Por que permanecí 30 años en La Cosa?

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Por Casandra, 20.07.2012


Pasada la larga etapa post traumática y restaurada mi maltrecha capacidad crítica, en buena parte gracias a la web OpusLibros, me he enfrentado a una pregunta-misterio: ¿Cómo es posible que permaneciera 30 años en “la cosa” en permanente crisis de vocación? Es lo primero que quiero compartir con las personas que frecuentáis esta web a la que tanto debo.

Recuerdo meridianamente que no pasaba un mes en el que no salieran en el capítulo de “fe, pureza y vocación” de “la charla” mis problemas de vocación; los consejos eran meditar el Via-Crucis, leer Barcas y redes… pero ¿cómo puedo explicarme ahora que permaneciera en esta situación durante 1.600 charlas, 22.000 “medias horas de oración” o 510 días de retiro? De hecho no me resulta fácil ni siquiera precisar en qué consistían mis continuas crisis de vocación...

Yo no me podía cuestionar el hecho de tener vocación. Desde mis tiernos 14 años me grabaron a fuego argumentos tan inamovibles como que “primero es la llamada a la Obra y luego a la vida; existes porque tienes vocación…” En el seno de una familia de supernumerarios en la que todos los hijos llegamos a ser numerarios se no ha dicho que preferían vernos muertos antes que fuera de la Obra. No tener vocación no era una opción en mis frecuentes crisis.

Si no me podía plantear no tener vocación, yo que quería ser buena hija de Dios, ¿me plantearía “apartarme del camino”? ¡Imposible! : Fuera de la barca es la muerte… No doy un duro por la felicidad temporal y eterna de quienes abandonan la Obra… Luego vienen con lágrimas como puños, pero ya no hay remedio… el rejalgar y todo eso.

En un mundo ideal, que no es precisamente el de “la cosa”, habría una tercera posibilidad, a saber: cuestionarse honestamente las dos premisas anteriores, pero el formateo de la mente iniciado a los 14 años es difícilmente reversible, y la capacidad crítica allí llamada “espíritu crítico” es falta contra el “Compromiso de Unidad” y materia de confesión que implica propósito de enmienda. Ante cualquier “asalto del enemigo”, vas al capítulo de “Fe-Pu-Vo” de la charla lo cuentas, te confiesas y cumples la penitencia.

Por tanto mis continuas crisis de vocación no podían ser formuladas externa o internamente de forma racional, se caracterizaban por un difuso rechazo de la vida que me había tocado vivir, para el que no habría más salida que la muerte muchas veces deseada. Y sufrir el desgarro entre un exterior de numeraria entregada, apostólica y buena profesional, y un interior de amargo sinsentido mantenido porque ¡¡eso agradaba a Dios!!

¿Cómo logré salir de esa situación? El primer hito, hacia la mitad de esos 30 años fue un rompimiento interior que me hizo salir un día del centro de universitarias donde era subdirectora, huyendo de mi misma, sin saber ni hacia donde iba, tomar el primer tren que pasó por la estación cercana a la casa, bajarme cuando había oscurecido sin saber dónde estaba, y meterme en el primer hotel que encontré: “Reyes Católicos”. Episodio fugaz, porque antes del amanecer ya estaba localizada, reducida y tratando de volver en mi.

Fui interrogada por tres personas, que en ningún momento se preocuparon de animarme, ayudarme o comprenderme; simplemente actuaron como funcionarios que tenían que dictar una sentencia sobre el hecho (sobre si era o no “prófuga”). La sentencia no me fue comunicada nunca, pero las consecuencias fueron evidentes y se mantuvieron hasta que abandoné “la cosa”: fui apartada de cualquier tipo de responsabilidad de formación o dirección. Ya no era de fiar, ni lo sería nunca. Mi lealtad se mantenía inquebrantable, pero mi desconcierto por la desconfianza con que se me trataba iba en aumento con el paso de los años.

A partir de ahí yo me convertí en una modesta numeraria “vitrina”, de la que se aprovecha el sueldo y la tarea profesional, incluso me llevaban al UNIV en el avión de las jefas, y me encargaban charlas para los centros de San Rafael, siempre de carácter educativo y profesional, pero de puertas para adentro mucha desconfianza, no pocas humillaciones y siempre barreras cuando trataba de encontrar una explicación al modo como se me trataba. Recuerdo con viveza la repulsión física que sentía a diario al meter la llave en la cerradura para entrar en la casa; a pesar de todo mi lealtad se mantenía en pie. “Obedeciendo no te equivocarás nunca”

¿Cómo desperté de esta “sin razón”? No fue porque recuperara mi capacidad de juicio propio, de hecho he tardado años en recuperarla ya fuera de la Obra. Lo que despertó fue mi conciencia; las continuas faltas de caridad con propios y extraños y la mentira me hicieron reaccionar. Decidí irme a pesar de poner en riesgo todas mis seguridades, porque en conciencia me parecía que la vida en “la cosa” contradecía las enseñanzas más básicas del Evangelio de Jesús.

Mi último gran error fue pretender que las directoras entendieran que, equivocada o no, al dejar “la cosa” actuaba siguiendo honestamente el dictado de mi conciencia. Fue el colmo de mi inocencia, que me llevó a muchos meses de interminables presiones. Las directoras que me venían negando durante meses una entrevista, me invitaban continuamente a comer a la delegación para proponerme un nuevo interlocutor y otro aplazamiento y que rompiera la carta y que hiciera un curso de retiro y un curso anual… Fueron diez meses terribles, sobre los que he tenido pesadillas durante siete años; testigo mi marido a quien debo mi vuelta a la vida.

Ahora, con el paso del tiempo, habiendo descubierto la experiencia del amor verdadero con mi marido y mis hijos, viviendo en medio de riesgos e inseguridades, leyendo los testimonios generosamente compartidos por tantos en OpusLibros… intuyo que si permanecí tanto tiempo en “la cosa” fue porque en ese Matrix no vives una vida humana (pensamiento, comunicación, amor, libertad), sino que interpretas el rol para el que has sido programado, te preocupas de responder a los estereotipos fijados y mantienes bloqueadas las vías de entrada desde fuera del Sistema, por diversos protocolos: culpabilidad, prudencia, desprecio, condescendencia… Es coherente que la terminología para acercarse y entrar en ese Matrix aluda a maquinaria: encajar, pitar.




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