Sobre los estereotipos y prejuicios acerca del Opus Dei

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Entrevista a Jacinto Choza, catedrático de Antropología filosófica de la Universidad de Sevilla, realizada como ejercicio por alumnos de 1º curso de la Facultad de Comunicación, Universidad de Sevilla. 18 de mayo de 2012.

Podemos hablar de “desinformación” o de “desconocimiento total”, en relación con la creación y mantenimiento de prejuicios y estereotipos sobre fenómenos, entidades y acontecimientos. Los estereotipos, por un lado, son razonables, porque ¿quién conoce la realidad en su totalidad?, o dicho de otra manera, ¿cómo saber qué es cierto y qué no? Los prejuicios y estereotipos, por tanto, nos ayudan a simplificar y convertir en esquemas la amplia y compleja realidad. Y puede que esos esquemas dependan del cristal con el que se mire. Desde esta perspectiva, la entrevista al profesor Jacinto Choza, catedrático de Antropología filosófica de la Universidad de Sevilla, se iniciaba con las conclusiones obtenidas en los diversos cuestionarios que incluimos en nuestro proyecto, sobre los prejuicios y estereotipos más comunes que suelen tener las personas no pertenecientes al Opus Dei sobre esta organización.

Era muy interesante contactar con alguien como el profesor Jacinto Choza que, en el pasado había formado parte de la organización y que en la actualidad ya no forma parte de ella, para saber si esas ideas sobre el Opus se correspondían o no con el Opus tal como él lo conoció por dentro, y para conocer también, cuáles podrían ser los prejuicios y estereotipos de los miembros del Opus Dei sobre las personas de fuera...


Pregunta: Hemos hecho un cuestionario, una pequeña muestra de los prejuicios que tiene la gente sobre las personas que pertenecen al Opus Dei. Los que más se repiten son que son personas muy conservadoras, de derechas, con una posición socioeconómica alta, otros apuntan que es una secta… En general, la imagen que se tiene sobre el Opus Dei es negativa. Nos gustaría saber si se corresponden esos prejuicios con su visión del Opus Dei.

Profesor Jacinto Choza: Al 100%. Sí, se corresponde.


P: ¿Diría, incluso, que es sectario?

J.C.: Sí, lo afirmo, entendiendo por secta una institución que, por así decirlo, cautiva el pensamiento e impide ejercerlo con unos criterios más o menos estándar de libertad y autocrítica. Lo característico de una secta y lo propio de una secta es que cuando un individuo sale de ella tiene averiada la conciencia moral. Cuando sale, un individuo del Opus tiene que reconstruir entera su conciencia moral, tiene que reconstruir su sistema de relaciones sociales y amistades y, por así decirlo, su modo de orientarse en el mundo y en la vida.


P: Porque siempre ha pensado y ha actuado al dictado, ¿no es así? Cada parte del pensamiento sobre algún tema ha sido siempre controlada…

J.C.: Pero no es sectario por eso. No sólo es sectario porque parte del pensamiento, o mucha parte del pensamiento, es controlado. Primero, el control del pensamiento es inconsciente, de manera que el individuo no se da cuenta y no hace falta controlarlo conscientemente. Aun así hay muchísimos elementos que sí que se controlan conscientemente, sí que se indica lo que se tiene que decir, lo que tiene que responder o cómo tiene que actuar en tal situación, y hay una casuística muy amplia de eventos y de situaciones y, por lo tanto, de las respuestas que hay que dar en esos casos. Por eso, si hicierais entrevistas a gente del Opus os encontraríais con un tipo de respuesta estándar a un tipo de preguntas. Cuando me refiero a que la consciencia moral se queda inutilizada lo digo en el sentido de que hay una serie de cosas que tú has creído siempre que son malas y otras, buenas. El criterio diferenciador de lo bueno o lo malo hay que volver a reconstruirlo. Independientemente de cuántas cosas te hayan dicho que son buenas o malas, cuando hay una serie de cosas que has creído que son malas y luego ves que no tienen por qué serlo y que pueden no serlo, dices: “bueno, pues no me explico por qué esto era malo”. Entonces ya desconfías de tu propia conciencia.


P: Del propio criterio que has ido creando a partir de eso.

J.C.: Claro. Por ejemplo, la gente del Opus Dei no puede y no debe leer El País, porque es malo o, por poner otro ejemplo, un chico no puede y no debe ir con una chica en un coche si son célibes e igualmente pasa con las chicas, porque es una ocasión de pecado grave. Una serie de cosas de ese tipo. Cuando se van del Opus Dei, piensan: “vamos a ver, ir con una chica en un coche no es malo, tampoco es ocasión de pecado grave”. La noción de pecado se volatiliza después, dices: “¿cómo va a ser pecado una serie de cosas que son tan normales y que todo el mundo hace?”.


P: Por lo que hemos leído, a las chicas dentro del Opus se les da un trato diferente, ¿no?

J.C.: También, también. Es cierto.


P: Sin embargo, el objetivo de nuestra investigación son los prejuicios y estereotipos creados por falta de información, aunque usted parece confirmar lo que la gente piensa.

J.C.: No, no son prejuicios creados por falta de información. Hay una información bastante extendida y hay mucha gente que conoce a gente del Opus. Como antes había más gente del Opus, casi todo el mundo conocía a alguien del Opus o tenía en su familia a alguien del Opus y sabían que funcionaba así. Ahora, quedan menos, pero esa idea, ese estereotipo, sigue estando ahí y no es una información falsa, ni mala, ni incorrecta. No falta información en absoluto. Si vas a la página web oficial del Opus , te encontrarás unas respuestas estándar que son las que dan ellos. Es una especie de lo que se llama en boxeo guardia cerrada, es decir, no les puedes preguntar algo que pueda descubrir un fallo de ellos, la respuesta que se da es siempre una respuesta políticamente correcta. Te encuentras siempre ante una pantalla ante la cual no puedes objetar nada. Sin embargo, a veces sí que puedes objetar.


P: A lo que nos referíamos es que la imagen, en general, negativa que se tiene sobre el Opus Dei viene determinada, en muchas ocasiones, porque no se sabe lo que pasa ahí. No es que se mantenga oculto por parte de la organización, sino que la gente no tiene información sobre eso, simplemente se quedan con lo que escuchan, con películas…

J.C.: A mí me gustaría saber si la gente tiene el mismo tipo de desconocimiento respecto del Opus Dei que tiene respecto del Partido Comunista, de la masonería, o respecto de algunas sociedades muy elitistas. La masonería es una sociedad secreta, lo que pasa es que puede haber más información de ella que sobre el Opus Dei. Lo que sí es posible es que la gente a la que le vayáis preguntando tenga una sensación de que es algo muy desconocido o muy secreto, cosa que quizá no piense respecto del Partido Comunista o respecto de algún partido neonazi que haya. A lo mejor, el Opus Dei da una sensación de secreto mucho más fuerte que el Partido Comunista y que la masonería.


P: Una pregunta del cuestionario era que, si después de dar sus opiniones, creían que tenían suficiente información como para hablar con fundamento y mucha gente decía que no.

J.C.: Yo sí creo que tienen suficiente información para hablar con fundamento. O sea, la información que resulta de ver a gente que es, que ha sido o que ha trabajado en el Opus, es estereotipada, como de plástico, y la impresión que se saca a partir de esta información estereotipada es que se trata de una realidad impenetrable, que cuando intentas averiguar lo que hay por dentro, no puedes. Hay Suficiente información sobre la imposibilidad de conseguir información fiable, transparente, contrastada, clara. Es mucho más fácil obtener información fiable sobre la masonería o el Partido Comunista o el Partido Nazi que sobre el Opus.


P: Antes de que usted saliera del Opus, ¿se sintió prejuzgado o rechazado socialmente por decir en público, delante de gente ajena a la Obra, que pertenecía al Opus?

J.C.: Claro. Verás, la gente que sale del Opus, de pronto se encuentra con que le hacen el vacío todos los demás del Opus que eran sus amigos y se encuentra solo sin ninguna relación con nadie. ¿Por qué? Porque el Opus, y es otro de sus rasgos sectarios, recorta la totalidad de las relaciones de esa persona con los que eran sus amigos y familiares cuando entra en el Opus; de manera que, después de unos años, cuando sale no tiene amigos y la familia ha quedado muy lejos y, a lo mejor, no tiene ninguna relación con ella. La persona que sale se encuentra muy aislada. A partir del momento en el que te vas del Opus, y esto me ha pasado a mí, la gente que antes ha sido tu amiga, empiezan a recelar de ti. Eso pasa igual en el Partido Comunista, con el que había mucha similitud con el Opus. Esta similitud consiste en que tanto el Partido Comunista como el Opus son dos asociaciones que tienen una conciencia de sí misma como poseedores o depositarios de un mensaje que es absoluto y que es la salvación absoluta para todo el mundo. Nadie se puede ir ni del Opus ni del Partido Comunista, porque fuera del Partido Comunista y del Opus, no hay fuera. Por eso cuando alguien se va de alguna de estas dos instituciones, la gente que queda dentro no habla nunca de él. Nadie se pregunta dónde está.

Cuando alguien se va del Opus la gente que sigue dentro le hace el vacío y la gente que está fuera, si pertenece a la izquierda y están ideologizados, también le hacen al vacío, porque suponen que es de la derecha. Aunque tú te hayas ido del Opus, tú seguirás siendo del Opus hasta que te mueras. Hay una manera de redimirse para la gente del Opus, que es inscribirse en las filas de algún grupo político y adquirir una nueva identidad. Para ello se les suele pedir alguna muestra pública de su rechazo de lo anterior y de su adhesión a lo nuevo. Por ejemplo, escribir algo contra el Opus o hacer algunas manifestaciones públicas de ataque al Opus, etc. Estas cosas mucha gente que deja el Opus no las hace porque están muy desconcertados durante los primeros años y no se aclaran. Los que salen, no saben qué hacer ni cómo para ser considerado un ciudadano normal, no catalogado o clasificado. Eso en el mundo universitario también funciona así. Un profesor que ha sido del Opus, si se sabe, es una persona que, (dependiendo del ambiente), será más aceptado o no. A mí siempre me ha pasado esto, aun al cabo de los años. Yo tengo 67 años y dejé el Opus en el año 96, y nunca he encontrado una editorial que me publicara libros, hasta que yo no conseguía, de alguna manera, aportar dinero para que me los publicaran. Yo no he conseguido escribir en periódicos por eso, hasta que yo creé mi propia editorial para editar mis propios libros, hice mi propia revista de Filosofía y en América Latina, donde yo no soy conocido como un hombre del Opus, he promocionado con ella la filosofía durante más de 30 años. Allí no soy conocido como una persona del Opus, sino como el director de esa revista que todo el mundo conoce allí.

Ahora ya hace bastante años que dejé el Opus y he escrito muchas cosas en contra del Opus en la página de opuslibros.org, pero todo lo que he escrito en contra del Opus es siempre muy respetuoso y muy correcto y dejo siempre ahí muy claro que yo soy creyente, que soy cristiano y que valoro mucho eso.


P: Ahora que dice eso, es cierto que, después de haber leído varios de sus escritos, creemos que sus críticas hacia el Opus han sido muy sutiles y, sobre todo y, como ha dicho, respetuosas.

J: Me gustaría dejar claro eso. Nunca le he declarado la guerra al Opus, ni se la voy a declarar y no tendré ocasión de declarársela. No me gusta hacer la guerra. Tengo tanta necesidad de crear, de contar cosas, de escribir libros, tengo tantas cosas tan bonitas y tan maravillosas que hacer, que no quiero perder tiempo en destruir nada. Excepto el Opus. Si yo pudiera destruir el Opus ahora mismo, no dedicando un tiempo mi vida a ello, sino con un deseo o con una oración, lo haría sin dudar ni un segundo. Lo destruiría porque el mal que el Opus hace a tantísima gente en tantísimos sitios del mundo es tan grande que no se compensa, de ninguna manera, con el pequeño bien que puede hacer a otras personas en cualquier otro sitio del mundo. Por otra parte, a mi modo de ver, el daño que el Opus causa a la Iglesia Católica y a la fe cristiana es tan grande que no se compensa ni un átomo con el bien que puede hacer el Opus a la Iglesia.


P: Entonces, para la gente que está en el Opus, los que no pertenecemos, ¿no existimos?

J.C.: Básicamente, la secta es un modo de la ideología que produce una triple dispensa. Las ideologías también son así y podríais constatarlo si entrevistarais a gente muy ideologizada de la izquierda y de la derecha. Si no están muy ideologizados, no, porque las ideologías políticas no son tan voraces ni absorben tanto la mente como el Opus. Pero si la gente está muy ideologizada, sí. Como decía, las sectas llevan a una triple dispensa. Una dispensa ética, es decir, estás dispensado de distinguir entre el bien y el mal, porque lo que es bueno y malo ya te lo dicen los superiores. Una dispensa técnica, lo que significa estar dispensado de si lo que vas a hacer es eficaz y va a dar resultado o es inútil, porque si va a ser eficaz o no, eso es responsabilidad de los superiores. Y, por último, una dispensa epistemológica: tú no tienes que averiguar, no hace falta que te esfuerces por distinguir qué es lo verdadero y qué es lo falso, porque lo que te dicen los superiores es verdadero y lo que te dicen fuera es lo falso. Cuando tú estás en una asociación así, en la que tú no has ejercido tus criterios discriminatorios ético, técnico y epistemológico, entonces eres un zombi, que es lo que le pasa a la gente del Opus cuando sale. Normalmente, cuando salen del Opus, mantienen su modo de ser muy de la derecha, muy fachas, muy franquistas porque el Opus tiene que ver todo con ese momento de la historia de España.

Sin embargo, retomando el tema de la similitud del Opus con el Partido Comunista en el sentido de que ambos tienen una perspectiva muy absoluta, tengo que decir que el Partido Comunista no es tan dañino hacia dentro para las personas como lo es el Opus, que sí las destruye. El Partido Comunista es muchísimo más destructivo hacia afuera, es decir, destruye mucho a la sociedad y el orden social. Yo he estado en Moscú y en San Petesburgo con amigos que después de haber caído el comunismo decían que Rusia tardaría varias generaciones en recuperarse por la imposibilidad absoluta de que hubiera algún tipo de confianza. Entonces, la desazón y la desesperanza de esta gente está hacia fuera, pero ellos no están destrozados hacia dentro como está la gente del Opus que sale.


P: Volviendo a la pregunta anterior, sobre si los que estamos fuera existimos o no…

J.C.: No es que no existáis, sino que no tenéis nada importante que decir. Todo lo importante que decir ya lo ha aportado Lenin o lo ha aportado Escrivá. Es decir, Escrivá ha dicho todo lo que había que decir, y todo lo que es importante ya está en los libros de Escrivá, de manera que si vosotros decís algo que es importante y tiene interés, en realidad, pronto se descubre que estaba ya dicho por Escrivá.


P: ¿Qué prejuicios podría tener la gente del Opus sobre los que están fuera?

J.C.: Pues los ven como pobre gente que está en el error, que está perdida, que no sabe que la salvación y la verdad la tienen ellos. Eso era lo que pensaban cuando yo estaba, pero todavía lo siguen pensando. Es increíble el modo en que la mente está cautiva en una institución así.


P: ¿Hay algún ámbito del Opus con el que esté de acuerdo?

J.C.: Ámbito, no. Creo es que las personas que están en el Opus, es decir, los directores, el equipo directivo, son como gente de la película 1984. Los directivos son gente sin sensibilidad ni sentido moral. Hay algunos que tienen un poco, pero en general son gente desalmada, mala, de plástico. Si os acercáis a ellos, enseguida veréis la sonrisa ortopédica que tienen todos.


P: Cuando se relacionaba con gente de fuera y luego volvía a su grupo del Opus, ¿no tenía contradicciones internas al pensar que se relacionaba con gente maravillosa, en algunos casos, y que luego le intentaban hacer creer que eso no era así?

J.C.: Yo llegué al Opus en el año 62 y me fui en el año 96, o sea, 34 años. Entré en crisis en el Opus y empecé a pensar que eso no estaba bien en el año 79-80, es decir, casi a los 18 años de haber entrado y estuve otros 18 años intentando asimilar y entender eso, porque hay que hacerlo poco a poco. Al principio no puedes admitir que todo eso es posible, que haya gente tan buena, porque si no, no es posible tu valoración absoluta de la institución. ¿Cómo puede ser posible ese enganche tan profundo? Es porque tú lo has dado todo. Por eso. Pero, ¿y qué es todo? Todo es tanto… Por ejemplo, todo es el celibato. Tú has renunciado a una mujer o a un hombre para toda tu vida y eso es mucha entrega. Mucha. Tú has renunciado a todo lo que son tus sueños, ideales, proyectos profesionales por eso. Eso es mucha entrega. Entonces, una vez que entregas eso, tú ya no vuelves a cuestionarte si esa entrega está bien hecha o no, sino que das por supuesto que lo está. Y ahora empiezas a vivir y, sobre ese supuesto que no has vuelto a cuestionar, lo vas montando todo y eso se va a haciendo cada vez más fuerte; de manera que no es cuestionable si eso es verdad o no. Tu mente, tu conciencia, no llega a tu inconsciente donde eso está ya arraigado. Llega un momento en el que tú no puedes aceptar que lo de fuera valga más que lo de dentro, a aceptar que eso no sea posible. El hecho de aceptar que eso es posible, es aceptar que eso es pensable, pero eso no lo puedes pensar. Pero a la vez, cuando tú no puedes aceptar como posible lo que ya es real, entonces te vuelves loco. Esa es una de las formas de la locura y por eso hay tanta gente loca en el Opus. Siempre de forma inconsciente.

Entonces dices: “¿Cómo es posible que esto sea bueno?” Y apuestas por el futuro: Ya llegará un momento en el que todo el mundo se postrará de rodillas ante la verdad que es Cristo, Jesús. Tú haces una identificación entre la fe católica y todas las promesas de la salvación de la fe católica y el Opus, y como Opus monopoliza toda la universalidad de la fe católica y monopoliza todo lo que es el mensaje de salvación de la fe católica, entonces tu adhesión al Opus está blindada, por así decirlo.


P: El hecho de creer tanto en la Iglesia le ha dado a usted, quizás, más fuerza. Por no perder la esperanza de que lo que le podía aportar el Opus en un principio, puede ser que se lo pudiera aportar la Iglesia.

J.C: No creo tanto en la Iglesia. O sea, quiero decir, yo creo en Dios. En la vida, primero se cree en las ideologías, después se cree en las instituciones y al final uno cree en las personas. Eso son fases. Luego, por otra parte, por lo que se refiere a la Iglesia, hay un momento que uno llega a una edad en que uno solo cree en Dios y en la aspirina. Bueno, la Iglesia es un sistema burocrático…


P: ¿Si tuviera que definir a la Iglesia en una palabra, qué respondería?

J.C: La Iglesia es el sistema administrativo burocrático de los creyentes cristianos que tienen su centro en Roma. Esa es la definición empírica y real de la Iglesia. Por otra parte, desde el punto de vista desde los creyentes, la Iglesia es el pueblo de Dios que tiene como alma el Espíritu Santo. Entonces, ¿el Espíritu Santo qué hace? El Espíritu Santo hace lo que puede. Al Espíritu Santo le da igual mantener nuestra fe y la misión de la Iglesia, si hay obispos como si no hay, si hay curas como si no hay, si el Vaticano desaparece como si no… Y por lo tanto, ¿yo creo en la Iglesia? Yo creo en este sentido de la Iglesia, hay otros sentido en los que no creo. Por ejemplo: a mí me da vergüenza ajena infinita escuchar hablar de que lo más importante para combatir el sida es la castidad, se me pone la carne de gallina. Es de dementes. Yo digo que soy católico pero me parece tan demencial, el mantenimiento de una moral tan alejada de la gente… La gente está mucho más vinculada al sistema de los derechos humanos que no a los sistemas morales del Antiguo Régimen. Me hace gracia un Dios que está obsesionado con la ginecología, como estaba con los relojes en el siglo XVII. Otra época ha sido revolucionario. Dios tiene un currículum espectacular que se lo ha ido creando a lo largo de la historia.

En cuanto a lo de creer en la Iglesia, en la jerarquía, en la gente que manda,… es mejor relativizarlo, porque lo que es la Iglesia es algo casi indefinible. Por eso cuando me preguntan si creo en la Iglesia pregunto en qué Iglesia. Yo creo en la Iglesia cuya alma es el Espíritu Santo que funciona difundiendo el mensaje evangélico, al margen de que Dios esté obsesionado con la relojería o con la revolución social.

Yo creo que si tú eres creyente, lo que es la fe de la Iglesia al margen de todas las adherencias culturales de todas las épocas, el mensaje de Jesús, está en el “tomad y comed todos de este cuerpo”, así que de lo demás olvídate, del dogma olvídate. La religión es culto. El culto son los sacramentos: bautizar, la confirmación, el matrimonio, la eucaristía, a donde todos van cuando se celebra algo. La gente dice “yo soy creyente pero no practicante”, y es más bien al revés: tú y todos somos practicantes pero no creyentes, porque vamos a todas esas celebraciones pero no sabemos lo que creemos cuando vamos a eso.


P: ¿Usted inconscientemente ya tenía un estereotipo creado del resto de personas que no pertenecían al Opus?

J.C: Verás, cuando me hice de la obra pensaba que el Opus Dei era algo para todo el mundo, y deseaba que todo el mundo se acercara. Hasta los años 80. Ahí, es cuando yo tuve la crisis, es cuando vi la gran escisión entre la Iglesia y el Opus. Entonces opté por la Iglesia, ya no quería que la gente se hiciera del Opus y veía que la gente que se hacía del Opus se volvía anti-natural. Llegó un momento que me di cuenta de que la gente sana era la de fuera. Y es posible que ahora ya los que quedan dentro lo vean así también.



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