Soy de los que oí a Escribá

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Autor: Segundo_G, 18 de julio de 2008


Soy de los ex de hace 20 años. Estuve muchos años adentro. Ya os envié algunos temas concretos. Valoro vuestra valentía y vuestro empeño en echar luz sobre una institución que ha engañado, engaña y engañará a los fieles y a la jerarquía de la iglesia. (A ésta última a veces se la pone de su lado con regalos y favores, que es lo habitual en la curia romana y en las diócesis. Lo hacen también otros grupos e instituciones. La diferencia es que el opus regala para que no le pidan. Da pero a la vez no da; no cede en nada que no le interese. Por ejemplo, si el “Padre” quiere una iglesia pública, tienen que dársela en el casco céntrico de la ciudad elegida; nada en los suburbios en los que los obispos incluso ofrecen iglesias porque ven más necesidad. Ellos no están para atender pobres. Esta actitud aprovechadora y clasista les traerá muchos disgustos. Mientras tanto para distraer muestran “labores sociales”, como el Tiburtino y Tajamar)

(Seguramente ahora intentan ganarse la voluntad de Benedicto XVI que ni entiende el marco jurídico de prelatura, ni los quiere especialmente, asegurándole al Papa una estadía de 5 estrellas en Australia, gracias a su secretario que fue profesor de la Santa Croce y al cardenal George Pell muy cercano a ellos. Hacia allí viajó el prelado.)

El opus es una institución que vive en una atmósfera artificial de mentira y simulación muy difícil de desenmascarar, porque a quien trata de levantar la cobija lo corren diciendo que no tiene “visión sobrenatural”; o que está loco; o que no cuidó el corazón y se enamoró; o que ha incurrido en “graves faltas ascéticas”, frase con la que siembran dudas y sospechas sobre personas ejemplares. Y eso va por escrito a la Santa Sede.

Ellos no paran de calumniar y los peores son los “directores”. En los ambientes cercanos al opus he oído muchas “lindezas” de vosotros (¿debería decir de “nosotros”?), desde “segundones resentidos, ninguno de importancia” hasta “sicóticos y homosexuales”, así se os califica a los que lleváis esta página...

Me decido a escribiros, aunque mi testimonio no revelará aspectos esenciales nuevos, porque algo puedo aportar y porque hace un tiempo llegó destruido de Roma un “buen” amigo, que sigue dentro. Después de gastar su vida en muchos cargos en el consejo general auxiliar, en Cavabianca, en labores de la región de Italia, etc, le han soltado de la mano. Se encuentra en su país de origen, deshecho como casi todos los viejos que ya no sirven, sacerdotes o laicos, que gastaron su vida al “servicio” de esa cosa. Lo han cobijado sus hermanos (“de sangre”) y sus sobrinos: la familia que siempre dejó de lado por imperativo del opus. Son ellos los que ahora le dan seguridad afectiva, moral y económica, ya que realmente vive en un tembladeral sico-físico. Todo su mundo se ha derrumbado.

Me contó muchas cosas.

Me decía que hubo en estos últimos tiempos una “limpieza” de profesores en la universidad de la Santa Croce, en Roma. Cada trimestre (más o menos) se repitió la historia, uno a uno sin darles tiempo de coger sus cosas, en menos de dos ó tres días: “te vas ya de Roma!”. Algunos, por ejemplo un mexicano, ni siquiera volvió a su país: fue enviado a España, a un pueblo, “¡a confesar viejas!”, como le espetaron en Roma.

Sin explicaciones, sin razones para el interesado y de modo inflexible: “te vas!”. Y a quién se atrevió a preguntar por qué, le contestaron: “tú ya lo sabes”; creándole un profundo desconcierto, porque no sabía ni sabe el motivo. Optó por callar; porque si arriesgaba y preguntaba “¿será por .......?”; le dirían que estaba muy “susceptible”, o que tenía “cola de paja” por algún tema, o sencillamente le contestarían: “tú sabrás”. ¡Cómo para no volverse loco!.

Los echan sin sus libros, sin sus notas, sin sus borradores para futuros artículos, sin su ordenador. No pueden llevar consigo ni un ejemplar de sus propias publicaciones. “Allí no necesitarás nada de esto”, les dicen. Por supuesto que se van sin el dinero ganado por sus cátedras, sin pagos a la seguridad social del país al que les mandan.

Cuando un cura cae en desgracia son feroces. No tratan de salvar la vocación sacerdotal. Se es sacerdote para el opus o si no, no se es nada. Hace un tiempo el vicario regional de México fue a presionar al Cardenal Rivera Cabrera, arzobispo de Ciudad de México para que no incardinara a un sacerdote numerario que quería desvincularse de la prelatura. Ese cura se ha ganado un reconocido y justo prestigio entre los sacerdotes de esa diócesis, pero en el opus se dice que “luce personalmente” y la que debe “lucir es la Obra”. Ser acusado de “personalismo” o “lucimiento” es para un cura del opus una sentencia a la muerte eclesial y, si permanece, se lo condena al ostracismo dentro de la institución.

Cuando una jerarquía eclesiástica pide un sacerdote al opus, el pedido debe ser genérico, así el opus puede poner al “servicio de la iglesia” a un sacerdote “seguro”, de esos para los que el opus está antes que la Iglesia. En pocas palabras meten un “topo” dentro de la estructura jerárquica.

Si la jerarquía pide a un sacerdote concreto, con nombre y apellido, y éste no es considerado “seguro”, se contestará que no; que los sacerdotes se ordenan para el opus; que el prelado no quiere más sacerdotes en estructuras eclesiales; que los sacerdotes en el opus siempre son insuficientes; que ese que han pedido tiene “problemas” (no tienen escrúpulos en sembrar dudas y de ese modo crear un “ambiente calumnioso” hacia una persona, usando el estilo que ellos mismos califican con desprecio de “frailuno”)

En las decisiones sobre los profesores de la Santa Croce, el cesado rector Mariano F. hasta lo que sabemos fue un instrumento dócil. Al rector de esa universidad “sólo” se le pide que sea un buen ejecutor de las órdenes del Concejo General, no puede permitirse “ideas propias”. De cara “afuera” se le exige que “quede bien”, que “dé buena imagen” a poder ser “progresista”; que sepa cómo convencer a obispos para que manden sacerdotes a la Santa Croce; que “seduzca” a sus pares de las Universidades Pontificias de Roma y a personajes de la Curia. Mariano F. consiguió ser el presidente del concejo de rectores de las universidades pontificias romanas. Lo habían reelegido recientemente, pero el prelado del opus decidió otra cosa y se va para Argentina. Extraño relevo el de F. (Según mi amigo, F. fue elegido dos veces presidente de los rectores de las universidades pontificias con el voto en contra de los representantes de los jesuitas (universidad Gregoriana) y de los legionarios de Cristo del ateneo Regina Apostolorum)

Siguiendo con mi amigo: ahora que sufre el destierro y la persecución, después de haber “servido” toda su vida en Roma, está arrepentido, desilusionado, desconfía de todo y de todos. Lo aprecio, pasamos juntos parte nuestra juventud, pero no comparto su conducta ciega, de no-pensar y obedecer. Tampoco lo disculpo de haber sido instrumento de un sinnúmero de atropellos contra personas concretas. (“Estoy aquí para hacer lo que me mandan”, solía decir en los años 70).

Le recordé que en nuestros tiempos se ponía por ejemplo de la arbitrariedad del derecho eclesiástico vigente, el juicio secreto que le siguió la Santa Sede a Escribá en 1950-1951. Denunciado por los Padres de la Compañía de Jesús iba a ser separado del gobierno del opus. La acusación que hicieron los Padres Jesuitas fue promiscuidad entre varones y mujeres miembros del instituto secular. Ese podría ser el origen de la obsesión de las dobles llaves y dobles puertas, y de las cientos de indicaciones sobre la “separación” entre los miembros varones y mujeres.

La historia oficial cuenta que Escribá hasta pasado el momento crítico que no supo nada; cuando el tema era ya historia se enteró de que había sido acusado, juzgado y condenado sin que le hubieran dado oportunidad de defensa. Según lo que él mismo contaba todo se disipó por una intervención divina extraordinaria antes de ejecutarse la sentencia; Pío XII la dejó sin efecto.

Para evitar esas “arbitrariedades” -se nos decía entonces- los canonistas del opus (entre ellos del Portillo, Fuenmayor, Lombardía) se empeñaron en que la Iglesia reconociera los “derechos fundamentales de los fieles” y apoyaron e intervinieron en la reforma del código de derecho canónico. Reformado el código, el opus hace a los suyos lo mismo que hicieron otros con Escribá, acusarlos y juzgarlos en secreto, sin que los interesados se enteren y no tengan derecho a la defensa.

(En realidad los canonistas del opus actuaron en la reforma del Código de Derecho Canónico para incluir en él la figura de una jurisdicción personal para Escribá, que se concretó en las “prelaturas”. Los derechos fundamentales de los fieles fueron reconocidos por la Iglesia, pero no fueron plasmados en un documento especial como querían los canonistas del opus porque a ello se opusieron los teólogos y canonistas alemanes, entre ellos Ratzinger).

“Tengo el derecho de no tener derechos”, dice la canción “interna”.

En el opus no se pueden exigir los derechos reconocidos por el derecho general y por el derecho propio; son papel mojado. Ejerciendo sus derechos, en Argentina, un sacerdote numerario interpuso un recurso contra una decisión de los directores ante un tribunal eclesiástico. Si bien se le dio jurídicamente la razón, lo echaron. Vive casado en Córdoba (Argentina) después de pasar muchas experiencias traumáticas. Como sacerdote numerario fue profesor de las Facultades de Derecho Canónico de la Santa Croce y de Navarra.

Soy de los que oí a Escribá….

Soy de los que oí a Escribá calificar de impiedad la Misa de Pablo VI y decir que si no fuera porque de él dependían muchos sacerdotes y cambiar de rito en masa sería un escándalo, se hubiera pasado al rito oriental en el que se mantenía el esplendor de la liturgia.

Eran las épocas en las que se hablaba “del don de lágrimas que Dios ha concedido a nuestro Padre. Cada vez que sube al altar llora y llora porque la Misa nueva le causa un mucho dolor. Llora tanto que se le irritaron los ojos y le llevamos al oftalmólogo…..”. (El permiso para celebrar la misa anterior lo obtuvo de monseñor Bugnini a través de del Portillo que lo pidió en una conversación informal, como quien no quiere la cosa, en un pasillo del Vaticano. Pedir de ese modo una dispensa lo ponían como ejemplo de la “santa pillería” de del Portillo, al que debíamos imitar si a nosotros nos tocaba tratar con eclesiásticos. De Bugnini siempre se habló muy mal entre los directores del opus antes y después de ese suceso)

Eran los tiempos en que refiriéndose a “sus hijas” Escribá decía: “¿Lloran?, qué importa; mearán menos!” (es textual)

Eran los tiempos de las “campanadas”. La primera y la tercera son conocidas aquí. La más buscada es la segunda, dirigida a algunos sacerdotes numerarios, especialmente a uno que había comenzado la labor en Canadá y estaba de regreso en Madrid. Nos los presentaban como al “primer consiliario” de ese país. El y los otros se fueron del opus. Algunos se secularizaron otros siguieron en el ministerio.

Esta segunda campanada, fechada el 17 de junio de 1973, Domingo de la Santísima Trinidad, es la que dice en el número 38:

Deja, hija o hijo mío, de ser sabihondo, sabihonda: sabio no eres aunque tu soberbia te diga lo contrario. Deja de dedicarte al visiteo perjudicial o inútil, impropio de un alma de Dios, que ha de estar ocupada en las cosas del Padre Celestial. Deja de ser un charlatán incorregible, sin gracia, aunque tu vanidad pueril te haga pensar que eres ocurrente y divertido: eres solamente cargante y chabacano, adjetivos que no habrían de aplicarse nunca a un cristiano, por mediana que sea su formación.

Que somos monolíticos has dicho. No podrías hacernos nunca mejor elogio. Ya que, en lo terreno –es posible que tu ofuscación no te la permita contemplar, siendo patente- sólo estamos de acuerdo en no estar de acuerdo; y, en cosas de fe católica y de moral, todos -en cambio- estamos conformes en todo. Ya tienes aquí un monolito divino, que sólo al diablo le puede gustar que se quebrante.

Hablas quizás de que no ves cómo se puede conjugar la libertad personal y la obediencia. Muy podrido has de estar o muy corto es tu entendimiento, si no comprendes que la libertad personal, la obediencia, el trabajo colegial y el apostolado se hacen compatibles a la manera como se conjugan la gracia divina y la libertad humana: del ejercicio de esa compatibilidad nacen las virtudes y los vicios.

Eran los tiempos de la carta Fortes in Fide (1973), comentario de Escribá al Conmonitorium de San Vicente de Lérins, una larga arenga para mantener la “pureza de doctrina”, ese texto ahora esconde al igual que otros documentos y cartas, “porque la gente de nuestro tiempo no los entendería bien por el lenguaje fuerte de nuestro Padre”. En el opus ciertos documentos desaparecen; así escriben y re-escriben la historia. Por ejemplo, en estos meses, digitalización mediante, están rehaciendo las películas “de nuestro Padre”. Me atrevo a decir que dentro de unos años nadie sabrá qué es lo que realmente pasó y lo que fue corregido ad casum (lo falso) en la historia de la institución, y tampoco sabrán en qué consiste “el espíritu” del opus. Esa corrupción provocará su derrumbe o su reforma.

Eran las épocas en las que en el centro de estudios de Monterols se hacían horas y horas de velas nocturnas al santísimo por la “perseverancia” en el opus de algunos sacerdotes numerarios que se marcharon de la obra, siguiendo en su ministerio o no, por ejemplo, Ramón Rosal y Joaquín Oltra (Victor de Reina ya se había secularizado); mientras en Francia se secularizaban tres sacerdotes numerarios, uno de ellos contrajo matrimonio con alguien de la administración de su “centro”, (la administradora o una numeraria auxiliar); y el director de la delegación de Roma abandonaba el entonces instituto secular.

Aclaro con respecto a las velas de Monterols que los residentes, todos numerarios, ignorábamos el motivo de las innumerables y sacrificadas trasnochadas, sólo se nos decía que se hacía la vela al santísimo por una intención muy importante y urgente del padre. Un grupo selecto de iniciados sabía la razón, pero los iniciados (aún con juramentos promisorios) a veces hablan.

Eran los años en los que Escribá limpió de profesores “progres” la recién nacida Facultad de Teología de Navarra. Echó a su fundador Alfredo García Suárez, sacerdote numerario que había sido director espiritual de la región de España; Alfredo viviría más de 20 años con dispensa de vida de familia, alejado del opus, en pobreza y abandono, contratado como teólogo por la Conferencia Episcopal Española. Fieles a su estilo llegaron a esparcir la versión calumniosa que bebía demasiado. Hasta que hace pocos años decidieron hacerle a Alfredo un homenaje en la Universidad de Navarra (para quedar bien con algunos obispos), ocasión para la cual, lleno de hipocresía y como si no hubiera pasado nada, el prelado Echevarría escribió una carta laudatoria. Alfredo murió esas Navidades, el homenaje previsto para enero, fue póstumo. Dios no les dio el gusto.

Eran los años en que Escribá dijo que “metería la mano hasta el codo en la liturgia”, palabras que algunos tomaron por profecía de que iba a ser Papa (es verdad, no os desternilléis) ya que sólo el Papa puede cambiar la Misa. Decía “que todo volvería”, y Talleres de Arte Granda siguió haciendo ornamentos litúrgicos con “manípulo”, implemento que la reforma de Pablo VI había eliminado. Después dejaron de hacerlo y con el tiempo ha vuelto la posibilidad (para el que le guste y quiera) de usarlo. Las profecías de Escribá no estaban sincronizadas con los tiempos de Dios.

Eran los tiempos en los que Escribá viajó especialmente a Pamplona para prohibir expresamente a profesores y estudiantes de la universidad de Navarra manifestarse contra el régimen de Franco. Ahora quieren borrar esa parte de la historia dándole lugar preferencial en el “universo intelectual del opus” a “liberales-pero-no-demasiado” convenientemente adoctrinados.

Seguiré si no se echan sobre mí.


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