Sobre el 19 de marzo

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Por U2, 15.03.2008


Desde tiempo antes de la fecha, se nos recordaba a las encargadas de grupo que pensásemos quién podía o no seguir, quién podía dar problemas porque no deseaba continuar... y a quién había que ir preparando para que dejase la Obra.

Recuerdo una señora muy buena pero con muy poco carácter: pitó casi obligada por una numeraria muy conflictiva. Siempre fue a remolque de todo y costaba mucho trabajo que fuese a los medios de formación, hiciese las normas, etc. Cuando empezó a hablar conmigo vi que allí no pintaba nada, así que lo comenté con la Directora, para preguntarle que por qué no se iba ya (septiembre), en vez de tener que perseguirla para que fuese al centro, a los medios de formación, a hacer la charla, etc. Como ya digo, tanto para ella como para mí era como una tortura el “perseguir” y el ser “perseguida”. Respuesta de la Directora: hasta el 19 de marzo ella es de la Obra y hay que seguirla. Daba igual lo que a ella o a mí nos pareciera de absurdo de la situación, que se venía arrastrando desde hacía años: estaba dicho que hasta el día de San José... y así “tenía que ser”. Le planteé la situación a la correspondiente Directora de la Delegación y la respuesta fue similar.

En la Obra los plazos, lo dicho, lo normativo está por encima de lo lógico, la caridad de no hacernos perder el tiempo a ella y a mí y de no hacernos sentir culpables. El día 19 -pero aún del año siguiente- no renovó y la pesadilla se acabó.

No se me olvidarán las persecuciones de otras señoras que no querían renovar y la directora iba a buscarlas a su casa y estaba un montón de tiempo intentando convencerlas sin conseguirlo. Jamás pude comprender por qué querían que se quedasen personas que no tenían interés en hacerlo, que creaban conflictos, se resistían a hacer lo que se les decía y no eran más que una rémora para la labor, por el desgaste de energía que provocaban en las numerarias que tenían que atenderlas... Pasado el tiempo, he llegado a la conclusión de que las cifras de abandonos eran notables y había que parar la sangría o/y que determinadas personas, si se iban, darían que hablar entre la gente conocida de la pequeña ciudad en la que pasaban estas cosas y ello haría disminuir la labor. En definitiva, por los números, no por el bien de la persona a la que se quería retener.

Por último, conocí algún caso -pocos- en los que se evitaba la marcha de alguna que lo estaba pasando mal en algún momento puntual y que si no renovaba, al cabo de poco tiempo se iba a arrepentir, porque sí le gustaba la Obra o creía tener vocación y la iba a “tirar”...

Aparte de estos casos que vi en la labor con señoras, sí recuerdo que cuando era adscrita o estaba en el centro de estudios, la gente desaparecía por aquellas fechas en medio del máximo secreto y sin más explicaciones. Chicas de lo más simpáticas, desaparecían de tu vida repentinamente y nunca más volvías a saber de ellas. Si las encontrabas por la calle, apenas sabías qué hacer ni decir: si no las saludabas eras una maleducada y rara y si lo hacías, tenías que contarlo, quizás estuviera mal y te echaban la bronca... Para no variar, la Obra y sus aporías. (Aporía: proposición sin salida lógica).

Para acabar: ¿alguien se anima a esbozar con anécdotas los tipos de dilemas en los que un miembro de la Obra, haga lo que haga, va a hacerlo mal y nunca acertará? Eso sí que es el rejalgar puro y de alta calidad.



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