Si te estás asfixiando, aprende a decir que NO

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Por Nicanor Wong, 4.01.2010


Probablemente estés ahora en tu ordenador personal, leyendo en secreto este artículo. No lo sé. Cuando era numerario de la Obra y me encontraba en una situación semejante no tenía más ayuda que la de una de mis mejores amigas que ahora es mi esposa.

Sí. Dejar un ideal por el que has dado tu vida no es fácil. Más aún cuando tu cabeza da vueltas girando en torno a ideas como "traición versus fidelidad", "felicidad versus dolor", "dolor versus expiación", "expiación versus obediencia", "obediencia versus infelicidad", "infelicidad versus tiempo".

Déjame que te cuente, amigo/amiga, que tras dieciocho años en la Obra de Dios, sí, hay muchos momentos muy gratos que has vivido pero han sido tan sólo momentos, porque la verdad ya la estás intuyendo en este momento: el Opus Dei nunca fue tu familia y lo que piensas aún que es tu vocación - una llamada de Dios específica de santidad dentro del Opus Dei - no es más que una ilusión para hacer de ti alguien que no eres...

¿Sabes? eso termina por enfermar el espíritu y con ello, el cuerpo y la mente. Hay muchos detonantes: una injusticia y piden que te lo guardes, algo que no soportas y estar por reventar, la tremenda soledad de estar rodeado de conocidos y nunca de verdaderos amigos(as), la lejanía de tu familia de veras, las constantes contradicciones de la "voluntad de Dios" que vienen a través de los Directores, esas dudas de cuando te plantearon la vocación y tú sin querer del todo no querías defraudar a nadie...

Léeme por unos instantes. Hay que aprender a decir que NO. ¿Acaso no es posible que Dios te esté pidiendo que cambies de vida?, ¿Que de ser numeraria (rio), agregado (ada) o auxiliar pases a ser un fiel más de la Iglesia que intenta ser santo en medio del mundo?, ¿cómo puede aquel sacerdote de que te confiesa o director (a) que escucha tus confidencias saber lo que el corazón te está reclamando y la mente reventando?, ¿Será acaso que Dios quiere que seas - hasta la muerte - infeliz?

Sí, yo me enfermé de las incoherencias dentro de la espiritualidad y la praxis de la Obra de Dios. Mi mente y corazón crujieron y, rosario en mano, pedía a la Virgen María no me dejase amanecer porque "el Opus Dei es el mejor lugar para vivir y para morir", como decía nuestro Padre. Rezar para morir antes que ser "infiel". ¿En verdad te conviertes en "infiel"?

El buen sacerdote que me atendió en esos momentos en que mi vida se extinguía me comentó algo de lo que luego le dijeron los directores que se había equivocado “Nicanor, Dios no te quiere infeliz”, “continúa con tu vida, ve a casa de tus padres, puede ser que ahora Dios te quiera santo fuera de la Obra porque tu misión acá ya la cumpliste, haz hecho lo que has podido pero… ¿desear morir? No, no es lo que nuestro buen Dios quiere de ti. Anda y haz tus maletas”. Al día siguiente me llamó para retractarse de algunas cosas, ya no me miraba con esa sinceridad del día anterior sino como enviado para seguir siendo numerario “por un tiempo” en casa de mi madre.

Le debo mucho al padre Jorge. Amigo (a) que estás en estos momentos de debate interior muy intenso, fuerte y desgarrador. Hay que aprender a decir que NO. ¿Es que Dios se equivoca y cambia de decisiones?, ¿es que la vocación no es para toda la vida? La llamada universal a la santidad es para todos los cristianos y para toda la vida; la específica llamada de Dios al carisma fundacional de la Prelatura Personal del Opus Dei no lo es. Tal es así que, aún a pesar de las oraciones que has rezado ya sea para la oblación o la fidelidad el compromiso con la Prelatura no deja de ser un pacto de carácter jurídico, entonces ¿por qué sigues viviendo como si hubieses hechos votos de religioso (a) ante Dios y su Iglesia?

Me pasé mucho tiempo frente al Santísimo preguntándome qué hacer ¿sabes? Seguramente estás en el mismo dilema. Proyectaba mi futuro dentro de la Obra y me sentía morir, me veía fuera y era como un ventarrón de aire fresco dentro del alma. Lo mismo me sucedió el día que pité. Me veía dentro de la Obra feliz y cuando me veía fuera me sentía mal. VER, verse… ¿no vio nuestro Padre la Obra? Y ese “ver” tuyo: ¿Por qué no es comparable a lo que nuestro Fundador vio?, ¿Por qué tú eres un pecador (a) y él era ya un santo en vida? Te equivocas. Tanto él como tú sentían la llamada permanentemente. Él la sintió durante toda su vida - aunque no tuviese ganas – tú ya no la sientes y, no porque ya no tengas “ganas” de perseverar sino porque Dios ya no te está llamando para su Obra específicamente, sino para otra vida pletórica de frutos espirituales pero fuera de ella.

Bien sabes, por tus estudios internos, que la Iglesia no disuelve matrimonios, simplemente da conformidad que nunca hubo tal vínculo entre la pareja por varios motivos; uno de ellos es la coacción. Bien, hay parejas que han estado “casadas” durante décadas: diez, veinte, treinta años y nunca han estado casados en verdad. Pregunta ¿pero cómo pueden haberse equivocado tanto tiempo? Simplemente porque lo intentaron y no funcionó. Eclesialmente el matrimonio nunca se dio aunque tengan ya nietos, eso sí, buenas intenciones tuvieron, pero no se puede sostener la vida de buenas intenciones tan solamente. Y lo tuyo es querer prolongar una buena intención que ya no existe. Es hora que lo renazcas, amigo mío, amiga mía: tus intenciones eran buenísimas, pero ya no puedes dar más de ti sin peligro a que te enfermes de la mente y del cuerpo – si es que no lo estás aún. Es hora de decir que NO. ¿Es que Dios se equivoca? No, los hombres somos los que nos equivocamos y tu "elección" fue errónea. Acéptalo. Pero ¿y todos esos momentos que "vi" tan clara mi vocación? ¿Esas gracias especiales que Dios me concedía? Sí, Dios no te ha abandonado ni te abandonará. Y, eso que "viste" como "vocación clara" es tan claro como que ahora "ves que ya no te quiere dentro". "Ver" es algo tuyo, humano, susceptibe de fallo. Ver como Dios ve, es un misterio. No te abrumes.

Decir que NO, dentro de la Obra, no es fácil. Suele sostenerse que la “falta de fidelidad” o de “perseverancia” obedece a algún pecado grave que se oculta detrás. Las directoras (es), sacerdotes y hasta psiquiatras de la Prelatura intentarán interrogarte para que reconozcas que has cometido una falta y vas a dar el peor traspiés del cual te arrepentirás toda tu vida y volverás “con lágrimas en los ojos” y serás “un pobre diablo” y un “mal ejemplo”; hasta un “traidor (a)”. Es hora de aprender a decir que NO y hacer caso a lo que Cristo mismo de dice desde dentro: tu vínculo es contractual, pues bien, deshaz el contrato. Como en la carta de dimisión de un buen amigo “por medio de la presente solicito que la Prelatura me dispense de mis deberes para con ella y yo, por mi parte la dispenso de los deberes que tiene para conmigo”. Por más que le intentaron hacer que ponga unas líneas más en las que solicitaba el perdón y reconocía sus errores… no encontraba ninguno, simplemente ya no quería. Tan libre como entró tan libre salió. Tengo que confesarte que mi caso no fue así, yo sí cedí a colocar unas líneas y hacer la carta hasta dos veces para que quedaran satisfechos. Fue un episodio muy traumático ¿sabes? Por eso, con a la distancia de aquellos sucesos el mejor consejo que puedo darte en la circunstancia tan asfixiante en la que te encuentras, mi querido amigo (a): es hora decir que NO y punto. Lo demás, queda entre Cristo y tú, nadie más porque todos, dentro de la Iglesia, estamos llamados por Cristo a ser santos, más allá del Opus Dei. Quédate con los buenos recuerdos y da vuelta a la página. ¡Sé valiente y no cedas ante la fuerte presión a la que vas a ser sometido (a)! Llama a un familiar, amigo, amiga que pueda echarte una mano. No estás solo (a). Por lo menos, nos tienes a nosotros.



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