes en el camino de la verdad, la bondad, la santidad y el servicio generoso a la sociedad.

Espíritu Santo, consolador, defensor y guía,
inspira una nueva primavera de santidad y entrega apostólica
para la Iglesia en Irlanda.

Que nuestro dolor y nuestras lágrimas,
nuestro sincero esfuerzo para enderezar los errores del pasado
y nuestro firme propósito de enmienda,
den una cosecha abundante de gracia
para la profundización de la fe
en nuestras familias, parroquias, escuelas y asociaciones,
para el progreso espiritual de la sociedad irlandesa,
y el crecimiento de la caridad. la justicia, la alegría y la paz en toda la familia humana.

A ti, Trinidad,
con plena confianza en la protección de María,
Reina de Irlanda, Madre nuestra,
y de San Patricio, Santa Brígida y todos los santos,
nos confiamos nosotros mismos, nuestros hijos,
y confiamos las necesidades de la Iglesia en Irlanda.

http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/letters/2010/documents/hf_ben-xvi_let_20100...


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Semejanzas y diferencias entre san Josemaría Escrivá y el padre Marcial Maciel 

Josef Knecht, 5 de mayo de 2010

A propósito del reciente comunicado de la Santa Sede (sábado, 1 de mayo de 2010) sobre los Legionarios de Cristo, desearía presentar algunas consideraciones personales para ponerlas en diálogo y discusión con otros usuarios de Opuslibros.

1. Un recuerdo de mi vida pasada.

Tras leer ese comunicado, me ha venido a la memoria un vago recuerdo de mis años de pertenencia como numerario del Opus Dei. Allá por el año 1997 se leyó en el círculo breve de mi Centro una nota interna –no recuerdo si provenía del Consejo General o de la Comisión Regional de España–, en la que los directores del Opus Dei se quejaban de que los Legionarios de Cristo se comportaban mal en sus relaciones con el Opus por dos motivos: 1º) copiaban métodos formativos y técnicas proselitistas del Opus; 2º) interferían, entrando en competencia, en el mismo terreno apostólico de la Obra. En definitiva, aquella nota interna venía a decir, en tono de protesta y lamento, que los Legionarios de Cristo, imitando a la Obra, hacían un “Opus Dei light” que resultaba atractivo a muchos católicos conservadores, hasta el punto de que éstos preferían ingresar en la Legión de Cristo en vez de incorporarse al Opus Dei o bien preferían ayudar económicamente a la primera institución y no a la segunda...

Pasados ya varios años desde que escuché la lectura en voz alta de aquella nota, que luego no leí (no me la dejaron leer), me quedo con la idea, verdaderamente interesante, de que el padre Marcel Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, imitaba aspectos de la espiritualidad y de la técnica apostólica del Opus Dei.

2. Defensa de la verdad y deseo de transparencia por parte de la Santa Sede.
Volviendo al reciente comunicado de la Santa Sede sobre los Legionarios de Cristo, que contiene las determinaciones tomadas por el papa Benedicto XVI tras las reuniones mantenidas entre el 30 de abril y el 1 de mayo de 2010 en el Vaticano por los visitadores apostólicos que investigaron durante varios meses la congregación de los Legionarios de Cristo, debo confesar que ese comunicado me ha causado un serio impacto. Quisiera aquí resaltar una frase del punto 4. del documento, con la que estoy de acuerdo: “De los resultados de la visita apostólica han surgido con claridad estos elementos entre otros: (…) la necesidad de revisar el ejercicio de la autoridad, que debe estar unida a la verdad, para respetar la conciencia y desarrollarse a la luz del Evangelio como auténtico servicio eclesial (…)”. Tomo este párrafo –y su acertada defensa de la verdad y de la libertad de las conciencias– como punto de partida de mis reflexiones.
El problema planteado a la Iglesia católica por el padre Marcial Maciel Degollado (1920-2008) no se limita a que llevara una vida inmoral e incluso delictiva, sino que incluye otras dimensiones de mucho mayor calado. Es de todos sabido que la Iglesia está compuesta por pecadores; aquí yace justamente el misterio y el milagro: que durante dos mil años esa misma Iglesia, “oscura, pero hermosa” (como dice el Cantar de los Cantares), compuesta por pecadores, ha sido camino de salvación para los pecadores (que todos lo somos). El problema del padre Maciel radica, más bien, en que durante varios decenios su comportamiento facineroso fue sutilmente ocultado no sólo por el entramado institucional de su propia fundación, sino también por la cúpula del gobierno de la Iglesia en el largo pontificado de Juan Pablo II (1978-2005). ¡Este es en realidad el problema! La actitud encubridora de la Iglesia ante casos de sacerdotes pederastas y ante la doble vida del padre Marcel Maciel es lo que solivianta a tantos hombres y mujeres de buena voluntad, creyentes y no creyentes. Esto es lo que se reprocha a la Iglesia católica, no el hecho de que esté compuesta de pecadores, pues, insisto, todos lo somos: rien de rien, como cantó Édith Piaf.

Por el contrario, el decidido empeño de Benedicto XVI de esclarecer la verdad acerca de la vida interna de los Legionarios de Cristo, reconociendo sus luces y sus sombras, merece toda mi aprobación. También me agrada que exija total transparencia en el caso de aquellos sacerdotes pedófilos que deben ajustar cuentas ante la justicia eclesiástica y la civil.

3. Semejanzas y diferencias entre los Legionarios de Cristo y el Opus Dei.
Esa actitud de encubrimiento de la verdad y de la realidad de la vida interna de una institución de la Iglesia Católica, como es la congregación de los Legionarios de Cristo, me ha evocado la constatación de semejanzas y diferencias entre el Opus Dei y los Legionarios de Cristo.

3.1. Comienzo señalando algunas semejanzas.

3.1.1. En ambas instituciones se ha creado el mito del fundador carismático. En el caso del padre Maciel, su verdadera vida “era desconocida para gran parte de los Legionarios, sobre todo por el sistema de relaciones entretejido por el padre Maciel, quien hábilmente había sabido crearse pretextos, ganarse la confianza, amistad y silencio de los que le rodeaban y reforzar su propio papel de fundador carismático. En ocasiones, un lamentable descrédito y alejamiento de cuantos dudaban de su recto comportamiento, así como la errada convicción de no querer dañar el bien que la Legión estaba realizando, habían creado a su alrededor un mecanismo de defensa que le permitió ser inatacable durante mucho tiempo, haciendo que, por consiguiente, fuera muy difícil conocer su vida” (nº 2 del comunicado de la Santa Sede del 1.05.2010). En el caso del padre Escrivá, su verdadera personalidad nos es desconocida aún hoy en día, ya que el mito de san Josemaría la oculta. En Opuslibros se ha denunciado varias veces que monseñor Escrivá de Balaguer, Marqués de Peralta, estaba afectado por una megalomanía paranoica que fue debidamente camuflada por la institución presentándolo como un santo ejemplar. Todavía está pendiente de realizar un estudio científico de la personalidad de Josemaría Escrivá (1902-1975), pues hasta el momento presente sólo se han escrito hagiografías.

3.1.2. Ambas instituciones se rigen en su respectiva vida interna mediante un esquema formativo y de gobierno que podría calificarse como de “guardería de adultos”. Se exige a sus miembros una sumisión infantil a cuanto provenga del santo fundador, carente de defectos y exultante de virtudes santas. En el caso de los Legionarios de Cristo, el padre Maciel impuso a los sacerdotes un “cuarto voto” –además de los votos de pobreza, obediencia y castidad–, consistente en no criticar lo más mínimo al fundador ni a los superiores. En el Opus Dei no existe ese voto, pero sí se inculca con contundencia en las conciencias que el peor pecado de un miembro del Opus es el de la falta de unidad con los directores y el de criticarlos. Con estas técnicas de infantilización moral no se pretende simplemente que la gente se calle las críticas, sino más bien que “no vea” los errores, pues éstos no pueden existir a la vista de quien, moralmente infantilizado, extirpa de raíz toda capacidad de análisis crítico, siendo así que éste es en realidad propio de cualquier adulto sano y normal, creyente o no creyente. Por eso se explica que “el celo sincero de la mayoría de los Legionarios (…) ha llevado a muchos en el pasado a retener que las acusaciones, que iban siendo cada vez más insistentes y se iban multiplicando, no podían ser más que calumnias. Por lo tanto, el descubrimiento y el conocimiento de la verdad acerca de su fundador ha provocado en los miembros de la Legión una sorpresa, desconcierto y profundo dolor, que los visitadores han evidenciado de diferentes maneras” (nº 3 del comunicado de la Santa Sede del 1.05.2010). A tenor de esta constatación, me permito apostillar que, si en la Iglesia Católica no se permitiera la existencia de “guarderías de adultos”, esta penosa situación no se hubiera dado.

3.1.3. Tanto los Legionarios de Cristo como el Opus Dei someten a sus miembros a un rígido control de las conciencias. En lo referente a la vida interna de los Legionarios de Cristo, así nos lo han recordado Isabel Caballero y Eugenia Jiménez en una nota del 3.05.2010. En cuanto al Opus Dei, ya sabemos que los directores no respetan, en su labor de gobierno y en el ejercicio de la dirección espiritual personal, la separación del fuero externo y el interno de los miembros de la Obra; sobre este tema me remito al artículo de Oráculo La libertad de las conciencias en el Opus Dei.

3.1.4. Tanto los Legionarios de Cristo como el Opus Dei han amasado cuantiosas sumas de dinero, con las que han conseguido mejorar, a base de generosos donativos, sus posiciones en la curia vaticana y así han logrado implantar con holgura sus proyectos de afianzamiento institucional y de expansión. A los Legionarios de Cristo se los ha llamado irónicamente los “Millonarios de Cristo”; la historia del Opus Dei también está caracterizada por casos de escándalos financieros. Sin embargo, aún está pendiente de una investigación profunda la cuestión de cómo ambas instituciones consiguen esas cantidades millonarias de dinero. En lo que se refiere a los Legionarios de Cristo, la revista estadounidense National Catholic Reporter advierte en un artículo reciente que el fundador de los Legionarios “corrompió” durante años a funcionarios y cardenales de la Curia romana con el fin de “comprar el apoyo para su congregación y la defensa para sí mismo en el caso de que su reprobable conducta fuese descubierta”. Y no es todo, esa publicación apuntó el dedo índice contra tres figuras clave de la Santa Sede, definiéndolos de alguna manera “protectores” de Maciel: se trata del cardenal español Eduardo Martínez Somalo, en esa época prefecto de la congregación para los religiosos, el entonces secretario de Estado y actual decano del Colegio cardenalicio, Ángelo Sodano, y el cardenal Stanislao Dziwisz, en aquel entonces monseñor y sobre todo secretario personal de Juan Pablo II.

En mi modesta opinión, no basta con considerar que el papa Juan Pablo II era un hombre tan bonachón e ingenuo que se dejó encandilar por las deslumbrantes figuras del padre Marcel Maciel y de don Álvaro del Portillo. Sí reconozco que entre el papa polaco y el sacerdote mexicano, por un lado, y entre el papa polaco y el sacerdote español, por otro lado, existiera una sintonía ideológica: los tres compartían una manera conservadora de entender el catolicismo. Pero, para comprender el rotundo apoyo que Juan Pablo II y la curia vaticana dieron a los Legionarios y al Opus, también ha de tenerse en cuenta al importante factor de las aportaciones económicas que ambas instituciones eclesiásticas entregaron a la Santa Sede desde el comienzo del pontificado de ese papa.

3.1.5. Tanto los Legionarios de Cristo como el Opus Dei han elaborado una inmaculada “versión oficial” de sus respectivas instituciones que les ha permitido situarse con comodidad tanto en los ambientes eclesiásticos como en la sociedad civil. Pero la verdad es que esa “versión oficial” no se corresponde con lo que realmente acaece en la vida interna de ambas instituciones. Gracias a la eficaz labor del papa Benedicto XVI, se ha desmantelado la versión oficial elaborada por el padre Maciel y sus colaboradores; pero no debemos olvidar que durante largos años la Santa Sede aceptó, apoyó y divulgó sin la debida acribia esas versiones oficiales, la de los Legionarios y la del Opus. Me pregunto si el periodista Joaquín Navarro Valls, que fue el portavoz del papa Juan Pablo II, colaboró en la tarea de ocultamiento de la doble vida del padre Maciel; me planteo la pregunta porque Navarro Valls, no sólo en calidad de miembro numerario de la Obra, sino también de experto periodista, domina todos los resortes que dan creíble verosimilitud a versiones oficiales, aunque no se correspondan con la realidad.

3.2. Hasta aquí he expuesto las cinco principales semejanzas, a mi modo de ver, entre los Legionarios de Cristo y el Opus Dei. En cuanto a las diferencias, me limito a dos.

3.2.1. La doble vida del padre Maciel estuvo caracterizada por una serie de inmoralidades, de ámbito ooo, que, al parecer, no se dieron en la vida del padre Escrivá. Los problemas de este último iban en la línea de una tremenda complejidad psicológica, esto es, una megalomanía paranoica, que ha sido heredada por las actuales estructuras de gobierno del Opus Dei. Por ello, los directores del Opus no se quedarán contentos hasta que sacien esa megalomanía consiguiendo que un papa proclame a san Josemaría Escrivá como Doctor de la Iglesia. La versión oficial de la Obra presenta a san Josemaría como un genio imponente de la espiritualidad cristiana y como el verdadero precedente del concilio Vaticano II (llamada universal a la santidad, plena responsabilidad de los laicos en la vida de la Iglesia, libertad personal de cada cristiano en las opciones temporales, la vida corriente como lugar normal del seguimiento de Cristo, santificación del trabajo, etcétera). Pocos personajes de la historia de la Iglesia (y, probablemente, de toda la humanidad) han tenido el privilegio de haber sido tan magnificados e “inflados” por sus sucesores como lo ha sido éste; hasta ahora los directores de la Obra ya han logrado que sea canonizado y, no satisfechos con ello, aspiran a que tarde o temprano se le confiera el título de Doctor de la Iglesia.

3.2.2. Otra diferencia entre ambos personajes es que el padre Escrivá ha sido canonizado oficialmente por la Iglesia, y el padre Maciel ni lo ha sido ni lo será. Ahora bien, no haber canonizado a Maciel se explica porque no se pudo llegar a tiempo para hacerlo, y, por tanto, el Vaticano, que no quiso enterarse en su momento de quién había sido realmente Escrivá, sí ha tenido tiempo de saber quién y cómo era en verdad Maciel. Además, no se puede negar que hubo deseos de canonizar a Maciel por parte de la cúpula que gobernó la Iglesia durante el pontificado del papa Juan Pablo II; un chiste que se solía contar en círculos clericales, cuando vivían el papa Juan Pablo II y el padre Maciel, decía así: “En el pontificado de Juan Pablo II se han realizado cuatro grandes beatificaciones, la del sacerdote polaco Maximiliano Kolbe, la del indito mexicano Juan Diego, a quien se apareció la Virgen de Guadalupe, la del sacerdote español Josemaría Escrivá y la del sacerdote mexicano Marcial Maciel. La beatificación de Kolbe se pudo hacer porque el papa le dispensó del requisito del milagro (según el Derecho Canónico, un mártir no necesita hacer milagros para ser beatificado ni canonizado); la beatificación del indito Juan Diego se pudo hacer porque el papa le dispensó de la existencia (y es que los historiadores dudan de que ese personaje existiera); la beatificación de Josemaría Escrivá se pudo hacer porque el papa le dispensó de la santidad; y la beatificación de Marcial Maciel se pudo hacer porque el papa le dispensó de la muerte”. Sin comentarios.

4. Propuestas prácticas de reforma de la Iglesia católica.

Retomo la idea del comienzo del presente escrito: los directores del Opus Dei constataban a finales del siglo XX que el padre Maciel imitaba para su institución aspectos de la espiritualidad y del apostolado de la Obra. Sin embargo, no sabría ahora mismo decir si Maciel imitó del Opus Dei la elaboración de una impecable “versión oficial” que ocultara su vida real, así como la habilidad de tejer un sistema de relaciones que le permitiera crearse pretextos, ganarse la confianza, amistad y silencio de los que le rodeaban y reforzar su propio papel carismático. Más bien me inclino a pensar que tanto Escrivá como Maciel adoptaron esa astuta actitud independientemente el uno del otro, siguiendo un patrón de comportamiento arraigado en el catolicismo de su época. Tengo la sincera impresión de que un defecto de la Iglesia católica de los siglos XIX y XX era –y todavía es– la capacidad de crear estructuras apostólicas basadas en una especie de “sobrenaturalismo” que al mismo tiempo ocultaba, maquillaba y edulcoraba la auténtica realidad de la vida humana. Ese falso sobrenaturalismo requiere como condición sine qua non para su debido arraigo e implantación que quienes lo asuman adopten el comportamiento vital característico de una “guardería de adultos”; si no fuera así, tal montaje pseudo-sobrenatural no se sostendría, pues un verdadero adulto no lo toleraría.

Me permito poner un ejemplo para mejor exponer la idea de lo que entiendo por “falso sobrenaturalismo”. En la tradición católica existe la arraigada costumbre de que, en no pocos santuarios en que se venera una imagen milagrosa de la Virgen María, se atesoran joyas de gran valor: coronas, pendientes, pulseras, anillos, mantos lujosos, etcétera. Pero, si leemos el Nuevo Testamento, nos daremos cuenta de que María de Nazaret, la Madre del Señor, vivió siempre con sencillez y pobreza; su riqueza consistía en una fe inquebrantable en la Palabra de Dios, que se cumplió plenamente en su vida: nada más y ¡nada menos! Esa devoción practicada en muchos santuarios marianos, aun distanciándose claramente de las enseñanzas del Nuevo Testamento, se basa en una defectuosa “teología de la gracia”, según la cual, mediante la construcción artificiosa de una sobrenaturaleza, que en esos santuarios se visibiliza con el oropel barroco de las joyas, el creyente se santifica. En mi opinión, tanto Escrivá como Maciel adolecían de ese error de la tradición católica, que no se da en la tradición cristiana protestante, y por eso crearon en torno suyo sendos montajes pseudo-sobrenaturales que los “santificaban” como si estuvieran adornados de coronas, joyas, pendientes, pulseras, anillos y mantos lujosos. Y en realidad eran hombres normales o, mejor dicho, no tan normales: megalómano el uno y facineroso el otro (rien de rien).

La profunda crisis que actualmente está atravesando la Iglesia católica sólo se resolverá si a ésta se le aplica una profunda reforma “tam in capite quam in membris”, es decir, “tanto en la cabeza como en los miembros (del Pueblo de Dios)”.

En cuanto a la reforma de la “cabeza del Pueblo de Dios”, me permito hacer a la curia vaticana una sugerencia concreta, pero importante. Cuando el Vaticano reciba generosos donativos de alguien, debería siempre preguntarse: “¿quién me los hace?, ¿qué pretende con esos donativos: servir desinteresadamente a la Iglesia o comprar mi voluntad?” Lamentablemente, el Vaticano ha dado a la opinión pública mundial la impresión de que, con ocasión de las donaciones que ha recibido del Opus Dei, de los Legionarios de Cristo y de otros, se ha dejado comprar su voluntad. Lo que para el Vaticano fue “pan para hoy” puede convertírsele en “hambre para mañana”; y así, por ejemplo, el apoyo incondicional que Juan Pablo II dio al padre Marcial Maciel podría repercutir negativamente contra su proceso de beatificación; es como si a Juan Pablo II le hubiera salido el tiro por la culata: del santo subito! se podría pasar pronto al rien de rien. Por eso opino que, a la hora de afrontar la urgente reforma que la Iglesia necesita, el Vaticano debería revisar su política de aceptación de donativos y de ingresos económicos, introduciendo en ese ámbito una transparencia total.

En cuanto a la reforma de los “miembros del Pueblo de Dios”, recuerdo que ésta ya se planteó debidamente en el concilio Vaticano II (1962-1965) e implica, entre otras cosas, erradicar de las mentes de muchos católicos la corruptela de pensar que, recubriéndose de oropeles sobrenaturalizoides, ya se es santo, cuando, por el contrario, la santidad se alcanza en el cumplimiento de la Palabra de Dios en la vida personal. Más que de corruptela habría que calificar esta errónea tendencia como de una “estructura de pecado” que desgraciadamente se ha infiltrado en la tradición católica desde hace siglos. Esta “estructura pecaminosa” lleva consigo el hecho de actuar de la siguiente manera: 1) creación del mito de fundador carismático, 2) trato infantil de los católicos como si de una “guardería de adultos” se tratara, 3) invasión en el fuero interno de la conciencia personal desde el fuero externo de gobierno, 4) creación, con ayuda de dinero, de una red de amistades, confianza y silencio, que afiance la estabilidad de una institución eclesial, y 5) creación, para esa institución, de una “versión oficial” que, a modo de joyas deslumbrantes, recubra lo que no es más que una simple talla de madera, a veces podrida o carcomida. También se incluye en esta “estructura de pecado” la singular y endogámica forma de entender la justicia en los casos de sacerdotes pederastas, que no ha funcionado siempre bien; los trapos sucios, en demasiados casos, no sólo no han sido lavados en casa, sino que han continuado ensuciándose bajo el silencio de la complicidad de algunos. A la vista de estos comportamientos inmorales, concluyo que la errónea “teología de la gracia”, que a ellos subyace, debería eliminarse por completo de la Iglesia católica.

Termino mis reflexiones manifestando mi gratitud al actual papa, Benedicto XVI, por su valiente gestión de haber desenmascarado las falacias de la “versión oficial” de los Legionarios de Cristo y por exigir mayor transparencia en los asuntos de gobierno de la Iglesia. Lo apoyo cordialmente con mis frecuentes oraciones por él y con mi más sincera admiración personal. Sólo me resta desearle que, siempre bajo el impulso del Espíritu Santo, culmine su pontificado con la erradicación de aquellas “estructuras de pecado” que todavía oscurecen la belleza de la Iglesia. En ésta, como en María, debe cumplirse plenamente la Palabra de Dios: nada más y ¡nada menos!

Josef Knecht

http://www.opuslibros.org/nuevaweb/modules.php?name=News&file=article&sid=16174


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El Opus Dei en la agenda de la Iglesia de hoy.- Heraldo 


El Opus Dei en la agenda de la Iglesia de hoy

Heraldo, 14 de mayo de 2010





En varias ocasiones escuché que José María Escrivá ayudó al Padre Maciel, dándole abundantes ideas acerca del régimen en el que debían vivir quienes pertenecieran a la Legión de Cristo, y sobre muchos otros aspectos que debía cuidar como fundador en vistas a la viabilidad y éxito de su fundación. Para ello mantuvieron prolongadas conversaciones.

Lo escuché, primero, hace muchos años, de labios de algunos numerarios de la Obra que ocupaban a la sazón importantes cargos de dirección en el entonces Instituto secular, mucho antes de que llegara la nota que denunciaba que los Legionarios de Cristo se habían dedicado a imitar muchos aspectos de la Obra. Estoy hablando, tal vez, de los años 80, aunque mi memoria de fechas es muy débil.

Yo dejé el Opus Dei a principios del año 2003. Y hacia finales del 2004 me encontraba trabajando con los Legionarios en un cargo académico de cierta importancia en una de sus Universidades. Al enterarse de mi anterior pertenencia al Opus Dei, algunos sacerdotes legionarios se apresuraban a contarme que el Padre Maciel les había comentado, en diversas ocasiones, de la ayuda recibida por parte del Fundador del Opus Dei, con quien se mostraban agradecidos.

Hasta donde sabemos, los pasos de Maciel y de Escrivá siguieron muy distintos derroteros de vida personal. Sin embargo, puede notarse en ambos un claro denominador común:

a) La creación de una Institución con un sistema de poder, confidencialidad y sometimiento, que en el caso de Maciel dio por resultado –aunque no sólo- una vida de delincuente sin escrúpulos desarrollada en total impunidad.

b) Un culto institucional a la personalidad del fundador, basado en la construcción meticulosa de lo que se debía saber, pensar e interpretar sobre sus vidas, muy alejada de de la realidad.

c) El culto a la personalidad del fundador venía a ser el fundamento de una idea mesiánica de que la Institución era la salvación de la Iglesia y del mundo.

d) La idea implícita pero firmemente aceptada – y de amplias consecuencias- de una cierta superioridad de la Institución sobre la jerarquía eclesiástica, en tanto que irrupción de la voluntad de Dios en la historia.

e) Un constante proceder embustero y manipulador respecto a la jerarquía de la Iglesia, con el fin de abrirse paso e ir adquiriendo posicionamiento.

Cada día tenemos mayor información sobre las tropelías de Maciel y sobre el sistema perverso, montado en la mentira, que hizo posible la impunidad, y que cuenta con tantas víctimas. No me refiero ya a las víctimas de abuso ooo, sino al absurdo de una “vida de entrega a Dios” sin vocación y con arreglo a normas que crean un sistema de vida que deprime el desarrollo de la personalidad, hacen imposible la madurez y limitan gravemente la libertad, terminando a la postre en desequilibrios psicológicos, en la frustración existencial, o en una doble vida que anula la posibilidad de un encuentro auténtico con Dios. Este último aspecto es el más interesante y que merece mucha más atención que la descarriada vida personal de un pervertido. Es más, en este importante aspecto parece ser Escrivá el maestro, y Maciel un imprudente discípulo. Junto a la realidad de dos instituciones tan semejantes, la historia oral nos habla de una influencia clara y decisiva de Escrivá sobre Maciel.

Como es bien sabido, la Iglesia afronta hoy en día una de sus más fuertes crisis, a causa del mal presente tan dentro y tan arriba; y a causa de que este mal es cada día más ampliamente conocido por la sociedad. Para recuperar su prestigio no tiene más camino que la aceptación de sus culpas, la expiación y la enmienda. De otra forma, será imparable la desbandada hacia una religiosidad exclusivamente individual. El actual Pontífice es muy consciente de esta realidad, si bien no resulta nada fácil determinar los pasos a seguir y tener la valentía de ir adelante. El Opus Dei forma parte importante de esta agenda.

Heraldo

http://www.opuslibros.org/correosanteriores/2010/mayo/14mayo10.htm







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