Religiosos disfrazados

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Por Haenobarbo, 1.05.2006


Para los que entramos a la Obra, cuando ésta era aun Instituto Secular, aquello era una realidad lejana y que aparentemente en nada influía ni en nuestra vida, ni en nuestro modo de pertenecer a ella, ni en nuestra manera de comportarnos ni en la forma de vivir: era una cosa externa, de la que no teníamos la culpa, de la que había que hablar lo menos posible, porque en realidad no nos afectaba. Pero la realidad es que si nos afectaba y sigue afectando a los miembros de la Prelatura, porque la vida dentro de la Prelatura y el modo mismo de organización interna, no es solo el de un instituto secular, sino mucho más, es en muchos aspectos el de una orden monástica de la más estricta observancia. Y esto porque el fundador tomó de esas instituciones, que conocía muy bien, muchos elementos no simplemente decorativos, y no me refiero a los cilicios y disciplinas, elementos que hasta no hace mucho tiempo muchos laicos los usaban por consejo de sus directores espirituales, en sus casas o en las famosas tandas de ejercicios espirituales...

Si Escrivá intuía que su organización debía ser algo que se pareciera a una Prelatura personal, es decir parte de la estructura jerárquica de la Iglesia, que respondiera directamente a la Sede Apostólica, sin intervención ni de lejos de la autoridad diocesana (como sugiere la famosa escena de las lapidas de los Capellanes Palatinos), lo que no estuvo dispuesto nunca es que esa organización “descontracturada” y en todo parecida a una diócesis, se pareciera tanto a ella que los fieles “comunes y corrientes” pudieran entrar y salir, ir y venir y hacer lo que les venga en gana, administrando su libertad, incluso para vivir su fe, a su antojo.

La organización que quería el fundador y la que logró que le fuera aprobada tenía y tiene fuertes rasgos religiosos que se ocultan hábilmente a sus miembros o se les presentan como cosas sin mayor importancia que simplemente viven cristianos corrientes y que son necesarios para alcanzar la santidad.


Aquí van algunos botones de muestra, que espero que alguien mas versado en el tema me ayude a concretar:

El Circulo Breve no es otra cosa que el capitulo conventual, que en cualquier convento de frailes y monjas, sobre todo en los de estricta clausura se tiene todas las semanas, para repasar, bajo la presidencia del superior o superiora, algún pasaje de las constituciones, algún punto de espiritualidad, para hacer examen de conciencia y para que la comunidad reunida reciba en conjunto, algunas indicaciones que los superiores consideran oportuno trasmitir. Dentro del capítulo conventual y como parte importantísima de este, se desarrolla el Capítulo de Culpas, que es, por más que los del Opus Dei digan que no, el antecedente inmediato y el modelo próximo de la “Enmendatio”: el religioso, humildemente postrado a los pies del superior y en presencia de sus hermanos, se acusa de algunas de sus faltas. El superior podía imponerle penas que iban desde unos cuantos azotes, hasta comer en el suelo, o besarle los pies a aquel contra quien hubiere cometido una falta, etc., etc. En algunas Reglas antiguas, incluso en el capitulo de culpas, un miembro de la comunidad podía ser acusado por otro que hubiera sido testigo de su falta: eso en el Opus Dei no sucede en la “enmendatio”; tampoco se aplican penitencias corporales, ni especialmente humillantes, pero la esencia es la misma.

La jerarquización interna en la Obra, también es tomada de la organización monástica y de las Ordenes religiosas posteriores. Dejo de lado toda la estructura del Consejo General que es calco del de cualquier Orden con las adecuaciones lógicas del caso… no hay vocales de San Miguel y de todo eso, pero el tipo de organización esa igual. Me referiré a las Comisiones Regionales, donde junto al Consiliario hay un Defensor, que en las congregaciones masculinas corresponde al Definidor, con exactamente el mismo cometido. En las congregaciones femeninas existe una figura similar: la Discreta … no se si en las Asesorías hay algo así… quizá el equivalente sea la Procuradora. También el las comisiones regionales existe un núcleo de gobierno que es “la Permanente”, formada por algunos de los Directores regionales: equivale al Definitorio de los religiosos.

Las Semanas de Trabajo que se reúnen cada tantos años es el calco del Capitulo Provincial de los religiosos: se reúnen todos los que algunas vez fueron superiores del Convento, acá se reúnen los que hayan sido consiliarios; todos los que hubieren sido miembros de los Definitorio, acá todos los que hayan sido directores regionales; todos los actuales superiores de los diversos Conventos de la provincia, acá todos los directores de los centros de la Región; todos los religiosos electores, acá todos los inscritos y así sucesivamente. Su objeto es analizar la situación de la provincia, presentar soluciones y propuestas y proyectar la actividad de la provincia hasta la reunión del siguiente capítulo; acá exactamente igual. Una diferencia sustancial es que en los Capítulos Provinciales se elijen las autoridades de la provincia. En la Obra, las autoridades las elige el Prelado y eso no porque se le ocurriera a él: ya San Ignacio, cuando redactó las Constituciones de la Compañía se reservó para si los nombramientos, teniendo en cuenta la experiencia de lo que eran los Capítulos Provinciales, que muchas veces terminaban a los tiros.

En efecto, ese sistema de elecciones en los conventos de religiosos y religiosas daba lugar a la formación de partidos y facciones; a la intervención de los laicos en las elecciones, a que circulara dinero, etc., etc. y hay abundante evidencia histórica de que en la mayor parte de los casos terminaban mal. Famoso, por poner un ejemplo, fue un capítulo de las monjas Catalinas en una antigua capital americana, rama femenina de los Dominicos, en el que los vecinos del convento tuvieron que llamar al Obispo, que cuando llegó se encontró con una autentica batalla campal, en la que las monjitas se daban unas a otras con patas de bancos, palos, y hasta con la cruz procesional.

Obviamente el tema de los palos no fue el mas determinante para reservarse los nombramientos: lo fue también el control absoluto de las regiones.

Y las Comisiones de Servicio? Pues simplemente la Visita Canónica y el Juicio de Residencia juntos, ni mas ni menos: los mismos objetivos, iguales procedimientos. Durante la Comisión de Servicio, las facultades del consiliario y su comisión o la Asesoría en su caso, (del superior religioso y su definitorio) quedan suspendidas y asume el mando el Visitador o Comisionado: nada se puede decidir sin ellos. En la Obra eso no lo notan sino los mas avezados (se acuerdan que la jaculatoria final la decía siempre el cura que formaba parte de la Comisión de servicio y en su ausencia el laico?) o aquellos cuya autoridad queda latente, pero en la practica es así.

Los llamados “misus” por su parte, no son otra cosa que Visitadores permanentes que se encargan o se encargaban, porque no estoy seguro de si aun existen como órgano regular o son solo extraordinarios, de un determinado numero de regiones a las que visitan o visitaban cada tanto tiempo, con facultades especiales para poner remedio o dar soluciones a problemas concretos. Alguna vez en una tertulia en Aralar, recuerdo que alguien llegado de Roma para una de esas Comisiones, nos contaba que el fundador le dio muchas vueltas al nombre que debía darle a esas Visitas, de forma tal que no diera ni la idea de algo religioso, como podía ser sin mas Visita, ni de control… y entonces optó por llamarla Comisión de servicio, que a mas de dar idea de eso, de servicio mas que de control, era un término tomado del léxico militar.


Me quedo aquí por ahora: hay muchísimas mas muestras de este traslado de lo propio de la vida religiosa a la vida cotidiana de la Obra... el tema de las dobles cerraduras en los conventos de comunidades mixtas por ejemplo… o el trato con personas de otro sexo, que después del Concilio en muchas comunidades religiosas se ha relajado (en el buen sentido) hasta limites insospechados años atrás….. y que hacen que los miembros del Opus Dei sean lo menos corrientes que pueda suponerse y lo mas aproximado a un fraile de la antigua observancia.

Ah….. el tema de las construcciones y la decoración tampoco está exento de ese sabor: basta recordar la divergencia de criterios de Cluny y la Cartuja, o la prohibición de los salesianos de poner elementos decorativos en sus casas…… cada uno tiene sus manías.


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