Sobre la amistad y la confidencia

From Opus Dei info

Por Spiderman, 17.02.2006


No hace falta ser muy reflexivo para percatarse de cuándo no consigues profundizar en una amistad. Sinceramente, creo que la teoría del Opus Dei de amistad y confidencia es válida, pero lo que presenta mayores problemas es conseguir que nazca una amistad si uno se ciñe al “modus vivendi” habitual de los fieles de la Prelatura. Siempre consigues tener un puñado de personasque te aprecian, que te valoran o que incluso disfrutan de tu compañía, ya que en general uno no va por la vida de ogro. Ahora, de ahí a la amistad y a la confidencia hay un salto. Para que haya amistad es necesario una “conexión” especial que sólo puede darse si hay total confianza (cuente lo que cuente, pase lo que pase, seguiremos siendo amigos) y si hay comunidad de intereses (hacemos cosas juntos que nos gustan a los dos y nos divierten). Estando en el Opus Dei pueden llegar a vivirse ambas cosas pero en ocasiones puede resultar muy difícil para los miembros célibes. ¿Por qué?...

CONFIANZA
El proselitismo descarado y la insistencia machacona (la santa coacción) despiertan muchos recelos en la gente porque la relación alcanza una “intensidad” que no es habitual en las relaciones humanas ordinarias. Dicha intensidad puede resultar molesta y la reacción habitual es el fenómeno del distanciamiento: las famosas excusas. Otras personas más impulsivas pueden directamente encararse exigiendo distancia: el típico “no me rayes”. La manera habitual de dar doctrina se entiende habitualmente así: en cuanto hay un poco de trato se ponen sobre la mesa los temas más delicados (habitualmente relacionados con la moral sexual). Esto incomoda a no pocas personas.
COMUNIDAD DE INTERESES
Algo que me ha sorprendido después de volver al mundo es que el 95% de mis confidencias con amigos versan sobre: el amor (el sexo opuesto), proyectos y limitaciones personales y cómo utilizar el dinero. Realmente eso es lo que preocupa a la gente y le hace sufrir. Todas esas conversaciones no hubiese sido lógico mantenerlas siendo de la obra ya que la condición de célibe hace que no vayas hablando de chicas (o chicos) con los demás, la pobreza hace que en general no haya ningún planteamiento económico relevante que comentar y la obediencia limita muchísimo la flexibilidad e implicación en los proyectos personales tanto propios como de los amigos. Es difícil mantener una amistad profunda de igual a igual si no compartes la inmensa mayoría de las preocupaciones del otro.

Visto desde el otro lado: ¿Qué persona elige un célibe del Opus Dei como confidente habitual de su vida sentimental y/o sexual? ¿Qué persona consulta con un numerario sobre las hipotecas, los supermercados, comprar la ropa de los niños o dónde ir de vacaciones? ¿Qué persona elige a un numerario para hacer un viaje de placer o para planear una estancia laboral o académica en el extranjero? La gente no quiere teorías, quiere experiencia: “sí, pero ¿tú qué hiciste en mi situación?” Con esto no quiero anular la posibilidad de que puedan ayudar y asesorar a mucha gente y muy bien, pero es necesario ser realista y saber que la gente recurrirá a ellos en casos puntuales y siempre en busca de líneas generales: para el día a día ya hay otros. Los célibes son referentes, modelos que admirar y que pueden inspirarte a amar más a Dios y a los demás y por este mismo motivo no están “en el mundo” de la misma manera que los demás fieles. Es de sentido común.

¿Cuál es el problema? Los religiosos cumplen los votos de pobreza, castidad y obediencia y saben que haciendo eso se apartan del mundo. No se extrañan de no ser como los demás ya que han elegido no serlo. Los célibes del Opus Dei están “autoconvencidos” de que son uno más en la sociedad y a la vez viven de hecho los consejos evangélicos. Llegados a esta contradicción sólo hay tres salidas:

  1. Dejar de vivir de hecho la pobreza (autonomía monetaria), castidad (tratar con el sexo opuesto) y obediencia (autonomía vital) para estar realmente en el mundo.
  2. Admitir que uno es un religioso y que en realidad no está en medio del mundo.
  3. “Autoconvencerse” de que ir del trabajo al centro y del centro al trabajo, tener amistades superficiales y montar “planes” con los chicos del Club es vivir “en medio del mundo”.



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